Capítulo IV
 

BAMBALINAS DEL CANAL DE PANAMA
 

Lenguaje diplomático es sinónimo de tacto, de discreción y se practica para acercar contendores, esconder impresiones, traslucir presiones, etcétera. Es convenido que cuando existen relaciones diplomáticas se mantiene la ficción de igual dad entre Estados y aun en el caso de que uno quiera imponerse a otro u otros, mientras la relación subsiste a ese nivel, conserva un lenguaje de conveniencia del cual sólo se sale como preludio al recurso de la fuerza.

Por el contrario, el lenguaje de las potencias con las autoridades títeres de los pueblos coloniales o sobre los que ejercen un protectorado no está limitado por la forma diplomática y, como no hay nada que encubrir, la intención del Estado dominante se manifiesta como una orden con recurso inmediato al ejercicio de la fuerza, pues no existe la ficción de relación entre iguales, sino la realidad escueta de la jerarquía y de la dependencia.

La relación entre Colombia y los Estados Unidos, a pesar de la ficción de que se trata de pueblos libres, independientes y soberanos, se ha ejercido en el segundo sentido y de ello da testimonio la documentación que sobre el período de finales del siglo XIX se encuentra en el Quay d' Orsay.

A propósito del Tratado que se negociaba en 1870 entre los Estados Unidos de América y los Estados Unidos de Colombia, sobre la eventual apertura de un canal por el istmo de Panamá, el 17 de enero de 1870 el cónsul general de Francia en Bogotá, escribió desde allí al ministro des Affaires Etrangeres de ese país para darle cuenta de que a la fecha se habían realizado tres conferencias entre los plenipotenciarios colombianos, señores Justo Arosemena y Jacobo Sánchez y el general Hurlburt, ministro de los Estados Unidos en Bogotá, con miras a firmar el tratado. El lenguaje y los argumentos empleados por el plenipotenciario norteamericano los describe así el diplomático francés en dicha comunicación:

"… Según informes muy confidenciales que me han dado y de cuya sinceridad no tengo ningún motivo para dudar, el general Hurlburt habría entablado la discusión declarando desde el comienzo que él no es diplomático sino militar y que por lo tanto hablaría con la más absoluta franqueza. En seguida habría añadido que su gobierno tiene necesidad de un canal que atraviese el istmo de Panamá, que quiere tenerlo y que lo tendrá; que geográficamente el istmo no debe pertenecer a Colombia porque ese territorio forma parte de la América Central (República de Costa Rica); que políticamente el istmo le pertenece aún menos, ya que el gobierno de Bogotá no está en condiciones de dar seguridad al paso, ni es capaz siquiera de hacer respetar su autoridad. El general habría dejado entender que si le ponían muchas dificultades, su gobierno podría entenderse directamente Con el Estado de Panamá.

"Parece que este lenguaje habría hecho una profunda impresión a los plenipotenciarios colombianos, quienes no tardaron en ponerse de acuerdo con el general Hurlburt.

"El tratado no ha sido firmado todavía, pero puede serlo de un momento a otro. Espero poder enviar a vuestra excelencia el texto en el próximo correo.

"Queda aún obtener la aprobación del Congreso, que debe reunirse dentro de algunos días; tal aprobación no parece improbable, pues no sería prudente rechazar en esta oportunidad las proposiciones del gobierno americano que ha dado a entender que es la última vez que hace negociar esta cuestión en Bogotá. Y hay que añadir también que el general Hurlburt no esconde que está dispuesto a añadir a los razonamientos ya empleados por él, argumentos irresistibles en este país para asegurarse la benevolencia de los miembros del Congreso y probarles de una manera palpable las simpatías del gobierno de los Estados Unidos para con ellos" (1).

Una vez que se firmó el tratado y pasó al Senado de la República para ser discutido, los argumentos que utilizó el gobierno norteamericano fueron los mismos, como se desprende de la comunicación del cónsul general de Francia en Bogotá al ministro des Affaires Etrangeres el 16 de marzo de 1870:

"...El único hecho digno de anotar es que nadie acepta el Tratado tal y como fue firmado por los plenipotenciarios y cada uno propone sus modificaciones.

"Mientras tanto, el gobierno ha pedido una sesión se creta en la cual ha dado lectura de un despacho que el general Acosta, ministro de Colombia en Washington, acaba de enviar a Bogotá, para informar que le parece que el gobierno americano está decidido a abrir el Canal de Panamá, con o sin la aprobación del Congreso de Colombia y que este gobierno parece dispuesto a favorecer, si es necesario, la separación del Estado de Panamá, con el cual le sería fácil tratar. Era lo que había dado a entender aquí el general Hurlburt, plenipotenciario americano, durante la negociación del Tratado, según tuve el honor de comentarlo en mi carta del 7 de enero último (Dirección Política, Nº 9). La discusión ha continuado después de esta comunicación y se prolongará, sin duda, algunas semanas, pues parece haber poca prisa de llegar a una conclusión.

"A pesar de todas las demostraciones hostiles al Tratado del 26 de enero, no creo que sea rechazado por la Asamblea. Es posible que para terminar y para convencer a los más porfiados, el gobierno americano se decida a hacer un sacrificio de dinero que allanará las dificultades. Parece que este método, que sería extraño en cualquiera otro sitio, no es insólito en este país; se le considera muy eficaz y se queda rara vez sin efecto" (2).

En cada una de estas comunicaciones hay una alusión que no se debe dejar pasar inadvertida y es la que habla de los métodos que los Estados Unidos irían a emplear, además de la intimidación, para obtener el beneplácito de los senadores colombianos, pues en ella va implícito que el soborno no era extraño a las decisiones tomadas. Este método parece que era una idea fija de los diplomáticos norteamericanos, como lo atestigua el mensaje que el general Peter A. Sullivan, ministro de los Estados Unidos en Bogotá, envió a su gobierno con motivo del protocolo que sobre el Canal se firmó el 14 de enero de 1869 entre Colombia y los Estados Unidos; "con algo de dinero del Servicio Secreto que se gastará en Bogotá, es tal vez posible manejar la cosa fácilmente en el Congreso colombiano" (3).

Ahora bien, respecto a los negociadores colombianos del Tratado, a quienes el lenguaje el general Hurlburt "habría hecho una impresión profunda", la comunicación del cónsul general de Francia en Bogotá, al ministro des Affaires Etrangeres el 15 de noviembre de 1871, puede aclarar un poco el papel de uno de ellos, el señor Justo Arosemena:

"... El señor Arosemena ha terminado sus funciones diplomáticas y ha representado a su país en las repúblicas del Pacífico. Vive desde hace muchos años en Nueva York, donde se casó. Partidario de las instituciones americanas, él quisiera que predominara en Colombia la influencia de los Estados Unidos del Norte. Ha sido acusado durante la discusión del Tratado sobre la apertura del istmo del Darién que firmó el 26 de enero de 1870, de haber cedido mucho a las aspiraciones del plenipotenciario americano, en detrimento de los intereses colombianos, y, por este motivo, el cargo de ministro plenipotenciario en Washington, que le había sido prometido, fue dado al señor Santiago Pérez, cuyas simpatías por los Estados Unidos no son muy marcadas. El señor Arosemena pertenece al partido liberal moderado" (4).

Tras la discusión en las dos cámaras colombianas, el Tratado se aprobó con sustanciales modificaciones y se firmó en Bogotá el 8 de julio de 1870. Empero, las largas discusiones en las cámaras colombianas eran fuegos fatuo puesto que las verdaderas intenciones de Norteamérica se manifestaban claramente en el chiste de su ministro en Bogotá, que relata el representante diplomático de Francia en esta ciudad, en comunicación al ministro de Relaciones Exteriores de su país, el 17 de mayo de 1870:

"Señor Conde:

"La discusión relacionada con el Tratado para la apertura del istmo de Panamá continúa en el Congreso de Colombia y hace pocos progresos... Mientras tanto la comisión americana encargada de la exploración del istmo adelanta sus trabajos con rapidez y el ministro dice bromeando que el Canal se terminará antes de que el Senado de Bogotá haya terminado sui deliberaciones" (5).

Este comentario tiene un extraño parecido con las palabras que el expresidente Theodoro Roosevelt pronunció en la Universidad de Berkeley en el año 1911 y que son indicativas de la forma como los círculos imperialistas norteamericanos concebían la relación entre otros Estados y las propias instituciones de su país:

"Estoy interesado en el Canal de Panamá porque yo le di principio. Si hubiera seguido los métodos tradicionales y conservadores habría sometido al Congreso un serio documento de Estado de unas doscientas páginas, que aún se estaría discutiendo; pero tomé la Zona del Canal y dejé que el Congreso debatiera, y mientras sigue el debate la obra avanza también" (6).


La diplomacia de Mr. Dichman
 

En el año de 1878 hubo cambio de ministro diplomático norteamericano en Bogotá. El nuevo funcionario encargado por los Estados Unidos era un tal Mr. Dichman, Vinculado a la Marina de su país y con experiencia no muy recomendable en los negocios.

El cónsul general de Francia en Bogotá, en la comunicación que dirigió al ministro des Affaires Etrangeres el 9 de octubre de 1878, daba cuenta de la llegada del diplomático americano a Bogotá en la siguiente forma:

"Señor ministro:

"Tengo el honor de comunicar a vuestra excelencia que el señor Ernest Dichman presentó el 4 de este mes al presidente Trujillo una carta autógrafa del presidente Hayes que lo acredita como ministro residente de los Estados Unidos en Colombia...

"El señor Dichman, que perteneció a la Marina de los Estados Unidos, llegó aquí precedido de una muy triste reputación. Los periódicos de Nueva York han propalado acusaciones muy graves contra él, y uno se asombra de que el presidente Hayes lo escogiera para representar a su gobierno.

"Por lo demás, él se ha apresurado a visitarme, luego de su audiencia presidencial, y posteriormente le de volví la atención" (7).

Doblemente activo, el señor Dichman, pues para ello era militar y hombre de negocios, se dio en hacer, propuestas para cazar ingenuos en el país. Veamos lo que al respecto dice el cónsul general de Francia en Bogotá, al ministro des Affaires Etrangeres de su país, en comunicación del 9 de diciembre de 1878:

"Señor ministro:

"El nuevo representante del gobierno de los Estados Unidos en Bogotá se preocupa mucho por atraer las simpatías del público colombiano y adquirir influencia... Si las personas poco perspicaces se dejan seducir por el lenguaje del señor Dichman, aquellas familiarizadas con estos asuntos sienten por él un sentimiento diferente al de la simpatía y vuestra excelencia ha podido ya Constatar, por el contenido de mi despacho del 24 de noviembre, cómo ese lenguaje está lejos de haber producido en los miembros del gobierno el efecto que él esperaba" (8).

Sin embargo, la acción del representan de los Estados Unidos no se circunscribió a simples propuestas y con su actuación de funcionario colonilista valoraba a las autoridades del país como simples títeres. Dejó de lado todo comportamiento formal para manifestar por medio del insulto el concepto que le merecían Colombia, sus autoridades y los demás pueblos latinoamericanos. En la comunicación enviada desde Bogotá el día 7 de agosto de 1881, el cónsul general de Francia relató con detalles el "incidente" al ministro des Affaires Etrangeres:

"Señor ministro:

"Un incidente, que no quiero calificar pero que puede tener consecuencias graves, ocurrió ayer en los despachos del Secretario de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública. Tal incidente causó aquí mucha irritación, como lo podrá juzgar vuestra excelencia por la lectura de las informaciones que le adjunto, dadas por los periódicos 'El Deber' y 'El Conservador' (folios Nos. 1 y 2).

"El señor Dichman, ministro residente de los Estados Unidos de América, al saber que el gobierno colombiano se había quejado a Washington de su conducta oficial y había expresado el deseo de que fuera retirado, perdió la compostura hasta el punto de insultar de la manera más ofensiva, de amenazar y hasta de retar a duelo al honorable señor Becerra, quien hace unos días renunció a la Secretaría de Relaciones Exteriores que ejerció durante los últimos seis meses, siendo aún la persona encargada del despacho de Instrucción Pública. Además, el señor Dichman pretende estar autorizado por el señor Blaine para decidir si el honor y la dignidad de los Estados Unidos permitirían que su sucesor presente cartas credenciales.

"Como consecuencia de esta autorización, confirma da por lo alto, el incidente toma un giro que me obliga a informar a vuestra excelencia. Lo hago según unas notas que resumen una entrevista particular que tuve con un testigo, cuya veracidad e imparcialidad me inspiran toda la confianza.

"Para que usted entienda bien los hechos, me tomo la libertad de observarle:

"1) Que el antecesor del señor Becerra en la Secretaría de Relaciones Exteriores estaba completamente dominado por el señor Dichman e influído por las ideas más proamericanas que este último profesa, sin duda en su calidad de ciudadano de origen alemán, cuyos servicios electorales lo han llevado a ser agente diplomático.

"2) Que el gobierno de Colombia ha creído su deber, en el mes de abril último, dirigir al de los Estados Unidos sus quejas motivadas, según las cuales la presencia del señor Dichman podría alterar las buenas relaciones que existían entre las dos naciones.

"3) Que" el señor Blaine habría contestado, según copia de su carta, que me ha sido proporcionada y que yo he traducido, que el nuevo presidente había previsto el reemplazo del ministro actual, que deploraba los hechos ocurridos y que haría todos los esfuerzos necesarios para que se mantuviera la cordial amistad que unía a los dos países. Y

"4) Que luego de la respuesta mencionada arriba, el señor Blaine habra dado al señor Dichman, según este último, instrucciones para cesar toda relación diplomática con Colombia.

"El viernes pasado por la tarde, el señor Dichman fue a la Secretaría de Relaciones Exteriores y luego de haberse informado con el jefe de la cartera sobre ciertos asuntos pendientes, comenzó a quejarse del señor Becerra, acusándolo de haber enviado contra él falsos informes a Washington sin el conocimiento del presidente Núñez, hasta el punto de hacerlo llamar. Después, animándose poco a poco, profirió contra el, antiguo secretario de Relaciones Exteriores, toda clase de ultrajes y amenazas. Su interlocutor, que buscó calmarlo en distintas formas, terminó por exigirle que pusiera fin a este lenguaje, ya que su posición no le permitía tolerárselo Entonces balbució una excusa agregando: 'Lea este papel para compro bar el caso que el señor Blaine ha hecho de las innobles denuncias del señor Becerra y de su gobierno'. Era copia de una carta del secretario de Estado, cuyo contenido se resume así:

"El presidente de los Estados Unidos se asombró mucho de las quejas dadas contra usted, ya que él pensaba que usted tenía muy buenas relaciones con el gobierno de, Bogotá. Nosotros no tenemos sino que felicitarlo por la manera como usted se ha desempeñado en su misión y comunicarle que le está reservada una posición importante en la administración central a su regreso. Usted debe decidir si el honor y la dignidad de los Estados Unidos permiten que a la llegada de su sucesor él pida una audiencia para presentar credenciales o deje Bogotá con usted.

"Mientras el señor Uricoechea leía la carta en cuestión, el señor Dichman continuó hablando encolerizado contra Colombia y contra las pequeñas repúblicas hispanoamericanas las cuales deben, según él, aceptar por la razón o por la fuerza todas las consecuencias de la doctrina Monroe. Añadió, entre otras cosas, que habría que tratar al gobierno de Colombia como había sido tratado el de Venezuela, para obligarlo, como le ocurrió a este último, a solicitar de rodillas el restablecimiento de las relaciones con los Estados Unidos.

"Cuando decía estas cosas, vio al señor Becerra, quien llegaba a la Secretaría de Instrucción Pública. Se fue detrás de él, entrando a su despacho sin ser anunciado y sin quitarse el sombrero, y lo apostrofó con un tono insolente y amenazador, mientras palmoteaba con un papel que tenía en la mano. 'Lea este documento, que prueba sus infamias y las de su gobierno, e infórmeme de lo que usted ha escrito sobre mí'. 'Yo -contestó el señor Becerra- no tengo cuentas qué rendir sino a mi gobierno y le ruego que no siga insultándolo en mi presencia; si usted no tiene nada que hacer en la Secretaría de Instrucción Pública, lo invito a que se vaya; en cuanto a las explicaciones que me pide, diríjase a mi colega de Relaciones Exteriores'.

"Nuevos insultos y provocaciones para batirse en duelo por parte del señor Dichman, quien gritó agitando de nuevo el papel que tenía en la mano: 'Si supiera usted, lo que encierra, pero no quiero tener nada más que ver con esta cuadrilla...'. 'Basta, señor Dichman, dijo el señor Becerra interrumpiéndolo. Usted sobra aquí. Y le mostró la puerta.

"Así terminó este incidente, tan deplorable como vergonzoso. No le doy gran importancia y me abstengo de comentarlo, porque me inclino a suponer que el señor Dichman actuó en esta ocasión empujado por resentimientos y rencores personales que le hicieron olvidar su posición oficial. Sin embargo, no he querido callarlos, máxime cuando algunas personas parecen sospechar que esconde una intención premeditada para forzar al gobierno colombiano a tomar una medida severa, lo que proporcionaría a los Estados Unidos una ocasión favorable para romper relaciones con Colombia, con el objeto de asustarla y volverla así más manejable" (9).

La "historia oficial" ignora este "incidente" y se refiere así a la misión del señor Dichman:

"La misión del señor Han coincidió con la solicitud ante la Secretaría de Estado (abril 29 de 1881) de la remoción del ministro Dichman, acusado por el gobierno colombiano de intervenir en la política interna y de presentar proyectos extraños y sugestiones de índole privada, dignos de un calificativo menos circunspecto, reduciendo el acuerdo entre los dos gobiernos -según concepto del secretario de Relaciones Exteriores, doctor Becerra- a un negocio de granjería par que lo usufructuaran los pueblos y sus gobernantes. Dicho diplomático no había tenido inconveniente en expresarse desfavorablemente sobre la moralidad de personalidades panameñas y de inmiscuírse en los negocios internos del país" (10).


La ayuda de los Estados Unidos
 

No sin cierta gracia e ironía, el cónsul general de Francia en Bogotá, en comunicación del 14 de abril de 1883 al ministro des Affaires Etrangeres daba cuenta de algunos aspectos de la cooperación cultural colombo-americana, plasmada en la donación hecha por el ministro americano en Bogotá, de algunos libros para la Biblioteca de la ciudad:

"Señor ministro:

"El ministro de los Estados Unidos en Bogotá, a nombre de su gobierno ofreció a la Biblioteca de esta ciudad, ciento diecinueve libros sobre estadística, finanzas, comercio, legislación, etcétera. Con tal motivo, la Secretaría de Relaciones Exteriores envió al señor Scruggs agradecimientos más calurosos que merecidos. Se trata de una serie de viejos documentos oficiales que datan de diez años en su mayoría; son de esos libros que abúndan en las reventas de libros de Washington y Nueva York, donde se venden al peso o al precio de papel usado. Colombia no ha sido, sin embargo, la única en gozar de la magnificencia de la gran república americana. Envíos de documentos de igual naturaleza y del mismo valor han sido hechos recientemente a otras repúblicas de la América española, repúblicas que el gobierno de Washington se obstina en proteger a pesar de ellas" (11).

La cooperación norteamericana no se circunscribía al campo cultural. Desde esa época se practicaba ya, con diferentes versiones represivas la ayuda militar:

"Despacho telegráfico

"Desciframiento

"Bogotá, 3 de enero de 1889

"El ministro de Estados Unidos ofreció al gobierno colombiano enviar un navío de guerra al istmo caso de que la situación financiera de la compañía del canal interoceánico crease disturbios en Panamá. Estos ofrecimientos han sido rechazados por el momento (12).


La actitud del gobierno colombiano
 

Es indudable que la diplomacia americana, como exponen de los círculos imperialistas de su país, actuaba en forma impositiva, prácticamente dando órdenes a los gobernantes colombianos y recurriendo al chantaje de la fuerza para que se sancionara con el ropaje jurídico su designio manifiesto. No debe olvidarse, sin embargo, que los sectores dominantes en Colombia tampoco oponían resistencia y se circunscribían al papel de mandatarios con un cierto fatalismo que les ser vía para encubrir su falta de resistencia. Sin acudir a otros documentos, en los acá citados se puede ver muy claro que las amenazas americanas encontraban eco en la pusilanimidad de las autoridades nacionales de Colombia. El chantaje del general Hurlburt "habría hecho una impresión profunda sobre los plenipotenciarios colombianos, quienes no tardaron en ponerse de acuerdo". Si el Senado colombiano dudaba en cuanto a la aprobación del Tratado, el gobierno le hacía conocer el chantaje americano y el Senado cedía. Si el plenipotenciario Arosemena era decididamente pronorteamericano, se le castigaba con la embajada en Londres. Y si el ministro Dichman invadía la oficina de un ministro colombiano, lo insultaba e insultaba a su gobierno y a su pueblo, el funcionario colombiano como protesta se ponía el sombrero y su gobierno se ponía a esperar tranquilamente la llegada de otro embajador del gobierno amigo.


Las fuentes
 

La fuente acá citada como base es la correspondencia de los diplomáticos franceses en Bogotá, lo cual puede tener implicaciones que no deben dejarse de lado. De una parte, puede decirse que los diplomáticos franceses estaban interesados en desacreditar la gestión de sus homólogos norteamericanos, debido sobre todo a la in tensa rivalidad que en ese momento se presentaba a propósito del Canal de Panamá. En efecto: el Tratado firmado entre los plenipotenciarios colombianos y norteamericanos el 26 de enero de 1870, con las modificaciones que le introdujo el Congreso colombiano, fue aprobado por medio de la ley 97 de julio de 1870. No obstante, los Esta dos Unidos dejaron correr el tiempo necesario para la aprobación y ratificación del Tratado y debido a ello el ejecutivo colombiano fue autorizado por la ley 33 de 1876 para negociarla apertura de un canal interoceánico de acuerdo con las estipulaciones de dicha ley. Entretanto, el gobierno colombiano celebró un contrato al respecto con el ciudadano francés Lucien Napoleón Bonaparte Wyse transfirió su derecho a la Compagnie Universelle du Canal Interoceanique du Panama, dirigida por Lesseps y, con base en ello, esta compañía francesa inició trabajos en el istmo, los cuales fueron suspendidos por la disolución de la compañía, decretada por el tribunal civil de La Seine el 4 de febrero de 1889 (13). Sin embargo, esta circunstancia, desde el punto de vista de las fuentes históricas, puede constituirse también en un hecho positivo, pues la rivalidad franco-americana constituía al diplomático francés en un atento observador de todo lo que hacía su colega americano, lo llevaba a ser más detallado en sus informaciones y a escribir lo que muchas veces se sabe y se dice, lo que nunca se deja consignado en la prensa o en los libros a causa de sus implicaciones. El hecho de ser secreta la correspondencia diplomática, le permitía al funcionario expresarse con libertad sobre lo que por diferentes métodos había inquirido. En este caso, como en todos, la correspondencia diplomática ofrece una interesante base de documentación y su uso exclusivo constituye una fuente parcial pero no necesariamente parcializada. Por lo demás, en cuanto a la acción y a la política norteamericanas, la historia ha comprobado cuál fue el resultado.
 

1.
Archivos del Ministere des Affaires Etrangeres (MAE) de France. Colombie, Correspondance Politique, 1870-1876, Vol. 32, pp. 9-16.
2.
Ibid., pp. 50-52.
3.
E. Taylor Parks, Colombie and the United States, 1775-1935. Durhan, N. C. Duke University Press, 1935. En Eduardo Lemaitre, Panamá y su separación de Colombia; una historia que parece novela, Bogotá, Biblioteca Banco Popular, 1971, p. 95.
4.
Archivos del MAE de France. Colombie, Correspondance Politique, 1870-1876, Vol. 32, pp. 116-119.
5.
Ibid., pp. 58-59.
6.
Alvaro Rebolledo, El Canal de Panamá.
7.
Archivos del MAE de France. Colombie, Correspondance Politique, 1877-18 Vol. 33, pp: 167-168.
8.
Ibid., pp. 182-183.
9.
Ibid., pp. 335-340.
10.
Raimundo Rivas, Historia diplomática de Colombia (1810- 1934), Bogotá, Ministerio de Relaciones Exteriores, 1961, p. 504.
11.
Archivos del MAE de France, Colombia, 1882. Correspondance Politique, 1882-1885, Vol. 34, pp 51-56.
12.
Archivos del MAE de France, Colombie Correspondance Politique 1886-1891, Vol. 35, p. 237.
13.
Jean Bouvier, Les deux scandales de Panama, Mesnilsur l' Aestree, Colection Archives dirigée par Pierre Nora, 1964, p. 124.
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