|
Estas vías que describe Romero eran los caminos
reales que unían a Santafé con las ricas regiones orientales
del Virreinato, en los albores del siglo XIX.
Cristóbal
de Quesada era fraile de La Merced, y obtenía en Venezuela, su patria, merecida
reputación de hombre instruido y de talento. Muy joven, bajo influencias de fervor
religioso pasajero, hizo votos solemnes en la citada Orden monástica; pero no había
nacido para el claustro y cualquier día colgó los hábitos y se fugó del convento.
Por
temor a los terribles castigos que se le esperaban,se presentó en Bogotá con el
pseudónimo dé Carlos Sucre, ilustre apellido que podía llevar, por pertenecer a la
familia que produjo al Gran Mariscal de Ayacucho. Sus aptitudes no debían ser comunes,
pues bajo el cielo de Santafé logró sentarse, como Secretario privado, en la mesa de
despacho del Virrey.
Apaciblemente
corrían sus días, cuando un caballero solicitó de él una conferencia privada. Apenas
estuvieron solos, le dijo el visitante sin circunloquios ni rodeos:
«Usted
no es Carlos Sucre, sino Cristóbal de Quesada,» y le ofreció que él no revelaría el
secreto, pero que ya
había perdido el incógnito.
En
el apurado trance, Quesada reveló la verdad a Mendinueta, y le suplicó lo hiciera volver
a su convento, sin escándalo ni humillaciones, lo que logró el Virrey fácilmente.
Vuelto Quesada a la vida de claustro, cumplió otra vez correctamente sus deberes
religiosos.
Carlos
Sucre era nada menos que el Simón Rodríguez de aquel joven prodigio que hizo Célebre en
la historia literaria de América el nombre de Andrés Bello.
En
efecto, como el excéntrico filósofo que modeló el alma de Bolívar, Quesada fue el
maestro universal de Bello, desde que, instruido apenas en las primeras letras, tuvo la
fortuna de caer en sus manos. Bello mismo dice: «Como profesor, tenía entonces muy pocos
iguales en toda la extensión de la América española»(
22
).
Los
sabios Humboldt y Bonpland subieron el Magdalena y llegaron a la capital después de
transitar por el camino de Honda. Habían arribado a Cartagena el 28 de marzo de 1801;
allí se demoraron seis días; emprendieron luego marcha para la capital, y a ella
llegaron en los primeros días de mayo.
En
Bogotá se les tenía preparada a los ilustres viajeros una casa en la actual calle 12,
señalada hoy con el número 288, que se conserva todavía casi intacta, pues ha escapado
a la transformación arquitectónica que convierte las vetustas moradas de Santafé en las
elegantes construcciones del Bogotá moderno. La casa forma el ángulo noroeste del
cruzamiento de la calle dicha con la carrera 11, y tiene su fachada principal sobre la
calle. Más afortunada que la que en Caracas habitó Humboldt derribada por el
terremoto de 1812,la de Santafé se encuentra hoy ya lo hemos dicho como
cuando la ocupó el sabio alemán. Seguramente la piqueta de la civilización la echará
en breve por tierra. Sobre un portalón se ve una ventana de madera, de amplias
dimensiones, cubierta por un tejado en ático; a los lados de este centro del edificio se
abren puertas de tiendas, en el piso bajo, y en el alto se ven dos galerías exteriores o
balcones corridos, también de madera, sostenidos por gruesos canes y cubiertos por un
viejo tejado, que el tiempo ha vuelto gris ceniciento. Hoy esta casa, a pesar de sus
recuerdos históricos, ha descendido a tan inferior categoría, que está destinada para
un bodegón.
|
|
|
Casa de Humbold
|
Mendinueta
visitó a los viajeros y los presentó a Mutis. Este les abrió las puertas de la
Expedición Botánica, con sus ricos gabinetes y colecciones de ciencias naturales.
Acompañados
del botánico Francisco Javier Matiz, recorrieron los alrededores de Bogotá, estudiando
la vegetación de las alturas andinas, nueva para ellos. Fueron a las minas de plata de
Santa Ana y Mariquita, las Salinas de Zipaquirá, el puente natural de Icononzo y la
célebre cascada del Tequendama.
Además
de los sabios que laboraban pacientemente en el instituto de Mutis, Humboldt y Bonpland
trataron a la más distinguida e ilustrada sociedad de Santafé. El uno, aristocrático
Barón prusiano, y el otro, a quien adornaban las maneras elegantes de la alta sociedad
francesa, admiraron la cultura y el refinamiento social de los bogotanos, en las reuniones
en casa de los Marqueses de Lozano y de las familias Nariño, Domínguez, Manrique, etc.,
etc.
Bonpland
fue muy solicitado como médico por la sociedad santafereña, y la analogía de profesión
con Mutis hizo que le profesara especial benevolencia el provecto Jefe de la inmortal
Expedición. Cabe aquí un dato curioso: un sabio miembro del Instituto de Francia, el
ilustre médico doctor E. T. Hamy, publicó en París, en 1906, un interesante libro
titulado Aimé Bonpland, medecin et Naturaliste, Explorateur de lAmérique du Sud,
en el cual estudia la vida, las obras y la correspondencia del joven compañero de
Humboldt. Pues bien: el respetable profesor y académico francés apenas si menciona en su
libro a Bogotá.
Humboldt
rindió al Virrey un detallado informe sobre las Salinas de Zipaquirá, donde dejó
indicaciones claras para cambiar el deficiente sistema aplicado allí; otro sobre las
minas de plata de Santa. Ana, e importantes estudios barométricos y botánicos. En muchos
de sus libros, por lo general obras maestras de reputación universal, se encuentran
noticias científicas sobre la rica naturaleza del Nuevo Reino y recuerdos cariñosos de
Santafé y de algunos de sus habitantes.
A
mediados de septiembre le 1801 salieron los viajeros de Bogotá, con dirección al Cauca.
En la hacienda de Contreras, jurisdicción de Ibagué, visitaron a don Luis Caicedo y
Flórez. Allí trazó Humboldt con su propia mano la acequia que conduciría el agua para
mover con fuerza hidráulica la rueda del ingenio de fabricar azúcar, y evitar así
trabajo a los esclavos. Desde Contreras relató su viaje en cartas dirigidas a Berlín,
que fueron publicadas en un periódico mensual de aquella ciudad. Acompañaba entonces a
Humboldt y Bonpland un francés llamado Derieux, encargado por el Gobierno español para
cultivar en las comarcas de Mariquita la canela, la quina y el almendro, éste llamado por
los botánicos caryocar amygdaliperum(
23
).
Humboldt
dejó copias a Mendinueta y a Mutis de un croquis del mapa del río Magdalena, desde las
Bocas de Ceniza hasta Honda, el cual se publicó en París por primera vez en 1816, con
algunas rectificaciones; y otro mapa de la Sabana de Bogotá, que ha desaparecido. Un
perfil o corte geográfico del camino de Cartagena a Santafé se publicó en París en
1820, con la nota de haber sido dibujado por Humboldt en Bogotá en 1801(
24
).
Creernos
bueno anotar que los ilustres exploradores que viajaron en el Nuevo Reino con licencia del
Monarca, ignoraban que éste había ordenado al Virrey que «como importante precaución
señalase alguna persona para que observara de cerca a los viajeros, para que éstos no se
ocupasen en objetos distintos de su comisión.» Para ejercer las funciones de vigilante,
o, en mejor castellano, de espía, fue escogido el militar Miguel Raón(
25
).
Fecunda
en bienes fue para la ciencia y la civilización de la Colonia la venida de Humboldt y de
Bonpland.
Pero hay que reclamar para la apartada ciudad de Santafé el honor de haber contribuido
grandemente a la obra
inmortal que ellos realizaron. Este hecho importante lo estudia con elevado criterio
filosófico un escritor colombiano en esta interesante apreciación:
Cuarenta
años hacía que Mutis había dejado la Europa, y aunque los libros y los periódicos lo
imponían de los adelantos de las ciencias y de la marcha de las sociedades ultramarinas,
la palabra hablada es siempre más insinuante, más expresiva, más lata que la palabra
escrita, Pero por esta misma permanencia en América, consagrada instante por instante al
estudio de sus vegetales, de sus animales, de su corteza térrea, de sus fenómenos
físicos, Mutis era la encarnación de la ciencia natural de los Andes; y agregando a esta
condición su instrucción variada y profunda y su esmerada educación, reunía en sí
mismo todos los títulos y medios para fecundizar, como maestro consumado, el ya bien
cultivado talento de los ilustres viajeros. Más aún: la Expedición Botánica, rica de
libros y de materiales científicos, aglomerados en diez y siete años de perenne labor;
desempeñada y servida por un cuerpo numeroso de hombres inteligentes y acuciosos, cada
uno de ellos profesor en su oficio; foco de las luces, de las invenciones y de los
descubrimientos útiles de todo el Virreinato; plantel grandioso de la ciencia, sin igual
en este ni en el Viejo Mundo, por el teatro de sus trabajos, por los recursos de
subsistencia con que contaba, por la inmejorable calidad de sus empleados, atesoraba
inmensas observaciones y elementos nuevos de historia natural, mucho más que suficientes
para dar pábulo a la sed de secretos cosmológicos y al criterio filosófico y excelso de
hombres como Humboldt y Bonpland. Al visitarla estos sabios, hallaron recopilada en sus
estantes la naturaleza de las regiones equinocciales de América, coordinada, escogida,
clasificada e Interpretada por Mutis, Valenzuela, Zea y los demás discípulos del
primero. Se puede decir que aunque los viajeros hubieran permanecido doce años en
América, no habrían podido obtener tantos datos acerca de la corteza física de estas
regiones, como los que hallaron acumulados en la casa de la Expedición. Seguramente no se
hacen cargo de esta circunstancia los que, maravillándose del éxito de este viaje
memorable, dicen que parece increíble(
26
).
|
|
|
Humboldt y Bonpland.
|
El sabio Humboldt dejó su nombre vinculado gloriosamente a la ciencia en
Bogotá, en Caracas y en Quito. Un publicista venezolano escribía en 1876:
Durante
tres cuartos de siglo, Humboldt tiene por teatro el cielo y la tierra; pueblos y reyes por
auditorio; por escalas los Andes y el Himalaya, y tres generaciones por cortejo(
27
).
CONTINUAR
REGRESAR AL
INDICE
(
22
) MIGUEL LUIS Y GREGORIO VÍCTOR AMUNÁTEGUI, Biografía
de don Andrés Bello. MANUEL ANCÍZAR, Andrés Bello.(
regresar
a 22)
(
23
) F. GREDILLA, lib. cit., 215, 216.(
regresar a 23
)
(
24
) PHIL HAKSPIEL, Alejandro de Humboldt en sus relaciones
con Colombia y Venezuela.(
regresar a 24
)
(
25
) D. MENDOZA, lib. cit., 91.(
regresar
a 25
)
(
26
) F. VESGA, lib. cit., 93.(
regresar
a 26
)
(
27
) ARISTIDES ROJAS, Un libro en prosa, 469. Sobre el
célebre viaje de Humboldt y Bonpland: E. T. HAMV, Aimé Bonpland (1906). A. F. GREDILLA,
lib. cit., 215, 216. D. MENDOZA, lib. cit., 91. J. F. BLANCO, lib. cit., 34. F. LOZANO Y
LOZANO, Biografía de don Jorge Tadeo Lozano; PHIL HAKSPIEL, Boletín de Historia, VIII,
321. Luis ORJUELA, Minuta Histórica Zipaquireña, LXXVI. Humboldt escribió su Mermoria
Razonada en correcto francés; en 1882 se publicó una defectuosa versión en castellano
en los Anales de Instrucción Publica, IV, 303. El señor Orjuela reimprimió la Memoria
Razonada, en opúsculo, en 1888 (Minuta, cit., VI).(
regresar a
27
)
|