CRONICAS DE BOGOTA. Tomo II
Pedro M. Ibañez
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Estas vías que describe Romero eran los caminos reales que unían a Santafé con las ricas regiones orientales
del Virreinato, en los albores del siglo XIX.

Cristóbal de Quesada era fraile de La Merced, y obtenía en Venezuela, su patria, merecida reputación de hombre instruido y de talento. Muy joven, bajo influencias de fervor religioso pasajero, hizo votos solemnes en la citada Orden monástica; pero no había nacido para el claustro y cualquier día colgó los hábitos y se fugó del convento.

Por temor a los terribles castigos que se le esperaban,se presentó en Bogotá con el pseudónimo dé Carlos Sucre, ilustre apellido que podía llevar, por pertenecer a la familia que produjo al Gran Mariscal de Ayacucho. Sus aptitudes no debían ser comunes, pues bajo el cielo de Santafé logró sentarse, como Secretario privado, en la mesa de despacho del Virrey.

Apaciblemente corrían sus días, cuando un caballero solicitó de él una conferencia privada. Apenas estuvieron solos, le dijo el visitante sin circunloquios ni rodeos:

—«Usted no es Carlos Sucre, sino Cristóbal de Quesada,» y le ofreció que él no revelaría el secreto, pero que ya
había perdido el incógnito.

En el apurado trance, Quesada reveló la verdad a Mendinueta, y le suplicó lo hiciera volver a su convento, sin escándalo ni humillaciones, lo que logró el Virrey fácilmente. Vuelto Quesada a la vida de claustro, cumplió otra vez correctamente sus deberes religiosos.

Carlos Sucre era nada menos que el Simón Rodríguez de aquel joven prodigio que hizo Célebre en la historia literaria de América el nombre de Andrés Bello.

En efecto, como el excéntrico filósofo que modeló el alma de Bolívar, Quesada fue el maestro universal de Bello, desde que, instruido apenas en las primeras letras, tuvo la fortuna de caer en sus manos. Bello mismo dice: «Como profesor, tenía entonces muy pocos iguales en toda la extensión de la América española»( 22 ).

Los sabios Humboldt y Bonpland subieron el Magdalena y llegaron a la capital después de transitar por el camino de Honda. Habían arribado a Cartagena el 28 de marzo de 1801; allí se demoraron seis días; emprendieron luego marcha para la capital, y a ella llegaron en los primeros días de mayo.

En Bogotá se les tenía preparada a los ilustres viajeros una casa en la actual calle 12, señalada hoy con el número 288, que se conserva todavía casi intacta, pues ha escapado a la transformación arquitectónica que convierte las vetustas moradas de Santafé en las elegantes construcciones del Bogotá moderno. La casa forma el ángulo noroeste del cruzamiento de la calle dicha con la carrera 11, y tiene su fachada principal sobre la calle. Más afortunada que la que en Caracas habitó Humboldt —derribada por el terremoto de 1812,—la de Santafé se encuentra hoy —ya lo hemos dicho— como cuando la ocupó el sabio alemán. Seguramente la piqueta de la civilización la echará en breve por tierra. Sobre un portalón se ve una ventana de madera, de amplias dimensiones, cubierta por un tejado en ático; a los lados de este centro del edificio se abren puertas de tiendas, en el piso bajo, y en el alto se ven dos galerías exteriores o balcones corridos, también de madera, sostenidos por gruesos canes y cubiertos por un viejo tejado, que el tiempo ha vuelto gris ceniciento. Hoy esta casa, a pesar de sus recuerdos históricos, ha descendido a tan inferior categoría, que está destinada para un bodegón.

Casa de Humbold

Mendinueta visitó a los viajeros y los presentó a Mutis. Este les abrió las puertas de la Expedición Botánica, con sus ricos gabinetes y colecciones de ciencias naturales.

Acompañados del botánico Francisco Javier Matiz, recorrieron los alrededores de Bogotá, estudiando la vegetación de las alturas andinas, nueva para ellos. Fueron a las minas de plata de Santa Ana y Mariquita, las Salinas de Zipaquirá, el puente natural de Icononzo y la célebre cascada del Tequendama.

Además de los sabios que laboraban pacientemente en el instituto de Mutis, Humboldt y Bonpland trataron a la más distinguida e ilustrada sociedad de Santafé. El uno, aristocrático Barón prusiano, y el otro, a quien adornaban las maneras elegantes de la alta sociedad francesa, admiraron la cultura y el refinamiento social de los bogotanos, en las reuniones en casa de los Marqueses de Lozano y de las familias Nariño, Domínguez, Manrique, etc., etc.

Bonpland fue muy solicitado como médico por la sociedad santafereña, y la analogía de profesión con Mutis hizo que le profesara especial benevolencia el provecto Jefe de la inmortal Expedición. Cabe aquí un dato curioso: un sabio miembro del Instituto de Francia, el ilustre médico doctor E. T. Hamy, publicó en París, en 1906, un interesante libro titulado Aimé Bonpland, medecin et Naturaliste, Explorateur de l’Amérique du Sud, en el cual estudia la vida, las obras y la correspondencia del joven compañero de Humboldt. Pues bien: el respetable profesor y académico francés apenas si menciona en su libro a Bogotá.

Humboldt rindió al Virrey un detallado informe sobre las Salinas de Zipaquirá, donde dejó indicaciones claras para cambiar el deficiente sistema aplicado allí; otro sobre las minas de plata de Santa. Ana, e importantes estudios barométricos y botánicos. En muchos de sus libros, por lo general obras maestras de reputación universal, se encuentran noticias científicas sobre la rica naturaleza del Nuevo Reino y recuerdos cariñosos de Santafé y de algunos de sus habitantes.

A mediados de septiembre le 1801 salieron los viajeros de Bogotá, con dirección al Cauca. En la hacienda de Contreras, jurisdicción de Ibagué, visitaron a don Luis Caicedo y Flórez. Allí trazó Humboldt con su propia mano la acequia que conduciría el agua para mover con fuerza hidráulica la rueda del ingenio de fabricar azúcar, y evitar así trabajo a los esclavos. Desde Contreras relató su viaje en cartas dirigidas a Berlín, que fueron publicadas en un periódico mensual de aquella ciudad. Acompañaba entonces a Humboldt y Bonpland un francés llamado Derieux, encargado por el Gobierno español para cultivar en las comarcas de Mariquita la canela, la quina y el almendro, éste llamado por los botánicos caryocar amygdaliperum( 23 ).

Humboldt dejó copias a Mendinueta y a Mutis de un croquis del mapa del río Magdalena, desde las Bocas de Ceniza hasta Honda, el cual se publicó en París por primera vez en 1816, con algunas rectificaciones; y otro mapa de la Sabana de Bogotá, que ha desaparecido. Un perfil o corte geográfico del camino de Cartagena a Santafé se publicó en París en 1820, con la nota de haber sido dibujado por Humboldt en Bogotá en 1801( 24 ).

Creernos bueno anotar que los ilustres exploradores que viajaron en el Nuevo Reino con licencia del Monarca, ignoraban que éste había ordenado al Virrey que «como importante precaución señalase alguna persona para que observara de cerca a los viajeros, para que éstos no se ocupasen en objetos distintos de su comisión.» Para ejercer las funciones de vigilante, o, en mejor castellano, de espía, fue escogido el militar Miguel Raón( 25 ).

Fecunda en bienes fue para la ciencia y la civilización de la Colonia la venida de Humboldt y de Bonpland.
Pero hay que reclamar para la apartada ciudad de Santafé el honor de haber contribuido grandemente a la obra
inmortal que ellos realizaron. Este hecho importante lo estudia con elevado criterio filosófico un escritor colombiano en esta interesante apreciación:

Cuarenta años hacía que Mutis había dejado la Europa, y aunque los libros y los periódicos lo imponían de los adelantos de las ciencias y de la marcha de las sociedades ultramarinas, la palabra hablada es siempre más insinuante, más expresiva, más lata que la palabra escrita, Pero por esta misma permanencia en América, consagrada instante por instante al estudio de sus vegetales, de sus animales, de su corteza térrea, de sus fenómenos físicos, Mutis era la encarnación de la ciencia natural de los Andes; y agregando a esta condición su instrucción variada y profunda y su esmerada educación, reunía en sí mismo todos los títulos y medios para fecundizar, como maestro consumado, el ya bien cultivado talento de los ilustres viajeros. Más aún: la Expedición Botánica, rica de libros y de materiales científicos, aglomerados en diez y siete años de perenne labor; desempeñada y servida por un cuerpo numeroso de hombres inteligentes y acuciosos, cada uno de ellos profesor en su oficio; foco de las luces, de las invenciones y de los descubrimientos útiles de todo el Virreinato; plantel grandioso de la ciencia, sin igual en este ni en el Viejo Mundo, por el teatro de sus trabajos, por los recursos de subsistencia con que contaba, por la inmejorable calidad de sus empleados, atesoraba inmensas observaciones y elementos nuevos de historia natural, mucho más que suficientes para dar pábulo a la sed de secretos cosmológicos y al criterio filosófico y excelso de hombres como Humboldt y Bonpland. Al visitarla estos sabios, hallaron recopilada en sus estantes la naturaleza de las regiones equinocciales de América, coordinada, escogida, clasificada e Interpretada por Mutis, Valenzuela, Zea y los demás discípulos del primero. Se puede decir que aunque los viajeros hubieran permanecido doce años en América, no habrían podido obtener tantos datos acerca de la corteza física de estas regiones, como los que hallaron acumulados en la casa de la Expedición. Seguramente no se hacen cargo de esta circunstancia los que, maravillándose del éxito de este viaje memorable, dicen que parece increíble( 26 ).

Humboldt y Bonpland.

El sabio Humboldt dejó su nombre vinculado gloriosamente a la ciencia en Bogotá, en Caracas y en Quito. Un publicista venezolano escribía en 1876:

Durante tres cuartos de siglo, Humboldt tiene por teatro el cielo y la tierra; pueblos y reyes por auditorio; por escalas los Andes y el Himalaya, y tres generaciones por cortejo( 27 ).

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INDICE

 

( 22 ) MIGUEL LUIS Y GREGORIO VÍCTOR AMUNÁTEGUI, Biografía de don Andrés Bello. MANUEL ANCÍZAR, Andrés Bello.( regresar a 22)

( 23 ) F. GREDILLA, lib. cit., 215, 216.( regresar a 23 )

( 24 ) PHIL HAKSPIEL, Alejandro de Humboldt en sus relaciones con Colombia y Venezuela.( regresar a 24 )

( 25 ) D. MENDOZA, lib. cit., 91.( regresar a 25 )

( 26 ) F. VESGA, lib. cit., 93.( regresar a 26 )

( 27 ) ARISTIDES ROJAS, Un libro en prosa, 469. Sobre el célebre viaje de Humboldt y Bonpland: E. T. HAMV, Aimé Bonpland (1906). A. F. GREDILLA, lib. cit., 215, 216. D. MENDOZA, lib. cit., 91. J. F. BLANCO, lib. cit., 34. F. LOZANO Y LOZANO, Biografía de don Jorge Tadeo Lozano; PHIL HAKSPIEL, Boletín de Historia, VIII, 321. Luis ORJUELA, Minuta Histórica Zipaquireña, LXXVI. Humboldt escribió su Mermoria Razonada en correcto francés; en 1882 se publicó una defectuosa versión en castellano en los Anales de Instrucción Publica, IV, 303. El señor Orjuela reimprimió la Memoria Razonada, en opúsculo, en 1888 (Minuta, cit., VI).( regresar a 27 )


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