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CAPITULO XVII
Muerte del artista Gregorio Vásquez CeballosSu partida de bautismoNoticia sobre su vida¿Dónde está su sepulcro?La casa en que habitó VásquezOrdenanza que honró su memoriaAutorretrato de Vásquez. Uno de sus más notables cuadrosLatines del pintorInterpretación de UrdanetaMedallón en la Escuela de Bellas ArtesJuicios acertados sobre VásquezLos genitores de la pintura en la ColoniaPuente de Bosa, sobre el río TunjueloMuerte del Arzobispo Cosio y OteroEl Presidente don Francisco Meneses de Sarabia y BravoOtra lucha entre el Cabildo eclesiástico y la AudienciaCuriosos detallesConspiración contra el Presidente MenesesGracioso manuscrito La BrujaCausa y muerte de MenesesCantinelas popularesGobiernos interinos de Infante de Venegas y del Arzobispo Rincón.
OCURRIÓ el mismo año de 1711 el fallecimiento del más notable pintor de aquella época: Gregorio Vásquez Ceballos, el ilustre maestro cuyas obras son uno de los mejores ornatos de nuestros templos y preciadas joyas de algunas colecciones de pinturas de propiedad particular.
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Gregorio Vásquez Ceballos.
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Nació Vásquez en Santafé de Bogotá el 9 de mayo de 1638, un siglo después de la fundación de la ciudad. Dice la partida de bautismo, que se encuentra en el libro 30 de nacimientos de la Catedral, a la foja 79 vuelta:
En Santafé a 17 de mayo de 1638 años, yo Alonso Garzón de Tahuste, Presbitero, cura rector de esta santa Iglesia Catedral, bautizó, puse óleo y crisma a GREGORIO que nació a nueve días de dicho mes y año, hijo legítimo de Bartolomé Vásquez y María de Ceballos, su mujer, vecinos de este feligresado; fué su padrino Pedro de Salazar Falcón, vecino de esta ciudad, de que doy féAlonso Garzón de Tahuste.
Al margen se halla también una nota rubricada (que se conoce fue de aquel tiempo, sin nombre) que dice: Este es el célebre v famoso pintor que hizo entre otras las que se hallan en la Capilla del Sagrario de la Catedral.
La copia de esta partida la expidió el Cura José Indalecio Pérez, en 1850, junto con la nota que está al margen.
Creció Vásquez en hogar honorable, pero rodeado de privaciones; su padre le envió al taller de pintura de Baltasar de Figueroa, el más afamado pintor de aquel tiempo, por haber notado la afición que Vásquez tenía al arte de la pintura
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No tardó mucho el alumno en sobrepujar al maestro. La gracia y verdad de sus composiciones; la pureza de su dibujo; el tinte angelical y deleitoso con que bañaba sus obras, excedían a todo lo que hasta entonces se había visto ejecutar en la pacífica Santafé, y bien pronto el enseñado fue maestro, y maestro fecundísimo, y Figueroa viose de repente destronado por el que poco antes había entrado en su estudio, trazando indecisas líneas en que se reflejaba la timidez, como bullían el genio y la inventiva
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Pronto alcanzó Vásquez merecido renombre, y separado de Figueroa
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, su genio llamó la atención de aquella sociedad colonial que carecía aún de gusto estético y que en su mayoría no apreciaba el mérito del pintor santafereño, el cual observaba en sus cuadros, algunas veces, las reglas del arte con tal perfección como si hubiese hecho estudio de ellas en los adelantados obradores de los maestros europeos.
Vásquez fundó hogar en Santafé, y tuvo una hija en su matrimonio; a ella y a Juan Bautista, su hermano, les enseñó a pintar, y son ellos los autores de muchos cuadros de escaso mérito que se atribuyen al maestro. Se ha hecho la juiciosa observación de que él mismo dejó obras acabadas, y otras en que trabajó con descuido, dado el destino que tenían
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Vásquez sufrió de demencia en los últimos días de su vida, según se refiere, y confirma la inscripción que se lee en un cuadro del martirio de San Crisanto, del templo de Santo Domingo, que él pintó y firmó en 1675; la que dice: Comulgó, enloqueció y murió año de 1711.
¿Dónde fue sepultado Vásquez? Su biógrafo, señor Groot, no halló datos serios sobre el asunto; el señor Mejía opina que fue sepultado al pie del altar donde está colocada su última obra, fundado en la opinión de los Padres candelarios, quienes creen que los restos del artista se confundieron con los muchos cadáveres sepultados en el suelo de su iglesia; y el malogrado artista don Alberto Urdaneta, dueño de un manuscrito, Memorias de un santafereño, que consultó don Lázaro M. Girón, encontró en él la importantísima noticia, incidental en el mamotreto, y que estimó en todo su valor, de que el ilustre pintor fue sepultado en la vieja Catedral, cuyo piso, al reconstruirla, ocultó la tumba del dueño de la más brillante paleta de América, en aquellos tiempos, afortunado rival del artista quiteño Miguel de Santiago, su contemporáneo, el más distinguido de la hermana y vecina República del Ecuador.
Por noticias recogidas en el manuscrito indicado, podemos copiar las siguientes líneas sobre tan importante asunto, que dan luz completa sobre el sitio de la tumba de aquél genio de la pintura
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Saliendo de la sacristía de loa canónigos, en la iglesia Catedral, a mano IZQUIERDA, en la PRIMERA capilla, frente a la capilla DE LA VIRGEN DE LOS DOLORES, frente al principal altar, hay un sepulcro cubierto con una losa grande, y Nicolás León, que era el maestro arquitecto que dirigía la obra, me dijo el año de 21 que ese sepulcro era en donde estaba tal Arzobispo (¿ cuál ?) y como a los pies de él, arrimado a la pared a la mano IZQUIERDA del celebrante que diga misa, están los huesos del famoso pintor Gregorio Vásquez, y esto que refiero lo vi el año indicado. Sobre esos sepulcros se echó tierra, se igualó en piso y se enlosó con ladrillos grandes.
Y si merecen recogerse todas las noticias sobre el sepulcro del artista, también son dignas de mención las que se refieren a la casa en que habitó, la cual no presenta nada particular en su arquitectura, aunque modificada con algunas reparaciones
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El artista Urdaneta logró también descubrir el retrato de Vásquez en un cuadro de los más notables del ilustre pintor, que se guarda en la Escuela de Bellas Artes. Allí se representa él mismo al entregar a un Padre agustino dos imágenes de San Francisco y Santo Domingo, terna que pintó el maestro varias veces.
Se ha referido que Vásquez se comprometió a trabajar varias obras para el convento de los dominicanos, con quienes tuvo alguna desavenencia, y Urdaneta opina que el artista aprovechó la ocasión para pintar su propia persona, y hacer constar así que había cumplido su compromiso.
El agustino se vuelve hacia el espectador, y con inteligente mirada parece interrogar el buen gusto de quien contempla la obra del maestro. La mirada tiene aquella vaguedad con que gustaba Vásquez señalar muchos de sus tipos, y hace que el espectador vea la figura como de frente desde cualquier punto. Vásquez ocupa el centro del cuadro, y habida consideración a la perspectiva, la figura, que es de tamaño natural, apenas mide 1 m. 58. De espaldas, cubierto con los pliegues de ancha capa de color verde sepia, calzón corto, media blanca, espadín, elegantes encajes, abundoso pelo, todo a la moda de la época. Presenta distinguido perfil y la mirada es vivísima e inteligente. Está en actitud de dar un paso hacia adelante, lo que comunica mucho movimiento a la figura. Frente a él, un cortesano con el sombrero en la mano izquierda y la derecha sobre el corazón, con el gesto natural de quien dirige una galantería, para decir frases de alabanza al artista. Este, indudablemente convencido de su propio mérito, corresponde con franqueza quitándose el sombrero de terciopelo negro.
De los demás detalles que Urdaneta consigna sobre este cuadro, tomamos el siguiente:
Debía ser Vásquez hombre asaz diplomático y cortesano, cuando seguramente para halagar a los frailes que le encomendaban la obra, escribió con letras de oro, debajo de San Pablo, que lleva túnica roja y espada de luz, como símbolo de fuerza:
Per istum itur ad Xptum (por éste se va a Jesucristo); y al pié de Santo Domingo, quien tiene los atributos del Estudio y de la inocencia:
Sed facilius per istum (pero más fácilmente por éste).
Los signos XP, Jesucristo en griego, equivalen a XR en castellano, y la terminación en latín
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Se reconoce en este cuadro la fachada de la vieja Catedral, y en ella y al la estatua de San Pedro que trabajó Juan de Cabrera. Detrás del agustino se ve otra fachada que trae a la memoria las descripciones del antiguo convento de Santo Domingo; allí se ve la fuente que existió en el patio del convento, y alguna calle de la ciudad colonial. El mismo retrato de Vásquez y el de su hermano, que también se ve en el lienzo de que hablamos, están repetidos en el cuadro de San Javier predicando, que pertenece al templo de San Ignacio. Por indicaciones de Urdaneta, cuando fue fundador y Rector de la Escuela de Bellas Artes, el artista italiano don César Sighinolfi trabajó el boceto del retrato de Vásquez, medallón que se colocó sobre la puerta de la Escuela y que recuerda a los bogotanos la gloria de su conterráneo.
Vamos a citar opiniones muy respetables que confirman el merecido aprecio que tienen para los colombianos los cuadros de Vásquez Ceballos, y que dan luz completa sobre su valor en el arte, borrando así exageradas apreciaciones. El ilustre filólogo don Rufino J. Cuervo ha dado su autorizado concepto en las siguientes líneas:
Desgraciadamente la opinión que tenemos de Vásquez es en extremo exagerada. El mérito de nuestro pintor es relativo: grande para nosotros, si se ve la época y el teatro en que trabajó; pero pequeño, insignificante, al lado de los maestros inmortales. ¿ Ni cómo podía ser de otra manera si Bogotá, donde nació y vivió, era apenas una aglomeración informe de emigrantes, sin la menor idea de lo que es el ideal y la belleza ? Un poeta, un filólogo pueden formarse en medio del desierto, pero al pintor no le es dado brotar y desarrollarse sino en medio de la civilización y de la opulencia
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Otro colombiano distinguidísimo, don Ignacio Gutiérrez Ponce. refiere que su padre don Ignacio Gutiérrez, en unión de don Rufino Cuervo, cuando residió en Europa, estaba encargado de vender algunos cuadros de la Capilla del Sagrario, del pincel de Vásquez, y que desgraciadamente no fueron apreciados en talleres y obradores de artistas europeos de la misma manera que lo han sido en Colombia, porque a pesar de su positivo mérito, juzgaron los conocedores que no era bastante para poder competir con el de las obras análogas que se ejecutan en Europa
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A Vásquez correspondió dar vigoroso impulso al arte de la pintura en la Colonia, y él, unido a los pintores que vamos a mencionar, son los padres de esta importante manifestación de la cultura colonial. Ya hablamos antes de los méritos de Antonio Acero de la Cruz, cuya cuna, según la tradición, se meció en esta capital, donde floreció en el siglo XVII y que fue artista desconocido, hasta que hizo estudio de su vida y de sus obras, en 1889, otro artista, don Lázaro María Girón
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. Cuadros de Acero se conservan en varias iglesias de Bogotá y en el Museo Nacional; los inteligentes los han juzgado como de mediana composición y dibujo, y escasos de las condiciones de los buenos coloristas. Acero fue maestro del pintor Ochoa. También figuraron como pintores en ese tiempo Baltasar, Gaspar y Bartolomé Figueroa, el primero de ellos maestro de Vásquez, y que se había distinguido por buenos cuadros de correcta composición; el maestro Bandera, que tuvo por discípulos a Gutiérrez y a Posadas; a su vez, Gutiérrez dio lecciones en su taller a don Antonio García. Ya hemos dicho que Posadas se distinguió por su habilidad en pintar diablos; de Gutiérrez se conservan pinturas en la sacristía de la iglesia de San Juan de Dios, y de García existen obras en diferentes templos de la capital.
También figuró entonces el pintor Padilla, primero que hizo flores de cera colorada para adornar cirios, y de quien se guardan pinturas especialmente en la iglesia de Santo Domingo, pero cuyo mérito no es muy elevado. Camargo y Medoro, italiano, florecieron como pintores poco después que Vásquez.
Réstanos citar aquí a Pablo Caballero, natural de Cartagena, de quien se conservan pinturas en la antigua iglesia de la Capuchina, hoy de San José. Caballero era buen dibujante, autor, entre otros lienzos, de la Concepción que se ve en la sacristía de la Metropolitana, de estilo suave y colorido moderado y jugoso. Se distinguió también este pintor por la corrección de sus figuras aéreas y sus fondos de gloria, que en realidad son muy buenos.
Hé aquí los nombres de los primogénitos del arte de la pintura nacional, de los trabajadores de la hora primera. Más adelante anotaremos los de sus sucesores, también desaparecidos casi todos, como ellos, de la escena del mundo.
Don Francisco Fernández de Heredia, Procurador de la ciudad, hizo presente al Gobierno en 1713 la necesidad de construir un puente sobre el río Tunjuelo, en el camino que conduce de esta ciudad a Bosa, Soacha y Fusagasugá, e hizo notar la necesidad de la obra, por ocurrir en invierno en este río desgracias personales al atravesar el Tunjuelo. La labor fue emprendida con acuerdo del Cabildo, y después de haberse formado expediente sobre el asunto, la remató el albañil Antonio Aillón por $ 4,000. Esto alarife construyó el puente de arcos, que prestó servicio algunos años y que fue destruido por violenta avenida del río. Veremos adelante que durante el Gobierno del Virrey Solís se colectaron fondos para reconstruirlo, lo cual llevó a cabo el Virrey Messía de la Zerda, puente que existe todavía.
El Arzobispo Cosio y Otero falleció el 29 de noviembre de 1714, a los setenta años de edad, después de haber gobernado ocho años el Arzobispado y uno el Reino en lo civil, como antes dijimos. Sus exequias fueron pomposas en la Catedral.
Meses antes de morir el Arzobispo Cosio y Otero había llegado a Santafé, con título de Presidente, don Francisco Meneses de Sarabia y Bravo, quien recibió el mando de manos de la Audiencia, cuyos Ministros habían gobernado mal, seguros de que la Corte de España no se preocupaba de las colonias por estar empeñada en guerra con otra potencia europea.
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(1) Baltasar de Figueroa, insigne pintor, nació en Santafé hijo de Gaspar de Figueroa, aventajado en el mismo arte, y de doña Lorenza de Vargas, su mujer. OCÁRIZ. lib. cit., 257. CAICEDO Y FLOREZ, lib. cit., dice que nació en Sevilla. Nos parece más valiosa la opinión de Ocáriz al tratarse de genealogías del Nuevo Reino. (Regresar a 1)
(2) LUIS MEJÍA R., Vásquez y su obra, Papel Periódico Ilustrado numero 106. (Regresar a 2)
(3)Véase la crónica de los ojos de San Roque, al estudiar la parroquial de Santa Bárbara, pág. 72. (Regresar a 3)
(4) Hemos hablado ya de varias pinturas de Vásquez al describir algunos templos; luego haremos mención de otros notables cuadros de su pincel. (Regresar a 4)
(5) Urdaneta las publicó el 11 de junio de 1887, con motivo de una fiesta privada, en la cual se destinó un salón a enaltecer el arte patrio, sin dejar comprender el sitio de la venerada tumba, pues se proponía descubrirla con toda solemnidad; noble intento que no pudo realizar por su prematura muerte. Más afortunados nosotros, por las indicaciones del señor L. M. Girón, levantamos en 1891 el velo que cubre aquellas venerandas cenizas, dignas de guardarse para la posteridad en magnífico monumento. Escribimos en mayúsculas las palabras que en su publicación reservó el señor Urdaneta. (Regresar a 5)
(6) La Municipalidad de Bogotá dictó la siguiente Ordenanza el 23 de mayo de 1863, sobre honores a la memoria del pintor bogotano Gregorio Vásquez Ceballos:
«La Municipalidad del Distrito Federal,
«Deseando tributar un homenaje, en nombre de la ciudad, al insigne pintor bogotano Gregorio Vásquez Ceballos, cuyo genio adivinó el arte, y con sus excelentes cuadros, hechos en el atraso de la colonia, en el siglo XVII, legó a su patria honra y riqueza,
«ORDENA:
«Artículo 1° En la casa número 34 de la caI1e 4ª, de la carrera de Oriente (hoy calle II, número 47) se colocará, de acuerdo con el propietario, una losa de mármol blanco en que se lea, en caracteres dorados: EN ESTA CASA VIVIÓ Y MURIÓ GREGORIO VAISQUEZ CEBALLOSBOGOTA, SU PATRIA, SE HONRA TRIBUTÉNDOLE ESTE HOMENAJEABRIL 23 DE 1863.
«Articulo 2° La Municipalidad nombrará una Comisión encargada de formar el catálogo de los cuadros auténticos del gran pintor. Este catálogo se publicará por la imprenta. La Comisión dirigirá también la colocación del monumento.
«Artículo 3° Se encarga al señor Gobernador del Distrito el inmediato cumplimiento de esta Ordenanza, y los gastos que ocasione se imputarán al presupuesto del presente año.
«Dada en Bogotá a 11 de mayo de 1863.
«El Presidente, VALERIO F. BARRIGA
«El Secretario, Mariano Maza.
«Gobernación del Distrito FederalBogotá, 23 de Mayo de 1863.
«Ejecútese y publíquese.
«MIGUEL GUTIERREZ NIETO
«El Secretario, Bernabé Ruiz.
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En el mes de julio de 1898 se cumplió lo ordenado por el Concejo Municipal, y se colocó en la casa donde vivió Vásquez la lápida de mármol con la inscripción citada. (Regresar a 6)
(7) ALBERTO URDANETA, Gregorio Vásquez Ceballos, Boletín de Historia, II, 747. (Regresar a 7)
(8) ANGEL y RUFINO JOSÉ CUERVO, Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época, I, 244. (Regresar a 8)
(9) I. GUTIÉRREZ PONCE, Vida de don Ignacio Gutiérrez Vergara y episodios históricos de su tiempo, 235, 236. (Regresar a 9)
(10) LÁZARO M. GIRÓN, Colombia Ilustrada, 51. (Regresar a 10)
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