CAPITULO XVIII


Saguanmaehica conquista los Fusagasugáes, vence al guatabita y al ubaque, declara la guerra al zaque, y mueren ambos en la batalla de Chocontá-Nemequene castiga la rebelión de los Fusagasugáes, sujeta a los caciques de Zipaquirá y Nemocón, asalta alevosamente al guatabita y se apodera de sus estados, somete al ubaque, al ubaté y al simijaca, da leyes en su reino, declara la guerra al hunsa, y es herido de muerte en la batalla de Las Vueltas-Sucédelo Tisquesusa-Llegan los españoles cuando éste estaba en campaña contra el zaque-¿Estaban los Chibchas en progreso o en decadencia en la época del descubrimiento?


Las Continuas guerras de los zipas de Bacata 167 con sus feroces enemigos los Panches, los habían acostumbrado a la lucha y al manejo de las armas. Rodeados de pequeños cacicazgos, habíanlos ido sometiendo unos tras otros a su dominación. Cuando en el último tercio del siglo XV el cacique de Chía, Saguanmachica, a quien correspondía de derecho la corona, llegó a sentarse en la silla guarnecida de oro y esmeraldas de los zipas, en Muequetá 168, pudo contemplar con satisfacción su poder y sus riquezas. Propúsose seguir el ejemplo de sus mayores, conquistando nuevas tierras. Resolvió atacar a los Fusagasugáes, gentes poco guerreras, aunque eran de raza chibcha. 169 Convocó sus tropas y escogió algunos miles de soldados aguerridos. Bajó por el páramo y monte de Fusungá a las tierras de su súbdito el ubaque de Pasca. Esperábalo el enemigo con su ejército en el risueño y pintoresco valle de Fusagasugá, ocupando una angosta colina por donde debía entrar el zipa. Servían de defensa natural a este paso por un lado un monte cerrado y por otro peligrosas peñas tajadas hasta el río Pasca. Era Saguanmachica militar avisado y experto, y dispuso que una tropa escogida penetrase durante la noche por entre el espeso bosque, dirigida por un jefe de la familia, y se situase a la espalda de los contrarios. Antes de amanecer estaban ya en el puesto indicado, cuando los centinelas, sintiendo su presencia, llamaron a las armas. Sorprendidos al ver cortada la retirada y no sabiendo a dónde ocurrir, vacilaron, y dejando las armas se pusieron en vergonzosa fuga. Acometióles entonces con vigor el ejército del zipa, matando a muchos, y entró triunfante a la ciudad llevando prisionero al comandante en jefe, que era el cacique Usatama, cuando el sol levante iluminaba su victoria.
Bien aconsejado el fusagasugá por su aliado el tibacuy, que salió herido, se rindió y se sometió al vencedor, reconociéndose por su vasallo. Saguanmachica regresó a Bacatá por la serranía de Subia pasando por sendas difíciles cubiertas de malezas y de pantanos que lo detuvieron unos pocos días. Su triunfo fue con sacrificios y fiestas que duraron muchos días.
Envidioso el guatabita de la pronta victoria de zipa, invadió su estado; mas éste no sólo resistió valerosamente su ataque, sino que siguió en su persecución, penetró en sus tierras y lo batió por dos veces, obligándolo a pedir socorro al zaque de Hunsa, que era entonces Michúa. Envió el zaque mensajeros al zipa para declararle la guerra, y luego siguió con su ejército al Sur hasta la frontera del bacatá. Más habiendo tenido conocimiento de que éste lo esperaba con fuerzas considerables, temió comprometer en una batalla la suerte de su reino y se volvió cobardemente a su corte.
El inquieto cacique de Ebaque 170 quiso aprovecharse del abandono momentáneo en que dejaba el zipa el sur de sus estados para invadir los pueblos de Usme y Pasca; pero antes de que pudiera prepararse para la defensa, entró Saguanmachica a fuego y sangre por Chipaque y Une, lugares fronterizos. No quedó otro recurso al Ebaque sino abandonar su corte y refugiarse en unos peñoles fuertes situados a la orilla de la laguna, donde acostumbraba poner en seguro su persona y sus bienes.
Libre ya de cuidados, preparábase el zipa a atacar en sus tierras a Michúa cuando se vio envuelto en graves dificultades. Hambrientos los Panches de carne humana invadieron sus dominios por Zipacón y Tena, a la vez que el guatabita amenazó con sus fuerzas a Chía y Cajicá. Vióse entonces obligado a dividir su ejército para atender a su defensa por el Occidente y por el Norte. Muchos años duró esta porfiada lucha, que, interrumpida algún tiempo, se renovaba luego, hasta que logró obligarlos a quedarse quietos en sus tierras.
Como Saguanmachica no desistía de sus ideas de conquista, y por otra parte quería vengar antiguos agravios del zaque, se preparó a entrar en campaña contra él. Condujo rápidamente su numeroso ejército a Sopó, donde se le incorporó la tropa del cacique de este lugar, y de allí siguió en dirección a Hunsa por las tierras del guatabita, que no se atrevió a resistirle. Michúa no pudo en esta vez evitar el combate, y se movió con sus huestes para esperar al enemigo del otro lado de la frontera, deseoso de evitar los estragos que pudiera hacer éste en sus estados. Saliendo de Chocontá se encontraron las dos fuerzas y empeñaron reñidísima batalla que duró tres horas, y en la que rindieron la vida uno y otro príncipe. Aunque los Bacatáes alcanzaron la victoria, se volvieron a su reino sin más despojos que el cuerpo inanimado del zipa. Los Hunsas acompañaron el del zaque, y en una y otra corte se les hizo suntuoso y entierro.
Ocupó Nemequene el trono de Muequetá pocos años antes de terminar el siglo XV. Fue el más célebre de los zipas, y se distinguió entre todos por su espíritu guerrero y conquistador, su audacia en las empresas y la habilidad con que organizó y administró sus estados. Frente a él y como rival a quien aspiró siempre a privar de sus estados, se posesionó de la dignidad de zaque de Hunsa un mancebo como de diez y ocho años de edad, Quemuenchatocha 171, tirano cruel que oprimió sus súbditos durante más de cuarenta años.
La primera preocupación de Nemequene fue mostrarse fuerte haciéndose respetar dentro de sus tierras, antes de invadir las ajenas. Llamó a su sobrino Tisquesusa, joven cacique de Chía, y le confió el mando de una parte de su ejército para que fuera a sujetar a los Fusagasugáes, que se habían sublevado. Partió éste de Bacatá abriendo ancho camino por la serranía de Subia. Tuvieron tiempo los rebeldes de fortificarse en sitios escabrosos donde era fácil la defensa, pero no resistieron el vigoroso ataque de los Bacatáes, que los vencieron y destrozaron, castigando con la muerte, después de la victoria, a los culpables. Pacificada la provincia, dejó Tisquesusa una guarnición de guerreros guechas en Tibacuy y regresó por Pasca cargado con los despojos de los vencidos.
Nemequene, entretanto, no se había quedado ocioso, pues había ejercitado sus tropas combatiendo con los Panches, a quienes obligó a permanecer en sus tierras. De pronto, por el Norte, le llamaron la atención nuevos enemigos. Creyó el zipaquirá que no podía presentarse mejor ocasión de hacer la guerra al zipa. Era su provincia una de las más pobladas, y tenía por vecinos los Nemzas (habitantes de Nemocón), que le ofrecieron su alianza. Entraron las fuerzas unidas por Cajicá, pueblo fronterizo de los dominios del Bacatá. Informado éste de la pérfida invasión, sacó los mejores soldados de las guarniciones, y juntándolos con los que tenía consigo, salió rápidamente al encuentro de sus enemigos. Diéronse vista entre Cajicá y Chía, y allí mismo se empeñó el combate al bronco ruido de caracoles y fotutos. Cubriéronse los aires de dardos lanzados por las tiraderas; mas habiéndose mezclado los combatientes, pelearon cuerpo a cuerpo con las pesadas macanas. Decidiáse la batalla en favor del zipa, quien persiguió a los contrarios y ocupó sus estados. Llegó triunfante a Bacatá cuando Tisquesusa entraba también victorioso.172
Coma su ambición creciera con la prosperidad, Nemequene se creyó llamado a reunir el pueblo chibcha bajo su cetro. Ardía en deseos de medir sus armas con el más, poderoso de sus émulos, el zaque de Hunsa; mas, siendo avisado capitán, supo refrenar su impaciencia, juzgando que debía sujetar primero a dos caciques de quienes temía, con razón, que pusieran obstáculo a sus planes de conquista, ya ofreciendo su valiosa alianza al zaque, ya invadiendo sus dominios luego que los dejara desguarnecidos: éstos eran el guatabita y el ubaque.

167
Bacatá, nombre formado de fac, afuera, y ta, labranza.
168
Muequetá (Funza), vocablo formado de muyquy, campo, y ta, labranza.
169
Dice Piedrahita que los Fusagasugáes eran de la misma nación que los Chibchas (Lib.II, Cap. I), y que sus vecinos por el Sur, los Sutagaos, habitaban entre los ríos Pasca y Sumapaz (Lib. I, Cap. II). Una y otra afirmación son verdaderas. Luego se contradice dando por cierto en dos pasajes distintos que los Fusagasugáes eran de la misma tribu y provincia de los Sutagaos (Lib. II, Cap. II). El historiador Acosta incurrió en el mismo error.
170
Ebaque, formado de yba, sangre y quye palo, y llamado posteriormente Ubaque. Deriva, sin duda, en nombre esta localidad de un arbusto que crece en ella y que tiene la savia de color rojo.
171
El Padre Simón escribe Quemuenchatocha y también Muinchatocha; y Piedrahita, Quimuinchatecha, agregando que más probablemente es Quemuenchatocha.
172
Piedrahita es el único cronista que habla del reinado de Saguanmachica y de las primeras campañas de Nemequene. Para lo que falta de esta parte histórica tenemos la relación de Castellanos, a quien sigue en muchos puntos Piedrahita, y repite con escasas variaciones el Padre Simón.
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