CAPITULO XV


Los aborígenes de Colombia no conocieron ninguna clase de escritura-Testimonio de varios autores que lo prueban-Los petroglifos no pueden atribuirse a una raza anterior a la que hallaron los conquistadores-No son en ningún caso cartas del país-La piedra de La Peña-No recuerdan cataclismos-Las piedras de Saboyá y Gámeza-Tampoco señalan los linderos de las tribus-Figuras grabadas por los transeúntes modernos en la Sierra Nevada, Seboruco, Ramiriquí y Facatativá-Pictografías de Pandi, Facatativá, Bojacá y Anacutá-El estudio de los petroglifos colombianos es infructuoso para la ciencia.


Hemos puesto especial cuidado en reunir un número considerable de copias de pictografías grabadas o pintadas en piedras, de todos los departamentos de la República, fuera de las muchas que hemos examinado en los mismos lugares. Del estudio comparativo que de ellas hemos hecho en asocio de Ernesto Restrepo, concluimos que los aborígenes de Colombia no tuvieron conocimiento de ninguna clase de escritura, sea figurativa, simbólica o ideográfica. Estamos muy lejos de convenir con los autores que suponen que representaban en ellas los indios sus migraciones, sus cacerías y los cataclismos que pudieron presenciar. Las pocas figuras que se repiten, siempre en desorden y confusión, y sin que se observen caracteres que puedan considerarse como jeroglíficos, ni imágenes simbólicas, prueban que deben su origen a la fantasía del que las grabó o las pintó con tinta roja.
Nuestra opinión tiene el apoyo de la tradición histórica.
D. Juan de Castellanos pudo recoger las tradiciones de los indígenas de boca de caciques, jeques y personas principales convertidas y de sus inmediatos descendientes, tales como "Fernando de Avendaño, curioso en las antigüedades de los Moscas, mozo criollo, diestro desta lengua, hijo del Capitán Juan de Avendaño."
Este autor dice terminantemente:
Carecen
De letras y caracteres antiguos
Según las hieroglíficas figuras
Que solían tener otras naciones
Que les representaban por señales
Los pretéritos acontecimientos.
De manera que solamente saben,
Y aun no sin variar en sus razones,
Cosas acontecidas poco antes
Que los nuestros entrasen en su tierra. 152
Juan Rodríguez Fresle, hijo de conquistador, vivió en el primer siglo que siguió a la fundación de Bogotá. En su libro El Carnero dice que entre los naturales de este Reino no se halló ninguno que supiese leer y escribir, "ni aun tuviese letras ni caracteres con qué poderse entender." Más adelante agrega:
"Entre los muchos amigos que tuve, fue uno D. Juan, cacique y señor de Guatabita, el cual sucedió á su tío, y me contó estas antigüedades."
En la Gramática de la lengua Mosca, escrita por Fray Bernardo Lugo y publicada en Madrid en 1619, leemos:
"Las letras y caracteres de que se usa para hablar esta lengua, son las de nuestro A, B, C castellano, por no haber letras propias para hablar ni escribir; porque los indios y naturales de este reino no tenían uso de escritura, ni jamás entre ellos hubo tal memoria della."
Inútil nos parece hacer citas de autores posteriores como Fray Pedro Simón, Piedrahita, Ternaux-Compans, etc.
Dice el doctor Zerda que "la pictografía simbólica hallada en el territorio colombiano fue ejecutada por una raza diferente de los indios conquistados por los españoles." 153 No encontramos razón ninguna en abono de esta opinión, ni hay motivo para dudar que los petroglifos fueron obra de las tribus o naciones que ocupaban el Nuevo Reino de Granada a la llegada de los conquistadores; pues nada, ni una figura, ni un dibujo, ni un signo revela una civilización distinta. Muy natural sería esta suposición, que pasaría a ser verdad comprobada, si en alguna parte se hubieran hallado jeroglíficos como los que grabaron los Mayas en la América central. Pero ¿cómo hallar extrañas a los Chibchas las pictografías en que grababan o pintaban, los dibujos que usaban en sus mantas, las espirales con que adornaban sus tunjos de oro, las ranas, etc.? ¿Qué tienen de extraordinario las imperfectas figuras humanas y de animales confusamente diseminadas, y los mal trazados garabatos que se encuentran en toda la extensión del territorio colombiano, que pueda revelar pueblos menos bárbaros o siquiera anteriores a los que fueron conquistados por los españoles? Nada, absolutamente nada.
Algunos han creído reconocer (entre ellos el profesor Bastián, de Berlín) cartas de la región, toscamente trazadas, en ciertas pictografías. Hemos escogido la que parece corresponder mejor a esta interpretación (véase número 131): son signos grabados en una piedra situada en el sitio de La Peña, cerca de Fusagasugá. Sobre un tronco de cilindro hay una circunferencia trazada en hueco, y dentro de ésta se ve una pequeña cavidad, como en otras piedras de la comarca. A dicha cavidad convergen tres líneas bien marcadas, y en dos de los extremos hay series de puntos y unas cuatro ranas. No puede considerarse este imperfecto dibujo como carta de una región, ni aun como plano de una propiedad.

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131. Petroglifos de la piedra de La Peña, copiados por el señor Lázaro M. Girón.

Los petroglifos que se encuentran en grandes bloques erráticos, que en algunos sitios se levantan como testigos mudos de cataclismos geológicos, son considerados por ciertos autores como recuerdo de ellos. ¿Cómo podían los aborígenes dejar grabado en las rocas el recuerdo de trastornos que no presenciaron? Para que se vea a qué fantasías lleva la imaginación aun a hombres graves, citamos el pasaje siguiente de un autor que no nombramos:
"La piedra pintada de Saboyá tuvo por objeto transmitir á la posteridad el repentino desagüe del lago de Fúquene. En ella se repite la figura de la rana encogida, signo del decrecimiento y ausencia de las aguas." (Véase la figura132).

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132. Petroglifos de la piedra de Saboyá.
-A.C.C. 154

En vano se buscará en ella la figura de la rana entre las grecas, las líneas en zigzag, las rayas paralelas etc. Pero sigamos:
"La pirámide monolita de Gámeza fue dispuesta, sin duda, para recordar el cataclismo que produjo el súbito desagüe del espacioso lago de Sogamoso. En ella se ve grabada la figura de la rana con las patas abiertas y cola, signo de las aguas abundantes, y para indicar que esas aguas sobrevinieron repentina y desastrosamente, fueron grabadas también figuras de hombres en ademán de subir, extendidos hacia lo alto los brazos y en actitud de espanto."
Mucha fe se necesita para ver hombres en la piedra grabada de Gámeza (figura 133), llena de figuras de animales (que probablemente son ranas) y de curiosas espirales con radios. Por lo que hace al espanto que dice el autor revelan las figuras, tuvo que imaginárselo, pues sería supremo esfuerzo del arte expresarlo en caras sin facciones, formadas por cuatro líneas a modo de losange.

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133. Petroglifos de la piedra de Gámeza.
-A.C.C.

 

152
T. I, Cap. I, pág. 22.
153
Notas sobre los orígenes de los indios americanos. Papel Periódico Ilustrado, año IV, pág. 358.
154
Con estas iniciales indicamos que los hemos copiado del Album inédito de la Comisión corográfica conservado en la Biblioteca Nacional.
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