En 1769 levantó Arévalo otro mapa de Bocachica para informar acerca de la extensión de la playa de arena que se había formado a orillas del canal, delante del fuerte de San Fernando.
Con la construcción de estas nuevas baterías se completó la defensa del canal de Bocachica, que con los fuegos cruzados de las fortalezas emplazadas a sus orillas se convirtió en una entrada inexpugnable. En la orilla izquierda, el fuerte de San Fernando se conserva casi intacto, tal Como quedó en 1759, cuando el brigadier Arévalo, siguiendo los planos de Mac-Evan, terminó su construcción.
Sus bóvedas a prueba de bomba y sus recios muros de cantería, bañados por el mar, nada han sufrido durante dos siglos. Las baterías de Santiago y San Francisco de Regis están en parte arrumadas, pues han perdido los merlones; el glasis del castillo está hoy cubierto de árboles y maleza.
La galería principal de contraminas (figs. 128 y 131), que corre a lo largo de la contramuralla del glasis, comunica entre sí ambas baterías y desprende ramales que salen a unas "surtidas" situadas al nivel del agua del foso 117.

 

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FIG. 128. Plano del fuerte de San Fernando de Bocachica. 1779

 

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FIG. 131. Plano del fuerte de San Fernando (pormenor del reproducido en la fig. 128).


En la orilla derecha del canal emerge del agua la batería de San José, hoy anegada en parte y cubierta de manglares. Las bóvedas de ladrillo a prueba de bomba, erigidas sobre el recinto de la batería primitiva, se conservan en buen estado. Bien merece todo el conjunto un sencillo trabajo de consolidación para que el tiempo y la intemperie no completen su obra destructora. La batería del Angel San Rafael está en ruinas 118.
Cerrado el canal de Bocagrande por medio del malecón que para este efecto construyó Arévalo, fue preciso atender con frecuencia a la conservación del de Bocachica, al que "la naturaleza tira a cerrar echando continuamente arena sobre él", según escribía el virrey Mendinueta en su relación de mando fechada en 1803. La causa de estas acumulaciones de arena no debía radicar únicamente en el dique de Bocagrande, pues mucho antes de que se construyese éste ya era necesario extraer la que acumulaban las mareas en las inmediaciones del foso del fuerte de San Fernando. A partir de 1759, los informes reunidos por Arévalo acerca de las obras hablan continuamente de extracciones de arena, y para esos trabajos se construyó una embarcación adecuada. En un mapa de 1769, que se conserva en el Museo Naval de Madrid, indicó el ingeniero la extensión de playa que se había formado en la orilla izquierda del canal, señalando los limites de la misma desde años atrás hasta la fecha referida. Al parecer, si la construcción del dique no fue la única causa, contribuyó a que las corrientes acumulasen la arena, formando una playa en el costado norte del canal de Bocachica.

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Creo que en Cartagena se desconocía la existencia de estas galerías subterráneas. Cuando las descubrí, en diciembre de 1940, advertí a los amigos que me acompañaban la conveniencia de limpiarlas de la tierra y escombros. Ignoro si los trabajos de limpieza del castillo, efectuados después de aquella fecha, habrán puesto al descubierto estos subterráneos.
118
Apenas se distingue hoy (escribí esta nota en 1941) entre la espesa vegetación que cubre aquellos parajes. Sólo quedan los muros exteriores, y supongo que existirá el aljibe, cegado por la tierra y la maleza. Con mucha dificultad, y ayudado por mi buen amigo don Miguel S. Guerrero, pude encontrar la entrada a la galería subterránea, cuyo extremo se puede ver a flor de tierra, junto al pueblo de Bocachica. Sólo pudimos recorrer unos metros de la galería, que estaba obstruida.
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