CAPITULO XVI


Los Chibchas no tuvieron historia-Jamás se vieron sometidos a un solo cetro-Opinión contraria de Piedrahita, refutada con citas de los demás cronistas y de él mismo-Tradición fabulosa relativa a Hunsahúa-El monstruoso Tomagata-Tutasúa-Encarnación de Garanchacha, hijo del Sol-Su gobierno y desaparición.


Puede afirmarse en términos generales que los Chibchas no tenían historia, pues suplían la falta de escritura con sólo la tradición oral, "y que de ordinario en la gente ignorante, el mismo no saber dar razón de las cosas les persuade y dicta notables quimeras que fácilmente abraza su incapacidad." 155 Pocas historias habrá, pues, más escasas de noticias que la de este pueblo. El más antiguo zipa conocido fue Saguanmachica, "que se calcula comenzó a reinar en 1470 de nuestra era," dice Acosta, quien más adelante se expresa así:
"La tradición de los sucesos del medio siglo que precedió a la entrada de los españoles, es confusa y dudosa."
Tan cierto es esto, que nos atrevemos a asegurar que no es posible fijar ni una sola fecha de ningún suceso notable, ni aun la del advenimiento al poder del último zipa Tisquesusa.
"Solamente saben, dice Castellanos, y aun no sin variar en sus razones, cosas acontecidas poco antes que los nuestros entrasen en su tierra."
En tales condiciones, puede decirse que los acontecimientos de la vida de este pueblo están envueltos en fábulas, en las que se confunden la realidad y la ficción.
Haremos por desenmarañar algunos hechos principales buscando la verdad, difícil de descubrir en medio de las narraciones contradictorias de los cronistas; no por culpa de ellos, sino porque, según las personas de cuya boca recogieron la relación de los hechos, y los lugares donde ellas residían, variaban naturalmente sus relatos, alterados por la vanidad y por la propensión de los Chibchas a mentir:
"Es gente muy mentirosa, que nunca saben decir verdad." 156
¿Llegaron alguna vez los diferentes cacicazgos que formaban el pueblo chibcha, a reunirse bajo un solo cetro? Piedrahita parece inclinarse a la afirmativa, aunque se muestra receloso de asegurarlo. Ségon él, afirmaban los Tunjanos que el zaque que dio su nombre Hunsa, Hunsahúa, dominó todas las tierras que se extienden desde el río Chicamocha hasta la región de los Sutagaos, y desde las vertientes de los Llanos de San Juan hasta las fronteras de los Panches y Muzos, con toda la comarca de Vélez. Más dice por otra parte:
"Pero como los naturales de aquel país sean tan vanagloriosos de la propia nobleza, que no admitan iguales, y tan despreciadores de que sus cosas corran por el orden común que las de los demás vivientes, y para ello se valgan de aquellas fábulas que más favorecen su intento; eran tantas las que referían de su grandeza, y de la de sus primeros reyes, que desacreditaban con ellas la parte que pueden tener de verdaderas aquellas afectadas relaciones en que tal vez discordaban." 157
Los cronistas anteriores a Piedrahita: Castellanos, el autor del Epítome, Oviedo, el Padre Simón y Rodríguez Fresle sostienen la opinión contraria. El primero de estos escritores, que vivió cerca de medio siglo en Tunja, poco después de la conquista, resume en pocas palabras la historia del pueblo chibcha. Según él, muchedumbre de caciques ocupaban su territorio, sujetos los más de ellos a dos reyes diferentes, el de Bacatá y el de Hunsa, que, como poderosos y soberbios, procuraban ganarse los estados. En diferentes tiempos tuvieron grandes batallas, sin que ninguno de ellos consiguiese someter al contrario. Estas competencias eran muy antiguas, pero los indios no conservaban de ellas sino confusos recuerdos.
Dice el autor del Epítome hablando del zipa y del zaque:
"Estos señores y provincias siempre han traído muy grandes diferencias de guerras muy continuas y muy antiguas."
He aquí cómo refiere Piedrahita que se consumó la unidad nacional:
"Añaden los antiguos haber tenido principio el señorío del Tunja con la autoridad suprema de uno de los más antiguos pontífices de Iraca, en esta manera: Que como éste viese que todos los caciques de los Moscas, entre quienes estaban repartidas las tierras, anduviesen mezclados en guerras de unos con otros, a cuyo remedio no podía acudir con armas, que le estaban prohibidas, como a persona dedicada solamente, por razón de su oficio, a todo aquello que tocase a la religión, que a sus antecesores dejó vinculada Idacansás, dispuso con la autoridad de sus consejos que eligiesen un rey supremo a todos, que los gobernase. Para lo cual concurrieron todos los señores a su presencia, y resignados en su elección les dio por rey a uno de los presentes, el más bien quisto y apacible de todos, que fue Hunsahúa, a quien llamaron desde entonces zaque."
El cacique de Iraca no tenía el carácter de pontífice máximo de los Chibchas, que le atribuyen Quesada y Piedrahita, pues si lo hubiera tenido, Castellanos y el Padre Simón, cronistas muy bien informados, no hubieran olvidado dar cuenta de un hecho tan importante y de tan alto interés para la historia religiosa de este pueblo. Y puesto que el Iraca no era sino uno de los muchos caciques independientes que gobernaban allí antiguamente, ¿podrá creerse que los demás depusieran sus odios y su autoridad, y se sometieran voluntariamente a un solo jefe nombrado por él? Este sería un hecho único en la historia.
Dice Piedrahita que le estaba prohibido al Iraca hacer uso do las armas, cuando él mismo refiere que en la guerra que el zipa Nemequene declaró al zaque Quemuenchatocha, fue auxiliado el último por el Iraca con más de doce mil hombres, a cuya cabeza marchó él mismo. Es bien sabido, por otra parte, que el sugamuxi defendió con su ejército, aunque inútilmente, su capital de la invasión española, y luego unió sus fuerzas a las del tundama para hacer frente a los conquistadores.
Pero estamos desbaratando molinos de viento, pues Piedrahita mismo, aunque trata de verosímil lo más de la tradición de los Hunsas sobre el poderío de sus zaques, se expresa así en el libro II, capítulo I de su historia.
"Lo más cierto que se sabe es que en los tiempos pasados se poblaron aquellas tierras de tantos caciques, absoluto cada cual en el dominio de sus vasallos, que más era confusión que grandeza; hasta que el cacique de Bogotá empezó a dilatar su estado, ya por fuerza de armas, ya por herencia (o rebelión al rey de Tunja como algunos quieren), los más cacicazgos a su dominio, y desde aquellos tiempos le intitulan zipa. De que resultó que el idioma de Bogotá (que es la lengua chibcha) se dilatase en todo su reino."
De Hunsahúa dice Piedrahita que fue buen príncipe, que gobernó la nación en paz y justicia, pero que "añaden una mentira tan descabellada como decir que vivió 250 años."

155
PIEDRAHITA. Lib. I, Cap. III.
156
Epítome.
157
Lib.II, Cap. VI.
Comentarios (0) | Comente | Comparta