23. CEDULA REAL SOBRE TASACION DE TRIBUTOS.

La Reina.

Don Carlos, etc. A vos, el reverendo en Cristo Padre fray Jerónimo de Loaisa, obispo de la provincia de Cartagena, y licenciado Juan de Santa Cruz, nuestro juez de residensia de ella, salud y gracia: Sepáis que nos somos informados que por no haber estado tasados los tributos que los indios de cada pueblos de esa dicha provincia han de pagar, así a no, los que de ellos están en nuestra cabeza, como de los españoles que los han tenido encomendados y tienen, les han llevado y llevan muchas cosas y de más cantidad de los que deben y buenamente pueden pagar, de que se han seguido y siguen muchos inconvenientes en gran daño de los naturales de esa provincia, lo cual cesaría si por nuestro mandado estuviesen tasados y sabidos los tributos que cada uno había de pagar, porque con ello y no más se les llevasen así por nuestros oficiales en los pueblos que estiuviesen en nuestro nombre como (por) los españoles y personas particulares que los tuviesen en encomienda o en otra cualquier manera; porque por experiencia ha parecido que, después que los indios de la nuestra Audiencia que reside en la ciudad de Méjico por nuestro mandado entendieron en la tasación de los tributos de la Nueva España han cesado en gran parte los dichos daños e inconvenientes. Y porque de aquí adelante cesen también en esa provincia de Cartagena, platicado en el nuestro Consejo, fué acordado que debíamos mandar dar esta nuestra cédula en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien. Por la cual vos encargamos y mandamos que luego que ésta veáis, ambos y dos juntamente en conformidad, y no el uno sin el otro, os juntéis en la ciudad de Carta­gena, y así juntos, ante todas cosas, oiréis una misa solemne del Espíritu Santo que alumbre vuestros entenderes y os dé gracia para que bien y justamente y derechamente hagáis lo que por nos aquí vos será encargado y mandado, y oída la dicha misa prometáis y juréis solemnemente ante el sacerdote que la hubiere dicho, que bien y fielmente, sin oido ni afición, haréis las cosas de yuso contenidas, y así hecho el dicho juramento vosotros o las personas que para ello señalareis que sean de confianza y temerosos de Dios, veréis particularmente todos los pueblos que están de paz en esa provincia y están, así en nuestro nombre como encomendados a los conquistadores y pobladores de ella, y veréis el número de los pobladores y naturales de cada pueblo y la calidad de la tierra donde viven e informaros habéis de lo que antiguamente solían pagar a sus caciques y a las otras personas que los señoreaban y gobernaban, y asi­mismo de lo que ahora pagan, así a nos y a los dichos encomenderos, y de lo que buenamente y sin vejación pueden y deben pagar ahora y de aquí adelante a nos y a las personas a quien nuestra merced y voluntad fuere que los tengan en encomienda o en otra manera y, después de bien informados, lo que a vosotros dos juntamente y en conformidad y no el uno sin el otro pareciere que justa y cómodamente deben y pueden pagar de tributos por razón de señorío, aquello declaréis y tasareis y moderareis según Dios y vuestras conciencias, teniendo respeto y consideración que los tributos que así hubieren de pagar sean de las cosas que ellos tienen o nacen en sus tierras y comarcas, por manera que no se les imponga cosa que habiéndola de pagar sea causa de su perdición; y así declarado, haréis una matrícula e inventario de los dichos pueblos y pobladores y tributos que así señalareis, para que los dichos indios y naturales sepan que aquello es lo que deben y han de pagar a nuestros oficiales y a los dichos encomenderos y otras personas que por nuestro mandado ahora o adelante los tuvieren o lo hubieren de llevar, apercibiéndoles de nuestra parte y nos desde ahora les apercibimos y mandamos, que de ahora y de aquí adelante ningún oficial nuestro ni otra persona particular sea osado pública ni secretamente, directa ni indirectamente, por sí ni por otra persona, de llevar ni lleven de los dichos indios otra cosa alguna salvo lo contenido en la dicha vuestra declaración, so pena que por la primera vez que alguna cosa llevare de más de ello, incurra en pena del cuatro tanto del valor que así hubiere llevado para nuestra cámara y fisco, y por la segunda vez pierda la encomienda y otro cualquier derecho que tenga a los dichos tributos y pierda más la mitad de sus bienes para nuestra cámara. De la cual tasación de tributos mandamos que dejéis (3)   en cada pueblo lo que a él tocare, firmado de vuestros nombres en poder del cacique o principal de tal pueblo, avisándole por lengua o intérprete de lo que en él se contiene y de las penas en que incurren los que contra ello pasaren, y la copia de ello daréis a la persona que lo hubiere de haber y cobrar los dichos tributos para  que de ello no puedan pretender ignorancia, y vos, las dichas mis justicias que ahora sois o por tiempo fuereis, tendréis cuidado del cumplimiento y ejecución de lo contenido en esta nuestra cédula y de enviar en los primeros navíos el traslado de la dicha tasación con los actos que en razón de ello hubiereis hecho. Dada en la villa de Valladolid, a veinte días del mes de julio de mil quinientos treinta y ocho años. Yo, la Reina. Refrendada de Samano. Firmada del Conde y doctor Beltrán,  Suárez y Bernal y Velázquez.

(Friede, Documentos, V, pag. 16-19).

Fuente

FRIEDE, JUAN, Colección de documentos inéditos para la Historia de Colombia (1509-1550). 10 Vols. (Bogotá, 1955-1960).
 



3 Falta una palabra, como traslado.

 

 

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