CAPITULO IV
Los dioses chibchas-El Sol y la Luna-Bochica y
Chibchachum-Cuchabiba, el arco iris-Bachúe y su
esposo-Chaquéa-Nencatacoa-El diablo, guahaioque-Descripción de los
templos y adoratorios de los Chibchas-Idolos y ofrendas que les
hacían-Fiestas de rogativas- Idolillos lares-Gran abundancia de
ídolos que tenían-Rendían culto a las lagunas, ríos bosques,
etc-Noviciado de los jeques; enseñanzas que recibían en sus cucas o
seminarios-Su vida austera y retirada-Uso que hacían de la
coca.-Sahumerios-Ofrecimientos y peticiones hechos por medio de
ellos-.Viejos hechiceros y agoreros- Supersticiones y agüeros que
fomentaban-Yerbas y bebedizos- Amuletos de que se servían los
hechiceros para vaticinar y modo de usarlos.
Los Chibchas eran idólatras: tenían multitud de dioses, pues cada
uno podía inventar los que le conviniera, pero reverenciaban
especialmente a unos pocos, más generalmente conocidos. Ya que no
rendían culto al omnipotente Chiminigagua, adoraban al Sol, Sua,
que ocupaba el primer puesto entre sus dioses, junto con su
compañera Chía, la Luna. 66
¡Extraña divinidad era el Sol, de quien decían que era el que se
comía los hombres, y aquel en cuyo honor hacían frecuentes
sacrificios humanos! ¡Y el pueblo que tenía por cosa abominable
comer carne humana; el que jamás quiso imitar a sus vecinos los
Panches y los Mazos en esa práctica brutal, era el que adoraba un
dios sanguinario, un dios de quien los Chibchas mismos decían que
esta carne era su manjar! Cuando vinieron los españoles, los indios
los tuvieron por hijos del Sol, que los enviaba para castigar sus
pecados, y como "la fama publicaba que devoraban gentes, y
que carnes humanas eran su mejor comida," hubo lugar donde
les arrojaran niños para que saciaran su apetito. Llamábanlos
sue o suagagua (de sua, sol, y
guasgua, muchacho) y también suachia, hijos del
Sol y de la Luna.
Dice el Padre Simón que al Sol no lo adoraban en templos,
"porque decían era imposible meter tanta majestad entre
paredes"; pero él mismo habla de templos dedicados al Sol
en Guachetá, y del que construyó Garanchacha en Hunsa; los
cronistas citan, además de éstos, el de Bacatá, que era de los
principales, y el de Fúquene. Chía tenía casa de adoración en el
pueblo que lleva su nombre.
Bochica era dios venerado en todas las tierras de los Chibchas, y
superior a Chibchachum: éste era protector y báculo (chum,
báculo) de los habitantes del estado de Bacatá, de cuyo territorio
no se separaba jamás para favorecerlos constantemente en sus
necesidades. Ambos daban leyes y enseñaban cómo se debía vivir.
Irritado Bochica contra Chibchachum por haber éste anegado la
Sabana, le impuso el castigo de que cargara en sus hombros toda la
tierra, que descansaba antes sobre enormes guayacanes; mas como el
nuevo Atlas tenía que pasar el mundo de un hombro a otro para
descansar, su esfuerzo titánico producía terremotos. A estos dioses
no se les podía ofrecer sino oro; respondían cuando eran
consultados por los jeques, pero sin .dejarse ver, porque no tenían
forma corpórea. Bochica era particularmente el dios de los caciques
y capitanes, y Chibchachum el de los mercaderes, orífices y
labradores. El arco iris, meteoro que los Chibchas creían que era
aire resplandeciente, fue personificado y adorado con el nombre de
Cuchabiba, por haber servido de alto asiento a Bochica cuando formó
el Salto de Tequendama. Era el abogado de las mujeres de parto y de
los enfermos de calenturas; ofrecíanle algunas veces oro bajo, pero
más generalmente esmeraldillas y cuentas de Santa Marta. Su
aparición era motivo de terror para los indios por haberles
anunciado Chibchachum que esta sería causa de la muerte de muchos.
Para aplacar a Cuchabiba le hacían sacrificios.
La diosa Bachúe, madre de los Chibchas, gozaba de gran veneración;
tenía el encargo especial de dar amparo a las hortalizas, y se le
ofrecían sarmientos de moque y resinas. Acostumbrábase fabricar
ídolos al niño que ella sacó de la laguna, de la estatura y edad
que tenía cuando salieron de ella, y aun se asegura que en un
templo dedicado a la fecunda pareja en Iguaque, se veneraba una
estatua maciza del niño, hecha de oro fino.
El gran templo de Sugamuxi incendiado cuando la conquista, estaba
dedicado al dios Remichinchagagua, de quien nada dicen las
crónicas.
Chaquén tenía a su cargo los términos y los puestos en las
carreras, que algunas veces hacían parte del programa de las
fiestas de los caciques, y en las que eran premiados los más
aventajados corredores. Dedicábanle los adornos usados con motivo
de estos regocijos públicos, así como la plumería que se ostentaba
en estas ocasiones y en las guerras 67.
Siendo los Chibchas tan dados a la bebida, tenían naturalmente su
Baco, que los acompañaba en sus borracheras, bailando y cantando
con ellos. Se llamaba Nencatacoa, y era, además, protector de los
tejedores y pintores de mantas. Asistía a las rastras, de maderas
que bajaban de los montes, y se hartaba de chicha, única cosa que
se le podía ofrecer. Presentábase en figura de oso cubierto con una
manta, con la cola por fuera. Solían darle el nombre de
Fo, que quiere decir zorra, por que algunas veces
tomaba la figura de este animal.
Incompleto nos quedaría este catálogo de falsos dioses si no
incluyéramos en él al inspirador de toda idolatría, al que excitaba
al sacrificio de víctimas humanas, fomentaba la embriaguez y las
disoluciones, al Demonio, en fin, a quien llamaban
guahaioque. Todas las antiguas religiones profesaban la
creencia en el Demonio, creencia que se encontró muy arraigada en
América. En el Nuevo Reino de Granada no había quizá una tribu que
no le rindiera culto en una u otra forma, y muchas no tenían más
religión que la demonolatría 68.
Los Chibchas respetaban y obedecían al Demonio ofreciéndole
sacrificios, aunque tenían conocimiento de que era su enemigo, y
que les enseñaba cosas contrarias a la razón y a la ley natural. Su
servil sujeción tenía por causa el temor al mal que pudiera
hacerles.
Muchos comprendían que los ídolos, obra de sus manos, no tenían
ningún poder para favorecerlos en sus necesidades pero decían que
el diablo lo mandaba y quería ser honrado en el culto que les
tributaban. Además, como los jeques y embaucadores convencían a los
pobres indios de que hablaban con el Demonio y que les daba
respuestas que les comunicaban, se dejaban seducir
fácilmente.
Tenían los indios en cada pueblo templos o adoratorios, unos
comunes y otros particulares, todos dedicados a alguno de los
dioses que hemos nombrado, o a otros muchos que cada uno hacía a su
antojo y por su mano, para el propósito que quería. Eran
generalmente casas o bohíos muy ordinarios; tenían el suelo
cubierto de espartillo blando y estaban llenos de barbacoas y poyos
a la redonda, donde ponían varias figuras grandes y pequeñas,
hechas de oro, cobre, madera, arcilla, hilo de algodón y cera, que
representaban sus falsos dioses. Estas figuras, comúnmente mal
hechas, eran colocadas siempre por parejas, varón y hembra, y les
ponían cabelleras, colas a algunas de ellas y las envolvían en
mantas. El célebre templo de Iraca fue construido sobre fuertes y
muy pesados maderos, plantado cada uno sobre un esclavo vivo,
porque decían que, fundados sobre sangre humana, no estarían
expuestos a quebrarse. Las paredes estaban esteradas de carrizos
cuidadosamente puestos y trabados. De las casas principales de los
caciques salían unas carreras muy bien niveladas, de siete a ocho
pasos de anchura y hasta de media cuadra de longitud, con
valladares a uno y otro lado; terminaban en las puertas de los
templos, adonde iban a hacer oraciones y sacrificios.
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Uricoechea escribe Chie en su Gramática chibcha, de conformidad con el Vocabulario chibcha, manuscrito de la Biblioteca Nacional; Quesada, Oviedo, Simón, Piedrahita y Zamora escriben Chía, y Chía, además, era y aun es el nombre de la población fundada en honor de la diosa. |
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Según Acosta, Chaquén cuidaba también de los linderos de las sementeras. El Padre Simón, único cronista que habla de este dios Chibcha, no le da tal atribución. |
| 68 |
Véase E. RESTREPO. Estudios sobre los aborígenes de Colombia. Cap. V. |
