CRONICAS DE BOGOTA. Tomo II
Pedro M. Ibañez
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Se imprimió el día 25 un escrito sancionado por la Junta y suscrito por Fruto Gutiérrez y Camilo Torres, que llamaron Motivos que han obligado al Nuevo Reino de Granada a reasumir los derechos de la soberanía, etc. En ese documento expusieron con serenidad, acierto y verdad los numerosos motivos que tuvieron los patriotas revolucionarios para remover las autoridades del antiguo Gobierno e instalar Junta Suprema, en nombre del Rey Fernando y con independencia del Consejo de Regencia y de cualquier a otra autoridad peninsular. Del folleto escrito por los Secretarios de la Junta, que alcanzó a 135 páginas, se hizo edición de 4,000 ejemplares.

Al finalizar septiembre—el día 29—apareció el periódico semanal Aviso al Público. Basta decir que tenía este epígrafe latino: Plura quidem narrare tibi, si quaeris, habeam, de Ovidio, a la cabeza del primer número, para saber que su redacción estaba encomendada ala pesada pluma del Bibliotecario Rodríguez. En este periódico se sostuvieron las ideas de independencia y se repitieron las quejas justas que tenían los americanos para legalizar su rebelión. En el primer número se avisó que el Gobierno británico protegería la independencia de las Américas; y que el patriota don Jorge Tadeo Lozano ofrecía a la Junta armar a su costa 3,000 hombres de tropa ligera para apoyar al Gobierno.

Don Anselmo Bierna, el antiguo Asesor del Virreinato, cuya prisión había terminado, como ya vimos, con honor para él, salió de Bogotá rodeado de simpatías, porque ya se había probado que lejos de aconsejar providencias hostiles contra los patriotas, como miembro del Gobierno caído, estuvo en desavenencia con el Virrey y los Oidores.

Al terminar el mes de septiembre escribía Pey al Obispo de Cuenca: «Los Gobiernos se hacen para los hombres, y no éstos para aquéllos; por consiguiente, cuando no se ha contado con la voluntad, no hay tal Gobierno.» Se refería a las Juntas y Gobiernos de España, formados sin que los colonos americanos hubiesen tenido la menor parte.

La Junta, queriendo premiar los grandes servicios de Pey, lo nombró Teniente Coronel del Batallón Auxiliar, con grado de Coronel.

El 6 de octubre declaró la Junta que don Luis Girardot, francés, quien residía en América desde 1782, y había tomado carta de naturalización en el Virreinato( 23 ), había sido el primer ciudadano de origen extranjero que ofreció sus servicios a la Junta Suprema el 20 de julio; y que su hijo, el Oficial Atanasio Girardot, aunque había pertenecido a las tropas del Rey, de tiempo atrás, se había mostrado adicto a los nuevos ideales que informaban las ideas republicanas que no aceptaban ya el yugo colonial( 24 ).

Debemos consignar aquí cómo el 9 de octubre declaró la Junta revolucionaria de Quito que reasumía sus soberanos derechos y ponía el Reino de quito fuera de la dependencia de la capital del Virreinato. Pero luego, creyendo esos patriotas que bajo esta forma no realizaban su ideal y sus aspiraciones, resolvió la Junta romper los vínculos que unían a esas Provincias con España, y proclamó la Independencia( 25 ).

Por este tiempo redactó don Camilo Torres un periódico que tituló El Aviso, con el objeto de sostener las providencias de la Junta Suprema y de propagar las nuevas ideas. El y Rodríguez combatieron la Regencia española, y defendieron la unidad entre los americanos, pues deseaban la reunión de Diputados que formasen un Congreso General del Reino, y además la creación de una Junta particular de las Provincias. Entonces se imprimió un discurso de Fruto Gutiérrez, con el objeto de propagar idénticas ideas.

Hubo el día 14 asistencia oficial a la Vicecatedral, o sea San Carlos, con aparato militar, fiesta que llamaron de desagravios, pues tenía por objeto protestar de manera solemne contra el título de Príncipe de la Paz, con que Carlos IV había condecorado a su favorito Manuel Godoy, porque dicho título «sólo le toca de derecho a Jesucristo»( 26 ). Es esta una nueva justificación del nombre histórico de Patria Boba.

En este mes se deliberó acertadamente sobre dar nueva forma al Supremo Gobierno, dividiendo los poderes del modo más conforme a una sana política, y se publicaron discursos y prospectos sobre la constitución de un Cuerpo Ejecutivo, presidido por el Vicepresidente Pey y compuesto de un individuo de cada Sección de la Junta, suprimiendo la de Policía; y se reconstituyó el Cabildo, con el mismo personal que tenía el 20 de julio. El Poder Ejecutivo tuvo dos Secretarios: uno de Gobierno, Gracia y Justicia, y otro de Estado, Guerra y Hacienda, con sólo «voto informativo.» El patriota Antonio Morales fue nombrado Secretario de la Junta Legislativa. El Poder Judicial quedó absolutamente independiente.

Don Miguel Pombo publicó un discurso el día 20, sobre la necesidad de extinguir los estancos de tabaco y aguardiente y sobre la justicia de abolir los tributos de los indios, «nuestros hermanos,» por quienes aboga con calor, con energía y elocuencia.

A mediados del mes se hicieron nuevas honras fúnebres en La Catedral, por los mártires de la revolución, y circuló una elegía del poeta Salazar, que se insertó en el Aviso al Público, y de la cual copiamos los primeros versos:

Hoy la Patria llorosa y consternada, después de padecer males prolijos, del cáliz del dolor está embriagada:
olvida sus primeros regocijos, y huyendo de los triunfos de alegría, lleva un luto de madre por sus hijos.

El día 25 se eligieron los miembros del Cuerpo Ejecutivo, y fueron favorecidos, en la Sección de Estado, don Manuel 3. Alvarez; en la Eclesiástica, don Nicolás Mauricio de Omaña; en la de Gracia y Justicia, don Joaquín Camacho; en la de Hacienda, don Luis Eduardo Azuola, y en la de Guerra, don José María Moledo, español. Fueron nombrados para Despacho de Estado, Guerra y Hacienda, don Camilo Torres, y para Gracia y Justicia, don Fruto Joaquín Gutiérrez( 27 ).

Al finalizar octubre se publicó una canción de don Manuel Bernardo Alvarez, y para mostrar el patriotismo de uno de los miembros del Ejecutivo y sus capacidades literarias, insertamos algunos cuartetos de los veintidós que escribió aquel bogotano:

Amada Patria mía
Vigila, no te duermas,
Mira que ya tu ruina
Amenaza de cerca.

El en Quito dispuso
La horrorosa tragedia
Que servirá de espanto
A la Nación mas fiera.

¡ Cuidado, americanos,
Sabed que os interesa;
Estad todos unidos
Olvidando excelencias!

El día 29 se instaló el Poder Ejecutivo en la vieja casa que llamaron Palacio Consistorial. Ofrecieron sus miembros desempeñar bien y fielmente, de acuerdo con las leyes, el alto cargo para que se les había designado y defender la sagrada religión y los derechos del Monarca Fernando VII.

La Iglesia hacía tiempos que carecía de Pastor. Don Juan Bautista Sacristán, Canónigo de Valladolid, había sido nombrado Arzobispo del Nuevo Reino por el Pontífice Pío VII, en agosto de 1804, y él designó para que gobernasen en su nombre al Deán Pedro Echavarri y al Canónigo Domingo Duquesne, pues el Prelado no podía salir de España, por hallarse ésta en guerra con Inglaterra. Al año siguiente pasó a Cádiz, pero tuvo que volver a Valladolid, esperando mejor ocasión. Llegado a Cádiz, segunda vez, se embarcó en el navío Montañés, que no pudo salir, y se vio obligado a fletar un bergantín para hacer su viaje.

En Santafé había muerto, en 1808, el Deán Echavarri, cuyo puesto ocupó el Arcediano Juan Bautista Pey. En marzo de 1810 se hizo a la vela el Arzobispo, con rumbo a La Guaira, adonde llegó cuando Venezuela estaba en plena revolución. Se trasladó entonces a Puerto Rico, en donde recibió la consagración episcopal; y el 19 de junio, un mes antes de la revolución de Santafé, llegó a Cartagena. El 20 de agosto se embarcó en el Magdalena, y llegado a Mompós, recibió intimación del Gobierno de Bogotá para que regresase a Cartagena; además llegó una Comisión para que de ninguna manera ni bajo pretexto alguno se le permitiera al Arzobispo dar un paso adelante.

Pey, a nombre de la Junta, escribió al Arzobispo el 29 de octubre. En ese oficio le manifestaba que para recibir a Su Ilustrísima se necesitaba la condición expresa de que aceptara el titulo de ciudadano y reconociera el Gobierno independiente del titulado Consejo de Regencia y de cualquiera otra autoridad que no fuera la de Fernando VII. A una representación que hicieron a la Junta varios vecinos de la capital, sobre la venida del Arzobispo, ella contestó que la llegada dependía solamente de que el Prelado se prestase a llenar los requisitos legales. Hubo contestaciones entre el Arzobispo y el Gobierno; el poder civil exigía su reconocimiento, y el Arzobispo respondía de manera ambigua; las cosas duraron así por más de un año, hasta que el Prelado fue expulsado del país, como veremos después.

Otro asunto religioso grave fue lo resuelto por la Junta Suprema del Socorro, que se creyó investida de soberanía y dueña de los privilegios concedidos por la Silla romana a los Reyes de España e Indias. Se había pretendido allí que se fundase Sede Episcopal, desde 1798, a lo que no accedió el Gobierno español. Esta vez la Junta, en el mes de diciembre de 1810, decretó la erección del Obispado del Socorro y eligió Obispo al doctor Andrés Rosillo, que se hallaba en aquella ciudad. Como era natural, esto produjo tempestades en el Coro Catedral de Santafé, que veía con miedo levantar el estandarte del cisma y no sabía si usar energía o prudencia. Decidióse por lo primero, y lanzó la pena de excomunión mayor, latae sententíae, ipso facto incurrenda. Pasado un año, el patriota Rosillo escribió a sus colegas, y éstos resolvieron aceptarlo de nuevo en el Coro( 28 ).

El Obispo del Socorro siguió viviendo en paz y tranquilidad. No así el Arzobispo Sacristán, quien escribía en 1810, desde las costas del Caribe, que sufría fuertes calenturas; que se hallaba atacado de una gran fluxión en la cara; que habían osado denigrarlo los que formaron tumultos en Santafé, con palabras nada decorosas a su carácter, y que su vida era amarga, como se sabía de pública notoriedad.

Los civiles tuvieron una satisfacción el haber recibido papeles de los Estados Unidos de América y de Inglaterra, en los cuales se apoyaba a la revolución francamente. En la República del Norte se reprodujo la proclama dada por la Junta el 23 de julio; y en Inglaterra el Morning Post y El Español, célebre revista redactada por el ilustre poeta Blanco White, favorecían la idea revolucionaria.

El último día del mes salieron de Santafé para la Costa Atlántica las últimas milicias de pardos que habían hecho parte del Batallón Fijo, que los Virreyes habían hecho venir de Cartagena. «Salieron a las cinco de la tarde, sin armas,» dice Caballero.

Con la ida de esas Compañías, que comandaba el Capitán Villar, y que se embarcaron en Honda en dos champanes, cuyo alquiler fue el de $ 1,302, los santafereños no volvieron a ver soldados realistas hasta el memorable mes de mayo de 1816, días sombríos de la Reconquista.

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INDICE

 

( 23 ) JOSÉ D. MONSALVE, Atanasio Girardot, 11.( regresar a 23)

( 24 ) Diario Político número 15.( regresar a 24 )

( 25 ) CAMILO DESTRUGE, Estudios relaciones y episodios históricos, 55.( regresar a 25 )

( 26 ) J. M. CABALLERO, lib. cit., 132.( regresar a 26 )

( 27 ) El personal completo de la Junta y del Cabildo puede verse en el número 26 del Diario Político, reproducido en el Boletín de Historia, 1, 665.( regresar a 27 )

( 28 ) J. M. GROOT, lib. cit., III, 87, 92.( regresar a 28 )

 
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