Real Orden sobre El contrabando
Introducción
Se habla del contrabando... (dice el "Correo Mercantil" N9 21
del año último) y ¿quién no sabe que el contrabando por mayor, no
es apenas posible sin el concurso de los que están encargados de
impedirlo? Esta verdad de todos los tiempos y países parece que
se halla en oposición con la Real Orden expedida en Zaragoza a 26
de agosto de 1802, en la cual entre otras cosas que se pregunta, es
una: la de que siendo muy interesante el conocimiento radical del
contrabando en el distrito de ese Consulado, se quieren saber las
causas de que procede, y el modo de evitarlo o contenerlo. Ella en
efecto supone un conocimiento antecedente de dicho fraude, de su
consideración y atención, y de las dificultades para
extinguirlo.
Puntos propuestos
Este conocimiento desde luego envuelve el de la infidencia de
los Jefes y Ministros encargados, mantenidos y obligados a
evitarlo. Para saber pues las demás causas que concurren a
promoverlo, y los medios de contener a lo menos este grave como
radicado mal, parecía necesario remover desde luego aquella
conocida y principal causa, que no solo hace nula la aplicación de
los demás remedios, sino que aún dificulta el conocimiento de
éstos y a dos mil leguas de distancia del Soberano, en unos
países tan corrompidos, y en que se respetan tan poco las leyes y
los derechos de los ciudadanos, cómo se puede esperar que haya
candor, y patriotismo bastante para expresar otras causas, y
proponer los medios más propios para cortar de raíz su desorden, en
que son interesados tantos particulares, y los que debían
impedirlo? El ocio de los primeros, la arbitrariedad y las
tropelías de éstos, no serán el fruto de su celo? Sin embargo,
superior a todas estas consideraciones, en servicio del Rey y de
la Patria, y el cumplimiento de las palabras que hemos dado, vamos
a manifestar: la consideración y publicidad con que se ha hecho
el contrabando en estos últimos años con los enemigos de la
Nación, y se hace actualmente; las causas de su extinción y
fomento durante la guerra, y después de la paz; y los medios de
remediarlo, que son los puntos indicados por la Real Orden.
Papel que se acompaña.
Más habiendo hecho, aunque sin fruto, igual trabajo por encargo del Tribunal de este consulado, en el año de 1800, en un informe que extendimos a su nombre para el Virrey del Reino, lo acompañamos en copia con esta Memoria; así porque en él se hallarán puntualizadas las causas del origen, progresos y consideración del contrabando durante la guerra última, como también verificadas las predicciones que entonces hicimos de la continuación, y aumento de dicho desorden después de la Paz, omitiremos así repetirnos; y expresaremos solo cuanto consideremos conducente, a cada uno de los puntos propuestos, en las presentes circunstancias, y estado actual de las cosas.
Estados del comercio de Cartagena con España en 88
Con motivo del expediente que promovimos, ante el Virrey Don
Francisco Gil y Lemus, en el año de 1789, como Diputados de este
comercio, para el establecimiento de un consulado de esta ciudad,
formamos con reconocimiento de los archivos de la de la Aduana, y
de la escribanía de Registros, los estados de importación y
exportación que también acompañamos. Aquel por un quinquenio de
1784 a 1785; y este por solo el cuatrienio de 1785 a 1788, a causa
de que en el de 1884, y anterior de 1883, primero de la Paz, se
extrajeron los frutos y caudales rezagados por razón de la guerra
declarada en 1779.
Importación
Por el 1º de estos estados se manifiesta que el comercio de importación en solo este puerto, desde los de la Península, ascendió en un año común, por los aforos de la Aduana y sin incluir el comercio de puerto a puerto, a la cantidad de 2.135.760 pesos, a que aumentado un 20% por su mayor valor, importa este la suma de 2.562.812 pesos; los cuales contribuyeron por sus varios derechos en la Real Aduana, la cantidad de 211.523 pesos y en cada año común, según en él se puntualiza.
Exportación
El 2º estado manifiesta igualmente, que la exportación de frutos
y dinero por este puerto para los de España, ascendió en un año
común a 2.315.552 pesos 6 reales, sin incluir los efectos que se
remitieron de cuenta de su Majestad, los caudales que se
extrajeron para La Habana para compra de azúcares con destino a
la Península; y el valor de varios efectos de corta consideración,
que allí se relacionan, de modo que reunido al anterior, este
importe y el de lo sacado para La Habana para dichas compras de
azúcar, balanceaba más que superabundantemente en aquel tiempo la
exportación a la importación; y ascendía uno y otro comercio a la
suma de 5 millones de pesos
Total importe del Comercio de este Reino en 88
En otro millón más se podía graduar entonces el comercio de importación y exportación ara la Península, de los puertos de Riohacha, Santa Marta, Portovelo, Chagres y Panamá; y el total importe del comercio de este Virreinato con la Metrópoli, unido dicho valor al anterior (sin incluir las Provincias de Quito, Cuenca y Guayaquil que se proveen de Lima y otros Puertos del Perú), a la cantidad de 6 millones de pesos.
Valor actual de los efectos y dinero que se exportan
El progresivo aumento que ha tenido nuestra agricultura, desde
aquella época de 1788
hasta la fecha, no solo en los frutos que se puntualizan en
dicho estado, sino también en otros de nuevo cultivo,
y el mayor producto de nuestras minas, se reconocerá por el
Resumen Nº 1 que acompañamos, y hemos formado sobre documentos y
noticias dignas de fe, así de la cantidad de los varios frutos que
se acopian anualmente en este puerto de Cartagena de Indias, los
del Hacha, Santa Marta y Portovelo, exportables para Europa; el de
sus valores en el país al tiempo de su embarque, y el del importe
en oro en moneda y pasta, producto de nuestras minas actualmente,
que todo asciende a la cantidad de 4 millones y 200 . 000
pesos.
Comparación con el de 88.
De la comparación de dicho resumen con el estado de exportación
antecedente de 1788, resulta: 1º que todos nuestros frutos
hanaumentado en cantidad y aún en precio; 2~ que aquella en el
algodón de estas provincias marítimas, brasilete, cacao y maderas
se ha triplicado, y duplicádose en el moralete y cueros al pelo; 3º
que en la actual exportación hay 12 .000 quintales de algodón de
las provincias interiores, 2.000 dichos de azúcar, 20.000 libras
de añil, 260.000 de quina, 12.000 de raicilla, 2.000 de bálsamo,
4.000 astas, y 80.000 pesos valor de las perlas que anualmente se
recogen en las pesquerías de Panamá, que no se hallan en aquel
estado; 4º que el valor actual de nuestros frutos exportables para
Europa, y que en efecto salen de nuestros puertos, asciende a la
cantidad de un millón 200.000 pesos, cuando en la época de 1788
apenas llegaba a la cantidad de 200.000 pesos; 5º que el oro en
moneda que se acuña en el día en las dos casas de moneda de Santa
Fe y Popayán, llega a la suma de 2.500.000 pesos, cuando en 1788
apenas pasaba de 2 millones de pesos; 6º que agregando a otro
importe el de 500.000 pesos que a lo menos se extraen anualmente en
pasta y alhajas de oro y alguna plata, suma la cantidad de 3
millones de pesos el producto actual de nuestras minas, para la
exportación y excede en 800.000 pesos a la que entonces se hacía en
numerario, y 7º que el comercio de exportación en el día asciende
lo menos a la cantidad de 4 millones y 200.000 pesos en oro y
frutos.
Importación actual
Relativos y proporcionados a estos medios de subsistencia y de
comodidad, han debido ser los de nuestras necesidades y lujo; por
consiguiente nuestro consumo de efectos de Europa debe estar en
razón de aquellos, y ascender a lo menos a igual suma de 4
millones, y 200.00 pesos.
Medios de triplicarla.
Este y aquel valor podría desde luego triplicarse, con solo remover los principales obstáculos que opone la naturaleza, el gobierno y la ignorancia, pues siendo este Reino el más rico en todo género de producciones naturales, de cuantos posee en América la Monarquía Española; y ascendiendo su población a millón y medio de habitantes, este número sería superabundante para ello, si fuere de hombres medianamente industriosos. Pero por desgracia la mayor parte son de miserables e indolentes, por la barbarie y servidumbre en que se hallan constituidos. La apertura a costa de la Real Hacienda de algunos caminos necesarios para la comunicación interior: la mejora de los actuales; facilitar la navegación de los ríos principales quitando o enmendando los estorbos que la impiden o hacen peligrosa: la moderación de las leyes fiscales: la extinción de los estancos de aguardiente y tabacos, particularmente en las provincias marítimas de Riohacha, Santa Marta, Cartagena, Panamá, Barbacoas y Chocó, la del derecho de capitación, o tributo de los indios, que los mantiene en su primitiva barbarie, y en una servidumbre y dependencia de los corregidores y curas, mayor que la de los esclavos: el señalamiento de tierras en propiedad a cada una de las familias de estos, y de los demás habitantes que carecen de ellas: el establecimiento de nuevas poblaciones o colonias rurales de unos y otros en parajes convenientes; la franquicia a los extranjeros católicos que quieran establecerse en ellas, o formar otras nuevas en lo interior, con iguales ventajas; la prohibición del comercio tan impolítico, como bárbaro de negros, y un nuevo sistema para extinguir la esclavitud, si se quiere salvar y conservar la América: el promover por todos los medios posibles la reunión y mezcla de las varias castas que la habitan, para que no haya más que una clase de ciudadanos en el orden común; el premiar y distinguir con señales de aprecio y confianza, a los que sean acreedores por su probidad, aplicación y conocimientos, nombrándolos jueces de sus respectivos pueblos, y prohibiendo que lo sean otros advenedizos: el escrupuloso y detenido examen en el nombramiento y elección de los Prelados, Jefes y Ministros de Real Hacienda y de Justicia; el necesario límite a las adquisiciones de las manos muertas; un nuevo arreglo en los curatos, y reforma en las exacciones de los curas; reforma de los conventos de regulares, y extinción de los que no tengan las rentas suficientes para hacer vida común y dar la correspondiente instrucción a sus novicios; el establecimiento de imprentas, de papeles públicos y sociedades patrióticas en las capitales de las provincias; es preciso en todos los pueblos de escuelas de primeras letras y de agricultura: la erección en las ciudades principales de escuelas de dibujo, de estudios, de mineralogía, de botánica, de química, de matemáticas, de medicina, y una universidad pública en que enseñen con buen juicio las demás ciencias divinas y humanas; estas providencias tan obvias como necesarias producirían dentro de pocos años la revolución feliz que dejamos indicada, a favor del comercio de la Metrópoli, de la Real Hacienda, y de estos vasallos. Porque en efecto si 8 millones de habitantes activos e industriosos que se computan en Inglaterra han podido hacer, según los estados presentados a la Cámara de los Comunes por el Ministro Pitt en 800, un comercio exterior que ascendió en dicho año a 66 millones de libras esterlinas, o 330 millones de pesos, los 150 de importación, y los 180 restantes de exportación (los 120 de éstos de producciones de su industria) que repartidos entre los 8 millones de habitantes corresponde a cada uno la cuota de 22 1/2 pesos en la exportación, y de 18 3/4 pesos en la importación; suponiendo que los de este Reino, sacados del estado de apatía, inercia y servidumbre en que viven, por medio de las indicadas providencias, no tuvieren más sobrante anual que el de 8 pesos para invertirlo en efectos de Europa, nuestro comercio de importación ascenderá desde luego a 12 millones de pesos y a otros tantos el de exportación, que en el día es solo de 4 2/10 millones cada uno, y se hace en la mayor parte por el contrabando consideración del contrabando. Importación y exportación actuales con la Metrópoli. Idem por el contrabando.
Publicidad de estos fraudes
Aun cuando no fuere un axioma, el que dejamos sentado al principio: de que el contrabando por mayor es casi imposible el hacerlo sin el concurso de los que están encargados dé impedirlo, ¿cómo es posible suponer que esta cantidad asombrosa se haya podido introducir y extraer en tan corto número de años, sin noticia y conocimiento de los respectivos Jefes y Ministros por donde se ha hecho? ¿Cómo el que los particulares hayan aventurado no solo su fortuna y subsistencia, sino también su persona y su vida (pues este comercio se ha hecho en tiempo de guerra con los enemigos de la nación), sin una seguridad absoluta de que no serían molestados? ¿Quién podía darles estas seguridades? Y ¿cómo es presumible que se las dieren, ni que aquellos las creyeren, sin tener éstos una inmediata participación y concurrencia en dichos fraudes? Redúzcase cuanto se pueda la suma antedicha del importe anual del contrabando y disminúyase también la fuerza y el valor de estas razones; siempre resultará comprobada su consideración y publicidad; pues siendo incontestables nuestros estados de 1788, comparados estos con los valores de los efectos introducidos de los Puertos de la Metrópoli en 1802 y 1803 y el de sus derechos, ellos solos la manifiestan hasta la evidencia. Si a esta prueba se añade la que se deduce del aumento del actual producto disponible de nuestra agricultura y minas, que manifiesta nuestro Resumen Nº 1, no menos cierto, y comprobado, no quedará duda alguna sobre la exactitud de nuestros cálculos, y la verdad de la consideración y publicidad del contrabando. Examinemos sus causas.
Causas durante la guerra
La necesidad, el interés de los particulares, la falta de
previsión en el superior gobierno de este Reino, la indiferencia de
su jefe para el comercio, y la venalidad de los Jefes y Ministros
Reales de estas Provincias Marítimas fueron las verdaderas y
únicas causas del contrabando con los enemigos de la nación,
durante la guerra, los cuales le protegían con diferentes
franquicias concedidas en sus puertos a nuestras embarcaciones, con
salvos conductos que les expedían y hasta con sus buques de
guerra, que las comboyaban a nuestros puertos. A medida que la
codicia se aumentaba, y que la corrupción hacía progresos en el
interior del Reino, crecía también dicho desorden, se organizaba y
consolidaba, en términos que cuantas providencias se dictaron
después por la superioridad para contenerlo, fueron nulas y
eludidas, como que su ejecución y cumplimiento estaba cometido a
los principales autores de dichos fraudes, y cuando más sirvieron
de pretexto para alguna particular venganza, o para velar a los
hombres honrados que no habían tomado parte en aquellos.
Después de la Paz
Restablecida la paz en Europa, no solo ha continuado dicho desorden, sino que se han aumentado prodigiosamente en los términos que dejamos manifestado. Las causas para ello, son: 1º la enunciada de la venalidad de los jefes y ministros Reales; y el haberlos continuado o mantenido en sus empleos y mandos; 2ª la pronta, segura y mayor utilidad que hallan los particulares en dicho comercio que en el distante de la metrópoli (aún después de deducidas las contribuciones establecidas por aquellos y por sus dependientes); 3ª que removido, con la Paz el único obstáculo que se oponía al contrabando por los corsarios franceses y por los españoles de Cuba, que apresaron en la guerra, diferentes de sus embarcaciones; estas se han aumentado basta el Nº de 30 goletas en los puertos de Río Hacha, Santa Marta, Chagres y Portovelo, en términos que se han multiplicado los viajes y las entradas, sin que los guardacostas de este apostadero, los puedan impedir, ya por su corto número y ser poco a propósito para el corso, ya porque aquellas no solo las eluden con su mayor andar y con los avisos que les comunican de la salida de estos, sino también con el apoyo y protección de los Ministros y Jefes, en el caso de aprehensión, sosteniendo la legitimidad de sus documentos, o disputando su autoridad, y ya finalmente por los obstáculos de todo género que les oponen a dichas embarcaciones del Rey, habiendo llegado el caso de hacerles fuego, de negarles hasta el auxilio de víveres, y de exigirles con amenazas, y aún con fuerza armada las que han detenido de los particulares; 4ª porque permitiéndose sin causa provocada, y con el más notorio abuso, la navegación en lastre de puerto a puerto a dichas embarcaciones, llevan por alto considerables cantidades en oro y frutos a las colonias extranjeras, regresando cargadas de efectos, que dejan en los puntos convenidos en la costa, o en los mismos puertos de la salida, a donde vuelven como de arribada, sino hay algún guardacosta, de que se les avisa por señales convenidas; y 5º que estando reunidas en unas manos todas las autoridades en nuestros puertos (reunión que solo podrá ser conveniente en el Jefe Superior del Reino) falta la contención, el miramiento y la emulación que resulta necesariamente de la separación de las autoridades; los gobernadores ambiciosos y déspotas protegen dichos fraudes, y los Ministros subordinados a ellos, por imitación, por propio interés, por debilidad, o por temor se han templado, y acomodado a sus ideas, y las siguen servilmente. Esta verdad aun cuando no fuese por si bastante perceptible, tenemos una prueba de bulto de ella en Cartagena, donde la independencia del Jefe de Marina, del de la Plaza, y la rivalidad, digámoslo así, de sus autoridades ha producido el efecto saludable, tanto durante la guerra, como después de la paz, de impedir en mucha parte el contrabando, aunque no ha dejado de hacerse alguno siempre pero nunca con el escándalo, y de la consideración con que se ha hecho, y se hace actualmente en los puertos del Hacha, Santa Marta y Chagres, de este Virreinato. Manifestadas las causas de este desorden nos resta hacerlo solo de los medios para contenerlo.
Remedios, 1º Providencia Separación de los empleados
La primera providencia que desde luego ocurre, como la más urgente y necesaria para reprimir dicho desorden, es la remoción y separación de sus empleos y mandos de los Jefes y Ministros de Real Hacienda en estas Provincias Marítimas. Más esta medida debe ser proporcionada al grado de criminalidad, consideración y publicidad de dichos fraudes, para que en su aplicación no padezca el servicio público, ni se ofenda a la justicia; y por tanto parece conveniente que se modere y temple según las diversas circunstancias de los tiempos, personas, lugares, y a las de los mismos fraudes. Porque el dejar impunes unos delitos de tanta gravedad, domo el de un comercio público y considerable con los enemigos de la Nación durante la guerra, y después de la Paz: el de un robo, como el que dejamos manifestado a la Real Hacienda:
el de unos perjuicios inmensos e irreparables a la nación; y últimamente dejar que disfruten tranquilamente el fruto de sus rapiñas unos hombres, a quienes manteniéndolos el Rey para defender sus intereses, han abusado de un modo tan criminal de esta confianza, sería dar un estímulo de imitación para sus sucesores; no habría en éstos ni en los particulares ningún medio de contención en adelante; y el mal no solo se aumentaría sino que se haría incurable.
El principal teatro a Barlovento del. contrabando han sido los puertos de Hacha y Santa Marta, y la Villa de Mompós, la cual . situada en la confluencia de los ríos Magdalena y Cauca, han ido a parar allí todas o las más introducciones clandestinas, echas por ambos puertos y celebrádose en ella constantemente la feria general del contrabando para todo el Reino.
En el mismo caso que los puertos del Hacha y Santa Marta, se halla el de Chagres a Sotavento, por donde se ha hecho un contrabando considerable que ha refluido a todo el Perú .
Finalmente en esta plaza de Cartagena, se han cometido también muchos fraudes y no de poca consideración, ya en los repetidos buques, que con el pretexto de traer noticias durante la guerra del puerto enemigo de Kingston en Jamaica, lo hacían de cargamentos de gran valor que se introducían por alto; ya de los que vinieron del mismo puerto enemigo con registros falsos o supuestos de otras de nuestras posesiones, y entraron sin reparo por la aduana; y ya finalmente de los muchos que se extrajeron en frutos y dinero, como con destino a nuestros puertos, y se llevaron a los enemigos, cancelándose sus fianzas en esta con cumplidos igualmente falsos
Aunque el puerto de Maracaibo corresponde a la Capitanía General de Caracas, después de su segregación de este Virreinato en 1779, como por él se ha hecho durante la guerra el mismo criminal comercio con los enemigos, y extraídose en dinero, añil, cacao, algodón y otros frutos, cantidades considerables de los productos de las provincias interiores del Reino, señaladamente de la de Cúcuta, creemos que debemos hacer memoria de él en este lugar
Nos abstenemos de hablar de los lugares y pueblos del interior,
por no ofender tal vez la inocencia. Pues aunque a vista de las
considerables porciones que por todas partes del Reino se hallan
en abundancia de efectos de algodón, y otros absolutamente
prohibidos, de la libertad y bajo precio a que se venden
públicamente en las tiendas, parece difícil combinar esto con el
cumplimiento de los deberes de aquellos ministros reales. Sin
embargo, no debemos omitir, que mucha parte de dichos efectos se
llevan e introducen con guías procedentes de las aduanas de los
puertos 'de mar, y de la de Mompós, y que esto pone a cubierto en
mucha parte a los administradores del interior. Baste lo dicho
sobre la indicada providencia, cuya aplicación exige la de un
visitador íntegro; y pasemos a la discusión y examen de otras
igualmente necesarias .
2ª Providencia, Reducción de derechos
La 2ª providencia que nos parece debe adoptarse para contener el contrabando, es la reducción de derechos, tanto en España, como en América, en los efectos de manufactura extranjera, que no tienen concurrencia con los nuestros o que no perjudiquen al fomento de la industria, a que debemos aspirar. Si el aliciente del contrabando es el interés de la ganancia, todo lo que contribuya a disminuir ésta, en términos que no compense los riesgos y gastos que aquel ocasiona, debe también disminuirlo y esta sola razón acredita la propiedad de dicha medida. El valor total de los derechos que sobre dichos efectos se exigen en unos y otros puertos, incluso los de Consulado, asciende a 33 1/2% a que agregados los gastos de seguros, fletes, reducciones, cambios, premios y las ganancias respectivas a las diversas manos por donde pasan, cuando llegan a las nuestras han duplicado el valor de la fábrica. El extranjero que los trae directamente de éstas a sus colonias, no hace la mayor parte de dichos gastos, los vende al español, con mucha ganancia, por un tercio o la mitad menos de lo que cuestan en España, y el comprador además de ésta tan considerable ventaja, tiene las de la pronta y menos costosa conducción y la del ahorro de los derechos de entrada que le compensan las exacciones y contribuciones que tiene que hacer a los Ministros y Jefes, quedándole siempre una utilidad proporcionada, sin que puedan tener concurrencia los efectos de igual naturaleza traídos desde España. Así vemos que cuando en Cádiz y otros puertos de la Península, cuesta actualmente una pieza de platilla 15 y 17 pesos, y una de bretaña hamburguesa de 30 a 34 reales, se venden en el día otros géneros en Santa Marta, Mompós, y en otros pasajes del interior por 13 y 14 pesos las primeras, y por 22 y 24 reales las segundas. Esto mismo sucede con los demás efectos, entre los cuales citaremos la canela, que valiendo en España a 38 reales, se vende por menor en Mompós y Santa Fe a 20 y 24 reales la libra. Las muselinas, anchas, finas, bordadas de 11 y 12 varas a 9 pesos pieza, los Mahones por 10 y 12 reales; y a este tenor otros efectos de Europa y Asia.
Pero además de lo expuesto, la indicada providencia está fundada
en los principios de la economía política: porque supuesta la
imposibilidad de las naciones para proveer a sus consumos, de
necesidad, de conveniencia y lujo, con los productos de su propia
industria y por tanto la necesaria conexión y dependencia para
ello de unas con otras, en el sistema de una buena administración,
las aduanas no deben formar sino subsidiariamente un ramo de los
productos del Estado y ser principalmente un medio político de
fomento de la industria nacional y de contención al influjo de la
extranjera, que pueda perjudicar aquella; por consiguiente los
productos y artefactos que no tengan concurrencia con los suyos
propios, que no puedan suplirse con otros, y que él no haya hecho
necesarios, no se deben gravar sino muy moderadamente, pues como
dice muy bien Smith, en la Aritmética de las Aduanas, no solo dos y
dos no componen cuatro, sino que por lo general cuatro y cuatro
hacen solamente dos.
Industria de la Metrópoli. Ramo de caldos.
Sedería, Cotonería Lanería
Aplicados estos principios a la España y a su comercio con la
América, hallaremos que el ramo de caldos y licores de todo género,
los tiene abundantes, y debe mantener la absoluta
prohibición de los extranjeros en América y hacer un
comercio exclusivo de ellos, con notables ventajas para la
agricultura y navegación de la Península, sin temor de la
concurrencia de aquellos para el contrabando, ya en razón de la
buena calidad, y del precio de los nuestros, por no estar
mayormente gravados, y ya por el costo y dificultad de su
transporte; que en las ... y manufacturas de toda clase de ellas,
tiene igualmente las las necesarias para proveerse a sí y
a la América, debe prohibir las extranjeras, y continuar
dispensando las mismas franquicias y protección a las nacionales,
para que lleguen aquel grado de perfección y fomento que aún les
falta, sin que puedan tampoco tener concurrencia las extranjeras
por el contrabando en América, por su mayor precio: Que
en el articulo de algodones están en la infancia sus fábricas,
pero que teniendo una compañía de Asia, y las primeras materias
para ellas, el fomento de éstas y de aquellas, exige el mantener
respecto de las extranjeras la prohibición existente, y las reglas
adoptadas para la venta de las introducidas legítimamente, a las
solas manos de los agentes de dicha compañía, celando
cuidadosamente la conducta de éstos para que no abusen de dicha
facultad, imponiéndoles la obligación de que no las puedan vender
sin estar selladas todas las piezas (debiendo tenerse por de
contrabando las que carezcan de este requisito) exigiéndoles una
razón anual de las que tengan existentes, y hayan expendido; y
concediendo premios a nuestros artistas que establezcan fábricas
de dichos efectos, que sería también conveniente fomentar en
América e Islas Filipinas; sin que pueda esperarse de dichas
medidas, ni de otras cualesquiera que se adopten, cortar
enteramente el contrabando en la América de las manufacturas de
algodón extranjero las cuales por su buena calidad, duración y
bajo precio a que las venden, respecto de las nuestras, serán
siempre apetecidas: Que en las lanerías debiendo
tener la España todas, y las mejores manufacturas
de esta clase, por la abundancia calidad y diferencias de nuestras
lanas, apenas tenemos en el renglón de paños y sombreros las
necesarias para nuestros consumos y hoy faltan casi todas las
demás, no obstante de ser más fáciles de establecer, menos
costosas, y de un consumo inmenso en América, como son las bayetas
de todas clases, las eternas, buratos, casimires, sargas,
lanillas, medias [palabra ilegible] debiéndose por tanto prohibir
absolutamente, a lo menos para el comercio de América, los paños y
sombreros extranjeros, aumentar los derechos en los otros
artículos, de que saca tantas ventajas la Inglaterra, y ofrecer
nuevas franquicias y premios a los que establezcan en la península
fábricas de ellos; sin que el contrabando pueda impedir su consumo,
a poco celo que haya pues como son efectos de volumen y de poco
valor, son los menos a propósito para dicho comercio:
Lencería y Varios efectos
Que en la clase de lencería, no tiene ni puede tener la metrópoli, no solo las necesarias para el comercio de América, sino ni aún para la cuarta parte de su propio consumo, y que por consiguiente los excesivos derechos cargados sobre ellas, siendo como son unos efectos de general uso, y de necesidad, son gravosos al vasallo, impolíticos, y los que convienen el contrabando en la mayor parte en América, debiéndose por tanto reducir el mínimo posible, manteniendo solo las actuales reglas, con respecto a los renglones de pintados, encajes e hilo de coser, por tener fábricas de los primeros abundantes, ser nuestros linos los más a propósito para los segundos, y porque el último puede dar ocupación a muchas mujeres en la Península, concediendo nuevas franquicias a las fábricas establecidas en Galicia y demás partes de la península, las cuales tendrán siempre dentro de ella seguro el consumo de sus manufacturas: que por lo respectivo a los artículos de hierro, acero, clavazón, herramientas, instrumentos, máquinas, peltrechos marítimos, drogas-medicinales, etc., se debe hacer la misma reducción de derechos en los de producción extranjera, y de Vizcaya, para fomento de la agricultura y minería en América, aunque en el contrabando tengan poca parte dichos objetos, y que en los de vidriería, loza, mercería, etc. en que empiezan nuestras fábricas a mejorarse, y a tomar fomento, podrán mantenerse las reglas existentes, como también en el papel de todas clases (pudiéndose ya prohibir el extranjero) y por ser objetos pocos al propósito al mismo tiempo para el contrabando
Aplicación de la propuesta providencia
Resumiendo lo dicho resulta: Que la propuesta medida de reducción de derechos, solo debe tener lugar en todos los géneros de lencería extranjera (a excepción de los pintados, hilo de coser y encajes), en los de hierro, acero, clavazón, herramientas, instrumentos, máquinas, eltrechos marítimos y drogas medicinales; que convendrá mantener el actual sistema, en la mercería, loza y vidriería extranjera y el de prohibición en los efectos de algodón, caldos y licor, extendiéndolo para América, a las sedas de todo género extranjeras, a los paños, sombreros y al papel, y que respecto a las manufacturas de lana, se deben recargar de nuevos derechos, para fomentar las nuestras, y privar particularmente a los ingleses de sus ventajas. Esta nación orgullosa y enemiga natural de las demás industriosas, lo ha sido siempre de la nuestra, ya por el poder marítimo a que podemos aspirar, y que exige nuestra situación local y la conservación de la América, ya por ser dueños del oro y de la plata, que ha procurado apropiarse exclusivamente en todos tiempos, y por los términos más injustos y violentos, y ya últimamente por nuestras necesarias conexiones con la Francia, su rival, pues prescindiendo de los robos, las devastaciones y crueldades de todo género, cometidas a fines del siglo 16 en América por el inglés Dracke y otros: de la adquisición de la Isla de Jamaica, a mediados del siguiente y sus establecimientos en el golfo de Campeche, asegurados por la paz de Breda en 1667, y de las que con motivo de la guerra de sucesión legitimo y exigió por la paz de Utrech en 1713, en la posesión de Gibraltar, de Mahon, y tratado de asiento: de la de las islas de Bahama y destrucción de nuestra escuadra delante de Mesina en 1718, sin previa declaración de guerra; del insulto hecho a Carlos 3º en Nápoles, en el de la guerra de la sucesión austriaca, y de las nuevas cadenas que logró poner a nuestra industria y comercio por el tratado del Buen Retiro de 1750; de las ventajas que nos sacó por el de la paz de 1763; y últimamente de la adquisición importante de la isla de Trinidad, por la de 1802 (agravios y exacciones que ningún español amante del honor y prosperidad nacional, de la buena memoria de Carlos 3º y de la Casa Reinante olvidará jamás). Si sólo nos detenemos en considerar el objeto de dichas adquisiciones y el uso que hacen los ingleses de ellas en América, respecto a los españoles, en tiempo de paz y guerra, hallaremos que es el que dejamos antes indicado. Piratas en el de guerra, persiguen, desnudan y aprisionan a los particulares indefensos en medio del mar, contra el derecho de gentes, y contra el de las naciones se apoderan de sus propiedades y personas, hasta en los buques neutrales. Seductores y malos vecinos en el de paz, faltando a la fe de los tratados, y a todos los principios de la justicia, fomentan en sus vecinos toda clase de fraudes y delitos, con tal que les sean productivos. En todos tiempos codiciosos, vanos e inicuos, es interés general de las naciones, y particularmente de la nuestra, castigar su injusticia, abatir su orgullo, y disminuir sus ganancias. Esto se logrará poniendo obstáculos y gravámenes a su industria, y favoreciendo la de otras naciones extranjeras en cuanto sea posible, sin perjuicio de la nuestra, con lo que se disminuirá también el contrabando, como que en la mayor parte lo hacen con la lencería alemana, de uso general en la América
3ª Providencia, prohibición del comercio de negros las colonias extranjeras
La 3ª providencia es la absoluta prohibición de toda
comunicación con las colonias extranjeras, y con especialidad el
comercio de negros, pues siempre que éste se permita, u otro
cualesquiera y no se restablezca el antiguo rigor de
nuestras leyes, será un pretexto para el contrabando. Así se
experimenta en el día en el que se hace en Panamá, en virtud de
Real Orden: con una licencia para traer de Jamaica, 100 o más
negros, y llevar el dinero necesario para su compra, se hacen
muchos viajes, pues a pretexto de que no los han proporcionado, y
de que les han hecho dejar allí el dinero, por no ser permitido el
extraerlo, dicen que retornan en lastre, para volver cuando los
haya. Repiten los viajes llevando siempre nuevas cantidades en
moneda por alto, trayendo en cortas porciones los negros, bajo los
mismos pretextos, hasta completar el N9 de permiso, y en cada uno
de ellos vienen cargados de efectos que desembarcan en la costa, o
en el mismo puerto de Chagres, presentándose después en lastre en
el de Portovelo, a donde sacaron el registro. Lo mismo sucederá en
todas partes, donde se permita el ir a buscarlos a las colonias.
Por tanto aun cuando la introducción y comercio de negros en
América, se considerase conveniente, debería concederse a los
extranjeros, y limitarse para los españoles, a que los trajeren
directamente del África. Pero si se examina a la luz de la razón
dicho comercio se hallará no solamente inhumano e injusto, sino
también impolítico, particularmente en las actuales circunstancias.
El mantiene una guerra eterna entre aquellos bárbaros, impide su
civilización y es causa de los más atroces delitos. Los padres, los
hijos, las mujeres, los maridos, se venden mutuamente, viven entre
si llenos de desconfianza, se aborrecen, no pueden amarse y
satisfacen su odio con la más vil de las venganzas. El ilustrado
europeo desde las orillas del Sena, del Támesis, del Tajo, va a
asechar estos instantes, a multiplicarlos, a producirlos y por el
vil precio de unas chaquiras, de un fusil destructor, o de un poco
de aguardiente, compra un hombre, lo reduce a la clase de bestia
de carga, lo trata como tal, y lo priva hasta en su descendencia
del más sagrado de los derechos. Pero si el interés y la
conveniencia nos hacen pasar, y cerrar los ojos a estas razones de
eterna justicia, abrámoslos a la vista de las naturales y precisas
consecuencias que han producido ya estos excesos. Sesenta mil
franceses aguerridos, capaces de conquistar un Reino en Europa, han
sido víctimas, o recibido la ley de los negros en Santo Domingo,
cuya isla han evacuado enteramente. Este nuevo imperio, difícil si
no imposible de destruir, va a hacer bien pronto tributarias a las
naciones europeas, en la América, como ya lo son de las de África.
Los ingleses en Jamaica serán los primeros que recibirán el digno
premio de sus actuales socorros, y el de su codicia; ¡cuántas veces
corre en sus ingenios con el jugo de la caña, la sangre de estos
infelices! Nosotros experimentaremos igual mal en la isla de Cuba,
y aun en muchas partes del continente, si no se pone término a la
introducción de negros, si no se adopta un sistema para extinguir
la esclavitud en América, y si no se trata de mejorar y confundir
esta desgraciada clase con las fíe los demás habitantes. Pero ¿por
qué principios los más opuestos, cuando se permite, se autoriza y
se fomenta un comercio en que se encuentran tantos inconvenientes,
una población de bárbaros, de siervos y de enemigos naturales de
los blancos, se ponen tantos estorbos, o por mejor decir se
cierran las puertas de nuestra América a los europeos extranjeros?
¿Será más productivo el trabajo de aquellos que el de estos? ¿Serán
menos desafectos y temibles, que el laborioso suizo, el industrioso
alemán, el honrado flamenco, el paciente irlandés, el sociable
italiano? Cuando la bondad y fertilidad del país, el amor a la
propiedad, al suelo que cultivan y a su familia, no reconcilie a
esos con su nueva patria, sus hijos, sus nietos, no serán
verdaderos españoles americanos. Pero los de los negros, cuanto más
ladinos, ¿ no les será más pesado el yugo, no conocerán mejor sus
fuerzas, sus derechos, los medios de recuperarlos y no serán
siempre nuestros más irreconciliables enemigos? Los Estados Unidos
de América se pueblan y se cultivan ¡sin negros! Una ley prohíbe su
comercio, y otra pone término a la esclavitud de los existentes.
Su suelo, su cielo, ni los mejores de Europa, son comparables con
la fertilidad, temperatura y serenidad de los de nuestra América.
Imitemos pues su ejemplo: abramos ésta a los extranjeros
católicos, que quieran trasladarse a ella, ofreciéndoles tierras, y
los auxilios más precisos para sus establecimientos; equilibremos
con su número el de los negros, ya demasiado superior al nuestro
en algunas partes; seamos prudentes, humanos y cultos y demos a la
Europa culta el honroso testimonio, de ser los primeros europeos
en proscribir dicho infame comercio, y en tener colonias de
ciudadanos en la América.
4ª Providencia, Prohibición en el comercio de puerto a puerto de los efectos extranjeros
La 4ª providencia que nos parece conveniente tomar para disminuir el contrabando, es la prohibición, en el comercio de puerto a puerto, de los efectos de manufactura extranjera particularmente los de lencería lanería y los de todo género de quinquillería y mercería fina. Como estas clases de efectos después de introducidos clandestinamente, no se pueden distinguir de los de legítima introducción, que tampoco puede ser igual el celo en todas partes, y que es mayor la facilidad en unas que en otras para dicho ilegítimo comercio; la propuesta medida pondría un obstáculo a su despacho, y consumo, y aunque al mismo tiempo sería una traba para los traídos desde la península, además de que esta solo recaería sobre una industria extranjera, se podrían adoptar algunas disposiciones que la hicieren poco o nada agravosa al comercio de la metrópoli, ya concediendo a solo los primeros dueños que los condujeren el poderlos sacar, y llevar a otra parte para su expendio; y reduciendo dicha prohibición a un corto número de años; y ya limitándola a los puertos menores únicamente.
Ampliación de dicha providencia al comercio interior de los puertos menores
Para que dicha providencia produjere el deseado efecto debería extenderse en dichos puertos menores, a la introducción en las provincias interiores, de los expresados artículos de manufactura extranjera, de modo que los que se llevaren de su clase desde los puertos habitados de la península, a los de Maracaibo, Río Hacha, Santa Marta Portovelo y Panamá, deberían consumirse en sus respectivas provincias, sin poderlos internar en las demás del Reino, las cuales se proveerían de ellos de solo la de Cartagena, quedando libre la circulación interior en todas partes para los nacionales. Esta providencia además de la ventaja propuesta para la contención del contrabando, tendría la de ser productiva a la Real Hacienda, respecto a que cuanto se introduce en dichos puertos menores, está exento de derechos lo que no sucede en el de Cartagena, como puerto mayor
5ª Providencia, Aumento de los guardacostas
La 5ª providencia es el aumento de estos buques guardacostas
hasta el número de 12, reduciéndolos todos a goletas de 50 a 60
toneladas hechas a propósito, veleras forradas en
cobre, de poco calado, manejables a remo y
vela, con un solo cañón giratorio de grueso calibre a proa, y
cuatro pedreros, dos oficiales y 50 a 60 hombres de
tripulación de estas matriculas, diestros en el manejo del
machete, y propios para el abordaje. Es admirable el número y
calidad de presas, que nuestros corsarios de Cuba, y otros
franceses armados en dicha forma, han hecho a los ingleses.
Durante la guerra última burlándose al mismo tiempo de sus fragatas
de guerra, y haciendo el corso, y cruceros sobre sus mismas costas
y puertos. Citaremos entre otros al Benjamín Ritchard de 200
toneladas, con 16 cañones a 6 y 34 hombres de tripulación,
apresado al abordaje por la goleta española la Isabel, de un solo
cañón, 4 pedreros y 46 hombres; y la fragata Galatea, de porte de
360 toneladas, cargada de efectos, con 8 cañones de a 6 y 30
hombres, apresada igualmente por el falucho El Vizcaíno de 1 cañón
de a 12 y 57 hombres, ambos conducidos a este puerto. Aun cuando
los extranjeros hicieren en el día el contrabando como en otro
tiempo en embarcaciones armadas, sería más convenientes las
propuestas, que las que hay actualmente de 12 hasta 18 cañones,
pesadas y poco a propósito para ir a Barlovento; pero haciéndolo
en buques desarmados, y siendo éstos casi todos de españoles, es
vista su utilidad y ventajas. Agregaré a esto, que con corto
aumento en el gasto de las actuales se podían mantener y tripular
las 12 propuestas y atenderse al servicio debidamente, lo que no
puede hacerse en el día, en una tan dilatada costa, con el número
de 5 y de tan malas propiedades. Así es que las eluden los
contrabandistas, o saben en tiempo de salida de este puerto para
evitar su encuentro. Ínterin que no haya constantemente en ambas
costas de Barlovento y de Sotavento, y en cada uno de los puertos,
buques guardacostas que alternen en el servicio y reconozcan las
embarcaciones que van y vienen, que entran y salen en ellos, no
pueden esperarse lleven el objeto de su establecimiento, y se hará
casi el mismo gasto
6ª Providencia: Establecimiento de matrículas en los puertos
habitados
La 6ª providencia que consideramos igualmente necesaria es el establecimiento en los puertos de Río Hacha, Santa Marta y Portovelo de matrículas y de jefes de ellas, independientes de los gobernadores y Ministros Reales que hagan al mismo tiempo de capitanes de puerto, y estén subordinados al comandante de este aportadero. Además de lo importante que es para la defensa y conservación de la América, el fomento de la marina militar, ya sea para reponer a nuestras escuadras destinadas a ella en tiempo de guerra, de los marineros que se desertan o mueren, o ya para rechazar los ataques de los enemigos, por medio del servicio de las lanchas cañoneras, que son utilísimas para la defensa de las plazas marítimas (lo cual no puede esperarse, ínterin no haya en ellas un cuerpo arreglado de matrículas) el que nuestras embarcaciones naveguen en adelante con las formalidades debidas de Real Patente, Real Decreto, y no con simples licencias de los gobernadores y Ministros Reales, manifiesta la propiedad de dicha medida. Pero si se reflexiona, que la intervención en su despacho de unos jefes independientes y émulos de la autoridad de aquellos; que su privativo conocimiento de cuanto corresponde al armamento y navegación de los buques; y la absoluta y separada jurisdicción sobre su equipaje y oficiales, opondrán muchos obstáculos al contrabando, y servirá de contención a los particulares, no quedará duda alguna sobre la utilidad u conveniencias de la propuesta providencia. Ella dará también la necesaria extensión a la autoridad de este comandante de marina en los puertos y mayor facilidad para hacer el servicio de los guardacostas, removerá los estorbos que actualmente se le oponen en todas partes, y asegurará los medios de adquirir las noticias necesarias para perseguir dichos fraudes
Convendría cumplir dicho establecimiento al puerto de Maracaibo
aun cuando aquella matrícula y Jefe de ella no estuviese
dependiente del de este aportadero, por pertenecer dicho puerto a
la capitanía general de Caracas, a cuya marina debería
agregarse.
7ª Providencia. Prohibición de navegar en lastre sín justa causa
La 7ª providencia también conveniente para contener el contrabando, es la de prohibir la navegación en lastre de los buques menores, sin causa justa probada para hacerla. Aun cuando no fuera notorio el abuso que se hace de este arbitrio para dichos fraudes, son demasiado obvias las razones que la acreditan de sospechosa, y habiéndolas manifestado en el informe citado que acompañamos, omitimos el repetirlas.
8ª Providencia, Establecimiento de intendentes
La 8ª y última Providencia, que nos parece necesaria, no solo
para reprimir dicho desorden del contrabando, sino también para
promover el fomento de la agricultura y comercio
interior de este Reino, es el establecimiento en él de
Intendentes, y subdelegados de éstos en todas partes,
principalmente en los puertos, que siendo independientes de los
gobernadores militares, tengan la autoridad correspondiente y sean
personas de probidad y luces para desempeñar dichos puestos.
Dejamos indicada la utilidad que resulta al servicio público de la
independencia y separación de las autoridades, y las dificultades
que la emulación y choque de éstas, opone desde luego para las
colusiones y fraudes, también es manifiesta la ventaja que
resultará a la Real Hacienda de tener unos jefes propios e
instruidos que atiendan exclusivamente de sus intereses y del
fomento de la prosperidad nacional de que aquella depende, y no se
puede poner en duda que el estudio de la política económica, y
del vasto ramo de Hacienda, son en general forasteros a la mayor
parte de los jefes militares, a quienes por otra parte, las
atenciones del gobierno, de la Administración de justicia, de la
guerra. Si las desempeñan debidamente, no les pueden dar tiempo
para cuidar de éstos objetos y menos para adquirir sobre ellos los
necesarios conocimientos. El establecimiento pues de las
intendencias traerá grandes ventajas a la causa pública, será útil
y productivo al Erario Real, y opondrá muchos obstáculos al
contrabando. Cooperando sus jefes y el superior del Reino, con sus
luces y autoridad, a los objetos del Instituto de este Consulado,
serán mayores y más prontos dichos bienes. Pero para que esto se
logre es indispensable mejorar y variar en alguna parte la presente
organización de aquel cuerpo, que por los defectos de su
constitución, y las circunstancias del país, es casi nula su
utilidad, lo que nos proponemos manifestar en otra Memoria18
Conclusión
Deseamos haber desempeñado en la presente cuanto por la Real Orden se pregunta relativo al contrabando, y propusimos al principio Creemos que para comprobar su consideración y publicidad en estos seis años últimos, no se pueden dar unos datos más seguros, que nuestros citados de 1788: el que hemos formado del valor que en frutos y dinero anualmente se acopian y exportan para Europa, y los respectivos al comercio de importación y exportación con la metrópoli, en los dos años últimos de Paz de 1802 y 1803. De su mutua comparación resulta demostrado que la actual importación que se hace por el contrabando en efectos de manufactura extranjera, importa anualmente la cantidad de tres millones de pesos, respecto a que nuestra exportación asciende en el día a 4.200.000 pesos, y a que de la metrópoli solo se ha recibido el valor de 1.200.000 pesos, que el fisco es defraudado en un millón de pesos en cada año por los derechos que debían cobrar en España y América, sobre dichos efectos, a razón de 33 1/2%, sin incluir los correspondientes al dinero y frutos de la exportación clandestina, la cual debe ser igual a lo menos a la importación, y finalmente que este vasto giro, no puede dejar de ser público, ni hacerse sin la cooperación de los que inmediatamente están encargados de impedirlo. Hemos indicado las causas que dieron lugar a este desorden durante la guerra, y puntualizado las que lo han mantenido, y aumentado después de la Paz. Finalmente hemos propuesto los medios que nos han parecido más proporcionados a éstas, y bastantes, cuando no a curar el mal de raíz, al menos a contener sus progresos, y a disminuirlo considerablemente. Porque si la infidencia de los Ministros y Jefes: el aliciente de la ganancia en los particulares: la seguridad y facilidad de la navegación a las colonias extranjeras y la reunión de las autoridades en unas solas manos en los puertos, son las verdaderas causas del contrabando: removiendo a los primeros de sus empleos, y castigándolos debidamente: reduciendo los derechos como puede hacerse sin perjuicio de la industria nacional, en los efectos de lencería extranjera, que forman la base principal del contrabando: prohibiendo bajo graves penas toda comunicación con dichas colonias y con especialidad del comercio de negros: reduciendo el de efectos de manufacturas extranjeras en los puertos menores al consumo de sus respectivas provincias aumentando estos guardacostas a un número competente y haciéndolos proporcionados al objeto de su instituto: estableciendo matrículas y jueces de ellas en todos los puertos: limitando la navegación en lastre a casos precisos; y creando en este Reino como en los de México y el Perú, intendentes y subdelegados de la Real Hacienda, independientes y separados de los gobernadores militares particularmente en los puertos de mar, desapareciendo en la mayor parte dichas causas, se disminuirán otras, y el mal no será tan grave, ni tan perniciosos sus efectos. No son éstos solamente los que sufre la Metrópoli en su agricultura, en su industria, en su navegación, en su comercio, los que experimenta la Real Hacienda en sus intereses ni los que padecen los comerciantes honrados en los propios: hay otros mayores que tienen su origen de aquel mal, que tienen más íntimo con el orden social y que deben llamar toda la atención del gobierno. Tales son la corrupción de costumbres y de la moral pública que en todas partes se experimentan, a causa del contrabando? Que es en efecto un contrabandista, sino un facioso, un hombre en relación y conexiones con el enemigo, un ladrón del Erario que igualmente atenta contra la fortuna pública que contra la particular, en una palabra un antisocial como su delito? Y cómo definiremos al magistrado que mantenido para guardar los intereses de la nación, rodeado de respetos y de autoridad para defenderlos, y honrado con grados, distinciones y premios para promoverlos, los mira con abandono, los permite defraudar, y los roba el mismo? Será un ingrato, un refractario, un infame, o un monstruo? Si la pureza de las costumbres públicas se forma, y se compone de las de los particulares, en un país donde se ha hecho, y se hace un contrabando tan considerable, y con los enemigos de la nación, cuántos habrá de éstos y de aquellos malvados? Y unos hombres, cuya primera máxima de conducta es el tener, sin separar en los medios, a quienes domina la codicia, la más vil de las pasiones y propia solo de almas bajas, serán buenos padres de familia, fieles vasallos, amigos del bien público, jueces íntegros y celosos? Su ejemplo, sus conexiones, su influjo, su interés en corromper a los demás, cuánto daño no habrán hecho en todas las clases y órdenes del Estado? Así es que cada día se ven excesos de todo género: que el juego, el lujo, el libertinaje y la irreligión, hacen tantos progresos: que la intriga, el interés personal y la mala fe, intervienen en muchos negocios, y los dirigen: que el soborno y el cohecho han profanado tantas veces el santuario de la justicia: que el servicio público se halla desatendido, los talentos despreciados y la virtud combatida. Así es que éstos hombres venales, creen que con el fruto de su infidencia, no solo podrán mantener la permanencia de sus puertos, sino también aspirar a otros mayores; tal es su audacia! Tantos males nos han venido de no haberse abierto este puerto, durante la guerra última a las naciones neutrales, como se hizo con los de la provincia de Caracas, isla de Cuba, y otros de América, y lo pidió este consulado. Con esta necesaria y útil providencia se hubiera evitado en la mayor parte el contrabando, la Real Hacienda habría tenido considerables aumentos: los enemigos de la nación menores recursos, y la causa pública grandes ventajas; quiera Dios que todo se remedie y que esta triste experiencia nos haga en adelante más prudentes!
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La Real Orden que aquí se expresa fue comunicada a este consulado, cuya Junta de Gobierno nos dio el encargo y a D. Enrique Rodríguez de evacuar el informe pedido por S. M. cuando dimos cuenta de lo ocurrido con este motivo, ofrecimos emprender el presente trabajo |
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El Estado de los frutos y dinero que anualmente se acopian en éste y demás puertos del virreinato (excluso Guayaquil) y que se extraen para Europa por las embarcaciones de la Península, y por las del contrabando a las colonias extranjeras, que ascienden a 4.200.000 pesos; los 3 millones en efectivo, y 1.200.000 pesos en frutos, está arreglado a los precios que tienen actualmente en el comercio dichos frutos, a los valores que anualmente se acuñan en las dos casas de Moneda del Reino y al que se exporta en pasta y plata para España. Para demostrar que el valor actual de nuestros frutos disponibles, excede del millón y doscientos mil pesos computados en dicho estado, bastará ver en el Nº 3 de la Exportación para España en 1802 y 1803, que los frutos ascienden a la suma de 1.558.721 pesos por los aforos de Aduana, a que agregados sobre 500.000 pesos de algodón de Girón y Provincia de Santa Marta, extraído para colonias por este puerto en dicho tiempo; 150.000 pesos valor del palo llevado a las mismas desde dicho puerto y el de la Hacha; y además lo que en cacao, cueros, añil, platina, perlas y otros frutos se conduce anualmente a las dichas, se reconocerá la exactitud y verdad del citado Resumen Nº1 y no se podrá dudar que la importación de efectos sea igual cuando menos a su total valor. |
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Todas las providencias que proponemos para el fomento de la agricultura y minería de la América, las consideramos no solamente utilísimas, sino también necesarias.Por lo que respecta a las que al parecer son gravosas a la Real Hacienda, manifestaremos: que lo que esta gaste en abrir algunos caminos para facilitar la comunicación interior, en mejorar los actuales y la navegación de los Ríos principales, lo resarcirá con ventajas con lo que le producirá el comercio interior, y el comercio de la agricultura: que el privilegio de extracción y derechos de preferencia, que se da al fisco en América (y no tiene en España) es contrario a los principios de justicia y la ruina de muchos vasallos: que prescindiendo de lo que sienten los buenos economistas del sistema de estancos, éstos en la América, en que debe fomentarse por todos los medios posibles la agricultura, le oponen un obstáculo invencible lo cual lo tiene reconocido el gobierno en otras colonias, respecto al de aguardiente, como en la provincia de Caracas, las Floridas, Habana, Puerto Rico, etc., en que no los hay; y donde los haya no pueden prosperar los ingenios de azúcar, como que no tiene aplicación la miel de purga, además de que la fábrica de aguardientes por cuenta de particulares, sería un ramo utilísimo a la navegación; e imponiendo un módico derecho sobre cada alambique de destilación, podría el Erario percibir el actual pequeño importe líquido de lo que le producen dichos estancos en las provincias marítimas, y lo mismo debería adoptarse respecto al de tabacos, gravando proporcionalmente cada arroba o libra que se exportase en América y sería un ramo de cultivo considerable, de mucha utilidad a la navegación de la península y que entraría desde luego en la Balanza del Comercio Extranjero en Europa, cuyas consideraciones y las vejaciones de todo género que experimentan los que lo cultivan, nos han obligado a proponer su extinción, aunque limitándola solo a las provincias marítimas: que el derecho de capitación o tributo de los indios, no solo los tiene sujetos y dependientes de los corregidores y curas, en los términos más abusivos, sino también envilecidos de modo que negros y muletos libres, se consideran mejores que ellos, y los desprecian impidiendo dicho derecho su unión y mezcla con las demás castas, y por consiguiente su civilización, lo cual por el hecho de libertarlos de dicha contribución, y darles terrenos en propiedad se facilitaría; y sujetándolos a las contribuciones de los demás habitantes, la Real Hacienda resarciría el producto actual de dicho derecho: finalmente que por la mala elección de empleados y jefes, se experimentan los perjuicios y males en el día, que se han indicado en esta Memoria, además del contrabando. Tampoco estará además añadir aquí que la situación de algunos pueblos en el interior en pasajes pantanosos y malsanos, la absoluta falta de medios, pues no hay en todo el Reino, una sola cátedra de medicina, y la mala distribución de los terrenos, impide los progresos de la población, a pesar de la admirable fecundidad de las mujeres en esta parte de la América, y que par tanto conviene mudar a aquellos a mejores situaciones, establecer estudios de medicina y mandar repartir los terrenos que estén sin cultivo, aun cuando tengan dueños; que sin conocimientos no pueden cultivarse las tierras con propiedad, y menos trabajar las minas, y que el establecimiento de escuelas de primeras letras y de agricultura en todos los pueblos, el de estudios de dibujo, matemáticas y química en las ciudades principales, y el de papeles públicos y sociedades patrióticas que difundan y promuevan estos conocimientos en las capitales de las provincias, es absolutamente necesario. En todo el Reino no hay en el día ninguno de estos establecimientos, ni más imprentas que una mala, y casi sin ejercicio en Santa Fe, y otra cuyo uso se ha permitido, no alcanzamos por que, y propia de este consulado. No tiene de fecha 2 años el establecimiento de la Bahía Botánica en la Nueva Holanda, compuesto en la mayor parte de criminales, y ya hay en él una gaceta y periódico, de que carecemos nosotros después a tres siglos que somos dueños de esta América, la mejor parte del globo. |
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5Para comprobar de otro modo la moderación del cálculo de 24 millones de pesos importe del contrabando en los seis años últimos; los 12 de introducción de efectos y los otros 12 de exportación; supongamos que nuestros frutos y caudal disponible desde 1797 basta 1803 inclusive ascendiese solo a la suma anual de 4 millones (en lugar de los 4 200 pesos que manifiesta el Estado Nº 1) los cuales en los siete años componen la suma de 28 millones de pesos. Deduzcan de éstos los 6.200.000 pesos, total importe de lo extraído para la península en 1802 y 1803 (Estado Nº 3) incluso el valor de las dos expediciones de Santa Marta y el de lo sacado de cuenta de la Real Hacienda: rebajemos también otros 4.600.000 de pesos de exportación legítima durante los 5 años de guerra de 1797 a 1801 respecto a que el derecho de avería durante todo este tiempo en los Puertos del Hacha, Santa Marta, Cartagena y Portovelo ascendió a 46.000 pesos que corresponden a un capital de 9.200.000 pesos, comparando la mitad de este valor correspondiente a la exportación dicha, y demos además por extraídos fuera de registro en oro en los buques correos, corsarios y de comercio, para nuestro giro de La Habana en dicho tiempo, 1.200.000 pesos. unidas estas tres partidas, componen la suma de solos 12 millones de pesos que deducidos a los 28 presupuestos, aún nos queda un déficit de 16 millones, extraídos por el contrabando, en lugar de los 12 calculados. Si hacemos esta misma operación con respecto a la importación, será mucho mayor el descubierto, y más sensible la moderación de los 12 millones que se suponen introducidos, pues solo tendremos de legítima importación los 2.400.000 pesos recibidos de España en 1802 y 1803 (Estado Nº2 ): los 4.600.000 pesos mitad del valor total del giro durante los 5 años de guerra y 1.200.000 pesos que se deben agregar a este importe por el que se supuso extraído en moneda fuera de registro para La Habana en dicho tiempo, que todo asciende a la cantidad de 8.200.000 pesos en los siete años. Más siendo nuestros comercios, aún en 1788, en que temanes un tercio menos de medios, de 3 millones anuales de efectos de Europa, computándolos por solo ésta regla en los 7 años deberían importar 21 millones de pesos, de que deducidos los 8.200.000 pesos antes dichos, la diferencia excede a los 12 millones presupuestos. Si a esto se agrega que mucha parte de dicha introducción, que se supone legítima, se ha hecho en buques con registros falsos, procedentes de los puertos enemigos, y que de la exportación, una aún más considerable ha ido a parar a los mismos, cancelándose las fianzas de los registros con cumplidos también supuestos, se conocerá mejor la moderación de nuestros derechos calculados. Últimamente el bajo precio que han tenido los efectos de manufactura extranjera particularmente de lencería en los años últimos de la guerra, y los que tienen en el día acredita que se han introducido aún más de los que podían consumirse. |
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Se cree que aumentando los sueldos a los empleados se asegura su fidelidad. Lo que se adelanta es gravar la Real Hacienda, pues los hombres solo se contentan con lo que tienen cuando son honrados. La dotación de los oficiales reales de Santa Marta, se aumentó considerablemente a principios de la guerra, y el desorden nunca ha sido tan grande como después de aquella gracia. |
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Parecerá increíble cuando decimos en este párrafo relativo al tratamiento que experimentan los buques del Rey Los siguientes hechos que hemos escogido por recientes, y que sabemos por el actual jefe de esta marina don Miguel de Irigoya no dejarán duda alguna sobre la verdad de lo expuesto.En el mes de julio último el Bergantín de S. M. El Cartagenero, mandado por el teniente de fragata don Domingo Monteverde, hallándose en el puerto de Santa Marta, vio venir a él una goleta, que pareciéndole por sus maniobras, sospechosa, envió a reconocerla al tiempo de entrar en él. De este acto resultó que dicha goleta que se llamaba San Francisco Javier, venía de arribada, estaba cargada de palo brasilete, aunque por sus papeles dados en aquel puerto, navegaba en lastre y que su capitán era francés. Llevado éste y su tripulación al bergantín, confesaron iban a Jamaica y que la carga la habían tomado en el mismo puerto. Reclamó desde luego aquel gobernador dicha presa, como privativa de su autoridad, a causa de ser hecha dentro del puerto, y sosteniendo con el más decidido empeño su solicitud, logró que dicho oficial se la entregare con la gente, bajo la obligación de tenerlos a la disposición del superior, reservándose en sí el sumario que había hecho. A los tres días ya se paseaba el capitán francés y poco después de la salida del Cartagenero para ésta, navegaba la goleta, la cual ha sido nuevamente apresada en el puerto del Hacha, por el guardacosta El Volador, en el mes de febrero pasado, con otro cargamento de palo brasil y cueros, que llevaba también para Jamaica! En dicha ocasión se dificultaron al comandante del Cartagenero, los víveres que pidió, y no tenía; y a no haber dado la casualidad de entrar en dicho puerto de Santa Marta, la Urca Polonia, y facilitándole su comandante los que necesitó, habría tenido que esperar que se los envíen de ésta.En el mes de noviembre pasado, el mismo bergantín Cartagenero, mandado por el capitán de fragata graduado don José Ortiz Canela, después de haber reconocido a la vista de Santa Marta, y con su bandera larga a una embarcación que había salido de dicho puerto se dirigió a él después de puesto el sol. Le hicieron fuego desde el castillo del Morro con este pretexto y estuvo para perderse el buque del Rey, tan conocido en aquel puerto, pues su comandante se vio precisado a ir al castillo en su lancha para evitar mayores daños! Durante su permanencia allí, se le presentó a dicho Canela, el capitán de una goleta que iba a salir y preguntado por su destino y carga, le dijo se dirigía a Coro en lastre. Mandado reconocer el buque, se halló cargado de frutos, y reconvenido el capitán con lo que había dicho al comandante Canela, respondió había sido equivocación y que tenía registro. Pedido éste, que en algunas horas no encontró el capitán, lo hizo de un pequeño pliego, rotulado a los ministros de Real Hacienda de Coro, el que no estaba pasado por el correo, y menos rubricado por los de Santa Marta. Presentado a éstos dicho pliego, por el referido Canela, le aseguraron era el registro y que por inadvertencia no se había franqueado, ni rubricado, con lo que impidieron todo ulterior procedimiento.En el mismo mes de noviembre la goleta volador del mando del teniente de fragata, don Antonio Gastón, habiendo entrado en el puerto del Hacha, y advertido en él una goleta sin bandera, envió a su 2º a reconocerla y hallando éste por sus papeles que era inglesa nombrada el Despacho (The Dispacht) que su capitán también inglés estaba en tierra, que era el 4º viaje que hacía desde Jamaica a aquel puerto, con carga de efectos, y que la que había conducido últimamente la había desembarcado a la mitad del día, según estaba anotado en el diario de la navegación que le aprendió; la marina y remitió a bordo del volador la poca gente que tenía. Reclamó al instante ésta, y el buque aquel gobernador y negándose Gastón a entregárselos, envió un cabo y 6 hombres armados para que se apoderasen de la goleta, lo cual no consiguieron, y para evitar otra violencia la hizo dicho Gastón poner luego a la vela para ésta, en donde se declaró por buena presa. |
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Para mayor comprobación de la publicidad del, contrabando en Santa Marta, y que se pueda formar el debido concepto de su consideración, referiremos lo que nos han dicho, dos sujetos veraces del comercio, que han estado allí últimamente, y ambos regresan a España, donde si fuesen preguntados no se excusarán a repetirlo en cualesquiera forma, pues conocen que éste es un mal público.El 1º es don Josef Prast, capitán y dueño del bergantín Los Cuatro Santos, que habiendo tocado en dicho puerto de Santa Marta, en. octubre último, y deteniéndose como dos meses, en este tiempo encontraron allí 8 embarcaciones de colonias extranjeras, unas que habían desembarcado su carga en la costa, y otras que la trajeron al puerto. De éstas supo que una que se llamaba la goleta Amarilla, había conducido 600 tercios de ropas de lino y de algodón, y algunos frutos, y otra nombrada el Santo Cristo, había desembarcado sobre 300 tercios de los mismos efectos y porción de cajones toscos.El 2º es D. ventura Mandrí, Maestro del bergantín Serrano de Cádiz, que tocó en Santa Marta en noviembre último, y estuvo allí unos pocos días, antes de venir a ésta, quien dice vio descargar los tercios de los buques procedentes de colonias, a la mitad del día, llevarlos en caretas por las calles, y venderse públicamente toda clase de efectos prohibidos.Finalmente el que podrá informar mejor de estos desórdenes, es don Dionicio Crespo y Peña, ex provisor del difunto obispo de dicha de Santa Marta dn. Fr. Eugenio Seré, que se: vuelve a España, y también don Pedro Pablo Viñolas del Comercio de Barcelona, que ha estado en dicha,y en Mompós, últimamente. |
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Para dar una idea del contrabando que se hace por el puerto de Chagres cual es trascendental al Perú, bastará decir: que de tres a cuatro millones de pesos que se han introducido en Panamá, en los cuatro años últimos, en plata fuerte, de los puertos del Callao, Paita, Trujillo y Guayaquil, no se han extraído por el de Portovelo ni 800.000 pesos en dicha especie en partida de registro durante el referido tiempo, y que lo remitido a España en plata fuerte después de la Paz no pasa de 200.000 pesos. |
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Uno de los buques destinados a llevar y traer noticias de Jamaica durante la guerra, además de las goletas Lucero, Isabel, Dolores, Carmen, era la Fanci. Esta en su 4º o 5º viaje fue apresada por el guadacosta la Nanci, del mando del teniente de fragata don Miguel Barabru sobre las islas del Rosario, inmediata a este puerto, a donde se dirigía a depositar su cargamento, el cual después de una competencia fuerte entre el gobierno y la marina, se mandó vender en pública subasta, y se nos remató en la cantidad de 80.000 pesos, incluso el derecho de alcabala. Lo más notable en dichos buques conductores de pliegos, era que además de las ropas que conducían e introducían por alto, o con permiso, entraron libremente por la aduana efectos prohibidos por extranjeros como bacalao, licores, vinos, aguardiente, cerveza, sidra, aceite, harina, loza, cuchillos-belduques, bermellón, lacre, cintas de cáñamo y lana, hilo de carreto, plomo, pañuelos de zerbilla y otros efectos, según consta de los asientos de dicha aduana.Entre los diferentes buques que han entrado en este puerto con registros falsos, citaremos la Balandra San Juan Nepomuceno, que en noviembre de 1798 trajo un cargamento de ropas, como procedente de Santo Domingo, y se vendió en 140.000 pesos por su capitán testaferro don Mariano Olazo. Cuando entró este buque en el puerto, y durante todo el tiempo de su permanencia en él, hasta su salida, estuvo a la vista un corsario enemigo que desde luego lo trajo, y llevó a su destino. Descargó y cargó con la mayor celeridad y salió inmediatamente sin recelo alguno. Entre los efectos que introdujo por la aduana dicho buque fueron: 150 docenas de cuchillos belduques: 63 piezas listados de algodón, 51 docenas de pañuelos idem y 9 piezas de limones todos prohibidos. Sabemos privadamente que dicho buque no vino de Santo Domingo, y siendo constante que el mismo Olazo, fue después a Veracruz en agosto de 1799 en una goleta con bandera dinamarquesa desde Jamaica, con un cargamento de ropas, y el pretexto de llevar noticias al virrey Marquina, y que este la mandó embargar, y vender el buque y carga, no puede quedar duda sobre la procedencia y destino de la anterior.De los buques que salieron durante la guerra, con carga de frutos para nuestras colonias no dudamos asegurar que una tercera parte, o la mitad de ellos, fueron a Jamaica y que con cumplidos falsos se han cancelado sus fianzas. |
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En 4 de diciembre de 1801 introdujo en este puerto don Juan Jover, capitán de la goleta Princesa Isabel, corsarío de Cuba, perteneciente a don Josef Díaz, una fragata y un bergantín nombrados María Josef y el Susana, cargados de cacao, que según su registro iban para Veracruz desde Maracaibo, pero que navegaban unidos, con pasaportes ingleses y se dirigían a Jamaica, para donde eran concedidos.El corsario sorprendió a la fragata, y el capitán de ésta teniéndolo por inglés, le presentó desde luego dicho documento en virtud del cual la apresó y también al bergantín, que botó sus papeles al agua. Esta causa ruidosa y extraordinaria, se halla pendiente en apelación en la corte; la citamos y a dichas presas, en comprobación de lo expuesto acerca del puerto de Maracaibo, y de lo antes dicho de este de Cartagena, y debe verse. |
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La providencia dé visita que indicamos, al final de este párrafo, es absolutamente necesaria para la averiguación de tantos fraudes, separación de los empleados delincuentes y nuevo arreglo de oficinas. |
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No teniendo nosotros ningún establecimiento en el golfo de Curazao, en las costas de Malabar, Coromandel y Oxixa en Bengala, Malacar, Siam, etc., siendo los ingleses dueños de los principales mercados, poseyendo lo inmenso territorio en esos países, y dominando casi exclusivamente en todos ellos, los efectos que allí se fabrican, y sus producciones, no los pueden adquirir los agentes de nuestra compañía de Asia, sino de 2ª o 3ª mano, de inferior calidad, y los derechos de aquellos, y de las demás naciones que tienen algún establecimiento. Esta diferencia, este recargo, el de los mismos agentes, el de conducción a Manila, y después a España, los derechos con que están gravados y los demás gastos de la compañía, triplican el precio de los efectos y no pueden tener concurrencia con los que acopien y traen a Europa los extranjeros, particularmente los ingleses. Por tanto parece lo más acertado fomentar el cultivo de aquellas producciones y establecer fábricas, particularmente de algodón, en Filipinas, y en las provincias interiores de América, donde abunda dicho fruto, y la mano de obra es aún más barata que en España! Así no solo no dependeríamos del comercio extranjero en esta parte sino que nuestros artefactos si se perfeccionaban podría tener concurrencia con los que ellos acopian, y se fabrican en sus posesiones en la India. Con estos fundamentos hemos insinuado en este párrafo el establecimiento dicho de fábricas de efectos de algodón en América y Filipinas. |
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Citaremos como una prueba de que los efectos de lencería forman la base principal del contrabando, el comiso, de que antes hablamos de la goleta fánci y compramos en 80.000 pesos los cuales 27.000 eran de lencería, 30.000 de algodones, 6.000 de sedas porque entonces nos faltaban las de España: 3.000 de lanas y mercería y los 4.000 restantes importe del buque y derechos. |
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Estamos persuadidos como el que más, que los principios liberales son los únicos capaces de dar actividad al comercio, perfeccionar la industria y llevar la agricultura a aquel grado de adelantamiento que es necesario para que prosperen aquellos ramos y sea feliz una nación. Así cuando vemos que 8 millones de habitantes en Inglaterra y cinco o seis en los Estados Unidos de América, dan unos productos anuales de 40 y 30 millones de pesos, en frutos de su suelo, que exportan para el extranjero, nos afligimos de que más de un millón y medio que hay en este Reino fértil y rico en producciones naturales, apenas tenga el sobrante de 1.200.000 pesos en frutos, cuando debían ascender lo menos a ocho y que aquel pequeño producto y el de nuestras minas, se lo lleve en la mayor parte el extranjero por el contrabando Solo este mal grave y público nos ha podido decidir a proponer la traba de prohibir el comercio de efectos de manufactura extranjera desde los puertos menores en el de puerto a puerto y con las provincias interiores que se expresa en este párrafo.La ventaja que en él se anuncia, debe resultar a la Real Hacienda de dicha providencia, o por mejor decir, la razón en que la apoyamos, parece que contradice lo que antes aseguramos, sobre la pérdida que experimentaba el fisco por el contrabando en los derechos que deja de cobrar, pues siendo libres tanto a la salida de España, como a su entrada en América, en los puertos menores, los efectos extranjeros, no es exacta aquella cuenta, ni tampoco la utilidad que se supone del contrabandista en su ahorro. Pero si se reflexiona que lo que se consume de dichos efectos en los puertos menores es de corta consideración: que para llevarlos a los mayores, o introducirlos en las provincias interiores, deben justificar todos los derechos que dejaron de pagar en España y América, y que no teniendo los contrabandistas abonos para hacerlo en forma, lo hacen con guías falsas, para pasar por los puertos del tránsito hasta llegar al de su destino, en que siendo lugares abiertos, y sin resguardo, como los de la salida, los introducen de noche, sin presentar aquellas, ni exponerse a la comprobación de este nuevo fraude, resulta el efectivo perjuicio del fisco y el de la utilidad dicha del contrabandista. Diremos también que la propuesta medida contendrá el fraude dicho de las guías falsas y los que se cometen con los abonos para sacarlos en registro, o con guías legítimas para otras partes. Últimamente añadiremos que no tenemos por buena policía, la de haber igualado en los puertos menores los efectos extranjeros con los nacionales, libertando aquellos de todos derechos. |
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La providencia de aumentar el número de estos guardacostas, se propone también al Virrey en el informe citado. En el se limitó a solo 8 buques con concepto a que las circunstancias de la guerra no permitían extender el corso más allá de Santa Marta y de Portovelo. Pero debiendo en el día hacerse hasta el Hacha, y Coro a Barlovento, y hasta Nicaragua y Trujillo, en virtud de Real Orden, a Sotavento, hemos ampliado su número al de 12. |
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El establecimiento de matrículas que proponemos, solo debe tener lugar en los puertos, ser voluntario el alistamiento y limitado a toda clase de gentes que se ejercite en la navegación y pesca. Lo demás sería quitar brazos a la agricultura, de que ante todas cosas deben cuidarse. Por este principio convendría extinguir las milicias, que causan tantos vejámenes a nuestros labradores, o cuando más limitar éstas en los artesanos y gente ociosa de las ciudades marítimas y demás pueblos del interior, eximiendo de ellas a los labradores. |
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Tenemos hecho en mucha parte el trabajo que anunciamos en este párrafo el cual hemos emprendido con preferencia a otros, deseosos de contribuir al beneficio público |
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En circunstancias de temerse una nueva guerra con la Inglaterra, no debemos dejar de recomendar la importancia de abrir los puertos de América a las naciones amigas, por el tiempo de su duración, si aquella se verifica prohibiendo absolutamente las producciones y efectos de manufactura inglesa .En el informe adjunto se manifiestan las razones de necesidad, de justicia y de utilidad para la adopción de dicha medida, sin las restricciones de la Real Orden de 18 de noviembre de 1797. Casi al mismo tiempo que extendíamos dicho informe se publicaban en Filadelfia en 1800, las Observaciones sobre el comercio de España con sus colonias en tiempo de guerra que se atribuyen a nuestro Ministro cerca de los Estados Unidos del Sr. Dn. Carlos Martínez de Irujo, aunque de su contexto parece se manifiesta lo contrario. Sea quien fuere su sabio autor, es un papel lleno de luces, de reflexiones juiciosas, y de útiles observaciones, en que se demuestra con los mejores principios de economía política, con el ejemplo de las demás naciones que tienen colonias, y con nuestra experiencia propia, atendidas todas las circunstancias, la conveniencia y necesidad del comercio de los neutrales en la América durante la guerra. La coincidencia de sus ideas con las nuestras, el modo claro y distinto con que las desenvuelve, y manifiesta en todos sus puntos de vista, la convicción que dejan sus razonamientos, y sus justas declaraciones contra el egoísmo e ignorancia del comercio de Cádiz, que ha causado tantos daños a la América, y a la Nación entera, nos hicieron leer con placer tan apreciable obra. Deseamos sea conocida, y que se tenga presente para dichos casos. El bien de la América, el de la España, de la Real Hacienda, y de la Nación entera piden se adopte desde luego en ellos dicha providencia. |
