El Presidente Lozano sancionó la ley que abolía la exacción de 15 por 100, conocida con el nombre de amortización de capitales de manos muertas, y nombró a don Antonio Nariño Gobernador Intendente y Juez de Teatro( 25 ). El Redactor de La Bagatela aceptó el empleo. El día 5 de septiembre de 1811 llegó el correo con noticias políticas tan interesantes que conmovieron la ciudad entera, y como de costumbre se celebraron con músicas, cohetes, repiques e iluminaciones. No faltaron en esos festejos los vivas y mueras de las laringes del pueblo soberano. Se supo que el 11 de julio habían hecho los realistas una contrarrevolución en Caracas, y vencidos por las tropas del Gobierno habían sido condenados a muerte y ejecutados los más culpables. Se supo que el titulado Virrey del Nuevo Reino de Granada, don Francisco Javier Venegas, había muerto en un encuentro con los republicanos de Méjico. Y también se recibieron noticias plausibles de la expedición de Popayán, que comandaba Antonio Baraya. El día fue de fiesta y alegría. Para el 19 de septiembre el inquieto redactor de La Bagatela había adquirido considerable prestigio en la oposición y tenía como bandera la del centralismo, o sea la contraria al sistema federal. El Presidente Lozano, hombre de vastas capacidades y de mucha ilustración, carecía de las dotes que requiere un hombre de Estado en circunstancias difíciles, condiciones que poseía su rival Antonio Nariño. El ilustre naturalista Lozano apreciaba más que el botánico Sinforoso Mutis hubiera descrito un género de la familia de las vochysiaceas con el nombre Lozanía, que los honores oficiales que a diario recibía. En la mañana de ese día apareció fijado en las esquinas un número extraordinario de La Bagatela, con el epígrafe de Noticias gordas. Allí se pintaba en peligro la revolución y favorable todo el país para los realistas, con frases satíricas y burlescas que hacían las delicias del pueblo. Este se congregó en la Plaza Mayor y envió una Comisión al Senado, que se reunía en el Palacio de los Virreyes, para solicitar medidas de seguridad; y convocada la Representación Nacional, se aceptó la renuncia del Presidente. Llamado el Vicepresidente, don José María Domínguez, se excusó de servir el cargo, y la Asamblea eligió Presidente interino a don Antonio Nariño, que era el caudillo más popular en aquel día. Habían vencido los centralistas y se había consumado el primer pronunciamiento popular, precursor de la primera guerra civil. No son dignas de encomio las actuaciones políticas de los federalistas. Hábil político Nariño, condenó la revolución, convocó para el día 21 la Representación Nacional, y ante ella renunció el mando. Este Cuerpo suspendió algunos artículos de la Constitución, reeligió a Nariño y dio por bueno lo hecho para el tiempo que faltaba para reunirse el Colegio Electoral Revisor. Estas escenas duraron hasta las diez de esa noche. Lozano, Domínguez y Manuel Camacho y Quesada, o sean los miembros del Poder Ejecutivo caído, pidieron la apertura de juicio de residencia, prescrito por una Constitución que en realidad era letra muerta; ellos ansiaban por su vindicación o por su castigo.En febrero del año siguiente declaró el Senado que no habiéndose presentado queja alguna en el juicio, Lozano, Domínguez y Camacho eran ilustres ciudadanos y beneméritos de la Patria. Nariño organizó un Cuerpo de ingenieros para los trabajos de topografía. Caldas fue el Capitán de ese Cuerpo, y a su lado trabajaron el Teniente José M. Gutiérrez y el Alférez Luciano D’Lhuyart; ellos hicieron planos de caminos e itinerarios. José Miguel Pey fue nombrado Comandante General, y el ex—Secretario de los Virreyes, el español republicano José Ramón Leiva, se encargó del puesto de Jefe de Estado Mayor. Había cinco batallones Artillería, Patriotas, Nacionales, Milicias y el Regimiento Provicional Nariño comunicó a los Gobiernos de las otras Provincias que se había encargado del Poder Ejecutivo con la esperanza de que todas se reunieran e hicieran eficaz la defensa común. Entretanto, y a despecho de los centralistas, los Diputados de las Provincias continuaban las sesiones previas a la instalación del Congreso. Siete Representantes se reunían en la amplia casa de don Manuel Bernardo Alvarez, situada frente a los muros orientales de la iglesia de San Agustín. Allí firmaron el acta de federación, redactada por Camilo Torres, inspirada en los principios de la de los Estados Unidos. Estaban va bien marcados los partidos que debían en sangrienta lucha disputarse el predominio político; era Jefe de los centralistas el Presidente Nariño, y caudillo de los federalistas Camilo Torres; ya reinaba la anarquía en la Patria Boba. Entretanto el naturalista Lozano, separado de la política, y sin odio ni ambición, cultivaba las ciencias y las letras, en la paz de la vida del campo, y colaboraba en la redacción del Anteojo de Larga Vista; Miguel Pombo daba a luz un opúsculo en el cual sostenía con brillo los principios del sistema federal; Nariño dirigía con punzante ironía La Bagatela; el Gobierno daba a luz la Gaceta Oficial, y a la vez aparecían hojas volantes políticas, proclamas, proyectos de constituciones y folletos con distintas tendencias, en esa difícil situación. Abundaron las canciones patrióticas, con versos fríos y pobres, como que eran inspiradas por pasiones políticas. Este movimiento de la prensa alimentaba a las cuatro imprentas que existían en la capital en 1811( 26 ). En esa época tradujo el poeta José María Salazar el Arte Poética de Nicolás Boileau, y dedicó la versión a don José Ignacio de Pombo, por ser patriota ilustre que cultivaba y protegía las ciencias y las letras; el trabajo se publicó en Bogotá en 1828. La lira de Salazar enmudeció en tiempo de guerra y de borrasca, y no volvió a pulsarla sino sobre la tumba de sus amigos. El amable abogado José Miguel Montalvo dejaba el papel sellado para servir a las musas, pues era poeta e improvisador. En este año de 1811 escribió una fábula( 27 ). De esta poesía, a la vez que sátira política, tomamos los siguientes y casi desconocidos versos: FABULA Allá en los tiempos antiguos Cuando los hombres pensaban, Cuando venganzas no había, Ni Oidor alguno fallaba: Un político trastorno Hubo entre los alimañas. Erigió cada familia Una Asamblea soberana; Un ratón decía armisticio, Treguas el otro gritaba, Y las voces de anarquía Y patriotismo zumbaban, Toda se volvía disputas Sin saberse en limpio nada Sólo un joven que tenía Entre ellos de sabio fama (Sin duda porque la ciencia No es sólo hija de las canas) Políticos de estos días Explicad bien las palabras, Y no arruinéis la Nación Con vuestras fanfarronadas. Montalvo, cultivador de las letras, poeta y dramaturgo, contaba en 1811 veintiocho años de edad; había nacido en El Gigante, en 1783, que es hoy población del Departamento del Huila, y tenía nexos de familia con el célebre poeta español Tomás de Iriarte. A mediados de octubre salieron para Ocaña fuerzas militares a órdenes de Antonio Morales; en ellas figuraba como Alférez el bogotano Hermógenes Maza, más tarde caudillo ilustre de las huestes republicanas. En noviembre hubo elecciones: los padres de familia eligieron Procuradores, y el día 26 se declararon los Diputados por la capital. El día 11 se constituyó en República independiente la Provincia de Cartagena, Popayán defendía su Gobierno. En Bogotá se agitaban los partidos y se fijaban pasquines, y el 27 de noviembre se firmaba el acta federal. El artículo 1° decía:. «El título de la Confederación será: PROVINCIAS UNIDAS DE LA NUEVA GRANADA»( 28 ). Los Comisionados del Estado de Cundinamarca no firmaron este documento. Para entonces regresaron de los Estados Unidos de América el Cura de La Catedral, doctor Nicolás Mauricio de O maña, y don Pedro de la Lastra, quienes habían ido en comisión a comprar dos imprentas y armas. Lastra vino con el francés Antonio Bailly, mineralogista, el cual se encargó de la dirección de la fábrica de pólvora, situada en la colina del Aserrío, al sur de la ciudad, y Omaña trajo de Filadelfia un profesor de idiomas, el cual abrió cátedra de inglés en Bogotá( 29 ). El Presidente Nariño concedió indulto el día 4 de diciembre de 1811 a todos los arrestados, fugitivos y reos rematados, con excepción de los malversadores del Tesoro Público y de los responsables de crímenes atroces( 30 ). El día 16 Nariño presentó un pliego a la Representación Nacional, dirigido por la Regencia de Cádiz al Arzobispo Sacristán. Esa Asamblea resolvió el mismo día que se hiciera salir del país al Prelado, orden que cumplieron las autoridades de Cartagena( 31 ). En ese tiempo dio a luz don Miguel de Pombo un opúsculo encomiando los principios del sistema federal, en el cual dio cabida a varios documentos relativos a la independencia de los Estados Unidos de América y a la Constitución de este país, folleto que difundió las ideas federales( 32 ). El día 19 de diciembre falleció el notable arquitecto Domingo Pérez, lego capuchino, natural de Petrez, en el Reino de Valencia. Dejó unido su nombre a una de las más bellas basílicas de la América Meridional. El hizo los planos de La Catedral de Bogotá y ejecutó la obra hasta dejarla casi concluida. Las torres y algunos altares fueron dirigidos por el arquitecto bogotano Nicolás León, discípulo de Pérez. Este construyó en la capital el Observatorio, la iglesia de La Enseñanza y la mayor parte del templo de Santo Domingo y algunas enfermerías del Hospital de San Juan de Dios, y levantó los helios templos de Zipaquirá y Chiquinquirá. Diez y nueve años residió en Bogotá, donde adquirió los títulos de benemérito ciudadano, humilde religioso so y sabio arquitecto,» dice Fernando Caicedo y Flórez. Un retrato del célebre lego, pintado al óleo, se ve en la Sacristía mayor de La Catedral, y copia de él, grabado en madera, se publicó en el número 92 del Papel Periódico Ilustrado( 33 ). El día 23 de diciembre de 1811 se instaló el Colegio Electoral y eligió para su Presidente a don Pedro Groot. La reunión tuvo lugar en las salas del piso alto del Colegio de San Bartolomé. El día siguiente hubo motín, agrias discusiones entre los partidarios de Nariño y los federalistas; Antonio Ricaurte interpeló desde las barras a los miembros del Colegio; y de esas arengas y de esos tumultos resultó la elección de Nariño para Presidente constitucional. El Presidente tomó posesión el mismo día, y pasado ese acto oyó calurosa arenga de felicitación del joven militar Antonio Ricaurte( 34 ). Por la tarde hubo fiestas civiles y maniobras militares. Se echaron a vuelo las campanas, hubo salvas de artillería, dianas y vivas. Por la noche las acostumbradas iluminaciones, harto mezquinas entonces; músicas por las calles, y al día siguiente la indispensable corrida de toros; esa noche se leía sobre la puerta del cuartel de Milicias la siguiente cuarteta: Con gran afecto y cariño Amor aplaude obsecuente Al gran patriota Nariño, Nuestro digno Presidente. Los festejos duraron hasta el 27. En la noche de este día pasearon los militares un gran farol exornado con las armas de Cundinamarca, flores de lis, coronas y palmas; en uno de los costados de la luminaria se leía este acróstico La sabia Providencia que ha nombrado Y elegido a Nariño Presidente, Bienes continuos hanos preparado, Esperanzas de glorias permanentes.... Riquezas mil y aumentos del Estado.. Todos los pueblos con amor vehemente A disfrutar vendrán de su Gobierno Digno por cierto de desearse eterno. Los militares entraron a palacio con el farol. El Presidente los sentó en mesa abundante. Otra vez sobre la puerta del cuartel de milicias se leía en medio de luces esta décima de la pródiga aunque pobre musa patriótica de aquellos días: La Patria con energía Y el más puro regocijo, A ti, señor, por buen hijo, Te aclama fiel este día. De la feroz anarquía Espera la has de librar Y de timbres coronar, Pues todo el numen de Astrea En tus designios campea Con prudencia singular. El cronista nos cuenta que esa noche hubo baile en palacio, y que «bailaron las señoras contradanzas y minués.» Las ocupaciones del Presidente no le impedían atender a la publicación de la Gaceta Ministerial de Cundinamarca y a la redacción de La Bagatela. Allí escribía artículos con cierta despreocupación religiosa y hería con frecuencia a personalidades eclesiásticas. Entonces tuvo por contendor El Montalbán, redactado. por fray Diego Padilla, cuyo saber y amplias capacidades literarias ya conocemos. Un historiador colombiano, al apreciar estos hechos, dice, hablando de Antonio Nariño: Aquel genio ardiente y superior a la época en que vivía, no podía alimentar sus ideas con los libros corrientes, y se hizo traer ocultamente de Francia la base de una librería como deseaba.... Nariño no tuvo más lado malo que sus ideas antirreligiosas: El era un filósofo neto de la escuela volteriana; pero como hombre de talento político, sabía acatar la religión ante el pueblo( 35 ). La vivacidad de los periódicos políticos, las noticias frecuentes y contradictorias de lo que sucedía en España y el despecho de los federalistas vencidos, tenían revuelta la sociedad de aquel tiempo. Aumentaron las desavenencias, las rivalidades y la anarquía, al terminar el año de 1811, los activos trabajos de los partidarios del Consejo de Regencia, que todavía eran numerosos; la falta de relaciones entre las Provincias, que se llamaban a sí mismas Estados Soberanos e independientes; los ardientes partidarios de la Constitución de los Estados Unidos de América; los partidarios de la Confederación de todo el país; los exaltados federalistas y los centralistas, dueños del poder. Estas opiniones y estos partidos divergentes, todos de buena fe, habían impedido que las Provincias se constituyeran en un verdadero cuerpo de nación. Podemos decir, al cerrar este volumen, que la Colonia en realidad había muerto y que la organización política de los Estados libres, aunque en difícil gestación, iba verificándose. Era la verdadera realización de la independencia. Los patriotas de ese tiempo escribían las primeras páginas de la historia de un pueblo nuevo, ante el cual se abría un risueño porvenir. Hemos tratado de dar claridad a nuestra relación, no obstante la muchedumbre de acontecimientos incoherentes de que hemos hablado en este volumen, dejándolos y volviendo a ellos, en atención al orden cronológico, esqueleto de estas Crónicas. Y hemos seguido, con preferencia, las relaciones más ingenuas y sinceras de testigos presenciales, que escribieron lo que vieron, apartando la pasión que a veces ofuscó su vista y por consiguiente gobernó su pluma, con elección desapasionada. Y hemos llenado algunas páginas con circunstancias menudas, quizá pueriles, pero que son minucias que hacen conocer íntimamente a las generaciones muertas, rumbo acertado que siguen al presente las investigaciones sobre historia. REGRESAR AL INDICE ( 25 ) J. M. CABALLERO, lib. cit., 140.( regresar a 25 ) ( 26 ) J. M. VERGARA Y VERGARA, lib. cit., 394.( regresar a 26 ) ( 27 ) Se publicó por primera vez en 1834, en el número 149 del Constitucional de Cundinamarca, el 27 de julio.( regresar a 27 ) ( 28 ) Puede verse el Acta de Federación en el volumen VIII de la Historia de la Revolución de la República de Colombia, por J. M. RESTREPO, primera edición, pág. 221; y apreciaciones sobre ella en J. M. RESTREPO, lib. cit., I, 124; M. A. POMBO y J. J. GUERRA, Constituciones de Colombia; J. M. SAMPER, Derecho Público Interno de Colombia, I, 61; HERMANN A. SCHUMACHER, Historia de la Constitución de los Estados Unidos de Colombia, 297 a 301; etc.( regresar a 28 ) ( 29 ) J. M. GROOT, lib. cit., III, 113, 114.( regresar a 29 ) ( 30 ) El Precursor, 338.( regresar a 30 ) ( 31 ) Anales Religiosos, II, 151, J. M. GRO0T, lib. cit., III, 119 a 125, E. POSADA, El 20 de julio, 379.( regresar a 29 ) ( 32 ) J. M. HENAO y G. ARRUBLA, lib. cit., II, 30.( regresar a 32 ) ( 33 ) J. M. CABALLERO, lib. cit., 144; F. CAICEDO V FLÓREZ, lib. cit., 53.( regresar a 33 ) ( 34 ) F. MUTIS DURÁN, Estudio Biográfico de Antonio Ricaurte, 50.( regresar a 34 ) ( 35 ) J. M. GROOT, lib. cit., III, 117, 119.( regresar a 35 ) |