13. DE OTRAS MUCHAS PARTICULARIDADES DE LOS INDIOS DE LA GOBERNACION DE CASTILLA DEL ORO EN LA PROVINCIA DE LA LENGUA DE CUEVA E OTRAS PARTES.

Estas gentes destas partes comúnmente son sin barbas o lampiños, puesto que algunos indios he visto, pero pocos, que las tienen, así en  las caras como en las otras partes que los nuestros hombres en nuestra España e Europa. E queriendo yo más particularmente entender aquesto, averigué en esta provincia de Cueva (de quien aquí se tracta), que también ternían barbas como los cristianos; mas así como les nascen, se   las pelas, e de habituarse a aquello e a untarse con algunas hierbas e  otras cosas que ellos saben, ningunas les nascen, o si nascen, no les turan; pero en sus verguenzas y en los sobacos, muchos indios, en muchas  partes desta tierra, tienen tantos pelos como los cristianos o cualquiera otra nasción, excepto las mujeres, que tienen más diligencia e aviso para que en tales lugares no se les críe, ni haya polvo ni lana. Verdad es que, cerca desta provincia, en la del Cenú, ellos con barbas, y ellas y ellos con todas las otras partes secretas que allí traen públicas, no tienen diferencia ni menos que nosotros; y en este caso, cuando en otras gentes destas Indias se hable, se dirá lo demás, que es muy diferente de lo que está dicho.

Tienen por costumbre, así los indios como las indias, de se bañar tres o cuatro veces al día, por estar limpios e porque dicen que descansan en lavarse; e por de mañana que las indias vayan al río o fuente por agua, primero que de allá vengan, se lavan e aun nadan un poco, en lo cual son muy diestros; y este lavarse tornan a hacer a mediodía e a  la tarde, e por lo menos una vez al día ellos, e las indias mucho más.  Y es verdad que estando un día o dos sin se lavar, como acaesce, o por  andar camino u otras causas, que naturalmente huelen a monte, o un mal  olor como el de los negros de Guinea, que en alguno es insoportable.

Donde quiera que hay mar e río, hay pescados e pescadores; y estos  indios de Cueva son muy dados a este ejercicio de las pesquerías, de todas aquellas maneras que se dijo en el capítulo primero del libro XIII; porque a la verdad, esta gente tiene en esta provincia por principal   mantenimiento suyo el pescado, así porque son muy inclinados a ello, como porque con más facilidad, lo pueden haber en abundancia e a menos trabajo que las salvajinas de puercos e venados, que también matan e comen. E así en la pesquería como en la montería, se aprovechan mucho de las redes, que hacen de henequén e cabuya, e asimesmo de algodón, que tienen mucho e bueno, de que natura los ha proveído, e hay boscajes e matas, grandes como árboles, dello. Y yo por árboles tengo alguna manera, de algodón que hay en estas islas y en la Tierra Firme, pues turan muchos años e son altos, puesto que la madera es feble o floja, e vane a  saz. E lo que los indios quieren hacer más blanco e mejor, cúranlo e plántanlo en sus asientos y heredamientos e cerca de sus casas. También sin redes matan e montean los animales que he dicho, e otros a lanzadas, y en cepos que les arman, e a veces en ojeo con cantidad de gente, e los atajan e reducen a lugares estrechos. Después que los han muerto,  como no tienen cuchillos para los desollar, cuarteánlos, hácenlos partes con piedras de pedernales e con hacbuelas de piedra que tienen enastadas; e asan la carne sobre unos palos, que ponen, a manera de trévedes o parrillas, en hueco, (que ellos llaman barbacoas) e la lumbre de­bajo; porque, como la tierra está en clima que naturalmente es calurosa, presto se daña el pescado o la carne, que se asa el mesmo día que muere.

Allende de la carne e pescados, tienen muchas e diversas fructas. Su pan, como tengo dicho, es maíz e yuca. Todos, por la mayor parte, beben agua, pero a ninguno desplace el vino; antes son muy amigos dél, e aquéste hacen del maíz, segund la cantidad que quieren hacer de chicha,  que así llaman a su vino, e para hacerlo tienen esta forma. Ponen el maíz en remojo, e así está hasta que allí en el agua comienza a brotar por los pezones, e se hincha, e salen unos cogollicos por aquella parte que el grano estuvo pegado en la mazorca que se crió; e desque está así sazonado, cuécenlo en buen agua, e después que ha dado ciertos hervores e menguado la cantidad que ya ellos saben que es menester, apartan del fuego la olla o tinajuela en que lo cuecen, e repósase e asiéntase aba­jo el grano. E aquel día no está para beber; pero el segundo día está  más asentado, e comienzan a beber dello, aunque está algo espeso; e al tercero día está bueno e claro, porque está de todo punto asentado, y el cuarto día muy mejor, e la cólor dello es como la del vino  cocido balnco de España, y es gentil brebaje. El quinto día se comienza a acedar, y el sexto más, y el séptimo es vinagre e no para beberse: pero no lo dajan llegar a ese término, e desta causa, simpre hacen la cantidad que les paresce, porque no se pierda ni dañe: e así, antes que aquello no esté para beber, tienen otro, que se va haciendo de la manera que es dicho. A mi parescer, es de mejor sabor e mñas substancia que la sidra o vino de manzanas que se hace e beben en Viscaya, o que la cerveza o biara que beben los ingleses e en Flandes (que todo lo uno e lo otro he probado e bebido). Este vino es sano e templado, e tiénenle los indios por presciado e gentil mantenimiento, e tiénelos gordos. También se hace muy buen vinagre del maíz, en esta manera. Tuestan los granos del maíz al fuego,  e después muélenlos e hácenlos harina, la cual mezclan con agua, e dánle ciertos hervores, e apartan la ola como está, e pásanla donde esté reposada hasta otro día, que la tornan a cocer así como está; e después del segundo cocimiento, cuélanlo, e lo que ha salido limpio, hecho agua o vinagre, pónemlo al sol dos o tres días. E al tiempo que lo comienzan a poner al sol, échanle un poco de agua limpia, para que se haga más fuerte; y en fe de aquellos tres días, que no se daña e corrompe, ni afloja de su ser que tuvo cuando mejor fue.

Dije en el capítulo XXVI de suso, que por la mayor parte, los indios desta provincia de Cueva fundan sus empresas sobre una bebdera o areito. Y qué cosa sea este areito, largamente se dijo en el libro V, capítulo primero; e de aquellas maneras que allí dije e otras muchas que dejé de decir, por evitar prolijidad, se usan en esta provincia de Cueva. Y por que, como quedan borrachos, los menos se acuerdan otro día de lo que allí se tractó cantando, siempre quedan algunos, como deputados e viejos, que no andan en el baile o areito, con los cuales, luego otro día siguiente se comunica al cantar de la noche o día de antes, e lo que allí se ordenó con los capitanes; e lo ponen por obra, como si quedasen obligados por un firme e bastante contracto o juramento e pleitesía inviolable. Y también hay algunos de tan buenas cabezas, que por mucho que beban, no se descuerdan ni caen embriagos. Estos areitos, como en otra parte tengo dicho, son sus letras o memoriales.

Una cosa de las que más se han espantado los indios de cuantas han visto entre los cristianos, son las letras, e que por ellas nos entendamos con los ausentes. E así, cuando algún cristiano escribe a otro que está algunas leguas de allí, el algún indio es el mensajero, quedan espantados que en la carta digan acullá lo que se ha fecho acá, que aquel indio ha visto hacerse, o lo que se entiende hace; e llévanla con tanto respecto e temor e guarda, que les paresce que también sabrá decir la carta lo que el indio piensa o hace, como él mesmo, e aun algunos piensan que tiene ánima la carta, e ya se ha platicado entre ellos para lo experimentar. E especialmente un cacique, en aquella tierra de Cueva, mandó a un indio suyo que a una carta de su amo, que había de llevar a cierta parte a otros cristianos, le preguntase en el camino a la carta el que la llevaba algunas cosas que le mandó, e así lo hizo; e dada la carta, volvió con otra en respuesta de aquel a quien iba, e después, a parte, el cacique dijo a su indio si había fecho lo que le mando, e dijo que si creia que maliciosamente la carta no quería hablar sino con los cristianos, e que ella había dicho  a su amo lo que le había el indio preguntado; por lo cual, el cacique, de temor desto, huyó e se alzó. Desde a pocos días fue preso, e preguntándole la causa porqué se había huído, pues que no se le había fecho sin razón ni mal tractramiento alguno, dijo que él sabía que la carta, e que aquel indio era bellaco, porque el cacique no se  lo había mandado, e que él lo había muerto después para lo castigar, e que él sería bueno; dando a entender que él creía que la carta había dicho por donde a él viniese daño. El que esta expiriencia hizo, fue el capitán Gonzalo de Badajoz, el cual le dijo al cacique que la verdad era que la carta se lo había dicho todo y él lo sabía, e que las cartas todo lo entiendedn cuanto se conseja o se tracta contra los cristianos, y ellos les tienden mandado que ellas no hablen con los indios ni les descubran ningún secreto. E así se lo creyó este cacique, e de astuto, el capitán quiso dejarle en esta sospecha.

En las cosas de la guerra he visto desta gente que se prescian mucho; e cuando salen en campo, llevan caracoles grandes fechos bocinas que suenán mucho, e también atambores, e muy hermosos penachos, e algunas  armaduras de oro en los pechos, e patenas e brazales, e otras piezas en las cabezas e otras partes de la persona; e de ninguna manera tanto co­mo en la guerra se prescian de parescer gentiles hombres e ir lo más   bien adereszado  que ellos pueden.  Destos caracoles grandes se hacen unas contecicas blancas de muchas maneras, e otras coloradas, e otras negras, e otras moradas, e cañuticos de lo mesmo; e hacen brazaletes en  que con estas cuentas mezclan otras, e olivetas de oro que se ponen en  las muñecas, y encima de los tobillos, e debajo de las rodillas, por   gentileza; en especial las mujeres que se prescian de sí e son principales, traen todas estas cosas en las partes que he dicho, e a las gargantas, e llaman a estos sartales, cachira, e a las cosas desta manera.

Traen asimesmo zarcillos de oro en las orejas, e horádanse las narices, hecho un agujero entre las ventanas, e cuelgan de allí, sobre el labio  alto, otro zarcillo, o se ponen allí un palillo de oro tan grueso como una péñola de escribir. Algunos indios se tresquilan, puesto que común  mente ellos y ellas tienen buen cabello, muy llano e negro, e se prescian dello; e las indias lo traen luengo hasta la mitad de las espaldas, e bien cortado, igualmente, e por encima d e las cejas; y en lugar de tiseras tienen navajas de pedernales que cortan como buenas tiseras.

Dicho tengo que los indios tienen los cascos de la cabeza gruesos, he mirado en ello muchas veces y es así verdad, que es cuatro tanto grueso el casco de un indio que el de un cristiano; e así por esto, cuando pelean con ellos los cristianos, tienen aviso en no darles cuchilla­das en la cabeza, porque se han visto quebrar muchas espadas, porque de más de ser grueso el casco, es muy recio en sí.

Asimesmo he visto e notado destos indios de Cueva, que cuando van a camino e se cansan, conoscen que les sobra sangre; e para decansar, ellos mesmoes se sajan las piernas e los brazos con ciertos pedernales delgados que traen consigo que para este efecto; e algunas veces hacen estas sangrías con colmillos de vívoras muy delgados, o con unas caluelas.

También he dicho de sus pinturas de la hija e de la jagua e de otras maneras, así en guerra como en paz, ellos y ellas; pero en especial en la guerra se acostumbran a pintar más a menudo los indios, e les paresce que no es hombre militar el que no lo hace. Algunos quieren decir que no es solamente por la gala tal pintura, sino porque se hallan más sanos pintándose con tales cosas; y por eso no dejan de usar de tales pinturas perpetuas, que no turan menos que sus vidas, ni se les acaban sino con pudrirse la carne pintada. Y esta tal pintura úsanla de dos maneras: la una es como marca en cierta forma, e con esta tal, hierran al paco, que quiere decir esclavo; la otra es por gentileza, que significa gala  e libertad. E cada una de éstas se ponen en lugares deputados en la persona; porque en la cara, de la boca abajo, aunque alcance a las orejas, y en lo brazos e pecho, es gala de hombres e mujeres libres, e de la boc arriba, en la cara, es captiverio. E aquella señal, que traen los libres vasallos e criados e aceptas personas al señor, son de una manera, tan justamente, sin tener uno mñas que otro, que no paresce sino que, por estampa, está hecho de molde. Y en aquella pintura no menguan ni crescen, porque, como he dicho, es devisa o como una librea conoscida del tiba o que ví en cuyo señorío e obediencia viven los que así están pintasdos. Y el mesmo saco o tiba o príncipe trae la mesma pintura; la cual pintura o devisa escoge el señor cuando hereda la casa e estado, e la hace dferente de la que usó su padre, para que se conozca cuáles sirvieron al uno e cuáles al otro. Otros hay que aunque heredan la casa no mudan la devisa que su padre tenía; e por esta causa los que han de heredar, no se pintan, porque tienen esperanza de mudar la devisa e tomar la que les paresciere. E estos tales oson siempre odiosos a sus padres, porque no se pintan d su devisa, e los que toman la marca o devisa del padre en sus días, quiérelos mucho; e después no la puede mudar ni menguar ni crescer en ella, porque lo temían por malo e mentiroso a su padre e no le darían crédito en nada.

A estas gentes tampoco les falta plaga o coxixos que los molestan e  produce la natura, para que entiendan cuán pequelas e viles cosas son  bastantes para los ofender e inquietar e dar enojo. De lo cual, el hom­bre de razón debe considerar su poco ser, para no descuidarse del oficio principal para que fué formado, que es conoscer a su Hacedor, dándole continuas gracias de los beneficios rescebidos, e andar por el camino derecho de su salvación, pues tan abierta e clara tienen la vía los  cristianos todos que quieren abrir los ojos del entendimiento a conoscer su Hacedor. E aunque algunas cosas déstas sean asquerosas o no tan  limpias para oír como otras, no son menos dignas de notar, para sentir  las diferencias e varias operaciones de la natura por la dispensación  del Maestro della.

Ved la soberbia del león, e la fortaleza del elefante, e la crueldad del tigre, e la ponzoña de la víbora e del áspide, y cómo cualquier mosca o mínimo mosquito los enoja e molesta. Y así, entre los otros traba­jos que a los hombres en Tierra Firme molestan e inquietan en muchas   partes por donde pasan por los campos, hay uno inevitable para dejar de incurrir en él; y es que, a causa de haber muchas aguas, o andan en piernas, o con zarahuelles arremangados, e péganseles, de las hierbas, tantas garrapatas, que les cubren las piernas, y tan chiquitas, que la  sal molida es poco más menuda; e después que están llenos de esta mala  compañía e llegan donde han de parar a descansar aquella noche, en nin­guna manera se las pueden quitar ni despegar de las carnes, sino untándose con aceite; e después que un rato están untadas las piernas o par­tes donde las tienen, se mueven y engruesan algo, e ráenlas con un cuchillo, e así las quitan los cristianos; pero los indios, que no tienen aceíte chamúscanlas con pajas ardiendo, e sufren mucho trabajo para selas quitar. Y desto queda, en cualquier manera que las quiten, tanto es cocimiento donde han estado, que no se olvida ni deja de dar pena ese  día e algunos más; y en la jornada   las ha traído el hombre a cuestas, no pudo ser sin grande enojo sin lo poder excusar. Y estas garra­patas no se ha de entender que las topan en todas partes; pero acaesce hartas veces lo que es dicho.

Son los indios grandes maestros de hacer sal del agua de la mar, e tan diestros, que no pienso yo que  les hacen ventaja los que en tal ejercicio entienden en el Dique de Jelanda, cerca de la villa de Mediolburque; porque la de los indios es tan blanca cuanto puede ser la nieve, y es mucho más fuerte, e no se deshace tan presto como la que he dicho.

Yo he visto muy bien la una e la otra, e la  he visto hacer a los unos e a los otros, y he comido de ambas.

Cuando los indios no tienen guerra, todo su ejercicio es tractar a  trocar cuanto tienen unos con otros; e así, de unas partes a otras, los que viven en las costas de la mar o por los ríos, van en canoas a vender de lo que tienen complimíento e abundancia, e a comprar de lo que  les falta. E asímesmo tractan por la tierra, e llevan sus cargas a cuestas de sus esclavos: unos llevan sal, otros maíz, otros mantas, otros  hamacas, otros algodón hilado o por hilar, otros pescados salados; otros llevan oro (al cual, en la lengua de Cueva llaman irabra), En fín  aquello que les falta a los indios, es lo que más estiman, e aun algunos venden los proprios híjos. E todas estas cosas  e otras se dan unas  a trueco de otras, porque no tenen moneda ni cierto prescio, e así  a  caescen, en esta manera de cambiar, muchos en años, e que se dan cosas que valen poco; por las que valen mucho más.

En la provincia e puerto del Cenú (que un tiempo fué desta gobernación de Castilla del Oro, e agora es de la de Cartagena), el año de mill e quinientos y quince, fueron allí ciertos capitanes e gente por mandado del gobernador Pedrarias Dávila, e hallaron muchos cestos (del tamaño de aquellos que se  llevan da la montaña e de Vizcaya a Castilla con besugos), los cuales estaba llenos de cigarras e grillos e langostas de las que saltan; e decía los indios que fueron allí presos, que tenía aquellos cestos para llevarlos a otras tierras e partes, dentro de la tierra e lujos de la mar, donde no tienen pescado e se estima mu­cho aquel majar, para lo comer, e les dan por ello oro e otras cosas, de que esotros tienen penuria e nescesidad, con que vuelven cargados a sus casas.

Esta provincia da Cueva, en todas las partes que se habla su lengua, es tierra templada, y en sus tiempos ordenados llueve, porque hay invierno e verano; pero al  contrario que en España, porque en Castilla  lo más recio del invierno es diciembre y enero, así en hielos como en pluvias e fríos, y el tiempo de más calor es el de Sanct Joan e adelante en julio e agosto; e por el opósito en Cueva e Castilla del oro el verano e tiempo más enjuto e sin aguas es por navidad e un mes antes e otro después, e aun parte de hebrero; y el tiempo de las aguas es por Sanct Joan, e un mes antes e otro mes o mes e medio después. E aquello llaman los españoles invierno en quella tierra, no porque estonces haya más frío ni por diciembre más calor: antes el tiempo todo el año es cuasi de una manera; pero porque en aquella sazón de las aguas no se ve el sol así ordinariamente e la gente anda más encogida, e sin que haya frío les paresce tiempo frío, obscuro e menos apacible. Verdad es que en las montañas o sierras no deja de haber frío, e sabe bien la compañía del fuego; e los indios e aun los cristianos ponen brasa debajo de las hamacas de noche e se cubren con mantas de algodón para dormir....

Cuanto a los mantenimientos de la provincia de Cueva, digo que lo principal es maíz e yuca; pero la yuca de allí no mata, como la de aquestas islas; antes se come asada e cocida, como las batatas e ajes, que también hay muchos. Tienen mucho ají e muchas maneras;  calabazas muchas de las mesmas de España, sin que las llevasen allá los cristianos, e son naturales de la Tierra Firma en muchas provincias. Bihaos, así como se dijo en la primera parte, los hay innumerables en Tierra Firme, e de las cortezas dellos hacen muy lindas cestas y espuertas con sus tapadores que los indios llaman habas, e otras cosas. Así mesmo hay muchas iracas que son diversas hiervas que comen, e de que hacen potajes. Piñas hay muchas, mayores e mejores que las destas islas nuestras, de que se tractó en el capítulo XVIII, libro VII, y en algunas partes se hace vino dellas, y es bueno e de buen gusto.

De los árboles que se han llevado de España, digo que hay naranjos e limas e limones e cidras, higueras, granados, palmas de dátiles, algunas, e algunos cañafistolos, plátanos de los que aquí llaman plátanos e no lo son sino musas. De los naturales de la tierra hay hobos, caimitos (como los desta isla cuanto al árbol, pero la fructa es mayor e redonda) higüeros muchoas, jaguas, guazuma, guama, hicacos, yaruma, guibara, copey, cibucán, guanábano, anón, guayabo; todos éstos son propios árboles e fructas de las Tierra Firme, e mejores que los destas calidades en estas islas.  Mamey: estos mameyes son mejores e mayores e de más suertes en la Tierra Firme, y en especial de la provincia de Borica, que es desta gobernación de Castilla del Oro que son tamaños como buenos melones de Castilla, e de muy buen gusto.  Zarazamoras, cardones, en que nascen de pitahayas, cardones de los altos e derechos, mayores que lanzas de armas, cuadrados y espinosos, que los cristianos llaman cirios, todas estas fructas e árboles hay en cueva e no hay para que decirlos aquí, pues que en el libro VIII de la primera parte se dijeron, e así mesmo de las parras e uvas.  Y demás de lo que se dijo en la primera impresión yo e después añadido e acrecentado para la segunda, lo que demás de aquellos hay en esta provincia de Castilla del Oro.

Cuanto a los árboles salvajes, digo que hay espinos, e de los noga­les desta isla Española, e de todas las maneras de palmas que se dijo en el libro IX, capitulo IV, e muchos árboles de los del jabón. E sin esos, hay ciertas raíces que también sirven de jabón, e alzan tanta espuma o más; pero la ropa que se usa lavar con estas raíces, por tiempo se torna amarilla, e se gasta e rompe antes que la que se lava con jabón. Hay cedros; pero yo no los tengo por cedros, aunque nuestros carpinteros así los llaman, e son como los desta isla Española. Hay asimesmo de los robles que aquí hay, e de los terebintos que se tractó en el capítulo X del libro IX; pero en la verdad, yo no tengo por terebintos los de aquí ni de Tierra Firme. Hay ceibas, que son árboles grandísimos; e lo que prometí en la primera impresión, cerca de la grandeza deste árbol, en el libro IX, capitulo XI, ya lo tengo dicho, e allí lo verá el lector.

Hay muchos manzanillos de  aquellos con que se hace la hierba de los ca­ribes flecheros, así en el golfo de Urabá como en la costa del Darién e de Acla, y en muchas isletas de por allí e ya deste mal árbol, en esta enmienda de la primera parte para la segunda impresión, yo añadí lo que más quedaba que decir. Hay muchos árboles de los que llaman taray, alias cohaba, de los cuales se tractó en el capítulo XIII, libro IX, e de los del helecho. En el brasil no hay más que decir de lo dicho, porque es  muy común en muchas partes de la Tierna Firme, más que en las islas. Pero no lo que se dijo de la broma de las maderas desta isla Española, el  mesmo defecto tienen en la Tierra Firme  e asimesmo en esto está dicho agora de nuevo, en el libro IX, lo que más se ha podido entender.

Otros árboles salvajes que hay en la isla Española y en Tierra Firme, demás de los que se pusieron en la primera impresión, son sin número, y es menester atender el tiempo para comprehender más su ser, e así, con el mesmo tiempo, ir aumentando la materia. Lo cual yo haré en tanto que yo pueda hacerlo.

En lo que toca a los árboles e plantas medecinales, de que se tracta en el libro X, allí se verá lo que es acrescentado después de la primera impresión, e allí lo busque quien lo quisiere ver. Pero, en suma, digo que hay muchos árboles en la Tierra Firme de aquellos que llaman de, las soldaduras, e de aquellos que aquí llaman del bálsamo, de quien se tractó en el libro X, capítulo IV; e asimesmo hay muchos de les que los van las avellanas o manzanillas para purgar. Hay mucho algodón, higue­ras de infierno, cañas e carisos, e de los juncos para báculos de los hombres viejos, e otras cosas que se hallarán acrescentadas después de, la primera impresión.

Cuanto a la hortaliza que en tierra Firme, en esta provincia de Gueva hay, la mayor parte es traída la simiente de España, como lechugas, rabamos, acelgas,  hierbabuena, perejil, bersas, nabos, pepinos, melones, fésoles (y estos fésoles también son naturales a Tierra Firme, e los hay en más cantidad e de más maneras que en partes del mundo se pueden haber); apio de lo de España hay mucho, e llevada la simiente de Castilla. Hay culantro de la simiente que se llevó de Sevilla, e hay otro que es de la tierna, las hojas anchas, pero es el mesmo en el sabor. Hay más tuerso de muchas hojas e natural de la Tierna Firme; zanahorias e nabos se hacen, pero son de la simiente de Castilla, pero de todas las hierbas que se hace mención en el capitulo II, libro XI, hay más copia en Tierra Firme.  Hay de la hierba i mucha.

(Fernández de Oviedo, III, pag. 321-326, 327-329).

Fuente

FERNANDEZ DE OVIEDO Y VALDES, GONZALO, Historia General y natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano. 5 Vols. (Madrid, 1959).

 

Comentarios () | Comente | Comparta c