EL DIQUE DE BOCAGRANDE
Terminadas las obras del cerro de San Lázaro y de Bocachica, volvió
a ocupar el primer plano el problema, todavía pendiente de
solución, del canal de Bocagrande. Después de las tentativas
llevadas a cabo por Solís para cerrarlo y tras de haber elaborado
éste un proyecto de dique sobre el cual no recayó resolución
alguna, pasaron varios años sin que se trabajase en aquella obra, y
es de suponer que la mar y los temporales continuasen aumentando la
abertura, si no en longitud, ya que los trabajos realizados por
Sala y Solís crearon alguna extensión de playa, sí en profundidad.
En 1766, el gobernador de Cartagena don Francisco Morillo Velarde
escribía al ministro Arriaga en referencia a una real orden del 10
de abril de ese año, en la que, al parecer, se pedía informes sobre
el asunto: le decía que mientras el canal no tuviese más fondo no
podría causar cuidado alguno, ya que el paso con embarcaciones
menores a través de él podía impedirse fácilmente con navíos de la
Armada, que nunca faltarían en el puerto en caso de guerra 119. Tan ambiguos
informes contrastan con lo que la misma autoridad había escrito al
Virrey poco antes, a quien significó que el fondo del canal
permitía el paso de balandras y otras embarcaciones de parecido
porte, que, en número crecido, podrían constituir un peligro si no
había en el puerto otros navíos de guerra que los que, en tiempos
de paz, servían de guardacostas 120.
Parece ser que el problema se concretaba entonces a decidir si
debía cerrarse el canal, como se había proyectado años antes, o si
bastaría defenderlo con navíos en caso de guerra. Acerca de esto
informó en 1768 el general de la Armada don Andrés Réggio, por
orden del ministro Arriaga, y era su opinión que no bastaba apostar
unos navíos con la misión de defender aquella entrada, ya que con
viento del N. E. podrían pasar fragatas de veinticuatro cañones
que, luchando con los navíos, protegerían el paso de embarcaciones
menores. Que esto era posible se había demostrado en ocasión de la
presa de una balandra inglesa, hecha por el comandante de los
guardacostas de Cartagena don Miguel Gastón, a la cual hizo entrar
por la Bocagrande, "para evitar controversias con el
capitán de un navío de guerra de la misma nación que se hallaba
fondeado en el placer de Bocachica". El mismo don Miguel
Gastón había levantado un plano de Bocagrande (fig. 118) antes de
salir de aquel puerto, de donde vino a España en 1766, mandando el
navío "El Brillante". Según los cálculos de
Gastón, medía entonces la Boca mil doscientas toesas.
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FIG. 118. Plano del canal de Bocagrande, por don Miguel José Gastón. 1764 |
| 119 |
El Gobernador a Arriaga, 27-XII-1766 (AGI: Santa Fe, 945). |
| 120 |
El Gobernador al Virrey, 10-XI-1766 (AGI: Santa Fe, 945). |

