Crónicas de Bogotá
Pedro M. Ibañez
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Continuación del capítulo 20.


El señor Solís participó al Virrey Messía que había sido recibido religioso franciscano, en carta firmada fray José de Jesús Maria, y el Virrey se apresuró a ordenar a fray Ignacio Molano, Provincial de franciscanos, que no permitiera la profesión del ex—Virrey hasta conocer la voluntad del Rey, orden que ofreció cumplir el Provincial el 7 de mayo de aquel año.  

Encargó el noble lego, en calidad de apoderados, que cumpliesen las instrucciones que les acompañaba, a don Juan Martín de Sarratea, don Manuel Benito de Castro y don Juan de Mora. Hé aquí las instrucciones:  

Relación de lo que han de ejecutar mis apoderados de los bienes que entren míos en su poder, y lo que han de satisfacer desde luego. Se entregarán a don Antonio Monroy diez mil y seiscientos pesos, en doblones, para que los entregue a mi hermano el Cardenal, a quien aviso su destino. Más se le entregará al mismo don Antonio un recibo, que se hallará en mi arquilla inglesa, de un pagaré que tiene don Alonso García, vecino de Cádiz, a mi favor, de mi hermano el Cardenal, de ciento y cincuenta mil reales de vellón, que le presté en Cádiz, para que haga con él lo que en esta ocasión le prevengo. Más se le dará sin relicario de oro, con su cadena, el que escogiere, y el reloj con caja de China de Sajonia, por una corta memoria de mi cariño. Más mando, que del caudal existente que se halla en dinero, se reparta lo siguiente: a don Antonio García, Teniente que fue de mi Compañía de alabarderos, se le darán mil pesos en doblones. A don Lorenzo Vivero, mi mayordomo, otros mil, en la misma moneda. A don Manuel Mesa, quinien­tos pesos. A don Andrés Pardo, mil. A. Pedro Borbón, mil. A Alonso García, si su salud le permite marchar, escribiré a mi hermano para que lo mantenga en su casa en Sevilla y allí se le darán quinientos pesos, y si quisiere quedarse en esta tierra, se le darán mil pesos. A los dos negros de la repostería, Miguel y Chepillo, se les dará libertad y doscientos pesos a cada uno para que busquen su vida. Una caja de oro, guarnecida de brillantes, y llena de polvo de oro, se le entregará a don Antonio Monroy, para que la lleve a Madrid, y también dos petaquitas, que se encontrarán en mi papelera, cada una con un juego de hebillas y espadín de oro, de todo lo cual le prevengo el destino que debe tener. A. don Antonio Monroy, don Francisco Bobadilla, don Ramón Portocarrero, don Antonio García, don Juan Maldonado, don Manuel de Mesa, don Juan de Lara, don Lorenzo Vivero, don Juan Casanovas, Pedro Borbón, Guillermo y el Sargento Acuñares se les pagará su conducción hasta Cádiz, del importe de mis bienes. Los trescientos pesos que suplo en Cádiz a la mujer de Casanovas, y se le dan por mi orden, por mano de don Francisco Lafert, los del año de sesenta, que ya los ha recibido, quiero que queden en su poder. A don Juan Martín de Sarratea se le entregará la caja de lapislázuli, guarnecida de oro, y otra, piedra bezar, guarnecida, la que él escogiere. A don Manuel Benito de Castro se le dará una caja de oro, la que él escogiere. A. don Juan de Mora, el reloj de muestra de oro que yo traía. A don Antonio Monroy se le entregará un juego de espadín de oro y un bastón de carey con puño de oro, guarnecido, a quien aviso su destino. A Francisco se le darán doscientos pesos. A toda mi familia se le pagará hasta fin de marzo—SOLÍS (26) .  

El Virrey dejó $ 8,000 en manos de sus apoderados, para atender a los gastos de residencia, pues aunque ya era fraile, el Rey nombró Juez para tomársela a don Miguel de Santisteban, quien halló pequeña aquella suma, aunque con ella tuvo que conformarse, por haberle probado los tres apoderados del señor Solís que los bienes que habían recibido los habían gastado en obras de piedad. Dura debió de ser la residencia cuando el lego decía al señor Messia, un año después de haber vestido el hábito, quejándose de Santisteban, lo siguiente:  

Si acaso ha sido su fin ajarme y abatirme, también está cumplido, pues ya me ha tratado aun sin las excepciones que merece cualquier hombre noble, que en cualquier embargo se le reserva las armas y el caballo, pero a mí ni aun la camisa (27) .  

El Consejo de Indias dictó honrosísima sentencia definitiva en favor del señor Solís, absolviéndolo de los veinticinco cargos que el Juez de residencia Santisteban habla redactado. En dicho documento, que circuló impreso en Santafé, se prevenía al Juez que si de nuevo se le encargaba la residencia de algún Magistrado, levantase la sumaria con mayor cordura y verdad que la del Virrey—fraile.  

La separación de la vida mundanal del Virrey Solís y su tranquilidad monástica traen a la memoria las palabras del historiador Robertson, hablando de la muerte de Carlos y, con quien nuestro Virrey tiene puntos de contacto:  

Los pensamientos y miras ambiciosas que le habían ocupado e inquietado tan largo tiempo, se habían borrado enteramente de su alma; lejos de volver a tomar parte alguna en los sucesos políticos, ni siquiera tenía la curiosidad de informarse de ellos; parecía ver esta escena tumultuosa, de la que se había separado, con todo el desprecio e indiferencia de un hombre que había reconocido su vacío y frivolidad, y que gozaba del placer de haberse desasido de sus ligaduras (28) .  

El sepelio del célebre fraile se hizo en la iglesia de San Francisco; se ignora la fecha de su exhumación; por mucho tiempo se conservó en el Museo Nacional un cráneo que se decía ser de Solís; la comunidad franciscana tenía la tradición de que las cenizas del Virrey se guardaban en un amplio nicho que existe sobre la puerta de la sacristía de la iglesia, cerrado con una verja de madera de estilo morisco.

Nosotros visitamos en 1897 el osario mencionado, y en él encontramos varias urnas, bien conservadas, en las que se guardan los restos de los monjes franciscanos fray Sebastián Guache, fray Diego Díaz Quijano y fray Ignacio Botero, muertos, respectivamente, en 1678, 1794 y 1816, y un ataúd, ornamentado al exterior con pinturas al óleo, de medianísimo pincel, de un metro sesenta y cuatro centímetros de longitud, cuarenta y cinco centímetros de ancho y veinticuatro centímetros de fondo. En esta caja se conserva el esqueleto de fray Juan Martínez, natural de La Palma, quien gozó de reputación de santo, y falleció el 10 de abril de 1661. Al hablar de la muerte de este monje dice la crónica del convento:  

Se guardan sus huesos en un sótano que está sobre la puerta de la sacristía que sale a la iglesia, y se conserva fresca la flor de rosa. En la tabla del cajón en que se guardan está dibujado, sacados los ojos que el mismo Dios le restituyo. A. la parte opuesta se le ve defendiendo de la voracidad del fuego un cañaveral, de un hermano suyo, en la jurisdicción de La Palma, elevado en el aire, al mismo tiempo que estaba en la comunidad rezando en el coro de este convento.  

Olvidó decir el cronista de la Orden que al lado de las pinturas que ornamentan el ataúd se encuentran escritas, en forma de versos, estas disparatadas líneas, que el autor tuvo la acertada modestia de dejar cubiertas por el anónimo:  

Sirviendo desde pequeño  
Excusé a mi dueño enojos,  
Que siempre tuve dos ojos  
En las manos de mi dueño.  

Brotando luz celestial,  
Indicio de eterna vida,  
Fui centella introducida  
Como en un cañaveral.

En el interior está la caja ricamente tapizada con telas finísimas, bordadas a mano con sedas de colores e hilos de oro y de plata.  

Hemos descrito con bastante detenimiento este ataúd, porque en él hallamos, a más del esqueleto del Padre Martínez, muy bien conservado no obstante los doscientos cincuenta y dos años que sobre él pesan, el cráneo de Solís Folch de Cardona, colocado sobre una almohada de tisú que conserva vivos colores.  

Sobre este cráneo hay escrita, en letras mayúsculas correctamente formadas, la siguiente quintilla que copiamos fielmente:    

 

SOLIS  
ENTRE LAS PÓMPAS VIVI  
DEL MUNDO QUE AL FIN DEXÉ,  
SOLO. EL SAYAL QUE VESTÍ,  
ME QUEDA,. Y LAS GALAS QUE  
A CHRISTO EN SUS POBRES DI  

 

La quintilla se pintó sobre el frontal, y alcanza, en parte, a cubrir la sutura de este hueso con el parietal izquierdo.  

Este cráneo, sin duda el del Virrey—fraile, tiene sanos el frontal, los parietales, el occipital, menos la apófixis yugular derecha, el temporal izquierdo y parte del esfenoide.

Se ignora dónde se hallan los demás huesos del conocido Virrey, o sea de fray José de Jesús María, nombre con que firmó durante el largo tiempo que permaneció en el convento.  

En la caja encontramos la mayor parte de los huesos del esqueleto de fray Juan Martínez, pero no hallamos en ella ni la cerradura, que probablemente era do plata, ni la “flor de rosa,” de que habla el cronista del convento; ésta se destruyó o por el correr de los años, o porque no quiso “conservarse fresca” al lado de las execrables cuartetas del vate anónimo, que no ha podido borrar el tiempo (29) .    

Conocemos seis retratos al óleo del Virrey—fraile, y uno litografiado que se publicó en la Relación Histórica de la erección de la Provincia de franciscanos, etc., 1853.  

 

Don José Solís.  

 

El que guarda el Museo Nacional, cuya reproducción adorna estas páginas, tiene el traje virreinal, y al pie se lee la inscripción siguiente:  

Reinando la Mag.d Cathol.ca del S.r D.n Fernando VI. y del S.r D.n Carlos III—El Exrno S.r D.n Joseph Solis Folch de Cardona, Mariscal de Campo de los R.s Exercitos Comendador de Ademus y Castelfavi en la R. Orden de Monteza, primer Theniente de la tercera compañía de las R.s Guardias de Corps.—Tomó posession de los Empleos de Virrey, Gov.er y Cap.n Gen.l de las Prov.as de este N.vo R.no con sus agregadas, y de la Presidencia de la R.l Aud.a de Sta. Fe en 24 de Noviembre de 1753 haziendo su juramento en manos del Ex.mo S.r Virrey Pizarro su antecessor por especial R.l concession de S M. y en 24 de Febrero de 1761 le succedió en los referidos cargos el Ex.mo S.r D.n Pedro Mesia de la Zerda, habiendo governado 7 años y 3 meses, y a los 4 días se hizo Religioso de S.n Fran.co en el Convento de esta Ciu.d donde murió en 27 de Abril de 1770. Durante su Gov.no se finalizó la fabrica del Camellon, y la del Puente de Boza, y a sus Expensas se extendió el Hospital de S.n Juan de Dios de S.ta Fe.  

En los claustros del Hospital de San Juan de Dios existe otro semejante al del Museo Nacional. En el convento de frailes franciscanos se conservan dos retratos: uno de tamaño natural en el acto de tomar el hábito, que también insertamos en fotograbado; tiene, a más de una inscripción, la siguiente frase latina que sale de los labios de San Francisco: Nulla hac tutior umbra; y otro, vestido de fraile, semejante a la litografía que hemos mencionado. En la sacristía del templo de San Francisco se encuentra uno de tamaño natural, en que el Virrey ya está vestido de fraile, con esta inscripción complementaria de las noticias que hemos dado acerca de tan distinguido personaje: 

          El Excmo Sr Dn Joseph Solis Folch de Cardona hijo de los Excmos Sres Duques de Montellano Grandes de España de primera clase; Mariscal de Campo de los Rs Ejércitos, Comendador de Ademus y Castielfavi en el orden de Montesa; fue Virrey, Gobernador y Capitan General de este Nvo Rno de Granada y Presidente de su Rl Audiencia, el que gobernó por espacio de siete años, con general aplauso y gloria, con rectitud, desinteres, integridad, zelo y vigilancia. Fue afable y benigno con todos oyendo con igualdad y del mismo modo las quejas del pobre o del rico, dejandolos a todos contentos y satisfechos con la justicia que administraba. Repartió sus crecidos caudales a los pobres a quienes aún siendo Virrey sirvió la comida en los Hospitales dejando una crecida limosna a cada pobre. Y destituido de quanto poseia despreciando las esperanzas de sus servicios y esclarecido nacimto por seguir la pobreza Evangelica, tomó el habito de F. S. P. Sn Francisco en este Convento de Sta Fe en el estado humilde de religioso lego el dia 28 de febo del año de 61. A persuaciones de los Prelados recibió las sagradas órdenes en la Ciud de Sta. Marta. Fue electo Guardián de este Convto el dia 21 de Enero del año de 770. Fue varon exelente en virtudes, en la pobreza sólo reservó algunos libros espirituales, y un pobre hábito qe vestirse. En la Obeda fue observmo hasta la hora del morir. En la castidad exemplaríssimo, usaba de crueles cilicios, disciplinas de hierro, y un vestido de asperas zerdas qe le cubria de los hombros a las rodillas. Finalmte colmado de meritos y adornado de virtudes dejó el mundo para reinar con Cristo, el dia 27 de Abril del año de 1770, a los 54 años de su edad.  

  Recordarán nuestros lectores que en la página 123 anotamos que en la sacristía de la iglesia de San Diego se guarda un retrato de Solís, cubierto con burdo sayal cuando ya duerme el sueño eterno, rodeado de una amarilla inscripción latina que se extiende en rectángulo figurando ataúd.  

El último recuerdo que citamos de este Virrey son tres campanas que existen en la torre de San Francisco, que se colocaron en diciembre de 1771, de las cuales una pesa 140 arrobas, y fueron fundidas en esta ciudad, debido a la generosidad de Solís. Hizo también traer de Londres el segundo reloj de torre con sólo horario, que desde la misma fecha lució en la torre de San Francisco hasta hace poco tiempo, en que fue reemplazado por el actual, de mayores dimensiones, pero no de igual precisión.  

Cerramos estos recuerdos históricos sobre el popular Virrey—monje, recordando que nació en 1716 y que al fallecer contaba cincuenta y cuatro años dos meses y veintitrés días.

 

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(26) Documento original que tenemos a la vista. (Regresar a 26)

(27) Un documento semejante fue copiado en el Archivo de Indias en 1882 por don Ricardo S. Pereira, y se publicó en el vol. III del Papel Periódico Ilustrado, pág. 305. (Regresar a 27)

(28) ROBERTSON, Historia del reinado del Emperador Carlos V, traducción de Ramón Alvarado, IV, 299. (Regresar a 28)

(29) D. Luis Augusto Cuervo publicó un artículo sobre las cenizas de Solís, en el número 88 de El Gráfico de Bogotá. (Regresar a 29)


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