CAPITULO I

LA REPARTICION TERRITORIAL EN LA ERA DEL IMPERIALISMO (Período: 1870 - 1914)


EUROPA


En el año de 1871 Alemania consuma su unidad bajo la corona imperial de Guillermo I y continúa el camino que la convierte, al final del período, en la primera potencia de Europa. Potencia demográfica, pues es el país más poblado del continente después de Rusia, potencia militar con el mejor ejército del mundo y potencia industrial con la segunda producción mundial al fin del período.

Francia inicia el período con una derrota militar, con la pérdida de Alsacia y Lorena, con el pago de la indemnización de guerra a Alemania y en suma con la pérdida de la preponderancia de que había gozado en Europa durante la época Napoleónica. Aunque a partir de 1875 se nota en Francia un resurgir de la actividad industrial, Alemania la aventaja en este campo. "En 1880, la proporción de Francia en la producción industrial mundial es de 9%, la de Alemania es de 14% (1). Por el contrario, en el movimiento de conquistas coloniales, sobre todo en Africa, Francia desarrolla una fuerte expansión.

Gran Bretaña es en 1870 la primera potencia económica d mundo, su imperio colonial es el más grande y posee la flota de guerra más temible y la mayor marina mercante. Todo esto unido a su posición insular le daba una sensación de seguridad que la llevó a optar por el aislamiento respecto a las alianzas europeas hasta comenzado el siglo XX. Respecto a la producción industrial, todavía en 1890 los EE. UU. e Inglaterra controlaban cada uno 27% o 28% de la producción mundial, pero al fin del período, en 1913, la parte de los primeros sobrepasa el 35%, la de Inglaterra cae al 14% y se ve superada por la de Alemania que tenía un 15% (2).

Rusia era el país más poblado de Europa, con inmensos recursos naturales no bien explotados, con posibilidades de reclutar inmensos ejércitos, los cuales por falta de medios servían más para una guerra defensiva que ofensiva. A su vez el inmenso país no estaba exento del problema de las minorías nacionales y sus intereses expansionistas chocaban en los Balkanes con los del Imperio austro-húngaro, en oriente con los del imperio otomano pero sobre todo con los de Inglaterra, y en el Extremo Oriente fundamentalmente con los del Japón.

El imperio austro-húngaro estaba constituído por un mosaico de pueblos, permanecía esencialmente como un país agrícola y sus efectivos militares comparados con los de las otras potencias eran modestos.

Italia logró su unidad política en 1871 y entró en la escena europea con gran retardo económico y como país esencialmente rural. Sin embargo, y aunque sus efectivos militares no eran de magnitud, por medio de alianzas trató de desarrollar actividades expansionistas sobre todo en el continente, africano. Su flota de guerra asociada a la de otras potencias europeas se hizo sentir varias veces en América Latina en el bloqueo de puertos.

Respecto a las rivalidades europeas, esquemáticamente se puede dividir el período en dos fases. La primera se ha denominado el "Sistema Bismarckiano" el cual concluye con la caída del Canciller en 1880. Se caracteriza éste por la política que desarrolla Alemania para mantener aislada a Francia, bien sea a través de la "Entente de los tres Emperadores" (Alemania, Rusia, Austria) o por el sistema de la "Triple Alianza" (Alemania, Austria, Italia). La segunda fase está marcada por el advenimiento de Guillermo II como Kaiser y el retiro de Bismarck de la cancillería. Este acontecimiento marca la nueva política alemana de "Weltpolitik" en la que el país entra de lleno a intervenir en los asuntos mundiales de acuerdo con los intereses industriales y financieros que había desarrollado. Francia logra entonces romper su aislamiento ligándose a Rusia por una convención militar en 1892, a Italia por un acuerdo de neutralidad en 1902 y a Inglaterra que movida por el crecimiento naval de Alemania deja su política de "espléndido aislamiento" y firma con Francia en 1904 "El Tratado del Entente Cordial".


LAS CONQUISTAS COLONIALES DE EUROPA


En los grandes Estados europeos se desarrolla a partir de 1878-1880 un amplio movimiento de expansión imperialista. Sus causas son múltiples: necesidad de mercados para los productos industriales, de exportación de capitales, de obtención de materias primas, de conquistas de puntos militares estratégicos, etc. En la época de los monopolios las motivaciones económicas son las fundamentales para la expansión imperialista pero no siempre aparecen como inmediatas tal como lo se señala Lenin: "Las condiciones estrictamente económicas no son las únicas que influencian el desarrollo de posesiones coloniales, las condiciones geográficas y otras también juegan su papel"(3).

"En 1870, en el Continente Africano, la penetración colonial Europea estaba limitada a Argelia, Africa del Sur y a una pequeña porción de la Costa Occidental, al Sur de la desembocadura del Senegal. Veinte años más tarde los únicos territorios en donde subsistían Estados independientes eran Etiopía, Marruecos y el Alto Nilo"(4). Etiopía conservó su independencia formal pero fue repartida en zonas de influencia entre Inglaterra,

Francia e Italia en el año de 1906. Marruecos se convirtió en protectorado Francés (1912), y la dominación europea sobre el Alto Nilo se consumó por una serie de acuerdos de repartición concluidos en el período 1890-1893 entre Inglaterra, Italia, el Imperio Alemán y el Estado del Congo. El "affaire" de Fachoda (1898) que estuvo cerca de conducir a una guerra entre Inglaterra y Francia consagró definitivamente la dominación inglesa sobre la región en detrimento de las pretensiones francesas.

En Asia los acuerdos entre Rusia e Inglaterra (1884) establecen la preponderancia inglesa sobre Afganistán con miras a la conservación de la India para los británicos. Los acuerdos entre Francia e Inglaterra entre 1885 y 1887 consuman el reparto de Indochina. Como graciosa concesión estos acuerdos permiten que el Estado de Siam subsista independiente para que sirva como tapón entre las posesiones inglesas y francesas. Sobre la China a más de los imperialismos europeos rondaba el joven imperialismo japonés y si como producto de una guerra victoriosa el Japón impuso a China (17 de abril de 1895) la "independencia" de Corea y la cesión de Formosa y otras islas, no pudo beneficiarse del botín porque una semana más tarde Alemania, Rusia y Francia lo obligaron a renunciar a sus conquistas. Con esto se dieron las bases para el ejercicio de la rivalidad imperialista sobre China ahorrándole a ésta la ocupación territorial (excepto ciertos puertos) pero abriéndola al comercio, a la inversión y a los empréstitos de europeos, japoneses y norteamericanos, bajo el manto de una independencia política formal.

La fuerza fue siempre el común denominador bien que fuera ejercida desde el principio o que lo fuera a posteriori para consumar una penetración ya iniciada, como en el caso de Egipto o Túnez en donde los gobernantes nativos tras un proceso de endeudamiento progresivo al fin tuvieron que dejar el control efectivo en manos de ingleses o franceses. En este ejercicio de rapiña en el que las potencias corrían a ocupar los "espacios vacíos" no se excluían el "trueque" del botín, Vg. Egipto por Marruecos entre Inglaterra y Francia o el cálculo de distracción como fue el caso de la política alemana de Bismarck al apoyar la expansión colonial francesa para que la energía de los conquistadores se desviara del objetivo de reconquistar a Alsacia y Lorena. Toda esta empresa imperialista se recubrió con el manto de la ideología y se adelantó en nombre de la civilización, la religión y el progreso, encomendados por Dios al destino del hombre blanco.

El Congreso de Berlín (noviembre 1884 a febrero 1885) legalizó el sistema de ocupación colonial. El "Estado Independiente del Congo" fue cedido a título personal al rey Leopoldo II de Bélgica. Se reglamentó el procedimiento a seguir para la toma de los territorios aun no colonizados. Según los acuerdos del Congreso, el conquistador debía hacer una notificación formal a las otras potencias y someter a una ocupación efectiva al territorio. Se estableció que la simple firma de "tratados" con los jefes de tribus no era suficiente para implicar el reconocimiento por parte de los otros países, respecto a las anexiones pronunciadas.

En la era del imperialismo el repartimiento territorial del globo entre las más grandes potencias capitalistas fue terminado. He aquí el cuadro que transcribe Lenín sobre las posesiones coloniales de las grandes potencias.


POSESIONES COLONIALES DE LAS GRANDES POTENCIAS


(En millones de kilómetros cuadrados y de habitantes)
 

Países
COLONIAS
METROPOLIS
TOTAL
1876
1914
1914
1914
Km2
Habit.
Km2
Habit.
Km2
Habit.
Km2
Habit.
Inglaterra
Rusia
Francia
Alemania
Estados Unidos
Japón
23.5
17.0
0.9
-
-
-
251.9
15.9
6.0
-
-
-
33.5
17.4
10.6
2.9
0.3
0.3
393.5
33.2
55.5
12.3
9.7
19.2
0.3
5.4
0.5
0.5
9.4
0.4
46.5
136.2
39.6
64.9
97.0
53.0
33.8
22.8
11.1
3.4
9.7
0.7
440.0
169.4
95.1
77.2
106.7
72.3
Total para las seis grandes potencias
Colonias de las demás potencias (Bélgica, Holanda, etc.)
Semicolonias (Persia, China, Turquía)
Países restantes
40.4
 
 
 
 
273.8
 
 
 
 
65.0
 
 
 
 
523.4
 
 
 
 
16.5
 
 
 
 
437.2
 
 
 
 
81.5 
9.9
 
14.5
28.0
960.6
45.3
 
361.2
289.9
Toda la tierra
           
133.9
1.657.0(5)


EUROPA Y AMERICA LATINA


América Latina fue el campo predilecto de expansión europea desde el punto de vista demográfico, económico y financiero así como en el aspecto intelectual. Entre 1870 y la primera guerra mundial, millones de europeos emigraron hacia América del Sur, fundamentalmente a los países del Cono Sur, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay. En este período la población de la Argentina se quintuplica, la proporción de inmigrantes alcanza cerca del 40%. En 1914 en Argentina, de una población total de 7.888.000 habitantes, 2.358.000 son nacidos en el extranjero. En Brasil solamente en el período comprendido entre 1888 y 1898 la inmigración aporta 1.300.000 personas (6).

Desde las guerras de independencia se había iniciado la penetración financiera de Inglaterra a través de los empréstitos primero y luego, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, con empréstitos, inversiones directas y un desarrollado sistema bancario. Bien pronto Inglaterra fue seguida por otros países europeos.

Durante el período que tratamos la situación es la siguiente: En América Latina los bancos ingleses aventajaban en mucho a sus competidores europeos y norteamericanos por la extensión de su sistema. El consorcio bancario organizado alrededor del "London and River Plate Bank" cubría con sus actividades a Argentina, Uruguay, Chile y Brasil. El "London Bank of Mexico and South America" cubría a México, Perú, Colombia y Ecuador. La "Cortes Commercial and Banking Company" cubría a Nicaragua y América Central, lo mismo que a Colombia. El "AngloSouth American Bank" operaba en Chile, Bolivia, Argentina y Uruguay. "Un cuarto de los depósitos en Argentina y un tercio de los depósitos en Brasil eran canalizados y tenidos por los bancos ingleses. Estos eran capaces de distribuir dividendos que subían hasta el 20%" (7).

Todavía en 1915 la preponderancia de la banca inglesa era duramente resentida por los capitalistas norteamericanos, tal como lo expresa la comunicación de un funcionario del "First National City Bank" de Nueva York:

"Los bancos extranjeros sudamericanos y sus sucursales (de bancos británicos y alemanes) son agentes activos en la promoción de relaciones comerciales entre las repúblicas sudamericanas y sus países de origen. Estos bancos han entrado activamente en la vida industrial y económica de las comunidades en que están radicados. Han provisto moneda local para el desarrollo de los recursos de estos países; han financiado ferrocarriles, obras portuarias, servicios públicos y depósitos. Han sido instrumento para la formación de mercados en su sede de origen con destino a las materias primas producidas por América del Sur, y de tal manera han establecido bases para el intercambio recíproco de productos. Dinero de Inglaterra y de Alemania ha sido invertido libremente en el futuro de estos países. Inglaterra y Alemania, en los últimos veinticinco años, han colocado en la Argentina, Brasil y Uruguay, aproximadamente cuatro mil millones de dólares, y como resultado de ello disfrutan conjuntamente del 46 por ciento del comercio total de estos tres países.

"Para establecer un comercio provechoso y duradero en mercados hasta ahora intocados de países extranjeros, nos será necesario ayudar al desarrollo de estos países. Brasil, Colombia, Argentina, Chile, Perú y otras repúblicas sudamericanas tienen recursos naturales del mayor valor que esperan ser desarrollados. Si en los años por venir los Estados Unidos invierten su capital excedente en la consolidación de América del Sur sobre las mismas líneas que gobiernan la inversión de los países europeos en este campo, ello dará por resultado oportunidades comerciales que nos reportarán un beneficio muchas veces mayor que la inversión original" (8).

Alemania también extendió su actividad bancaria a América Latina como medio de penetración comercial y de inversiones. El "Deutsche Bank" creó en 1886 el "Ubersee Bank" para desarrollar negocios en Brasil, Chile y Argentina. El "Dresden Bank" agrupaba entre sus filiales al "Sud-Amerikamische Bank", fundado en 1906, con sucursales desde Méjico hasta Argentina. El "Diskants Gesells Chaft" se implantó en Venezuela, y en Colombia fue fundado en Medellín el Banco Alemán-Antioqueño en 1912 para apoyar en la pujante burguesía antioqueña la penetración del capital alemán (9).

En América Latina la banca francesa estaba representada fundamentalmente por el "Banque Francaise pour le Bresil" y el "Banque de l'Union Parisienne". En Colombia, el proyecto de implantación del banco "Dreyfus" de París, fracasó por la ingerencia norteamericana (10).

En cuanto a las inversiones directas, las inglesas eran también las primeras. Prácticamente no había un país en América Latina en donde no se encontrara invertido capital inglés en ferrocarriles, servicios públicos, productos de base, comercio, transporte o seguros. Su más amplia densidad de inversión estaba en Argentina, Brasil, Méjico, Chile y Uruguay. "En cuanto se refiere a nuestro país (Colombia), de los 750 millones de libras que constituyen la inversión de la Gran Bretaña en América Latina en ese mismo año (1914), corresponden a Colombia tan sólo unos 9 o 10 millones de libras, es decir, tan sólo el uno y medio por ciento del total para el Continente. Esta inversión, en términos de dólares, asciende aproximadamente al doble de la inversión estadinense de entonces" (11).

El siguiente cuadro nos ilustra sobre las inversiones inglesas en América Latina:


CUADRO No. 1


INVERSIONES BRITANICAS EN AMERICA LATINA


(En miles de libras esterlinas)
 

 
FIN 1880
FIN 1913
PAIS
Inversiones totales (valor nominal)
Fondos de Estado
Inversiones totales (valor nominal)
Fondos de Estado
Argentina
Bolivia
Brasil
Méjico
Chile
Uruguay
Colombia
Costa Rica
Cuba
Rep. Dominicana
Ecuador
Guatemala
Honduras
Nicaragua
Paraguay
Venezuela
Empresas operando en varios países
Bancos
Empresas de navegación
20.339
1.654
38.869
32.741
8.466
7.644
3.073
3.304
1.231
714
1.959
544
3.222
206
1.505
7.564
10.274
11.234
1.654
23.060
23.541
7.765
3.519
2.100
3.304
 
714
1.724
544
3.222
 
1.505
6.403
 
 
357.740
 
223.895
159.024
63.938
46.145
6.654
6.660
44.444
 
2.780
10.445
3.143
 
2.995
7.950
 
18.514
15.362
81.582
 
117.363
28.596
34.676
25.552
3.388
2.005
9.687
 
183
1.445
3.143
 
752
4.228
 
 
 
TOTAL
179.486
122.977
995.347
314.342

 


Fuente: F. J. Rippy. British Investments in Latin America. 1822-1949. Minneápolis, U. of Minnesota Press, 1959,

p. 25.

Por lo que respecta a Francia, sus inversiones eran particularmente activas en México, Argentina y Brasil; En 1913 el total de inversiones francesas en América Latina sumaba 8.375 millones de francos.

El siguiente cuadro nos ilustra sobre la magnitud de las inversiones francesas en América Latina en 1902 y en 1913:


CUADRO No. 2


INVERSIONES FRANCESAS EN AMERICA LATINA


(En miles de francos)
 

País
1902
1913
Argentina
Bolivia
Brasil
Chile
Colombia
Ecuador
Paraguay
Perú
Uruguay
Venezuela
Méjico
Cuba
Haití
Republica Dominicana
Costa Rica
El Salvador
Guatemala
Honduras
Nicaragua
Panamá
923.000
70.000
696.000
226.000
246.000
5.000
1.000
107.000
297.000
130.000
300.000
126.000
76.000
8.000
10.000
10.450
8.620
6.500
6.150
2.000.000
100.000
3.500.000
212.000
15.000
15.000
4.000
50.000
200.000
50.000
2.000.000
2.000
100.000
500
38.000
12.000
9.000
7.000
6.000
500
TOTAL
3.252.720
8.375.000


Fuente: Olivier Rostand. "L'Amérique Latine et la France: les apports francais au dévéloppement du continent". Notes el Etudes Documentaires (Documentation Francaise). No. 3084, 27 abril 1964, pp. 12-13.

Respecto a las inversiones francesas en América Latina, es bueno anotar que en muchos casos se disimulaban tras una razón social redactada en inglés o incluso se matriculaban como capital inglés para obtener el apoyo diplomático de aquella potencia. "Un ejemplo conocido de esta actitud que no compartían ni los anglosajones ni los alemanes, fue el de la compañía de luz y electricidad de La Paz, que, aunque íntegramente francesa por sus capitales y su personal, se llamaba 'Bolivian Rubber & General Enterprise'. Tal actitud contribuye a falsear toda estadística concerniente a los haberes franceses en el extranjero"(12). Un caso idéntico es el de la New Timbiqui Gold Mines, en Colombia (13).

Alemania, aunque llegada un poco tarde, trató de ganar el tiempo perdido frente a sus competidores europeos y norteamericanos. En vísperas de la primera guerra mundial sus inversiones en América Latina se elevaban a 836 millones de dólares, o sea el 11.6% del total, sus inversiones extranjeras (14).


EE.UU. Y AMERICA LATINA


Con el fin de la guerra de secesión, los Esta dos Unidos salieron de la crisis más grave de su historia y durante 25 años se consagraron a la colonización de su territorio, a desarrollar su equipo industrial y a acelerar su política de inmigración. En 1890 su producción industrial sobrepasaba en valor a la agricultura y desde 1894 la producción industrial alcanzó el primer rango mundial. Si en Europa la red ferroviaria pasa de 140.000 kms. en 1875 a 340.000 kms. en 1913, en los Estados Unidos entre las dos fechas ésta pasa de 120.000 kms. a más de 400.000 kms. "Entre 1850 y 1900, la inversión en ferrocarriles excede a la inversión en todas las otras ramas reunidas" (15) y la red de ferrocarriles cumple, además de la función de inversión, la de permitir la explotación de las tierras del oeste.

Terminada la colonización interior y con el crecimiento industrial y financiero para el capitalismo norteamericano se convirtió en necesidad el sobrepasar la "Frontera interior" y adquirir mercados para su industria y para colocar capitales.

En la primera mitad del siglo XIX la acción expansionista norteamericana se había ejercido en América Latina, sobre Méjico que había perdido gran parte de su territorio. En los años 50 las aventuras de Walker en Centroamérica habían contado con el apoyo tácito del gobierno norteamericano mientras aquel tuvo el triunfo de su lado (16). Sin embargo, la acción norteamericana no iba en el sentido de la anexión de territorios y los desembarcos o bloqueos de puertos fueron siempre transitorios, con el objeto de imponer un gobernante nativo, respaldar el cobro de una acreencia, etc.

En el año 1823, el presidente norteamericano Monroe, en un célebre discurso, sentó las bases de la política que lleva su nombre, la cual en su forma condensada era: "América para los americanos" sin intervención de los gobiernos extracontinentales La interpretación de esta doctrina no siempre fue uniforme por parte de los gobernantes norteamericanos y según las circunstancias fue refinándose en su interpretación en beneficio de Norteamérica que de hecho asumió el papel de gendarme internacional en América Latina. En el año de 1895, a propósito de un conflicto anglovenezolano relativo a los límites de la Guayana Británica, el Presidente Cleveland concretizó su fórmula de "monroísmo reforzado" en el sentido de que ninguna cuestión importante que interesara al continente americano podría arreglarse sin contar con los EE.UU. Teodoro Roosevelt refinó aún más la interpretación de la doctrina Monroe con el célebre "Corolario Roosevelt".

A propósito de un bloqueo de puertos venezolanos por parte de navíos de guerra ingleses y alemanes en el año 1902, los EE.UU. se opusieron a la intervención y en el mensaje que Roosevelt dirigió al Congreso de la Unión el 6 de diciembre de 1904 dijo:

"Todo Estado en el que el pueblo se conduzca bien, puede contar con nuestra cordial amistad. Todo lo que desea este país es ver reinar, en lo países vecinos, la estabilidad, el orden y la prosperidad. Si una nación demuestra que sabe actuar de manera razonable y decente, si mantiene el orden y cumple con sus obligaciones, no tiene que temer intervención de parte de los Estados Unidos. Pero debilidades repetidas y una carencia de poder que se traduzcan por un relajamiento general de los lazos de la sociedad civilizada pueden, en América como en otras partes, requerir en última instancia la intervención de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la doctrina Monroe puede empujarlos en tales casos flagrantes de falta o impericia, a ejercer, bien que a su pesar, un poder de policía internacional" (17).

Para hacer prevalecer sus intereses, los Estados Unidos intervinieron militarmente las siguientes veces en América Latina entre 1891 y 1912; todas en el Caribe, con la excepción del caso de Chile: 1891, Chile y Haití; 1895, Nicaragua; 1898, Puerto Rico y Cuba; 1899, Nicaragua; 1902, Venezuela; 1903, República Dominicana y Colombia; 1904, República Dominicana y Guatemala; 1906-1909, Cuba; 1907, República Dominicana; 1909-1910, Nicaragua; 1910, Honduras; 1911, Honduras; 1912, Nicaragua, Cuba, República Dominicana. "Hasta 1912 las intervenciones militares norteamericanas eran ocasionales, locales, específicas, puntuales por así decirlo; eran incursiones militares. A partir de 1912 el desembarco de infantes de marina se vuelve el preludio a la ocupación militar en tres países: Nicaragua (1912-1925 y 1926-1933), Haití (1915-1934) y la República Dominicana (1916- 1924)" (18).

La más clara manifestación de imperialismo anexionista fue la que se derivó de la guerra contra España (1898). El triunfo norteamericano y el tratado de París el 12 de agosto de 1898 dejaron como consecuencia el reconocimiento, por parte de España, de la Independencia de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Cabe simplemente observar que por diferentes medios los Estados Unidos adquirieron a partir de ese momento el dominio de las colonias perdidas por España. En el año de 1903 tuvo lugar el reconocimiento de la República de Panamá por los Estados Unidos. El tratado que se le impuso a Panamá, por el cual éste enajenaba una parte de su territorio en favor de los Estados Unidos para la construcción de un canal, es otra muestra clara de imperialismo expansionista.

En la expansión imperialista norteamericana sobre América Latina (con excepción del caso de Puerto Rico y del de la Zona del Canal) hay una constante: la ausencia de anexión territorial. Su acción imperialista que obedecía a los mismos móviles económicos, políticos y militares que la de las potencias europeas o el Japón tuvo también sus ideólogos como el Almirante Alfred Mahan, quien en 1890 publicó una obra ampliamente difundida: "The influence of sea power upon history". En ella se denunciaba la política aislacionista de los Estados Unidos y se proclamaba que éstos estaban destinados a intervenir en los asuntos mundiales. Así mismo, el misionero protestante Josiah Strong, en su obra "Our Country", publicada en 1886, proclamaba que la raza anglo-sajona había sido elegida por Dios para civilizar al mundo (19). Por su parte, el presidente Teodoro Roosevelt "consideraba los problemas debatidos en las campañas de 1898 y 1900, el problema de la circulación y el de la expansión americana en ultramar después de la guerra hispano-norteamericana, como 'dos grandes problemas morales'. En la Convención del Partido Progresista, en 1912, el estribillo que se entonó fue: 'Adelante, soldados cristianos'; el mensaje de Roosevelt fue: 'Una profesión de fe' y terminaba recordando a su auditorio: 'Estamos en el Armagedón y lucharemos por el Señor'" (20).

En general la respuesta de los gobiernos latinoamericanos frente a las intervenciones de los Estados Unidos fue débil. Esto en razón de los escasos medios militares con que contaban, pero sobre todo debido a la actitud de las clases dominantes de Latinoamérica y a sus gobiernos colonizados culturalmente y cuyos intereses económicos estaban, en muchos casos, íntimamente ligados a los intereses del capital extranjero. A la política de intervención norteamericana, a la política del "gran garrote" preconizada por Roosevelt o a la política de la "diplomacia del dólar" sólo un sector de la élite cultural se opuso con un anti-imperialismo de tipo literario. El nacionalismo se convirtió entonces en el tema de una literatura comprometida a principios del siglo. Así, el uruguayo José Enrique Rodó publica en 1900 el Ariel, el nicaraguense Rubén Darío la Oda a Teodoro Roosevelt, el cubano Martí la revista "Nuestra América", el argentino Manuel Ugarte "El destino de un continente" (21) y el popular panfletista colombiano Vargas Vila su libelo "Contra los Bárbaros del Norte". Sin embargo, estas expresiones literarias que manifestaban el sentimiento de amplios sectores de la población latinoamericana, no tenían una consistencia científica y no iban más allá de un emotivo llamado anti-yanqui.

Los Estados Unidos ejercieron su acción económica en América Latina a través de la inversión directa, los préstamos, la red bancaria y el comercio. Sus intereses estaban concentrados fundamentalmente en la región del Caribe y en vísperas de la primera guerra mundial los, capitales norteamericanos en Latinoamérica eran los segundos después de los ingleses. En cifras eran las siguientes:


CUADRO No. 3


ESTADOS UNIDOS: INVERSIONES DIRECTAS EN AMERICA LATINA, POR PAISES


(Millones de dólares al final del año)
 

País
1897
1908
1914
Cuba
Haití
Rep. Dominicana
México
Cota Rica
El Salvador
Guatemala
Honduras
Nicaragua
Panamá
Argentina
Bolivia
Brasil
Colombia
Chile
Ecuador
Paraguay
Perú
Uruguay
Venezuela
43.5
 
1.5
200.2
3.5
 
6.0
2.0
 
9.7
0.7
 
1.0
9.2
1.0
3.0
 
7.0
 
2.0
184.1
5.0
1.0
416.4
17.0
1.8
10.0
2.0
1.0
6.1
1.0
 
 
10.8
31.0
6.0
 
23.0
 
3.5
252.6
10.4
11.0
587.1
21.6
6.6
35.8
9.5
3.4
12.7
12.0
2.0
3.0
24.0
170.8
7.6
5.0
58.0
 
6.5
TOTAL
304.3
748.8
1.275.8

 


Fuente: CEPAL. El financiamiento externo de América Latina, N. York, ONU, 1964, p. 13, T. 13.

 

1.
 Pierre Renouvin, Dir. Histoire des Relations Internationales:T. VI, Le XIX Siecle, II. De 1871 a 1914; L'Apogée de L'Europe. (París, Hachette, 1955), p. 17.
2.
Pierre Milza. Les Relations Internationales de 1871 a 1914. (París, Armand Colin, 1968), p. 94.
3.
Lenin. L'Imperialisme, Stade Supreme du Capitalisme. (Pekín, Editions en Langues Etrangéres, 1969), p. 95.
4.
Pierre Renouvin, Op., cit., p. 129.
5.
Lenin, Op. Cit.
6.
Pierre Renouvin. Op. cit., pp. 291-292.
7.
Lesile Manigat, L'Amérique Latine au XX Siecle: 1889-1929. (París, Editions Richelieu, 1973), p. 84.
8.
Citado por: Harry Magdoff. L'age de l'impérialisme. (París, Maspero, 1970), p. 67.
9.
Jorge Franco Holguín. Evolución de las instituciones financieras en Colombia. (México, Centro de Estudios Monetarios, 1966), pp. 19 y ss.
10.
Ver a este respecto el capítulo III.
11.
Héctor Melo. Observaciones sobre el papel del capital extranjero y sus relaciones con los grupos locales de capital en Colombia. (Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Centro de Investigaciones para el Desarrollo, 1973), p. 3. (mimeo).
12.
"L'Amérique Latine et la France: Les apports Francais su dévéloppement du continente". Notes et Etudes Documentaires, No. 3.084, 27 avril 1964.
13.
Véase Capítulo II.
14.
Leslie Manigat, Op. cit., p. 89.
15.
Paul A. Baran y Paul M. Sweezy. Le Capitalisme Monopoliste. (París, Maspero, 1970), p.201.
16.
Ver: Isidoro Fabela. Buena y mala vecindad. (México; Editorial América Nueva, 1958), pp. 101-144.
17.
Citado por Leslie Manigat, Op. cit., p. 334.
18.
Ibid., p. 339.
19.
Claude Julien. L'Empire Americain. (París, Le livre de poche, 1973), p. 71.
20.
Edward C. Kirkland. Historia Económica de Estados Unidos. (México, Fondo de Cultura Económica, 1941), p. 587.
21.
Tulio Halperin Donghi. Historia Contemporánea de América Latina. (Madrid, Alianza Editorial, 1969).
Comentarios (0) | Comente | Comparta c