2. Real Cédula sob re los servicios personales dirigida al licenciado Angulo de Castejón . 1562

Caciques e Indios, T. 5

(f. 502 r.) Don Felipe, por la gracia de Dios rey de Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Jerusalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarves, de Algecira, de Gi­braltar, de las Islas de Canaria, de las Indias, Islas e tierra firme del Mar Océano, Conde de Flandes y de Tirol, etc. a vos, el licenciado Angulo de Castejón, nuestro oidor de la nuestra Audiencia y Chancillería Real del Nuevo Reino de Granada e visitador general dél, salud y gracia; bien sabéis que nos mandamos dar y dimos una nuestra carta y provisión real sellada contra sello y librada por el presidente e oidores de la dicha nuestra Audien­cia, a vos dirigida, su tenor de la cual, es éste que se sigue: Don Felipe, por la gracia de Dios, rey de Castilla, de León, de las dos Sicilias, de Jerusalem, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaen, de los Algarves, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias, Islas e tierra firme del mar Océano, Conde de Flandes y de Tirol, etc.: A vos, el licenciado Angulo de Castejón, nuestro oidor en la nuestra Audiencia y Chancillería Real del Nuevo Reino de Granada y visitador gene­ral dél, salud y gracia. Sépades y bien sabéis que el presidente y oidores de la dicha nuestra Audiencia, en execución y cumplimiento de las nuevas leyes, cédulas y provisiones reales dadas cerca del buen tratamiento y conservación de los naturales del dicho Nueva Reino y su pulicía y bien ispiritual y temporal y servicio personal y otras cosas para su perpetuidad, die­ron e pronunciaron un auto y mandamiento del tenor siguiente: En la ciudad de Santa Fé, veinte y tres días del mes de otubre de mil e quinientos y se­senta y un años, los señores presidente e oidores del Audiencia y Chancíllería Real de su majestad, estando en acuerdo, dixeron que habiendo tratado y conferido en muchas cosas y casos lo que conviene al buen tratamiento de los naturales deste Nueva Reino de Granada y su policía y bien espiritual y temporal como cargo más importante a la administración de la justicia que en estas partes se ha y debe usar y ejercer como por lo que conviene a la perpetuidad de la tierra como por descargo de la real conciencia, evitando los malos tratamientos y agravios que los dichos naturales en sus personas, mujeres, hijos y haciendas han recibido y que se aumenten y no vayan en disminución, e para que con efeto les sea dada orden como sean atraídos al co­nocimiento de nuestra santa fé católica, con les quitar tantos y tan diver­sos servicios personales como les han sido impuestos, con cuya ocupación ha faltado tiempo en que debían ser instruídos en la dotrina cristiana, e por­que en lo que los dichos naturales han sido más agravados y ocupados es el servicio personal, el cual no solamente se usa dellos como de hombres racionales, pero lo que mayor lástima ponen en usos y ejercicios de salvajes e bestias, por donde después de tanto tiempo queste dicho Nuevo Reino fué re­ducido al servicio y vasallaje de su majestad no se les ha dado orden en la vida política, viniendo en sus costumbres e usos bárbaros en gran oprobio y verguenza de los que los habían de instruir y administrar, con el cual tra­bajo se han muerto y diminuído en tanto número como se ha visto, lee y en­tiende y que como quiera que para el remedio de tan grandes daños se proveyó visita como por su majestad se manda para el dicho Reino, por lo que de­lla resultó e por otras casos notorios de que los dichos señores presidente y oidores se han informado, se entiende cuan necesario es el evitar con brevedad el dicho daño causado por el dicho servicio personal que so calor de haber sido impuesto por parte de tributo y demora los encomenderos de los dichos naturales se han apropiado dél, por ende que conformándose con lo susodicho como defensores e protetores de los dichos naturales, a cuya mise­ria se debe subvenir por los dichos señores, sin cuyo amparo tan ofendidos serían en observación y execución de las leyes, cartas acordadas, provisio­nes y cédulas reales dadas y proveídas por su majestad para la conservación y buen tratamiento de los dichos naturales destas partes en que tan precisa mente se prohibe el dicho servicio personal, mandaban y mandaron que luego se cumplan, guarden y ejecuten las dichas provisiones y cédulas reales en que se prohibe el dicho servicio personal, por todas y cualesquier personas de cualquier calidad, estado y preminencia que sean y guardándolas y cumpliéndolas, mandaban y mandaron quitar y prohibir el dicho servicio personal que los dichos naturales hacen y dan a los dichos encomenderos y a otras cualesquier personas en cualquier manera, así por vía de tasación como por otra (f. 503 r.) cualquier razón, los cuales aunque sean de su voluntad, de aquí adelante, en tiempo alguno, hasta que otra cosa se provea y mande, en las minas, tamemes o cargas, naborías, tapias y en hacer casas, edificios y otros cualesquier géneros de servicios personales, los dichos naturales no los den ni sirvan a los dichos encomenderos ni a otras cualesquier personas por vía de la dicha tasación ni en otra manera alguna, salvo en las rozas, sementeras de maíz, trigo, cebada y centeno y otras sementeras para la uti­lidad y provecho público que hasta aquí han hecho, que se permite por lo que conviene, así para el sustento y conservación de los dichos naturales como de los demás estantes y habitantes, todo la cual, los dichos señores presidente y oidores mandaban y mandaron así se cumpla y guarde y contra el tenor y forma de las dichas leyes, provisiones, cartas acordadas, cédulas reales y lo convenido en este auto, no vayan ni pasen so las penas en ellas contenidas e so pena que la persona que tuviere encomienda de indias por el mismo caso hayan perdido y pierdan la dicha encomienda y sin otra suma ni declaración alguna se pongan en la corona real e más sea desterrado por dos años de todo el distrito desta Audiencia y los oficiales de la Real Hacienda por los indios questan en cabeza de su majestad por el mismo caso que dellos se sirviere personalmente, del mismo destierro y pierdan sus oficios y las otras personas que los dichos naturales o cualquier doblas se sirviere en cualquiera de los dichos servicios, cayan o incurran en pena de trescientos pesos de buen oro, aplicados por tircias partes, la una para la cámara y fisco de su majestad e la otra para los gastos y espensas que para el  bien espiritual da los dichos naturales por los dichas señores se asinare y señalare la otra tircia parte para el demandador e gastos de justicia y en destierro preciso del distrito de la dicha Audiencia y en defeto de no tener los dichos trescientos pesos, les sean dados cien azotes públicamente y a los caciques, capitanes e principales que en el dicho servicio permitie­ren, sean privados de sus cacicazgos y oficios, todo lo cual, los dichos señores dijeron que mandaban y mandaran, reservando como reservaban la comutación del dicho servicio personal, debiéndose conmutar en los frutos natura­les e industriales que los dichos indios en sus naturalezas crían o cogen, conforme a lo que su majestad manda y ordena en la tasación y moderación de los tributos que permite se den, y asímismo reservaron la orden que se ha mandado dar e poner en el servicio que por premio de jornal de los dichos naturales han de hacer en esta ciudad y en las otras para su ornato y perpe­tuidad y mandaron queste dicho auto se pregone públicamente, porque ninguno pretenda inorancia y se guarde y cumpla desde el día que fuere pregonado en esta corte y desmandaron dar provisiones reales de su majestad para las ciudades deste Reino, para que se guarde, cumpla y ejecute en ellas y un traslado dél con el pregón se ponga en el libro del acuerdo; otro sí dijeron que reservaban y reservaron en sí la declaración que conviniere hacerse en las ciudades e lugares nuevamente pobladas que no están tasadas hasta agora y en lo demás que conviniere en la utilidad y provecho deste dicho Nuevo Rei­no y a la perpetuidad y conservación dél y de todo ello mandaron dar provi­siones reales de su majestad, inserto este dicho auto, para todas las ciudades, villas e lugares del distrito de la dicha Audiencia. E licenciado Graseda. E licenciado Melchor Pérez de Arteaga. E licenciado Angulo de Castejón. E licenciado Diego de Villafañe.

El cual parece fué pronunciado el día, mes y año en él contenido, estan­do los dichos nuestro presidente e oidores haciendo audiencia pública y que en el dicho día se pregonó públicamente en la dicha nuestra corte dél e (f. 503 v.) la parte de algunas ciudades del dicho Nuevo Reino y vecinos dallas y sus procuradores en sus nombres, fué suplicado y alegado contra él larga­mente y por el licenciado García de Valverde, nuestro procurador fiscal de la dicha nuestra Audiencia contradicho las dichas suplicaciones y alegado asímismo cerca dello e por los dichos nuestro presidente e oidores visto, mandaron que las dichas partes, dentro de cierto tiempo, diesen información de lo que decían y alegaban, para que visto, se proveyese justicia dentro del cual, por parte de la ciudad y vecinos de la dicha ciudad de Santa Fé, fué dada cierta información de testigos, por cuya parte y del dicho fiscal se presentaron ciertas peticiones sobre el dicho negocio y sobre que se le diese la dicha probanza y auto para ocurrir al nuestro consejo real de las Indias y se proveyeron autos sobre ello, después de lo cual, el dicho fis­cal, por petición que en la dicha Audiencia presentó, nos hizo relación, diciendo que por nuestras cédulas e provisiones y leyes de Indias y cartas y sobrecartas dadas sobre el dicho servicio personal, se mandaba que luego fuese quitado, el cual, en el dicho Reino, hasta agora no se había hecho, de que resultaba gran daño temporal a los dichos indios por las grandes ocupaciones e trabajos que en ello pasaban e que porque en todo hacían y eran ocupados en el oficio de bestias y en lo que tocaba a la dotrina, no podían ser dotrinados, porque ni tenían tiempo para ser predicados y dotrinados ni aún descanso para oírlo y que finalmente eran sin número los trabajos que del dicho servicio personal resultaba, suplicándonos mandásemos ejecutar el dicho auto, pues ninguna suplícación ni otro remedio lo impedía, o que so­bre ella proveyésemos como la nuestra merced fuese, lo cual, visto todo por los dichos nuestro presidente y oidores, fué acordado que debíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien, porque os mandamos que siendo con ella requerido por parte del dicho nues­tro procurador fiscal, conforme a la dicha nuestra provísión y comisión que por la dicha nuestra Audiencia nos fué dada de tal visitador general, la guardeis, cumplais y ejecuteis y fagais guardar, cumplir y ejecutar, en to­do e por todo como en ello se contiene, según y como por la dicha nuestra comisión os está cometido y mandado y contra el tenor y forma della y de lo en ella contenido, no vais ni paseis ni consintais ir ni pasar por alguna manera. Dada en la ciudad de Santa Fé, a diez de otubre de mil e quinientos y sesenta y dos años, e yo, Diego de Robles, escribano de cámara de su católica majestad, las hice screbir por su mandado con acuerdo de su presidente y oidores. Registrada; Antonio Serrano por Chanciller; Alonso de San Miguel, e licenciado Graleda, e licenciado Melchor Pérez de Arteaga, e licenciado Diego de Villafañe. La cual provisión os fué notificada en la ciudad de Tunja a treinta días del mes de octubre pasado del año de la data desta nuestra carta y que la obedecistes y en su cumplimiento dijistes que había que entendíades nueve o diez meses en la (f. 504 r.) visita del dicho Nuevo Reino, e que en todo lo que hasta agora en ella habíades hecho era cumplir lo que por nuestras cédulas e provisiones reales mandábamos en lo que tocaba a minas y cargas e servicio personal en las ciudades del dicho Nuevo Reino, donde habíades visitado y que en lo que restaba al cumplimiento del tiempo de vues­tra visita haríades en todo e por todo lo que tentamos proveído y mandado por las dichas cédulas e provisiones, sin faltar punto en ello, e que para que mejor se cumpliese y guardase lo susodicho, demás de lo que se había de proveer a pregonar y mandar al cabo de la dicha visita, como lo habiades hecho en otras partes en la retasa que habiades hecho y se haría en la di­cha ciudad de Tunja, rnandábades que la dicha nuestra provisión se pregonase públicamente en ella, como por ella se mandaba, la cual parece fué apregonada en la plaza pública de la dicha ciudad públicamente e por parte del ca­bildo, justicia y regimiento y vecinos de la dicha ciudad de Tunja, parece presentaron ante vos ciertas peticiones por las cuales suplicaron della pa­ra ante nos y alegaron ciertas causas y razones y en efeto pidieron se revocase o suspendiese, lo cual por vos visto, por otro auto que parece proveistes en efeto, mandasteis que acudiesen a la dicha nuestra Audiencia, donde había emanado la dicha nuestra provisión en donde lo habiades remitido e que si era necesario, de nuevo lo remitíades e que allí siguiesen su justi­cia como viese que les conviniese, porque estábades entendiendo en la dicha visita y retasa e la proseguidíades hasta acabarla, con todo lo cual, Pedro de Sotelo, procurador, en nombre del dicho cabildo, justicia y regimiento e vecinos de la dicha ciudad de Tunja, con una peticíón que en la dicha nues­tra Audiencia, ante los dichos nuestro presidente e oidores presentó, dijo que se presentaba e presentó ante nos grado de apelación o remisión o por la va que mejor a los dichos sus partes conviniese, cerca del pregón que habíades mandado dar sobre el dicho servicio personal, suplicándonos le hubiésemos por presentado y que se le diese el proceso para alegar de su justicia, lo cual visto por los dichos nuestro presidente e oidores juntamente con los dichos autos que de suso se hace mención y los demás que en la dicha Audiencia se han proveído cerca del dicho negocio, dieron y pronunciaron un auto del tenor siguiente: En la ciudad de Santa Fé, a cuatro días del mes de diciembre de mil e quinientos y sesenta y dos años, los señores presidente e oidores del Audiencia e Chancillera Real de su majestad, habiendo visto los autos hechos y proveídos en la dicha Audiencia sobre lo tocante al servicio personal y como para la ejecucíón y cumplimiento dello y de otras cosas que su majestad tiene mandado, se han dado y librado en la dicha Audiencia, provisiones reales y comisiones para los visitadores que han sido y son en este Nuevo Reino y sus distritos y especialmente se dió y libró al señor licenciado Angulo, oidor desta Real Audiencia, que al presente entiende en la visita general deste Reino, provisión real, inserto en ella un auto en la dicha Audiencia proveído y dado en veinte y tres de otubre del año próximo pasado, para que se cumpliese y ejecutase e vistas asímismo las suplicaciones que del dicho auto, al tiempo que se dió se intipusieron por parte de la ciudad de Tunja y de otras deste Reino y las razones en las dichas suplicaciones (f. 504 v.) alegadas, en que en sustancía pedían que el dicho auto se revocase o suspendiese hasta tanto que se hiciese la retasa y comutación del dicho servicio personal, como en los dichos au­tos e suplicaciones más largo se contiene, el cual dicho auto, por causas justas, que a los dichos señores les movieron, se suspendió la ejecución precisa dél a la sazón que por haber de ir en breve el dicho señor licenciado Angulo personalmente a visitar este dicho Nuevo Reino que ha hacer la tasa de los naturales dél y a cumplir y executar lo tocante al dicho servi­cio personal y lo demás que su majestad tiene mandado en pro, utilidad, tratamiento y aumento de los dichos naturales, como en efeto salió y fué a, entendiendo lo susodicho dentro de dos meses y medio después de la pronunciación del dicho auto, para todo lo cual se le dieron y libraron por la dicha Audiencia al dicho señor licenciado Angulo, provisiones reales e istruciones y especialmente se le dió la de suso referida, tocante al dicho servi­cio personal, con la cual parece que fué requerido por parte del fiscal de su majestad y concerniendo el cumplimiento y execución della y del auto en ella inserto a su oficio y cargo de tal visitador general, pues para ello y para lo demás fué elegida su persona en el cumplimiento de lo que su majes­tad manda, parece que habiéndose suplicado de la dicha provisión por parte de la dicha ciudad de Tunja, donde la mandó a pregonar, lo por no arremetir a los dichos señores, todo lo cual por ellos visto y lo que por parte de la dicha ciudad de Tunja ante ellos se ha podido y pretendido, dijeron que mandaban y mandaron dar segunda provisión, para quel dicho señor licenciado Angulo vea las comisiones que por la dicha Audiencia se le han dado y librado y las leyes de Indias, cédulas y provisiones reales y cartas acordadas y como tal visitador que tiene los negocios presentes y los debe haber visto y entendido, guarde, cumpla y execute lo que sobre ello está proveído y mandado y particularmente lo tocante al dicho servicio personal y retasa, como o tras negocios que conviene al bien y aumento de los dichos naturales, y sin irse y executarse los concluye y execute como debe y es obligado en tal ma­nera, que todo lo que sobre ello está proveído y mandado haya cumplido efeto, con apercibimiento que si en la ejecución de lo susodicho y cada una cosa, parte dello y de las dichas provisiones y cédulas alguna remisión e negligencia tuviere, que sea a su cargo y culpa y a él sólo se le impute e  pues que para esto se eligió como dicho es la industria de su persona como tal oidor de la dicha Audiencia y visitador general, nombrado por ella has­ta tanto que lo susodicho haya cumplido efeto, no admitían ni admitieron la dicha remisión por él fecha ni otra ninguna en este caso y asi lo mandaron. E licenciado Graleda. E licenciado Melchor Pérez de Arteaga. E licenciado Diego de Villafañe. El cual parece fué pronunciado en el día, mes y año en él contenido, estando los dichos nuestro presidente y oidores haciendo au­diencia pública, presente el licenciado Valverde, fiscal de la dicha nues­tra Audiencia e Pedro de Sotelo, procurador de la dicha ciudad de Tunja, a quien parece se notificó del cual, por el dicho Pedro de Sotelo, en el dicho nombre fué suplicado e alegado ciertas causas y razones, sin embargo de lo cual, por los dichos nuestro presidente e oidores fué confirmado el di­cho auto y por (f. 505 r.) ellos fué acordado que debíamos mandar dar esta, nuestra carta para vos en la dicha razón y nos tuvímoslo por bien, porque vos mandais que siendo con ella requerido por parte del dicho cabildo, jus­ticia y regimiento e vecinos de la dicha ciudad de Tunja, o siendoos entre­gada, veais el dicho auto por los dichos nuestro presidente e oidores últimamente proveído, que de suso va incorporado y lo guardeís, cumplais y executeis y hagaís guardar, cumplir y executar en todo e por todo, según y co­mo en él se dice y contra el tenor y forma dél y de lo en ella guardado no vais ni paseis ni consintais ir ni pasar por alguna manera, so pena de la nuestra merced y mandarnos a cualquier escribano que vos notifique este nuestra carta y asiente la tal notificacitón al pie desta nuestra carta, so pena de la nuestra merced y so pena de privación de oficio de escribano y de mil pesos de buen oro para la nuestra cámara. Dada en Santa Fé, a cinco de di­ciembre de mill e quinientos y sesenta y dos años.

Antonio Serrano. Chanciller Joan de Otálora. Hay un sello.

 

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