Gobierno CivilEl Gobierno del Zipa era despótico como el del Zaque de Hunsa; él daba las leyes, administraba justicia, mandaba las tropas; y era tan profunda la veneración en que le tenían sus súbditos, que ninguno se atrevía á mirarle la cara. Todo el que se llegaba al Zipa debía traerle alguna ofrenda, conforme á sus proporciones, pero él no aceptaba  nada de los que venían á ser juzgados. Tenia muchos centenares de mujeres llamadas thiguyes, pero una sola era reconocida como esposa. Mirábase como honrosa distinción el que el Zipa pidiese la hija ó hermana de cualquier usaque ó particular, para colocarla en el número de sus thiguyes. Cualquier trato ilícito con éstas, era castigado severamente, y aún se consideraban las multas graves que se constituían á pagar los culpables por evitar la pena de muerte, como un ramo pingüe de las rentas del Zipa. El heredero del Zipa era el hijo mayor de la hermana, al cual se hacía entrar, desde la edad de diez y seis años, en una casa situada en Chía; se sometía una larga serie de ayunos, y se le instruía por algunos años. Así este, como los demás jefes, recibían la investidura de sus oficios de mano del Zipa, y desempeñaba las funciones de usaque de Chía hasta la muerte del Zipa. El cercado de éste en Muequetá contenía varios departamentos de habitaciones y almacenes de ropa y de víveres. Tenía, además, una casa de recreo en Tabio a donde iba á bañarse en las aguas termales, y en donde tenia jardines (9). Otra casa tenía en Tinansucá, en temperamento templado, en el descenso de la cordillera, para pasar algunos meses, y finalmente en Theusaquillo, lugar también de recreo, en donde después se fundó la capital de Nueva Granada. A este sitio se retiraba luego que pasaban las ceremonias de las cosechas, y cuando la llanura quedaba seca y asolada por el verano.   

 

Delitos y penas.—El homicidio, el rapto y el incesto, eran castigados con pena de muerte, pero al incestuoso encerraban, además, en un subterráneo con varias sabandijas venenosas hasta que moría de hambre y atormentado por los insectos y reptiles. Los sodomitas eran empalados con estacas agudas de macana. Al que no pagaba sus contribuciones ó deudas, le mandaba el usaque un mensajero con un tigrillo pequeño, ú otro animal semejante de los que criaban con este fin, el cual se ataba á la puerta del deudor y estaba obligado á mantenerlo, así como al guarda, hasta que pagaba. El que mostraba cobardía en la guerra, era condenado á vestirse de mujer y emplearse en los ministerios y oficios de tal, por el tiempo que se señalaba. Los robos rateros y otras faltas se castigaban con azotes, y á las mujeres con trasquilarlas, afrenta que sentían vivamente, pero que por haberse abusado de este castigo después del descubrimiento, cesó de hacerles impresión. Cuando se sospechaba de adulterio  una mujer, se le hacía comer mucho ají ó pimiento si confesaba, le daban agua y luego la mataban. Si resistía aquel tormento por algunas horas, la desagraviaban y daban por inocente.

 

Leyes suntuarias.—Sólo el Zipa era llevado en andas por sus súbditos, ó algún usaque á quien el Zipa por señalados servicios en la guerra solía conceder este privilegio. También era preciso licencia superior para poder llevar las narices y orejas horadadas y colgarse joyas, excepto los xeques y usaques, á quienes se otorgaba el permiso al tiempo de darles posesión de sus oficios. El común de los indios se engalanaba pintándose de bija y achiote, y vistiéndose mantas nuevas y limpias, pero las mantas con figuras y líneas hechas con pincel, negras y coloradas, no podían tampoco usarse sino con permiso del Zipa. 

Sólo por merced del Zipa se podía comer carne de venado excepto los usaques. Esta disposición consultaba la conservación de estos animales, que hoy están muy agotados, y muy pronto desaparecerán totalmente de las planicies frías de la cordillera Oriental.

 

Usos diversos.—Cuando alguno solicitaba una doncella por  esposa, mandaba á los padres una manta; si no se la devolvían á los ocho días, enviaba otra, y considerándose entonces aceptador se sentaba una noche en la puerta de la casa de la novia y daba á entender, aunque indirectamente, que allí estaba. Entonces se abría la puerta y salía la india con una totuma llena de chicha que probaba primero, y le daba después á beber al pretendiente. Los matrimonios se celebraban por ante el xeque. y estando los dos contrayentes unidos por los brazos, preguntaba el sacerdote á la mujer si preferirá el Bochica á su marido, éste á sus hijos, si amaría más á sus hijos que á sí misma, y si se abstendría de comer mientras que su marido estuviera hambriento. Luego, dirigiéndose al marido, le mandaba que dijese en alta voz que quería aquella mujer por esposa, con lo cual se terminaba la ceremonia. Más no se le impedía tener cuantas mujeres podía mantener, sobre todo si era usaque, aunque solo una era legítima. Sin embargo, los ritos matrimoniales variaban mucho en los diversos pueblos de la nación Chibcha.

Luego que el Zipa moría, los xeques le sacaban las entrañas y llenaban las cavidades con resina derretida; introducían después el cadáver en un grueso tronco de palma hueco, forrado de planchas de oro por dentro y por fuera, y lo llevaban secretamente á sepultar en un subterráneo que tenían hecho desde el día mismo en que comenzaba á reinar en parajes lejanos y ocultos. De todos los panteones mas o menos suntuosos imaginados por la adulación para los soberanos, el de los zipas de Bogotá ha sido hasta hoy el único que no ha sido violado por la posteridad, por la sencilla razón de ignorarse dónde sé halla, á pesar de las exquisitas diligencias que la codicia ha hecho por encontrar alguna de las tumbas. 

Con los cadáveres de los usaques y otros indios principales sepultaban en bóvedas á sus mujeres más queridas, y á cierto numero de sirvientes, quienes se hacía tomar el zumo de una planta narcótica para privarlos del conocimiento; además ponían en la sepultura mantenimientos, joyas de oro, las armas y la chicha, bebida á que eran tan aficionados, y que se preparaba con maíz fermentado. Lloraban por seis días á sus difuntos, y les hacían aniversarios. En estos tiempos repetían cantando tristemente la vida y acciones del finado. Al común de las gentes se sepultaba también con sus alhajas, armas y mantenimientos, en los campos, sin ninguna señal exterior, cuidando solo de plantar un árbol encima para proteger el sepulcro, pero jamás desnudos, sino revestidos de sus mejores mantas. Sin embargo, más auténticos que los cronistas se ven todavía túmulos é montones de tierra que servían de cementerios comunes, y de donde se sacan huesos humanos, algunas joyuelas de oro y cornamentas de venados que prueban que los indios se sepultaban también con sus trofeos de cacería ó por ventura con venados muertos como provisiones de viaje. Los más considerables que se conocen son los del cerrillo del Santuario, cerca del puente Grande, á cuatro leguas al occidente de Bogotá, y los cerrillos de Cáqueza, de donde una vez se extrajeron hasta veinticuatro mil ducados en oro. En la provincia de Tunja se hallan en cavernas muchas momias bien conservadas, y algunas con mantas finas y pintadas á mano, como las que usaban los indios principales; todas están sentadas con los dedos pulgares atados juntos, con torzales de hilo de algodón. (10) 

 

Agricultura, Industria y comercioYa hemos dicho que los Chibchas carecían de ganados, no conocían el hierro, y sus herramientas para el laboreo de la tierra eran de madera o de piedra, lo que necesariamente limitaba sus trabajos para sembrar y preparar la tierra las estaciones lluviosas, y por lo mismo miraban los años secos como la mayor calamidad que podía sobrevenirles. La patata, el maíz y la quinoa (chenopodium quinoa) formaban el fondo principal de sus culturas. Aún se ven terrenos incultos hoy en la llanura de Bogotá, en que solo sirven para crías de ganados, surcados por anchos camellones que sostienen  vestigios de antiguos cultivos de estos pueblos eminentemente agrícolas, y á quienes la figura de la rana, como el emblema de la humedad, servía de base á su sistema de numeración y á su calendario. Cosechaban dos veces al año las papás, y una vez el maíz en las tierras frías, en donde estaba acumulada la mayor parte de la población. Respecto del cultivo de la  quinóa, abandonado enteramente hoy, ningún detalle nos han trasmitido los cronistas. La. semilla de esta planta es muy nutritiva, y es de creer que la comían de forma de puches ó gachas (mazamorra) como las que preparaban con el maíz, sazonadas con sal, ají y yerbas odoríferas. 

En los valles calientes tenían además la yuca (jatrofa), la arracacha en los terrenos templados, y algunas leguminosas, aunque no sabemos si empleaban la fécula del choclo blanco (lupinus) como los habitantes de Quito. Ignoramos si se servían como los mexicanos del dulce extraído de la caña de maíz, en defecto de la caña dulce, que fue traída del antiguo continente, ó sólo de la miel de las colmenas de abejas que son muy abundantes en el declive de la cordillera. El plátano mismo, tan abundante hoy en Nueva Granada, que puede decirse sin exageración que alimenta la mitad de su población, no se cultivaba ni era conocido en otra parte que en la provincia del Chocó; por lo menos no he visto mencionado este fruto en ninguna relación hasta el descubrimiento del Noanama en el cantón de Nóvita, aunque ciertamente no pudo introducirse en América, de Europa ó de los puntos de África de donde, se llevaron algunas plantas, y en los cuales solo crece una especie, el camburi o guineo (musa sapientum) y no nuestro plátano hartón (musa paradisíaca). (11)

Mas el artículo más importante de producción que les servía á los cambios, y con el cual se proveían del oro y de otros productos de que carecían en su territorio, era la sal de Zipaquirá y Nemocón, que cuajaban en vasijas de barro valiéndose de las abundantes fuentes saladas que brotan en estos sitios, en donde hoy se explota la sal gema. También tejían mantas de algodón, de cuyo hilado se ocupaban las mujeres en el tiempo que no empleaban en las faenas domésticas. Los naturales de Guatavita eran celebrados por su habilidad en fabricar con el oro que traían en polvo de las orillas del Magdalena ó de la extremidad septentrional de la provincia de Guane (Girón etc.) figuras de todos animales, engastes para los caracoles y conchas marinas que servían de copas de lujo en sus festines, y planchas delgadas para cinturones y brazaletes. Los pintores de mantas que se llevaban á todos los mercados, eran también chibchas. Labraban varias figuras en relieve sobre piedras duras. Esta es, según creo, la única nación del nuevo continente que haya usado de monedas de oro para sus cambios, la que consistía en ciertos discos fundidos en un molde uniforme y cuya circunferencia medía aproximadamente, encorvando el índice sobre la base del dedo pulgar, porque carecían de peso, y de medidas de capacidad sólo conocían la que servía para el maíz desgranado, que llamaban aba como á este grano. Las medidas de longitud eran el palmo y el paso.

La feria más importante y concurrida de los Chibchas era en Coyaima, territorio de los Poincos, llamados por los españoles Yaporogos, del nombre de uno de sus caciques; estos habitaban en ambas orillas del Magdalena desde la embocadura del río Cuello hasta el de Neiva. Allá llevaban sal, esmeraldas, mantas pintadas, joyas de oro, y traían este metal en polvo, que sacaban aquellos moradores en mucha abundancia de las orillas de los riachuelos y quebradas, y aún zabullendo hasta el fondo de los ríos. Traían los chibchas de las ferias de los países calientes mucha cantidad de guacamayas y loros, y luego que aprendían algunas palabras los sacrificaban á sus dioses, creyendo que eran el mejor sustituto de los sacrificios humanos. Otra feria famosa se celebraba en los términos del cacique Zorocotá, en donde después se fundó el Puente Real sobre el río llamado entonces Saravita, á que concurrían los chibchas del norte, los Agatáes, chipatáes y los industriosos Guanes, que se proveían de sal en cambio de oro y de mantas y tejidos de algodón de diversas calidades y colores. El punto central de esta feria era una enorme piedra aislada ó canto errático, que, quebrada posteriormente, resultó ser mineral de plata, de la cual se extrajeron como ochenta marcos, aunque no se ha podido hallar el criadero de este metal en las inmediaciones. 

Otra feria había en Turmequé cada tres días, y en ella se veían, fuera de los frutos comunes, gran cantidad de esmeraldas sacadas de Somondoco, aunque al tiempo del descubrimiento estaba ya bien agotada la mina. (12)

Ni los edificios ni los muebles de los Chibchas guardaban proporción con las otras comodidades de que disfrutaban. Las casas eran de madera y barro y de techo cónico, adornadas de esteras de esparto y junco, algunas bancas y barbacoas, puertas de cañas tejidas con cuerdas, y cerraduras de madera que todavía usan en algunos pueblos. Los fuertes cercados y vastos patios flanqueados de estas casas redondas que tenían la apariencia lejana de torres, dieron origen al nombre de Valle de los Alcázares que Gonzalo Jiménez de Quesada dio á la explanada de Bogotá, según se verá en el capítulo siguiente.

El único jefe chibcha que proyectó construir un templo de piedra fue Garanchacha, que usurpó los dominios del Zaque pretendiendo ser hijo del sol, concebido por una doncella de Gachetá.  Esta dio a luz una huaca que se convirtió en criatura humana, la cual fue criada con veneración hasta que ya hombre mató al Zaque de Hunsa y se sustituyó en su lugar. Este fabuloso Galán chibcha pretendió, dicen, levantar un templo suntuoso al sol su padre, y para ello mandó que se trajesen piedras y columnas labradas de los parajes más distantes de sus dominios, aunque murió sin haberse comenzado la fábrica. (13)

En el curso de esta narración se tocarán, aunque de paso, porque nuestro reducido cuadro no permite otra cosa, algunos otros usos y costumbres de los Chibchas, más no podemos terminar el capítulo que especialmente les hemos consagrado, sin decir algo más respecto del personaje misterioso que en tiempos remotos les sirvió de legislador, y que veneraban no como á Dios, pero sí como á hombre santo y bienhechor. Algunos lo confunden con el Bochica, pero los escritores más antiguos lo distinguen,  aunque confiesan que era conocido con varios nombres Nemterequeteba, Xue, Chinzapagua (ó enviado de Dios). Este anciano llegó, como hemos dicho, por el Oriente; traía una barba larga y la cabellera atada con una cinta, una túnica sin cuello por vestido y un manto anudadas al hombro las puntas vestido que usaban todos los chibchas al tiempo del descubrimiento, pues el poncho ó la ruana son invención peruana introducida después de la conquista. Halló los pueblos en un estado vecino de la barbarie, sin más abrigo que el algodón en rama, ligado con cuerdas, con el cual se cubrían, y sin idea de gobierno ni de sociedad. Nemterequeteba comenzó sus predicaciones en Bosa, en donde hallaron los españoles una costilla que veneraban los indios, como que pertenecía á un animal que este misionero había llevado. (14)  

De Bosa pasó á Muequetá, Fontibón, y luego al pueblo de Cota, en donde era tal  el concurso de gentes que venían á oírle, que  fue preciso hacer un foso al rededor de una colina en donde predicaba é instruía á los pueblos, á fin de poderlo hacer con desahogo. No solo les enseñaba á hilar y tejer, sino que por donde quiera dejaba pintados con almagre los telares á fin de que no se olvidasen de su construcción. Siguió luego hacia el norte y bajó á la provincia de Guane, en cuyos moradores halló las mejores disposiciones para las artes. No solo enseñaba con su palabra, sino con su ejemplo, y su vida durante los largos años que pasó civilizando a los indígenas, fue un modelo de virtud. Últimamente desapareció en Sogamoso, dejando, corno hemos dicho, un sucesor que continuara la instrucción y la guarda de las leyes y reglamentos que había establecido con asentimiento general, solamente por la fuerza de la persuasión y del ejemplo. Cómo prueba de la sabiduría y previsión de este legislador, quiero hacer mención de una regla que dejó establecida y que se cumplía todavía á la época del descubrimiento, es decir, catorce siglos después de su muerte, según la tradición de los Chibchas. Dispuso que si las mujeres legítimas de los usaques morían antes que ellos, podían prohibir á sus maridos todo acceso á cualquiera mujer por un período que no pasara de cinco años. De esta manera, los hombres se esmeraban en tener contentas á sus esposas. de miedo de una venganza póstuma, y no pudiendo desarraigar el legislador chibcha la poligamia, inventó este medio de proteger el sexo débil medio que surtía los mejores efectos, aunque es justo decir que los chibchas trataban bien á sus mujeres y cuidaban de los enfermos y de los ancianos. (15)

En el capítulo siguiente continuará la narración de los sucesos del descubrimiento, que fue preciso interrumpir para tratar del estado que tenía el país en aquella época memorable, cosa que la brevedad de nuestra obra no nos permite hacer respecto de las tribus independientes, más ó menos numerosas, que habitaban en este territorio, pero que no formaban un cuerpo de nación como los Chibchas.

 

(9)
El Arzobispo Fray Cristóbal de Torres, hizo cortar dos, hermosas palmas que daban sombra á los estanques del Zipa en Tabio, porque los indígenas las miraban todavía con cierta veneración después de un siglo del descubrimiento, como que les recordaban los tiempos de su independencia. Y nóteme que este respetable prelado, cuya memoria es grata por haber fundado el Colegio del Rosario, fue de los españoles más ilustrado. El Padre Zamora dice que, á fines del siglo XVII, todavía se veía en la mitad de la plaza de Guatavita una estatua ó ídolo de piedra, que servía de rollo, para que en desquite de las adoraciones que recibía el demonio en aquella piedra, sirva de atar á ella la bestia de los que vienen a misa. (Regresar a 9)
(10)
 Antes que desaparezcan enteramente los últimos vestigios de las razas anteriores al descubrimiento, ya que el Gobierno granadino no ha creído que debía hacer un esfuerzo para reunirlas y consérvalas en un museo, sería de desear que se formase una sociedad de sujetos ilustrados de Bogotá, que reuniesen y conservasen estas antigüedades, que se traen inútilmente á Europa, en donde al faltarles la inscripción pierden todo su Interés histórico. (Regresar a 10)
(11)
 La extensión del cultivo del plátano en América después del descubrimiento, es un hecho de la mayor importancia para la conservación y propagación de la especie humana en nuestro continente, y uno de los mayores beneficios de la Providencia, digan lo que quieran los que (sin mostrar ellos mucha actividad, como lo observa el Barón de Humboldt), pretenden que la abundancia de este alimento fomenta el hábito de la ociosidad en el pueblo. Se ha calculado que el mismo espacio de tierra que produce trigo para mantener un solo hombre, daría plátanos con que sustentar veinticinco. (Regresar a 11)
(12)
 El Padre Zamora dice que este lugar era tan poblado, que se contaban por  millones sus moradores ! Y lo que es más de extrañar, añade en otra parte : “De Turmequé dice Quesada en su Compendio, libro 1.o capítulo 7.o, que tenía de tres a cuatro millones de indios desde que se hacía de cuatro en cuatro días un mercado de solas piedras esmeraldas.” Esta cita y otras que trae Piedrahita hacen menos sensible la pérdida del manuscrito de nuestro célebre licenciado. (Regresar a 12)
(13)
El P.F.P. Simón dice que el lugar destinado para el templo era el que ocupan las cuadras de Porras, al norte de la ciudad de Tunja, en donde se veían algunos gruesos mármoles ; otros quedaron en Ramiriquí, en vía para Tunja, y otros en Moniquirá. Así explicaba la existencia de las columnas que se veían al tiempo del descubrimiento en el valle de Leyva, pero mi distinguido amigo el señor Manuel Velez Barrientos ha descubier­to el año pasado que estas columnas están en el lugar que ocuparon como parte de un vasto edificio, cuyo origen y destino ignoramos. La descripción de estas ruinas por el señor Velez se insertó en el Boletín de la Sociedad de Geografía de París de 1867.(Regresar a 13)
(14)
 Es probable que esta costilla fuera de los mastodontes que se hallan en los aluviones de Soacha, de donde actualmente se extraen dientes y otros restos fósiles, y como los españoles no hallaron cuadrúpedo de estas dimensiones vivo en América, dijeron que era de un camello traído por los apóstoles.(Regresar a 14)
(15)
 La piedad de los primeros eclesiásticos que llegaron á las Indios se persuadió que un hombre virtuoso como Nemterequeteba no podía ser otro que el apóstol Santo Tomás, y otros decían que San Bartolomé, asegurando que se veían las huellas de sus pies en diferentes piedras, entre otros lugares á las orillas del río Sáname, que corre por las inmediaciones de Fosca, en territorio del cacique Ubaque, y que las mujeres hallaban alivio en sus males tomando la raspadura de aquella piedra. He recorrido las márgenes del Sáname buscando la piedra que pudo haber dado origen á esta tradición, pero no he hallado nada notable; confieso que me impulsaba más bien la idea de hallar alguna curiosidad natural, que la esperanza de encontrar la planta del pie de San Bartolomé. Me parece que es ocasión oportuna para manifestar en esta materia el criterio de los tres cronistas que se han ocupado con más detalle del Nuevo Reino de Granada.   El Sr. Piedrahita, Obispo de Santa Marta. Noticias y acciones son estas que sin grave nota (*) no podemos atribuirlas á otro que á San Bartolomé; y si no dígame el mía curioso lector, ¿ de quién otro que de un apóstol pudieran referirse entre gentiles las que tenemos dichas?(*) El señor Piedrahita era calificador del Santo Oficio de la inquisición.
El Padre Zamora, cronista del orden de  predicadores.Entre los sagrados apóstoles se halla que Santo Tomás dejaba estampadas en las piedras señales de su cuerpo, y gloriosas plantas. Y habiendo determinado la iglesia que predicó á las Indias Orientales en que se han hallado estas señales, y hallándose en estas occidentales del Nuevo Reino las plantas de pié humano de este glorioso apóstol, se puede asegurar que fue el sol resplandeciente que derramó los primeros rayos del Evangelio en este Nuevo Reino. Porque como un abismo llama á otro abismo, solo tocaba á  este abismo de la predicación llamar á los misterios del Evangelio á este abismo del Nuevo Mundo.
Fray P. Simón religioso Franciscano, 2. parte manuscrita.La cual tradición ni apruebo ni repruebo solo la refiero como la he hallado admitida como cosa común entre los hombres graves y doctos de este Reino. (Fray P  Simón escribió medio siglo antes que el Obispo Piedrahita, y casi un siglo antes que Zamora). (Regresar a 15)
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