10. COMO FUE PROVEIDO PEDRARIA DAVILA DE LA GORERNACIÓN DE CASTILLA DEL ORO.

Y el Rey acordó de enviar gobernador a aquella provincia,  y mandó que la llamasen Castilla del Oro, porque decían que era muy rica tierra, y nombró por obispo a Fray Joan de Quevedo, de la Orden de Sanct Francisco, predicador su capilla real. El obíspo de Palencia, don Joan Rodrígues de Fonseca, era presidente del Consejo de las Indias y capellán  mayor y privado del Rey, y  a suplicación  y por su respeto fue elegido por gobernador y capitán general un caballero de Segovia llamado Pedrarias Dávila,  hermano de Joan Arias Dávila, que después fué él  primero conde de Puñoenrostro; por tesorero para la hacienda real, Alonso de la Puente, natural de la Parra, cerca de Zafra; por contador, Diego Márques, natural de  Toro, criado del obispo Fonseca; por factor, Joan de Tabira, repostero de estrados del Rey, natural de Ocaña, y por veedor de las fundiciones de oro, aquel Joan de Quicedo que es dicho que fue procurador del Darién. Este, después que volvía de la corte, a llegado a Sevilla, murió hinchado, y tan amarillo como aquel oro que anduvo a buscar.  En el cual comenzó Dios a punir los que echaron a Nicuesa del mundo. Y el Rey Católico me hizo merced, a mí, el cronista, de aquel oficio de veedor, por fin de Joan de Quicedo.

Así que acordó el Rey que se hiciese una armada de tres mill hombres y se proveyese muy cumplidamente, y que fuese Pedrarias por su capitán general y gobernador, y inquiriese las culpas y méritos de Vasco Núñez de Balboa, y gobernase y conquistase y poblase aquella tierra, señalándole por gobernación, desde el Cabo de la Tela hasta Teragua, y desde  estos límites, que son en la costa del Norte, corriendo la tierra aden­tro hacia la parte austral, todo aquello que hobiese de mar a mar, con las islas que en ello concurriesen. Y porque los vecinos del Darién eran unos más antiguos que otros en la tierra, proveyó el Rey y su Consejo que en los repartimientos y caballerías y mercedes y solares, después de haber cumplido primeramente con sus oficiales, fuesen los primeros  gratificados los que fueron de la compañía del capitán Alonso de Hojeda, porque éstos ganaron aquella villa, y tras éstos los que hobiese del capitán Diego de Nicuesa, y después a los demás, segund su antiguedad en la tierra.

Idos pedrarias y el obispo y oficiales a Sevillla, se comenzó a jun­tar la gente, y por ser entrado el invierno y no ser tiempo de navegar, se tardó el viaje todo lo restante de aquel año de mill e quinientos y trece años, y aun parte del año siguiente. Es el cual tiempo se allega­ron muchos caballeros e hidalgos, y mucha gente de bien y muchos artesanos de diversos oficios; y asimesmo muchos labradores para la agricultura y labor del, campo, que para hacer este viaje, de unas partes e otras siempre ocurrían a la fama deste oro. Y como el general Pedrarias era bien hablado y decía muchas cosas de aquellas tierras, que aun el no sabía, e el obispo fray Joan de Quevedo, en sus predicaciones contaba cosas inauditas, y para mover a los cobdiciosos prometía galardones y tesoros de qué ninguna certenidad ni verdadera información había (mas de la buena esperanza), así nunca cesaban de venir de toda España, y aun de fuera della, hombres que deseaban ver esas maravillas y grandísimas riquezas, que el obispo y Pedrarias pregonaban, y por su mandado otros capitanes inferiores. De que se siguió que hobo muchos que vendieron los patrimo­nios y rentas y haciendas que tenían y heredaron de sus padres; y otros, algo menos locos, las empeñaron por algunos años, dejando a sus señores y perdieron el tiempo que los habían servido, no teniendo e; nada el galardón que esperaban, en comparación de lo que había de adquirir y ganar en este camino...

Por las quejas que al Serenísimo y Católico Rey don Fernando había dado el bachiller Enciso contra Vasco Núñez entre los cuales siempre hacía memoría de su injusta prisión y destierro, y de la crueldad que había usado contra Diego de Nicuesa; y por la relación que después hicie­ron los procuradores del Darién, el veedor Joan de Quicedo y el capitán Rodrigo de Colmenares, y las cartas que contra él escribieron el bachiller Diego del Corral e Gonzalo de Badajoz, teniente que fué de Diego  de Nicuesa, e Luis de Mercado,  e Alonso Perez de la Rua, a los cuales tenía preso Vasco Nuñez acordo el Rey de enviar a Pedrarias Dávila con un hermosa armada a conoscer  de las culpas de Vasco Nuñez de Balboa, e a gobernar a Castilla del Oro, en la Tierra Firme.

Y juntáronse para esto tres mill hombres, o más en Sevilla; y fueron allí los oficiales que el Rey envió para su hacienda, Alonso de la Puente por tesorero, Diego Márques por contador,  Joan de Tabira por factor, Joan de Quicedo por veedor de las fundiciones del oro (éste murió allí en Sevilla, e yo el cronista) Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, fuí proveído por el Rey Católico de aquel oficio de veedor); por alcalde mayor de Pedrarias fué el bachiller Gaspar de Espinosa, que después se  llamó licenciado, natural de Medina de Rioseco; y por teniente de capitán general de Pedrarias fué un hidalgo de Córdoba, llamado Joan de Ayora, hermano del cronista, Gonzalo de flora; y por capitanes de cada cien hombres, Luis Carrillo, Francisco Dávila, Antonio Téllez de Guzmán, Diego de Bustamante, Contreras, Francisco Vásquez Coronado de Valdés,  Joan de Zorita, Gamarra, Villafane, Atiensa, Gaspar de Morales, primo del gobernador, Pedrarias,  el macebo, que iba por capitán del artillería, el cuál era sobrino del  gobernador, Gonzalo Fernandez de Llago y el capitán Meneses. Los cuales he nombrado, porque de todos, o de los mas dellos, y de otros que en la tierra ya estaban, y de otros que después se llamaron capitanes e lo fueron, resultaron adelanto cosas que convienen a la historia y son notables.

En lo espiritual, fué el obispo don fray Joan de Quevedo, de la Orden de Sanct Francisco, el primero prelado que pasó a la Tierra Firme, con título de obispo de Sancta María de la Antigua e de Castilla del Oro; y la cabeza de aquel obispado fué aquella villa que he dicho Sancta María de la Antigua del Darién, que ganaron Vasco Núñez y  los que quedaron del armada del capitán Alonso de Hojeda. La cual, después de la ereción deste obispado, por mandato del Papa e del Rey Católico se llamó cibdad, que fue metropolitana y cabeza, coso es dicho, del obispado de Castilla del Oro, porque es gente noble....

A los treinta de Junio de mill quinientos y catorce años de la Natividad del Redemptor nuestro, saltó Pedrarias en tierra e entró en la cibdad de Sancta María del Antigua del Darién con toda la gente llevaba del armada, que eran dos mili hombres o mas e muy bien adereszados e armados, e el Obispo e oficiales y capitanes, y en muy buena orden todos, que era cosa que en todas partes parescía bien. E Vasco Núñez, que allí gobernaba, como es dicho, lo rescibió con quinientos e quince hombres que estaban allí avecindados, e tenían fechas más de cient casas o buhíos; e estaba muy gentil población, e con un hermoso río que pasa pegado a las casas de la cibdad, de muy buena agua e de muchos buenos pecados.  Este es el río del Darién, e éste viene de la parte del Hueste, y el que él dice, es un brazo del río  de Sanct Joan, que entra en la culata del golfo de Urabá, como la historia ya lo ha  dicho. Tornemos a la historia.

Luego  presentó Pedrarías sus provisiones, y fue rescebido por gobernador, con mucho  placer de lo que allí estaban e de los que nuevamente iban, excepto del Vasco Núñez y sus amigos e los que esperaban  dar cuenta, puesto que también mostraban placer de nuestra ida.  E el gobernador tomó las varas de la justicia, y cada uno comenzó a ejercer su oficio, según iban proveídos dellos, e los que hobo de proveer el gobernador, los proveyó.

Había entre aquellos pobladores primeros, mas de mill e quinientos indios e indias naborías que servían a los cristianos en  sus haciendas e casas; pero porque adelante se   tocará algunas veces este nombre de naborías, es bien que aquí se declare. Naboría es el que ha de servir a  un amo, aunque le pese; a él no lo puede vender, ni trocar sin  expresa  licencia del gobernador; pero ha de servir hasta que la naboría o su amo se muera. Si la naboría se muere, acabado es su captiverio; y si muere su señor, es de proveer de tal naboría al gobernador, y dala a quien él quiere. E estos tales indios se llaman naborías de por fuerza, e no esclavos; pero yo por esclavos los haría, cuanto a estar sin libertad.

La gente que fue con Pedrarias, se repartieron e aposentaron con los pobladores que allí estaban en compañía de Vasco Núñez; e dióseles de comer e ración a todos, muy complidamente, un mes después de llegada el armada, e sobraron de la hacienda del Rey muchas pipas de vino e harina e otras provisiones, que fuera mejor que también se comieran, como se dirá adelante.

Lo primero que el gobernador hizo, otro día después que llegó, fue apartar a Vasco Nuñez en secreto, en mi presencia (porque yo iba por escribano general en nombre del secretario Lope Conchillos, e llevaba comisión de proveer por el secretario, en nombre del Rey, todos los otros escribanos del audiencia del gobernador y del alcalde mayor y otros juzgados); y díjole que el Rey le había mandado que lo tractase muy bien, por lo que le había servido en aquella tierra, e en todo lo que hobiese lugar, le favoresciese e gratificase; e se informase dél del estado e cosas de la tierra, e qué indios había de paz, e cuáles de guerra, e en todo le dijo que entendía tomar su parescer. E a este propósito le dijo muchas palabras dulces, de que el Vasco Núñez mostró contentamiento, y respondió que él besaba los reales pies al Rey, nuestro señor, por lo que de parte de Su Alteza le había dicho, y a él le tenía en merced la voluntad que le ofrescía; e que en todo lo que el supiese e pudiese avisarle a servir a Sus Altezas, le diría su parescer con verdad y voluntad entera de hacerle servicio; e que para aquello era menester recoger su memoria, e daría su respuesta con obra, dándole noticia de lo que él supiese cerca de lo que el general le mandaba e requería, porque fue por auto todo esto dicho y escripto.

E así, después del día siguiente, que fueron dos días de julio, le dio la respuesta por escripto, la cual contenía muchas cosas bien dichas y convinientes; y entre otras declaró los ríos e quebrads e partes señaladas donde se había hallado oro y lo había visto e cojido los cristianos hasta entonces. E dijo que de tras años antes hasta que Pedrarias llegó, había hecho de paces aquestos caciques: Careta, Ponca, Careca, Chape, Cuquera, Juanaga, Bonanimana, Tecra, Comogre, Pocorosa, Pucheribuca, Chuirica, Otoque, Chorita , Pacra, Teaoca, Tenoca, Tamao, Tamaca, Tubanamá, e otros; e había descubierto la mar del Sur, en el año de mill e quinientos y trece, e la isla Rica de las perlas, e había en persona atravezado la tierra de mar a mar, en todo dijo verdad.

Desde a pocos días se pregonó la residencia contra Vasco Núñez e sus oficiales, la cual le tomó el licenciado Gaspar de Espinosa, alcalde mayor.  E por otra parte e gobernador, con un largo interrogatorio e secretamente comenzó a hacer la pequisa secreta contra Vasco Núñez sin que el alcalde mayor lo supiese, o porque no se fiaba de el, o porque no tenía experiencia ni había tenido cargo de justicia (Antes aquél era el primero que tuvo y poco antes había salido del estudio de Salamanca) o porque le paresció que así convenía puesto que en la cédula que el alcalde mayo tenía del Rey Católico, mandaba a Pedrarias que no usase con otro juez en las cosas de justicia, sino con este licenciado Espinosa, su alcalde mayor.  Pero antes que el lo supiese, se tomaron algunos testigos de aquellos primeros pobladores que habían quedado de la gente e armadas de los gobernadores Alonso de Hojeda e Diego de Nicuesa, los cuales sabían muy bien la verdad de todo lo pasado en la vida del Vasco Núñez; en el cual tiempo, en la residencia pública le pedían muchos, ese dieron contra él muchas sentencias de las cosas que había tomado e debía a personas particulares; y con algunos se concertó. E en estos principios parescía que el alcalde mayor tenía voluntad de hacer justicia a todos; pero desde a pocos días favoresció claramente a Vasco Núñez y creyose que la causa fuera por contentar al obispo fray Joan de Quevedo, que favorescía a Vasco Núñez y representaba muy a menudo sus servicios y el descubrimiento de la mar austral e que había sido el primero cristiano que la vido, e que halló el estrecho que hay de la costa del Norte a la del Sur, e lo anduvo por su persona e publicamente decía que era digno de grandes mercedes.

El gobernador pasábale destos loores, y era de otra opinión más como el obispo e oficiales eran coadjutores en las cosas de la gobernación e se hobo noticia de la pesquisa secreta que el gobernador tomaba sintiólo por injuria del alcalde mayor porque se había fecho sin él e sobre esto pasaron otras muchas cosas e palabras que no son para la historia.  Pero redundo dello que el alcalde mayor se determino en le ayudadr por deshacer la pesquisa en la cual se probaba la muerto de Diego de Nicuesa, o aquel desapiadado exilio con que lo echó Vasco Núñez  de la tierra e otras culpas.  E en fin el gobernador le dio lo que estaba escrito y no procedió ni habló en ello más de lo que el obispo y el licenciado Espinosa quisieron; e dieronle a entender que aquellos testigos eran enemigos de Vasco Núñez mas el gobernador quisierale envía a España  a una vos cuasi todos estuvieron conformes para que en grillos le llevases, porque los testigos se rectificaron (sic) en los dichos e como el obispo era sagaz procuro de dar lugar al tiempo e que tal determinación se sobresellese; porque el obispo e Vasco Núñez eran ya compañeros de las granjerías, de las haciendas del campo e en las naborías e  indios, e pensaba aquel perlado ser muy rico por la industria de Vasco Núñez. E dio a entender al gobernador que si lo enviaba a Castilla, que en la hora que entuviese en la corte, había de saber el Rey que había descubierto la otra mar, y había hallado el paso o estrecho que hay de tierra de mar a mar, en que había hallado muchas minas de oro, e que había andado la tierra por su persona e hecho de paces muchos caciques; e que en estas cibdad de Sancto Domingo el tesorero Miguel de Pasamonte era a quien el Rey daba mas crédito que a hombres de cuanto había en estas partes, y hacía por Vasco Núñez e sería causa que lo enviase luego honrado  e gratificado, e le daría la parte que el Vasco Núñez quisiese coger de la gobernación de Castilla del Oro, lo cual el sabría muy bien señalar pues sabia la tierra; e que los que le convenía a Pedrarias era disimular e tener en palabras e pleitos a Vasco Núñez y continua nescesidad, e que en tanto, el tiempo le diría lo que se debía hacer. Y lo mismo decía al alcalde mayor.

A Pedrarias no le paresció que se debría desechar este consejo; antes acordó de lo tomar, y desde a pocos días se le restituyeron a Vasco Núñez los bienes que por inventario le estaban secuestrados, y poco tiempo después, por medio del obispo, se le daba parte en los negocios de la gobernación. E hobo mas lugar esto, porque el gobernador adolesció y estuvo muy enfermo muchos días e dio porder al obispo e oficiales para gobernar en su lugar como el lo pudiera hacer.

(Fernández de Oviedo, III, pag. 206-207, 221-222,232-234)

Fuente

FERNANDEZ DE OVIEDO Y VALDES, GONZALO, Historia General y natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano. 5 Vols. (Madrid, 1959).
 

Comentarios () | Comente | Comparta c