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CAPÍTULO XXXVIII
El
6 de agostoErección de villasBlasones de FunzaEspíritu
revolucionarioLos ex-VirreyesNuevos tumultosLos ex-Virreyes en Palacio.
Parten de BogotáSu odisea hasta CartagenaAnécdota en La Popa. Fin de
AmarRecuerdos de este VirreySu mujerCartas y recuerdos de la
VirreinaNuevas ideasPrisiones y miliciasFin de la vida colonialLa
Junta y los quiteñosTribunal de ApelacionesPerdón de Alba y de
FríasImpresiones oficialesEl Diario PolíticoSus redactores. Ojeada
retrospectivaLa Plaza MayorLa fuente públicaLas calles. Los grandes
edificiosLa sociedad y las costumbresLa quedaCara de PerroEl
ResucitadoEl Pecado MortalCondiciones sociales y políticas. Escritos
notablesUn viejo en danzaTropasPrisiones-Solidaridad
americanaHonras fúnebresRegimiento de don Pantaleón Gutiérrez. En favor de
los europeosEscritos de Nariño y HerreraLos indios, ciudadanosCortes
españolasOtro escrito patrióticoEl Aviso al Público. Contra la
RegenciaHonores para PeyHonores para los Girardotlndependencia de
QuitoEl Aviso de TorresEn plena Patria BobaReorganización del Gobierno
Monopolios y tributosPoesías patrióticas. Miembros del Poder
EjecutivoInstalaciónEl Arzobispo SacristánSu éxodoCisma del
SocorroLa prensa extranjera y la revoluciónUltimos soldados realistas.
LAS
dianas militares y los campanarios anunciaron en triunfo el albor del nuevo día, en el
cual cumplía la ciudad fundada por Jiménez de Quesada y blasonada por el Emperador
Carlos V, doscientos setenta y dos años de edad.
La
Junta Suprema se reunió en Cuerpo asolemnizarla memorable fecha; y las caballerías y
tropas pasearon armadas por las vías públicas. Ese día erigió la Junta en villas los
pueblos de Zipaquirá, Ubaté, Chocontá, Bogotá (hoy Funza), La Mesa, Guaduas, Cáqueza,
Tensa, Sogamoso, Turmequé y Chiquinquirá. Esta merced la concedió el Gobierno
gratuitamente, aumentando sus influencias y sus simpatías. Bajo el régimen virreinal
tenían los vecindarios que hacer gastos inmensos para erigirse en villas o ciudades,
exacción que se llamaba en el lenguaje oficial de la época gracias al sacar, y que el
periodismo avaluó en esta vez en más de $ 100,000, «que hubieran marchado a las
columnas de Hércules.»
La villa de Bogotá, o sea la villa imperial y
agricultora de Funza, vio reunir pocos días después al Cura don Mariano Lesmes y a los
representantes de los vecinos blancos e indios y del Asesor don Miguel Montalvo, los
cuales convinieron en que en la nueva villa hubiese Cabildo y que tuviese por blasón un
escudo de pintoresca heráldica criolla, dividido en dos cuarteles, azul el uno y rojo el
otro, con una corona que representaba la fidelidad; espada, trigo y flores, que
significaban la justicia, el valor, la agricultura y la concordia, y oliva y palma, signos
de paz y de honor. El escudo tenía la forma de corazón, y en uno de sus cuarteles
llevaba también representada esta noble víscera, y sobre ella se leían estas iniciales
y. F. VII. Coronaba el escudo un bonete con plumas, sostenido por dos flechas indígenas,
enlazadas por una cadena rota, lo que significaba en esa heráldica, libertad americana; y
la igualdad de los cuarteles, igualdad patriótica. Una cinta que lo cubría todo, llevaba
esta leyenda: Fidelidad, justicia y concordia(
1
).
Cuenta
Caballero que la noche de este día6 de agosto de 1810los Oficiales de la
antigua guardia pretoriana pasearon un carro triunfal, donde algunos niños «hicieron una
loa con muchos fuegos artificiales.»
El
día 7 la Junta se ocupó en tomar medidas sobre la tranquilidad pública, y por medio de
patriotas que tenían influjo en el pueblo, calmó la efervescencia de las reuniones
populares, que le impedían entregarse con reposo a tomar acertadas medidas de Gobierno.
Presentóse
también ese día Bobadilla, el conocido Gobernador de los Llanos, en un cuartel donde
creía estar con seguridad, y elevó desde allí un memorial a la Suprema Junta, afirmando
que su conducta como funcionario en las regiones orientales no podía acarrearle
responsabilidad, pues había sido el cumplimiento exacto de órdenes terminantes y
precisas del Virrey y de la Audiencia.
El
día 10 dos Vocales, Emigdio Benítez y Sinforoso Mutis, salieron para el Socorro a
desempeñar comisión reservada de la Junta, llevando $ 1,000 en doblones para sus gastos
de viaje, que les fueron entregados el mismo día.
El
espíritu revolucionario tomó mayor incremento el 13 de agosto. El pueblo se reunió en
la gran plaza, y pidió con instancia y vivamente que el exVirrey fuese trasladado a
la cárcel de Corte y la Virreina al Divorcio o cárcel de mujeres. En esos momentos, en
las puertas de la prisión de Amar tuvieron disgusto personal Eduardo Pontón y un joven
Ricaurte, disgusto que llegó al extremo de irse a las manos. El populacho apoyó a
Pontón, e impidió que fuese reducido a prisión. El tumulto era grande, y de él se
aprovecharon José María Carbonell y otros exaltados para exigir la prisión de los
Virreyes. «Todos lo pedían a gritos dice Caballero pero es de advertir
que los que pedían esto era la gente baja, pues no se advertía que hubiese gente
decente.» La Junta fue constreñida a acceder a esta petición. Se formó una calle desde
el Tribunal de Cuentas hasta la puerta de la Cárcel de Corte. Por allí pasó Amar entre
numerosísimo pueblo, y ya en su nueva prisión sufrió el insulto de que se le pusieran
grillos. Las mujeres del pueblo formaron también calle desde las puertas del convento de
La Enseñanza hasta las del antiguo Divorcio. Un testigo presencial dice:
Como
a las cinco y media la sacaron del convento, y aunque la iban custodiando algunos
clérigos y personas de autoridad, no le valió, pues por debajo se metían las mujeres, y
le rasgaron la saya y el manto, de suerte que se vio en bastante riesgo, porque como las
mujeres, y más atumultadas, no guardan ningún respeto, fue milagro que llegase viva al
Divorcio. Las insolencias que le decían eran para tapar oídos(
2
).
La
Virreina experimentó vejaciones humillantes, de que no pudieron salvarla varios
sacerdotes, entre los cuales descollaba el Magistral Rosillo. Sufrió doña María
Francisca empellones y puñadas, y cayó, con las ropas desgarradas, en el arroyo que
corría por la calle de La Enseñanza, hoy calle 11.
El
día 14 volvió a haber tumultos. No siendo capaz el edificio de la Municipalidad pata
contener el numeroso concurso, la Junta se trasladó a los balcones del Palacio del
Virrey, y allí arengaron Pey y otros Vocales, los cuales lograron calmar la efervescencia
pública.
Se
reunió una asamblea numerosa de personas distinguidas de la alta clase social, la cual
declaró que la Junta estaba legítimamente instalada y que confirmaba los nombramientos
hechos por ella, e improbaba los procedimientos incorrectos con que habían sido
ultrajados los Virreyes el día anterior. Se dispuso que inmediatamente los miembros de la
Junta y grupos de caballeros y de señoras condujesen a los Virreyes de sus respectivas
prisiones al Palacio. Un escuadrón de caballería, que tenía sus cuarteles en el Ejido,
al occidente de la Plaza de San Victorino, sitio que se llamó mucho tiempo Ejido de la
Caballería (hoy prisión de Paiba, para menores de edad), acudió para guardar el orden e
imponer respeto al populacho. Ya en el Palacio los Virreyes, se les dejó guardia
comandada por don Primo Groot, quien cumplió la misión de hacer respetar al afligido
Amar y a su esposa.
En
la tarde del 15 de agosto, y aprovechando el tiempo en que el pueblo concurría a una
procesión que se había
preparado para el efecto, como medida prudente, salieron los Virreyes del Palacio, y
tranquilamente tornaron en las puertas de él el coche que debía llevarlos por el camino
de Occidente, a orillas del río Magdalena. Tres caballeros, don Manuel Pardo, don
Joaquín Hoyos y don Ignacio Umaña, aceptaron la simpática comisión de acompañar a los
vencidos en su penosa y larga peregrinación.
En Honda recibieron 8 1,578 y cuatro reales, de manos de
don Ignacio Camacho, para los gastos en la navegación del bajo río, hasta Cartagena. En
Turbaco fueron recibidos y galantemente hospedados en casa de don Antonio de Narváez,
distinguido hombre público cartagenero, quien escribió luego: «Al Virrey don Antonio
Amar y su esposa los tuve a su paso hospedados en mi casa de convalecencia (pueblo de
Turbaco), en que almorzaron y comieron, y procuré obsequiarlos y consolarlos en lo
posible, y principiaron a respirar en ella de sus sustos y bien fundados temores»(
3
).
Narváez
les dio caballerías enjaezadas para seguir a Cartagena. La Junta de aquella ciudad les
había preparado alojamiento en La Popa, donde debía permanecer preso el exVirrey
hasta nueva orden; nada de esto se hizo saber al sordo Amar, y como al pasar el portalón
de su nueva prisión, la Compañía que mandaba el Capitán Miguel Caraballo no le
rindiese los honores de ordenanza, Amar, dirigiéndose al Jefe, exclamo:
«Atienda
usted, señor Oficial, que no se me han hecho los honores de Capitán General.»
A lo que repuso el Comandante de la guardia:
«A mí no me han mandado aquí a guardar Capitanes
Generales, sino presos que vienen a disposición de los señores Comisionados»(
4
).
El
exVirrey había concedido poder general en Bogotá al abogado don Felipe de Vergara,
estando ya preso, en el mes de agosto; y cuando salió para Cartagena, sus valores y
alhajas se depositaron en la Tesorería de la Casa de Moneda.
Por
orden de la Suprema Junta fueron embarcados los Virreyes, en vía para España. Llegaron a
La Habana el 12 de octubre, y de allí partieron con rumbo a la Coruña, el 25.
El 8 de febrero de 1812 escribió una carta Amar, en
Cádiz, dirigida a don Joaquín Quintana, de Bogotá. En ella habla de política, y cuenta
que la Regencia había resuelto que no había destino proporcionado a sus circunstancias,
y que por consiguiente no podría empleársele, corno lo solicitaba. Amar quiso defenderse
en España culpando a don Juan Jurado. El patriota José Gregorio Gutiérrez Moreno
recomendó a su hermano Agustín, que residía en Europa, para averiguar por el paradero
de la «vieja Virreina,» y no menciona a su esposo. «Se había convertido en un
personaje tan insignificante, que ni sus contemporáneos hacían de él memorias»(
5
).
El
viejo exVirrey llegó al fin a Zaragoza, y fue condecorado por sus servicios con la
Cruz de la Orden de San Hermenegildo. Fernando VII dispuso en 1818 que se le indemnizaran
los perjuicios que había sufrido en sus intereses por causa de la revolución en Santafé
reconquistada. Amar escribió a su apoderado, a don Juan Sámano y a don José González
Llorente, con el objeto de que le activasen aquí sus negocios. La carta para el último
está fechada en la villa de Sadaba, Provincia de Zaragoza, donde se había retirado a
llorar su reciente viudez y a distraerse con partidas de caza.
No
obstante el ofrecer el afligido viudo muebles y efectos a sus amigos ya Sámano, sus
reclamaciones marchaban lentamente en Santafé de Bogotá, y todavía no estaban resueltas
a principios de 1819, y aun es probable que encallaran con el triunfo de Boyacá. En ese
tiempo perdernos las huellas del antiguo mandatario.
En
la historia nacional es simpático el nombre de don Antonio Amar y Borbón por haberle
cabido en suerte recibir la benéfica expedición de la vacuna; por haber señalado su
Gobierno con una obra de beneficio público: la continuación del camellón del Norte,
iniciado por Ezpeleta, y por haber favorecido la prosecución de la obra de La Catedral,
facilitando para su fábrica muchos millares de pesos.
En el Museo Nacional, bajo el número 428, se conserva
una lujosa espada que fue de aquel Virrey. «Empuñadura dorada, hoja fina y dorada,
angosta, damasquinada, de ochenta y cinco centímetros. Vaina de cuero con anillos de
cobre, de dibujos semejantes a la empuñadura y letreros dorados.» Y bajo el número
430A., un freno que pertenecía al arnés de la carrosa de Amar(
6
).
Doña
María Francisca Villanova, nombre con que suscribía sus cartas, era hija de don Eusebio
Villanova y de una señora de apellido Marco; tenía numerosos hermanos en Aragón de
España, de donde eran nativos; carecía de atractivos especiales; no supo granjearse
simpatías entre los habitantes de la capital del Virreinato; y el historiador J. M.
Restrepo nos refierecomo ya lo hemos hecho notarque dominaba a su marido; que
tomaba parte en la provisión de empleos, quizá con miras interesadas; que amaba mucho el
dinero, y que tenía carácter firme y resuelto. Siguió la Virreina a su esposo en la
próspera y en la adversa fortuna. De Cádiz escribía a don Francisco Morales, en frases
cariñosas, no obstante haber sido él,en compañía de sus hijos, quienes indirectamente
iniciaron la caída del Gobierno virreinal. Le recuerda en la carta que ya le había
escrito desde Cartagena y desde la Coruña, y que en la primera le había incluido una
lista de alhajas que haba echado de menos, lista que amplió en la carta de la Coruña, a
medida que notó lo que le faltaba en su equipaje. Reclamaba veintiséis cuadros de sala y
despacho, tres servicios de café, dinero, un reloj que había regalado al Canónigo Gil y
una escribanía que había cedido a don Fruto Gutiérrez, en caso de que se les hubieran
hecho devolver al Fisco, al ser embargados los bienes del Virrey. Se quejaba doña María
Francisca de que no podía llegar a su casa de Aragón por estar invadida la comarca por
las tropas francesas, y sin duda recordaría con amargura los días de
su prisión, en contraste con los de su llegada a Santafé, cuando un vate americano
escribía en su honor:
Tú
serás de nosotros respetada,
Tu ilustre nombre no verá el olvido,
Antes por el contrario, tu memoria
Será eterna en los fastos de la historia.
A
más del nombre de doña Francisca, que quedó, según la predicción de Salazar, en
nuestros anales, guarda el Museo Nacional, bajo el número 433, unos elegantes zapatos de
terciopelo, con bordados de oro y plata, estilo Luis XV, que fueron prenda de uso de la
esposa de Amar.
La
revolucióncomo hemos vistose llevaba a cabo de una manera tumultuaria, y de
aquellos elementos de anarquía y desorden salió un nuevo edificio político y social.
Fue la culminación de un encadenamiento de hechos y de nuevas ideas, que tuvo principio
en 1781, con el alzamiento de los Comuneros. Fue el fin de una etapa que pasaba a la
historia, y el principio de la vida civil libre del que había de ser el soberano pueblo
de Colombia.
El
día 16 de agosto la Junta se ocupó en decretar nuevas prisiones. El Vocal Gutiérrez
Moreno fue enviado en comisión a Honda, a detener al ingeniero español Talledo,quien
debía seguir a la cárcel de Cartagena. En Bogotá entraron a la cárcel los distinguidos
patriotas don José María Carbonell, don Manuel García y don Joaquín Eduardo Pontón,
acusados de haber instigado al pueblo a pedir las prisiones de los exVirreyes.
Caben
bien aquí unas palabras del fundador de Bogotá, que él escribió refiriéndose a sus
compañeros de conquista y que pueden aplicarse a los peninsulares, una vez consumada la
revolución:
Unos
son muertos, y éstos son los más; otros están en España, que con lo que acá hubieron
se han ido a sus tierras donde viven; otros se han ido en tiempos pasados a otras partes
de Indias; otros se quedaron en este Reino.
Los
españoles amigos de la revolución, que no levantaron sus tiendas, encontraron en la
tierra americana segunda patria y hogar para sus hijos y descendientes.
Con
la partida de los Virreyes acabó la vida colonial en Santafé; desde aquel día las
vicisitudes de la guerra, la organización de la República, las luchas políticas y la
agitada vida que llevaban los pueblos nacientes, ocuparon la atención de los antiguos
colonos; y decimos que aquel día acabó la vida colonial, refiriéndonos únicamente a lo
político. Las costumbres de los siglos pasados, profundamente arraigadas en la capital,
como era natural, siguieron imperando. Los hogares de los viejos santafereños fueron
durante los primeros años de la República, hogares de los revolucionarios. Todos morían
en la misma casa donde habían nacido, en la cual no había un rincón que no recordara la
dulce caricia materna o el buen consejo paternal. Creían los revolucionarios, como año
más tarde lo expresó Julio Simón, que el maestro del porvenir es el pasado.
E1
19 de agosto reglamentó la Junta las milicias: la formación de los regimientos tuvo
lugar en la antigua Huerta de Jaime. En esta reorganización, las presillas de Jefe se
concedieron únicamente a los americanos,y por excepción a españoles purificados, que
habían probado su amor a las nuevas ideas.
El
día 21 se dirigió Pey, como Presidente de la Junta, al Conde Ruiz de Castilla,
Presidente de Quito, manifestándole asombro por las comunicaciones reservadas dirigidas a
Amar, que llegaron después de su caída. Le comunicaba Pey la revolución del Nuevo
Reino, y le prevenía que inmediatamente erigiera la Junta de Quito, a semejanza de la de
Santafé.
A
la sazón se publicaba en Bogotá un bello escrito de don Miguel Pombo, dirigido al pueblo
de Santafé, en que lamentaba que la revolución hubiera sido tardía para haber salvado
las víctimas de Quito. Para dar idea de la energía de esta pieza literaria,
transcribimos uno de sus apartes:
¡El 2 de agosto!.... ¡Día funesto, día de sangre y de
horror para la ilustre Quito y de venganza para toda la América! Día para siempre
memorable, por los excesos de crueldad y de fiereza a que se entregó el brutal soldado; y
día terrible, cuya memoria hará transmitir de generación en generación un odio eterno
contra la tiranía española(
7
).
El
día 23 de agosto se estableció Tribunal de Apelaciones con Salas de Gobierno y de
Hacienda. En la primera figuran Juan Jurado, José María Castillo y José Gregorio
Gutiérrez Moreno, y el Fiscal Dionisio Gamba. Fueron Jueces de la de Justicia Manuel
Fernández Saavedra, Francisco J. Vergara y Victorino Ronderos, y Fiscales, don Luis Egea
y don Joaquín Ortiz Nagle. Tuvieron Relatores y Escribanos, y recordamos la nimiedad de
que señalaron como uniforme casaca y calzón negro, chupa y media blanca; en el cuello,
bordadas, las armas de la ciudad, y otro bordado en la manga, de oro, para la Salade
Gobierno, y de plata para la de Justicia. Los abogados no podían usar sino bordado de oro
en la manga. El Tribunal de Gobierno era también Cuerpo consultivo del Ejecutivo.
Cuestiones
de grave importancia le fueron sometidas al Tribunal, entre ellas el proceso criminal
contra los Oidores Alba y Frías, a quienes dejamos presos en las cárceles del Socorro.
Actuó en él como Magistrado Gutiérrez Moreno, quien lleno de benevolencia, que revela
el carácter generoso de nuestros próceres, cortó el célebre sumario y pidió que se
les diesen pasaportes para regresar a España con sus familias, magnánimo juicio que fue
aprobado el 29 sino las amargas horas de la cárcel de Bogotá, su penoso de marzo de
1811. De manera que los odiados exMagistrados Alba y Frías no tuvieron como castigo
de sus abusos sino las amargas horas de la cárcel de Bogotá, su penoso viaje en sillón
hasta el Socorro y los nueve meses de prisión que allí sufrieron.
El
día 25 de agosto la Junta diputó a su Vocal Secretario Fruto Gutiérrez para que
dirigiese las impresiones oficiales, y dejó constancia de que el impresor Bruno Espinosa
hacía donación generosa de $ 300 que por esta causa se le adeudaban. Dos días después
resolvió la Junta favorablemente la solicitud de Caldas y Camacho para fundar un papel
público llamado Diario Político de Santafé de Bogotá, en que se sostuvieran los
derechos del pueblo, y lo auxilió con $ 2,000, suma que debían reintegrar de los
productos de la impresión en el término de seis meses. El periódico apareció el mismo
día, y su prospecto tenía el siguiente epígrafe latino: Sed incredibile est adepta
liberate quam brevi creverit.. . LIVIUS.
De
los redactores del Diario, Caldas es conocidísimo de nuestros lectores. El doctor
Joaquín Camacho, natural de Tunja, era un abogado notable y un excelente botánico. En
1808 había escrito la relación territorial de la Provincia de Pamplona, donde fue
Gobernador en tiempos del Rey. Lo hemos visto figurar como Vocal de la Junta Suprema de
1810, y ahora iba a colaborar con brillo en el primer periódico de índole política
libre y levantada que se publicó en nuestro país.
Aprovechando
un período de calma relativa, nos parece oportuno desplegar ante los ojos del lector una
descripción del estado material de la Plaza, de lo saliente de la ciudad en aquel tiempo,
de las costumbres y de las tradiciones que entonces estaban vivas. Escaso era el
desarrollo de las condiciones materiales, como lo vamos a ver en esta ojeada
restrospectiva.
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Angulo sudoeste de la Plaza Mayor de Santafé de Bogotá
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Para dar idea del teatro principal de los acontecimiento
del 20 de julio,vamos a recordar los edificios que rodeaban la Plaza Mayor de la capital
de la Colonia. El costado norte estaba compuesto por cinco casas, que tenían amplios
balcones corridos, todas de pobre arquitectura. Las dos de los extremos pertenecían al
Gobierno; la inmediata a La Catedral era cuartel,y de tal sirvió en los primeros años de
la República; la situada en el extremo occidental de esta acera, cuya puerta se hallaba
en la Calle de Florián, hoy carrera 8a, número 188, servía de Oficina de Correos. La
acera occidental la formaban los siguientes edificios, de Norte a Sur: una amplia casa,
también de balcón corrido, llamada El Palacio, por haber servido de habitación a los
Virreyes desde 1786, año en que se incendió el viejo Palacio, situado en la acera sur.
La puerta de esta casa era la primera de la calle de San Miguel, hoy calle 11; seguía una
casa de piedra y cal, cubierta con azotea, edificio de relativa elegancia arquitectónica,
cuyas ventanas estaban distribuídas simétricamente, la cual servía de oficina de
despacho a las Virreyes(
8
). Seguía un edificio de mezquino aspecto, de
un solo piso, que ocupaban los Escribanos públicos, y luego la casa del muy ilustre
Cabildo, de que ya hablamos. Era el penúltimo edificio, de un solo piso, despacho de los
Alcaldes; y formaba el ángulo sur de aquella acera una casa de dos pisos, con amplio
balcón, cerca de cuya puerta se hallaba una ventana con fuerte reja de hierro. Esta casa
se conocía con el nombre de La Cárcel Chiquita. El ángulo suroeste de la acera sur lo
ocupaba un edificio de tres pisos, con balcones corridos, superpuestos en el extremo
occidental, y ventanas con verjas de hierro en el oriental, que fue en los tiempos de la
Colonia la Audiencia, el temido Tribunal de los colonos; seguía otra casa, semejante a la
anterior, de dos pisos, que fue la Cárcel Grande; inmediato hacia el Oriente se levantaba
un pobrísimo edificio de un solo piso, tienda de chichería hasta muchos años después
de organizada Colombia; seguía un edificio semejante y un muro de tierra,de aspecto
desapacible, que sirvió de cuartel durante la revolución de Independencia y que ocupaba
el sitio donde existió el primer Palacio de los Virreyes. La acera oriental estaba
formada: de Sur a Norte, por la casa de la Aduana, de la cual hablamos antes; por las
fachadas de la Capilla del Sagrario y de La Catedral (ésta en construcción), y por el
frente de la casa del Capítulo, situada entre los dos templos(
9
).
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INDICE
(
1
) Papel Periódico Ilustrado, I, 251.(
regresar
a 1
)
(
2
)J.M. CABALLERO, lib.cit., 130(
regresar a
2
)
(
3
) Archivo del historiador Restrepo.(
regresar
a 3
)
(
4
) J. M. GROOT, lib. cit., III,74. J.M. RESTREPO SÁENZ, El
Virrey Amar y su esposa.(
regresar a 4
)
(
5
) J. M. RESTREPO SÁENZ, trabajo citado. E. POSADA, El 20
de julio, 86.(
regresar a 5
)
(
6
) E. RESTEPO TIRANO, Catálogo del Museo, 71, 72.(
regresar a 6
)
(
7
) Se publicó en el número 17 del Diario Político.(
regresar a 7
)
(
8
) De 1819 a 1826 también sirvió de despacho al General
Santander, y posteriormente de local de la Gobernación de la Provincia de Bogotá.(
regresar a 8
)
(
9
) Extracto de las noticias publicadas por don José Belver,
sobre la Plaza de Bolívar, en los números 71 y 93 del Papel Periódico Ilustrado.(
regresar a 9
)
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