CAPITULO XL


1812-Bogotá en enero-Primer combate en guerra civil-Dos colombianos en la Regencia española-Los masones perseguidos-Chapinero de antaño-Oratorio de la Concepción-Política ardiente-Décimas realistas de Caro-Expedición de Baraya-Los Virreyes Pérez y Montalvo-Terremoto de 1812-Segunda Constitución-República de Cundinamarca-Discordias políticas-Tratado-Nariño, Presidente Dictador-Combate de Paloblanco-La Eneida y La Peyda-Desacuerdos-Conducta de Nariño-Soldados seniles-Voces de cordura-Expedición contra Tunja-jefes-Ramón Leiva-José Ayala-justo Castro-Los Pardos-Sin malevolencia-Nuevo Gobierno-El Padre Manuel-Pateadores y carracos-El sobrino Matías-Un borrico en procesión-Clérigos revolucionarios-Prisiones-Agitación política. Fin de la guerra-Cesa la dictadura-Nariño deja la Presidencia. Proyecto de contrarrevolución-Motines-Nariño, Dictador nuevamente-La histórica quinta de Fucha-La Dictadura-Otro suicidio. Fin del médico Vila-Las vivanderas-Congreso de Leiva-Camilo Torres, Presidente-Noticias gordas-Guerra inminente-Conspiración-Comisión militar-Imprenta de Caldas-Canónigo en destierro. Monjas en la política-Causas curiosas-Junta de Gobierno-Felipe de Vergara-Juan Dionisio Gamba-José Ignacio Sanmiguel-Manuel Camacho-José María Arrubla-Parten los militares-García Olano. Pío Domínguez-Gonzalón-Nariño, hereje-Combates y derrotas. Vuelve Nariño-Medidas militares-El estómago de Naña-Un viejo caliente-Nueva imprenta-Otra expedición de Baraya-Su parte de ensaladilla-Proyecto de sitio-Conferencia en Usaquén-Intimación. Las mujeres en Palacio-Situación grave.

 

 

Toda historia tiene páginas amenas y tiene arideces, como los largos caminos. Los que cruzan a veces bellas comarcas, alegres praderas y florestas fecundas, conducen también a llanuras monótonas y a tierras pobres.

El 1.° de enero de 1812 hubo en Santafé fiestas públicas, mascaras a pie y a caballo y popular corrida de toros. La Municipalidad eligió Alcalde a don Juan Tobar. Circuló ese día el almanaque de las Provincias unidas del Nuevo Reino de Granada para el año de 1812, calculado por Caldas, semejante al que había publicado el año anterior, tarea que continuaron en tiempos posteriores don José García de la Guardia, quien falleció en 1815, y el bogotano don Benedicto Domínguez. Los militares ofrecieron flores al Presidente, y en sus disfraces ridiculizaron los vestidos de los Oidores y de otros funcionarios del antiguo régimen.

El 10 de enero llego el Coronel Antonio Baraya ala ciudad, rodeado de los vencedores en Palacé, y fue recibido triunfalmente. Las milicias de muchas de las poblaciones de la Sabana acompañaban la comitiva. Se solemnizaron los honores de la victoria con salvas de artillería y vivas a los vencedores (1) .

A mediados del mes salió de Bogotá una expedición militar, mandada por el Coronel Joaquín Ricaurte Torrijos y por el Capitán Ignacio Salcedo, con el objeto de cortar las disensiones políticas que se habían suscitado entre los habitantes de las ciudades del Socorro, San Gil y Vélez (2) .

La expedición de Ricaurte tuvo combate con las fuerzas del Socorro, mandadas por Januario José Arenas y José Vicente Uribe, en los cerros del Gaque y Matarredonda. Ricaurte fue el vencedor en este hecho de armas, muy notable por ser el primero en nuestras guerras civiles.

A la sazón, el 23 de enero, se creaba en España una Regencia, compuesta por el Duque del Infantado; Joaquín Mosquera y Figueroa, payanes; el conocido Juez de Nariño en 1794, Juan María Villavicencio; Ignacio Rodríguez y el Conde Labisbal (3) .

Esta corporación pretendía gobernar en España y en las Indias, y reemplazó a la Regencia de Cádiz, de la cual era Presidente el bogotano don Pedro Agar, y Regentes los Generales Blake y Císcar.

Agar, benemérito marino, había nacido en Bogotá el 19 de junto de 1763, como consta en su partida de bautismo que se halla en el libro XXVI de la parroquia de la Catedral. Desde 1810 había sido electo por las Cortes generales de la Monarquía, miembro del Consejo de Regencia, en asocio de don Joaquín Blake y don Gabriel de Ciscar. De don Pedro Agar y Bustillo hablaremos luego con detención, en más de un capítulo, al tratar de los bogotanos ilustres.

Recordaremos que la Regencia presidida por Agar dio decretos en favor de los americanos, y dispuso en enero de de 1812 que los dueños de bosques y plantíos en América estaban facultados para hacer toda clase de cultivos. También se ordenó al Gobierno de Santafé, por esa Regencia, que prohibiera el incremento de la masonería y que castigara a las personas manchadas con este delito. Por demás está decir que dichas órdenes no se cumplieron, pues Santafé había desconocido la jurisdicción de la Regencia.

En esos días escribió don Manuel Pombo la célebre carta dirigida a José María Blanco White, impugnando las opiniones de éste, publicadas en El Español de Londres, sobre independencia de América. Allí demostró Pombo la justicia y necesidad de la insurrección de las colonias españolas (1) .

El pobre caserío de Chapinero, hoy ameno barrio de Bogotá, era en 1812 una miserable aldea, situada cinco kilómetros al norte de la vieja Santafé. Componían la unas pocas casas cubiertas con paja, donde los santafereños hacían frecuentes paseos campestres. En aquel año don Ignacio Forero levantó una bonita capilla, para lo cual recogió limosnas. Allí se tributaba culto especial a la Virgen de Chiquinquirá. Fue esa capilla de pobre arquitectura, aunque cubierta con teja, y se construyó en área cedida por don Primo Groot para el oratorio de la Concepción. Ignacio Forero era hombre de escasos recursos y habitaba en la hacienda de El Tintal, en vecindario de Fontibón, dedicado a trabajos de agricultura. La musa popular fue autora en aquel tiempo del siguiente cuarteto que no carece de ironía:

Del Tintal a Cbapinero,
De Chapinero al Tintal,
Pasa la vida Forero
Sin conseguir medio real.

A fines de enero de 1813 se hicieron pomposas procesiones al oratorio, y en junio de 1815 se construyó un nuevo edificio, destinado para capilla de Chapinero, que aún existe y que nos muestra la infeliz arquitectura de aquellos tiempos.

Para fines de febrero de 1812 la política era ardiente. Nariño hizo renuncia de la Presidencia ante el Colegio Electoral, y no le fue aceptada, aunque el Presidente insistió en ella el 4 de marzo.

El socarrón poeta Caro, realista de corazón, retirado en su hogar, cultivaba las letras. Entre sus producciones se encuentran unas donosas décimas en las cuales con demasiada libertad de expresión y con atrevidas frases pinta a los más distinguidos servidores de la revolución. Las siluetas tienen verdadero chiste, y los personajes están esbozados con sarcasmo y con rasgos dignos de la pluma de Moratín.

Vamos a hacer conocer algunas de esas décimas, en sus partes menos crudas, a medida que figuren los personajes que retrata el autor. En la Nueva Relación y Carioso Romance, título que dio Francisco Javier Caro a su trabajo, se encuentran en los principios las dos décimas que van en seguida:

Nariño que es Presidente
Y tiene el mando y el palo,
Sobre si es bueno o si es malo
Dividida está la gente.
Más cualquier hombre prudente
Que su conducta haya visto,
Y quiera hacerse bien quisto
Sin discrepar del nivel.
Lo mismo ha de decir de él
Que de Herodes Jesucristo.
Unos dicen que es villano,
Otros que es usurpador,
Aquéllos que es un traidor,

Estos que es un mal cristiano;
Ya dicen que es un tirano
Y ya que es un francmasón;
Pero entre tanta opinión
Nos ha dicho don Juan Niño
Que don Antonio Nariño
Es un puro Napoleón.

A principios de marzo de 1812 salió con dirección a las Provincias del Norte, a órdenes de Antonio Baraya y de José Ayala, una expedición militar con la misión aparente de defender de los realistas los valles de Cúcuta, pero con el objeto real de detenerse en Tunja y procurar por todos los medios posibles la desorganización de aquel Gobierno y la anexión de esa Provincia a Cundinamarca.

Las decepciones políticas de Caro guiaron su pluma para pintar con injusticia al bogotano vencedor en Palacé, en los siguientes versos:

Baraya es un botarate
Y un cobarde mequetrefe,
Que quiso meterse a
Jefe Siendo un pobre zaragate.
Este militar-petate
Con su cara de chorote
Y su nariz de virote
Queriendo enderezar tuertos,
Hace entre vivos y muertos
El papel de don Quijote.

El español don Benito Pérez y Valdelomar fue nombrado Virrey del Nuevo Reino, título que agregó al de Mariscal de Campo del Ejército español. Tomó posesión de su cargo en la ciudad de Panamá el 21 de marzo de 1812. Allí reorganizó la Audiencia, que la revolución del 20 de julio había cerrado en Bogotá. Su Gobierno no se sintió en el interior del país, y sólo fue obedecido en Panamá y en Santa Marta, territorios dominados por los realistas. Pérez renunció el Virreinato y se separó del mando el 18 de junio de 1813. En la ciudad de Panamá murió en el mes de noviembre siguiente (1) .

Para reemplazar a don Benito fue designado, con los títulos de Gobernador y Capitán General, don Francisco de Montalvo y Ambulodi, Arriola, Casaabante, Ruiz de Alarcón y Valdespino. Este Gobernador era natural de La Habana. Llegó a las costas de Ríohacha en mayo de 1813; a Santa Marta el 30 del mismo mes; y ascendido a Virrey, el 28 de abril de 1816 tomó posesión del alto cargo en Cartagena, el 6 de noviembre (2) . Terminó su Gobierno el señor Montalvo el 9 de marzo de 1818, y falleció en La Habana en 1822. Su nombre quedó unido con estela de sangre a los mártires sacrificados en la histórica ciudad de Cartagena, en los tristes días de la reconquista.

El cronista Caballero nos cuenta que el 26 de marzo de 1812, jueves santo, tembló la tierra a las dos y media de la tarde. Este movimiento sísmico destruyó la ciudad de Caracas y otras importantes poblaciones de Venezuela.

Cabe bien aquí el recuerdo de un realista sobre la catástrofe, por tener relación con el Libertador, que a la sazón iniciaba la gloriosa lucha por la independencia de Venezuela y Nueva Granada.

En lo más elevado (de las ruinas) encontré a don Simón de Bolívar que en mancas de camisa trepaba por ellas. En su semblante estaba pintado el sumo terror, o la suma desesperación. Me vio y me dirigió estas impías y extravagantes palabras: <Sí se opone la naturaleza, gritó, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca> (1) .

Ese temblor, el cual arrebató innúmeras vidas, se sintió fuertemente en Cúcuta, Pamplona, Tunja y Santafé y en otras poblaciones menos importantes del Nuevo Reino, y el suceso favoreció, como es sabido, la causa realista en Venezuela.

La Constitución de 1811, que ya estudiamos, fue reemplazada por la que expidió el Colegio Electoral de Cundinamarca el 17 de abril de 1812. Este Cuerpo, como ya dijimos, se había instalado el 23 de diciembre anterior, y había elegido Presidente a don Pedro Groot; Vicepresidente, al fraile agustino Diego Padilla, y Secretarios, a don Joaquín Vargas Vesga y a don José Agustín Baraona. El proyecto de nueva Constitución lo redactaron el Presidente Groot, don Luis Eduardo de Azuola y don Miguel de Tobar (2) .

El nuevo Código Político dio el nombre de República de Cundinamarca al territorio en donde iba a regir, v prescindió en absoluto de España y de los pretendidos derechos de Fernando VII; no hizo alusión alguna a las formas monárquicas, y proclamó la soberanía del pueblo. En el preámbulo llamó al país Estado de Cundinamarca (3) .

 

 Escudo de Cundinamarca

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Por estos tiempos se acentuaban las desavenencias entre Nariño y sus antiguos Tenientes Baraya y Ricaurte. El Congreso, por discordia con Nariño, se reunió en Ibagué, y de allí pasó a la Villa de Leiva. Mediaron entonces algunos patriotas, y el 18 de mayo se firmó un tratado por los señores Fruto Joaquín Gutiérrez y José María del Castillo, como mandatarios del Congreso, y por el mismo Nariño y sus Consejeros Manuel Benito de Castro y José Diago. En este tratado se reconoció a Cundinamarca con las anexiones de las Provincias de Mariquita, Neiva, Socorro y algunos pueblos de la Provincia de Tunja.

Este convenio no alcanzó a calmar los odios y rivalidades, que eran vivas y ardientes. Baraya y Ricaurte adoptaron con sus fuerzas al partido del Congreso. Al recibirse en Santafé esta noticia, renunció el Presidente; pero el Colegio Electoral, en vez de aceptar la renuncia, eligió a Nariño Dictador, en todo lo relativo a la defensa y seguridad de la capital. El Presidente Dictador pidió que se nombrara un Consejo que coadyuvara a su Gobierno, disipando así los temores de una dictadura fuerte; y autorizado para elegir el Cuerpo de Consejeros, designó a los patriotas Marqués de San Jorge, José Gregorio Gutiérrez Moreno, Domingo Caicedo, Primo Groot y Felipe de Vergara.

El 25 de mayo defeccionaron Baraya y sus Oficiales. Joaquín Ricaurte, que había acusado a Nariño y había sido suspendido por éste, se unió entonces a Baraya. Desligados estos Jefes del Gobierno de Cundinamarca, fueron ascendidos por el Congreso. Reorganizaron sus tropas y se dirigieron en son de guerra hacia el Socorro, que defendía en nombre de Nariño el viejo militar José Miguel Pey, quien fue sitiado y vencido en el campo de Paloblanco, cerca de San Gil, el 19 de julio. Pey quedó prisionero con su fuerza.

La socarronería santafereña publicó en un periódico llamado El Carraco, papelucho satírico y gracioso, el ofrecimiento de que se preparaba un poema heroico, en alabanza de las glorias de José Miguel Pey, que se llamaría La Peyda, para imitar los versos de Virgilio, cuando cantó los hechos de Eneas.

También se repitió entonces la décima que la pluma picaresca de Caro consagró al prisionero de Paloblanco:

   El tremendo Miguel Pey,
Que por su mucho poder
En el comer y el beber
Todos le llaman El Buey,
No tiene más Rey ni ley
Que andar siempre con peones,
Beber chicha en bodegones
Cortejar a las.... pichonas
Y hartarse en sus comilonas
De mondongo y chicharrones.

Estas apreciaciones violentas y chistosas, comunes en Bogotá desde los tiempos de la Colonia, pues siempre ha existido agilidad y rara aptitud para la sátira acerada y nerviosa en el alma popular, esta vez eran injustas, tratándose del buen patriota que había empuñado por primera vez el bastón de mando en la revolución de julio.

El Gobernador de Tunja, Juan Nepomuceno Niño, improbó los tratados del 18 de mayo e impidió a comisionados de Nariño que llegaran a Tunja, agriando la discordia que a la sazón se reflejaba hasta en la modesta e Inofensiva tertulia de familia.

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(1) J. D. MONZALVE, Atanasio Girardot, 17.(Regresar)

(2) F. LOZANO Y LOZANO, Biografía, del General Joaquín Ricaurte.(Regresar)

(3) M. LAFUENTE, Historia General de España, XXV.(Regresar)

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(1) J. M. VERGARA Y VERGARA, Historia de la Literatura, 459.(Regresar)

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(1) M.E. CORRALES , Documentos para la Historia de la Provincia de Cartagena, I, 421. J.M. RESTREPO, Historia de la Revolución de Colombia, primera edición, VIII, 28.(Regresar)

(2) E. POSADA, Apostillas, XXII, J.C. ALARCÓN, Compendio de historia del departamento del Magdalena, 429. M.E. CORRALES, Efemérides y Anales del Estado de Bolívar, I, 107.(Regresar)

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(1) J. D. DÍAZ, Recuerdos sobre la Revolución de Caracas, 39.(Regresar)

(2) M. A. POMBO y J. J. guerra, Constituciones, de Colombia, I, 299, 300. (Regresar)

(3) J. M. SAMPER, Derecho Público Interno de Colombia, I, 76.(Regresar)

 

 

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