La avenida desde Bocagrande a Santo Domingo no se prestaba a un
fácil ataque por ser una estrecha faja de arena bañada por la mar
libre y el agua de los caños interiores, dominada por los fuegos de
la muralla. Si bien ofrecía la costa, al sudoeste de la plaza,
pequeño abrigo que, en la época de las brisas, podía permitir el
desembarco en la playa, ésta quedaba batida por la artillería de
los baluartes de San Ignacio, San Francisco Javier, Santiago y
Santo Domingo, así que por que por esta parte del recinto-recordaré
que por aquí la asaltó Drake-tampoco era de temer peligro
alguno.
En la playa de la Cruz Grande no era difícil el desembarco, pues si
bien "suele agitarse allí el mar medianamente ventando la
brisa fresca, cuando ésta es suave lo queda el mar", y así
era posible también que, haciendo un muelle sobre estacas hincadas
en el fondo o sobre borriquetes de madera, portátiles,
desembarcasen artillería de la muralla. Pero desde el paraje de la
Cruz Grande se podía pasar fácilmente, por la tierra firme y a
cubierto del fuego de la plaza, hasta el pie del cerro de San
Felipe y, dominando éste, atacar a la Media Luna.
Igualmente temible era la avenida que utilizaron los franceses en
1697 y los ingleses en 1741. Dueños los enemigos de la bahía,
podían desembarcar a una milla de distancia del cerro de San Felipe
y venir por el Playón de la Villeta y el Tejar de Escobar a los
cerros situados al este del castillo (figura 112; PP, QQ, SS, aa),
donde podrían construir fácilmente baterías -capaces para más de
cincuenta cañones 103 - y batir el castillo sin que éste
pudiera hostilizarlas, ya que dichos cerros eran de más altura que
el de San Felipe. En los valles inmediatos (RR, TT) encontrarían
lugar cómodo para acuartelarse, a cubierto también de los fuegos de
aquel fuerte. En tales circunstancias, "el castillo de San
Felipe, dominado, reducido, con parapeto sencillo, e indefenso...,
accesible por todas partes, sin fuegos que flanqueasen su
pie", se encontraría en tal situación de inferioridad que
sus defensores no podrían hacer una rigurosa resistencia. Decía
Arévalo que si los ingleses hubieran tenido en cuenta estas
circunstancias, es de creer "que hubiera sido mui débil la
defensa", pero todo lo fiaron a un ataque brusco y
precipitado, que ejecutaron a cuerpo descubierto por la parte más
fuerte del castillo, habiendo otros lugares casi indefensos por
donde hubieran podido hacerlo con menos riesgo. "Como este
escarmiento para en lo venidero les haría proceder con más cautela,
examen, dirección y méhtodo... -añadía-, es consequente también
corregir de nuestra parte los defectos que se reconozcan, dando a
esta avenida todas las ventajas y fuerza que se le pudiera añadir,
aprovechando todas las que ofreciese el terreno, pues de lo
contrario, siempre que subsistieran dichos defectos devían
esperarse las mencionadas consecuencias de la pronta pérdida de
este castillo".
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FIG. 112. El cerro de San Felipe y sus inmediaciones, con el antiguo castillo y las nuevas baterías construidas por Arévalo. 1763 |
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En el plano se indican con líneas de puntos (fig. 112). |

