Descubrimiento del Nuevo Reino de
Granada y Fundación de Bogotá
Juan Freide
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CAPITULO X

EL LICENCIADO JIMENEZ EN ESPAÑA

 

Los datos sobre la vida de Gonzalo Jiménez de Quesada anterior a su viaje a Santa Marta son muy escasos. Su lugar y fecha de nacimiento es un asunto aún poco esclarecido. Los his­toriadores coloniales se contradicen: unos, como Fray Pedro Simón, indican la ciudad de Córdoba, y aún nombran la colación de la Fuensanta;264 otros, entre ellos los más antiguos cronis­tas del Nuevo Reino, Aguado y Castellanos, indican la ciudad de Granada como su patria chica. Entre los historiadores colom­bianos modernos la opinión está dividida y el asunto se discute apasionadamente,265 apesar de ser una cuestión que pertenece netamente a la investigación histórica.

Los que opinan que el Licenciado había nacido en Granada se basan sobre los dichos de los cronistas e informadores coetá­neos 266 y sobre la propia declaración de Jiménez de ser natural de Granada, que el cronista Lucas Fernández de Piedrahita transcribe textualmente del perdido “Compendio Historial”, 267 cuyo autor es el Licenciado. Además, en uno de los documentos que ha encontrado el investigador cordobés don José de la Torre y del Cerro,268 declara el hermano del Licenciado, Francisco

Jiménez, conquistador del Perú, ser “natural de Granada”. En otro documento, que hemos encontrado en el Archivo General de Indias, Sevilla, los propios compañeros de Jiménez piden que el territorio descubierto se llame “Nuevo Reino de Granada”, porque, como declaran, “el que lo ha ganado —es decir, Jiménez de Quesada— es natural del Viejo, de este nombre”269 , Indican, pues, inequívocamente el Reino de Granada en España como patria chica del Licenciado.

Con estos documentos parece plenamente comprobada la procedencia granadina de Quesada, por cuanto el último dato procede de una declaración de los que acompañaron a Jiménez en su jornada, compartiendo durante largos meses y a diario su suerte y que, normalmente, debieron conocer detalles de la vida personal del caudillo.

Sin embargo, don José de la Torre ha encontrado en los archivos de Córdoba varios documentos sobre los progenitores de Gonzalo Jiménez de Quesada, que parecen confirmar la tesis contraria, es decir, de haber sido Córdoba la patria chica del fundador de Santa Fe. Dos documentos del Archivo Notarial de aquella ciudad, fechados el 4 de octubre de 1496, contienen las “capitulaciones matrimoniales” que se hicieron para celebrar el enlace de Isabel Jiménez, hija de un rico tintorero, con Gon­zalo Jiménez, hijo de un linero, futuros padres de nuestro héroe. En estas “capitulaciones” el padre de la novia se obliga a costear a su futuro yerno los gastos que exigieran sus estudios jurídi­cos en la universidad de Salamanca; después de los cuales debían celebrarse los desposorios270

No puede caber duda de que estos documentos se refieren a los progenitores del futuro fundador del Nuevo Reino de Gra­nada, pues los nombres de pila, Gonzalo e Isabel, como padres de Jiménez de Quesada, se indican expresamente en la relación anónima, el llamado “Epítome”, que se atribuye a la pluma de nuestro conquistador (véase más adelante). Allí mismo se indica que el padre del conquistador, Gonzalo Jiménez, era licenciado, es decir, abogado de profesión. Y ciertamente, en los años veni­deros lo encontramos con título de bachiller y, después, de licen­ciado. En 1504 figura por dos veces como abogado consultor del ayuntamiento de Córdoba en diversos pleitos. En 1507 el mismo Cabildo pide su parecer como letrado en un asunto legal. Entre 1510 y 1511 aparece como testigo en tres documentos privados, hechos ante un escribano público. Desde 1513 son muchos los documentos que atestiguan las actividades de Gonzálo Jiménez, el padre, en Córdoba y después en Málaga, hasta que en 1522 se traslada definitivamente a Granada. En 1524 es nombrado por el Cabildo de Córdoba abogado en los pleitos que éste llevaba ante la Real Audiencia de Granada, cargo que desempeñó hasta edad avanzada.

 

Esta larga lista de documentos que se debe a la paciente labor de don José de la Torre parece atestiguar que Gonzalo Jiménez, el padre, vivía desde su juventud, es decir, desde antes de 1496 hasta por los años de 1520 en Córdoba; mal podría, ra­zona el investigador español, nacer su hijo Gonzalo en Granada si sus padres vivían en Córdoba. La insistencia del conquistador en negar el lugar de su nacimiento, declarando ser natural de Granada, se debió, explica José de la Torre, a la antipatía que cobró hacia su ciudad natal, debido a un pleito que el Cabildo llevó contra sus familiares, pleito que arruinó moral y mate­rialmente a toda la familia de los Quesada.

Este pleito tuvo en sus tiempos mucha resonancia. Ya des­de los tiempos califales, Córdoba, ciudad muy industrial, se dis­tinguía por la calidad de sus paños. Uno de los principales tinto­reros, tío materno de Gonzalo Jiménez de Quesada, don Jerónimo de Soria, organizó en asocio de otros tintoreros una especie de “trust”, para imponer sus precios a los tejedores. Sin embargo, las intenciones con que se formaban los “trust” en el siglo XVI, eran semejantes a las de los que se forman actualmente: subir precios y desmejorar calidades, a fin de obtener mayores ga­nancias. Parece que Juan Gómez de Castillejo, “socio industrial” de Jerónimo de Soria, fue el padre intelectual de la idea de falsificar los tintes que se usaban para teñir los paños, em­pleando calidades baratas que no correspondían a la fama mun­dial de los paños cordobeses. De allí resultaron la ruina de los tejedores, que se vieron desplazados por ingleses y holandeses, y un largo pleito del Cabildo de Córdoba contra Jerónimo de Soria, de quien un regidor de la ciudad decía que ni con la cabeza podría pagar el daño que había ocasionado a la ciudad. Este pleito trajo consigo la confiscación de los bienes de Jerónimo de Soria y los de Gonzalo Jiménez, el padre, habiéndose declarado el último, fiador de su cuñado. La condena fue tótal y también la ruina de la familia Jiménez, de la cual muchos miembros emigraron hacia América.271

Las declaraciones de Gonzalo Jiménez y de su hermano Fran­cisco de “ser natural” de Granada, explica don José de la Torre, de la siguiente manera: “Ser natural” de tal o cual parte no era un asunto de mucha importancia por aquellos tiempos, y muchas personas, aún bajo juramento, declaraban como “su natural” lugares distintos del de su verdadero nacimiento. El mismo Mi­guel de Cervantes, por ejemplo, declaraba bajo juramento ser natural de Córdoba, donde pasó muchos años de su vida, mien­tras que su fe de bautismo, encontrada en Alcalá de Henares, demuestra haber nacido en esta ciudad y no en Córdoba. Con buena conciencia, pues, conciencia de acuerdo con los tiem­pos pudo Gonzalo Jiménez declarar, jurar y propagar entre sus amigos, ser “natural de Granada”, aunque había nacido en Córdoba.

Parece lógico y apoyado en sendos documentos el razona­miento de don José de la Torre. Más, analizando detenidamente el asunto, aparecen algunos vacíos que hay que rellenar para poder decidir sobre el propio lugar del nacimiento del fundador del Nuevo Reino.

El problema está estrechamente ligado con la fecha del na­cimiento de nuestro licenciado. Fray Pedro Simón afirma que murió en 1579 y que “llegó a vivir más de ochenta años”272 dando a entender que Jiménez nació en 1499. Sobre este dato se basan todos los cronistas posteriores, pues el otro dato cono­cido, el de Lucas Fernández de Piedrahita, quien sostiene que el Licenciado tenía 37 años cuando en 1536 fue nombrado te­niente de gobernador por Pedro Fernández de Lugo, no es más que una edad calculada a base de la fecha que proporciona Simón.

Si esta fecha fuera verdadera y el año 1499 hubiera sido el del nacimiento de nuestro licenciado, no cabría duda de que había nacido en Córdoba y probablemente en la casa de su rico abuelo, padre de la novia, situado en la colación de Fuensanta; pues no es dable suponer que, tres años después de las “capi­tulaciones matrimoniales”, como estudiante de la universidad o joven bachiller, tuviera ya el padre de Jiménez casa abierta, y menos en Granada, alejada de las moradas de sus padres y suegros. Sin embargo, a nuestro modo de ver, el dato que co­munica Fray Pedro Simón fue aceptado demasiado a la ligera por nuestros historiadores e interpretado textualmente, aunque es probable que el cronista no quiso indicar un número preciso de años (dice: “más de ochenta años”) sino expresar la ancia­nidad de nuestro conquistador en el momento de su muerte.

Varios documentos y muchas circunstancias contradicen la idea de que Jiménez había alcanzado tan avanzada edad. Si hu­biera nacido en 1499, hubiera pasado al Nuevo Mundo como hombre maduro de 37 años, mientras que generalmente se via­jaba a América entre los veinte y veinticinco años de edad. Como un anciano mayor de 70 años hubiera acaudillado personalmente la expedición del “Dorado” lo que es inconcebible, y más por ser, como sabemos enfermo, 273 afectado de lepra.274 Sabido es que la Real Audiencia de Santafé, entidad preocupada más por la colonización del país que por la conquista de lejanas tierras, opuso serias dificultades a la ejecución de la licencia obtenida para la jornada del “Dorado”, y que Jiménez tuvo que hacer largas gestiones para que esta licencia tuviese  efecto 8 años después de expedida275 Sin embargo, la Audiencia no destacaba su avanzada edad como impedimento en la prosecución de la jornada. Ciertamente lo hubiera hecho frente a un anciano y enfermo de 70 años! Y no olvidemos que en 1572, es decir, en la pretendida edad patriarcal de 73 años, salía personalmente a la pacificación de los indios de Gualí y fundó la ciudad de San­ta Agueda.

En los archivos coloniales existen muchos documentos que indican la edad de los conquistadores. No lo son las partidas de bautizo, ya que los libros parroquiales comenzaron a llevarse con alguna regularidad solo en la segunda mitad del siglo XVI, de acuerdo con las disposiciones del Concilio de Trento. Son las “informaciones” que se levantaban con frecuencia para probar un hecho alegado, en las que los testigos, antes de hacer sus declaraciones, indicaban generalmente su edad. Sin embargo, estas declaraciones no son exactas. Es fácil comprobar que en muchas “informaciones”, dadas en tiempos distintos aún por el mismo declarante, los datos referentes a edades son casi siem­pre contradictorios. No se trataba de un deseo deliberado de engañar, ni había interés para ello. Era simplemente una época en la que no se conocían documentos de identidad, y no se daba importancia a la edad exacta del individuo. Además, en el caso de estas “informaciones” se trataba de testimonios que afec­taban los intereses de terceros, de manera que la edad de los testigos no era importante. Esta se indica generalmente en forma ambigua, en números redondos, que apenas ofrecen una ligera base para suponer la probable edad del declarante.

Sin embargo, en el caso de Jiménez de Quesada tuvimos la suerte de encontrar documentos que indican el año exacto de su nacimiento. Son las propias declaraciones del Licenciado y las de sus familiares, con ocasión de pleitos y peticiones que incum­bían sus intereses personales; declaraciones que todos contradi­cen inequívocamente la aseveración de Fray Pedro Simón y la de todos los cronistas e historiadores que lo copian.

En julio de 1539 estaba Jiménez de Quesada en Cartagena, en víspera de su viaje a España con el fin de informar al rey del gran descubrimiento y conquista que había hecho. Era aún jóven y podía evidentemente recordar bien su edad. El dato es, pues, de gran valor probatorio. Con ocasión de su pleito con el licenciado Gallego, quien le exigía una participación en el botín obtenido en la conquista del Nuevo Reino de Granada, declara ser de edad de 30 años,278 es decir indica el año 1509 como el de su nacimiento. En 1549, cuando a petición del fiscal, licen­ciado Villalobos, ratifica unas declaraciones que había hecho en 1546, declara que entonces tenía 36 años; lo que corresponde y confirma su declaración en Cartagena.279 En su “ANTIJOVIO”, que escribía hacia el año 1569280 declaraba Jiménez: “la flaque­za de la vida y la edad de sesenta años, me hace sospechar que no he de ver cosa de mi tan deseada... etc.”. Según esta de­claración, la fecha de su nacimiento sería, un vez más, el año 1509. Este dato confirma expresamente el hermano del licencia­do, Melchor de Quesada, cuando en 1577 presenta en el Consejo de Indias las “probanzas de servicio” del fundador del Nuevo Reino, declarando: “Ha cuarenta y tres años continuos que mi hermano no ha dejado de servir un punto, y que vejez.., etc.”281 Su edad, al llegar a Santa Marta en 1536 hubiera sido, pues, de 27 años y la fecha del nacimiento, una vez más, el año 1509.

La única vez en que su declaración no concuerda exacta­mente con los datos arriba citados es la de 30 de julio de 1566, cuando, al enviar la probanza sobre sus enfermedades, afirma: “Parece haber yo sesenta años, poco más o menos”. El año de su nacimiento sería, pues, según esta declaración, el de 1506. Sin embargo, observase el giro de la ambigua declaración: “parece haber yo sesenta años, más o menos”, como la de un enfermo, despreocupado de ofrecer un dato exacto, y el contraste con las otras declaraciones que ofrecen un número exacto de años: 30, 36, 60 y 43 años; cuatro declaraciones que concuerdan en indi­car el año 1509 como el del nacimiento de nuestro licenciado, y cinco que todos contradicen lo indicado por Fray Pedro Simón.

Si el año 1509 fuese el del nacimiento de nuestro héroe, de lo que no parece haber duda, su nacimiento en Córdoba no esta­ría probado. Pues, apesar de los documentos que encontró don José de la Torre y que se refieren a la primera década del siglo XVI, la estancia permanente de Gonzalo Jiménez, el padre, en la ciudad, ofrece muchas dudas. A pesar de actuar desde 1504 como abogado del cabildo, no aparece en ninguna de las actas, sino un sola vez, 1507, y después tan solo ocasionalmente en1510 y 1511. Es cierto, que al comunicar a don José de la Torremi extrañeza sobre este hecho, me escribió282 que en los prime-años del siglo XVI los libros del Cabildo Municipal de Córdoba se llevaron muy mal y en cuadernos sueltos, y se perdieron tam­bién muchos protocolos notariales de aquellos años. Sin embar­go, creemos que la actividad de un joven abogado, consejero del Cabildo, debiera haber dejado, en los seis años, desde 1504 hasta 1510, más huellas que la única conocida en 1507, si verdadera­mente viviese permanentemente en la ciudad. Por otra parte, precisamente en el año 1505 se trasladó a Granada la Real Au­diencia que hasta entonces residía en la Ciudad Real. ¿ No sería posible que Gonzalo Jiménez, padre de nuestro héroe, se trasla­dase por aquella época a Granada para ensayar su suerte ante esta nueva entidad judicial, aunque ocasionalmente viajase a Córdoba, su ciudad natal? No puede existir duda alguna que los padres del descubridor eran de origen cordobés. Pero bien po­dría ser Granada el lugar del nacimiento de su hijo, con lo que concuerdan todos los datos conocidos fuera del que nos comu­nican Fray Pedro Simón y los que le copian. De manera que, mientras no se hagan pesquisas intensivas en los archivos de Córdoba y Granada, no sabremos cómo leer correctamente el párrafo del “Epitome”283 que se refiere a nuestro licenciado y que, como sucede en los documentos antiguos, no está provisto de puntuación. No sabemos, si su correcta lectura es: “El dicho licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, mariscal que ahora es del dicho Nuevo Reino de Granada, es hijo del licenciado Gon­zalo Jiménez y de Isabel de Quesada, su mujer. Viven en la ciudad de Granada, su naturaleza. Y la de sus padres es de la ciudad de Córdoba”; o “... viven en la ciudad de Granada. Su naturaleza y la de sus padres es la ciudad de Córdoba”.

Si el lugar del nacimento de nuestro conquistador es un problema no resuelto todavía, silo es el del año de su nacimien­to, que es 1509.

La investigación en los archivos de Granada, a fin de co­nocer las actuaciones de Gonzalo Jiménez, padre e hijo, en aque­lla ciudad, produciría, sin duda, nuevos e importantes datos bio­gráficos sobre el fundador del Nuevo Reino. Desgraciadamente, la catalogación de los archivos de la Real Audiencia y de Pro­tocolos de Granada está tan atrasada, que su actual estudio es extremadamente dificultoso.

En el archivo de la Universidad de Salamanca no hemos encontrado comprobantes de sus estudios, ni de los de su padre. Sin embargo, la investigación sólo pudo hacerse someramente, pues también en aquel archivo falta la catalogación de muchos documentos. Por otra parte, es imposible aceptar la interpreta­ción que dá un historiador, de una frase contenida en el “An­tijovio”,284 deduciendo de ella la participación del futuro con­quistador en las guerras de Italia en 1522285 Y así queda tan solo un documento fidedigno sobre sus actividades, y es el poder, fechado el 3 de febrero de 1533,286 que los tintoreros de Córdo­ba otorgan en aquella ciudad a Gonzalo Jiménez, el Mozo, veci­no, se declara, de la ciudad de Granada, para que los represente en los pleitos que se les seguían en la Real Audiencia de Gra­nada. De este documento se puede deducir que, una vez obtenida la licenciatura, el futuro fundador del Nuevo Reino, siguiendo las huellas de su padre, ejercía el oficio de abogacía en Granada.

¿ A qué se debía el viaje de Jiménez de Quesada a América? Tuvieron los Lugo, padre e hijo, algunas relaciones con el licen­ciado antes de su viaje a Santa Marta? ¿ Lo conocieron como abogado en la Real Audiencia de Granada? ¿ Llevaba algunos de sus pleitos?

Ningún documento encontrado hasta ahora permite hacer conjeturas sobre este punto. Consta solamente que el cedulario referente a Cartagena contiene una constancia de haberse des­pachado el 20 de mayo de 1535 una carta de recomendación dirigida al gobernador Pedro de Heredia para un Gonzalo Ji­ménez, que viajaba a aquella gobernación. Llama la atención que unos meses antes, el 9 de enero del mismo año, se despacharon varias cédulas referentes al capitán Juan de Junco, que también iba a Cartagena y que fue, como sabemos, uno de los compañe­ros del licenciado Jiménez en su memorable jornada, designado por Pedro Fernández de Lugo, como sustituto del capitán gene­ral, en el caso de la muerte del Licenciado. A Juan de Junco se le despacharon una carta de recomendación para Pedro de He­redia, título de regidor para aquella ciudad, licencia para pasar diez esclavos y se le vendieron 50.000 maravedías287 de mer­cancías de rescate, fiado por dos años. Además una cédula atestigua que estaba recogiendo 100 hombres para llevar consi­go a Cartagena.288 Sabemos que Juan de Junco y sus gentes, destinados a Cartagena, no se trasladaron a aquella ciudad sino a Santa Marta. ¿ Formaba parte el futuro fundador del Nuevo Reino de este grupo, y se refería a él la cédula de recomendación arriba citada? Ignorando los detalles, es imposible afirmar cosa cierta. Sin embargo, hay que recalcar el hecho de que no se conoce actividad alguna de un Gonzalo Jiménez en Cartagena. Es, pues, posible que nuestro licenciado fuera alistado por Juan de Junco y que debido a sus dotes excepcionales fue elegido por el anciano gobernador, Pedro Fernández de Lugo, como su teniente general, mientras que a Juan de Junco se le designó como sustituto, en caso de la muerte del Licenciado durante la jornada a Bogotá.



264 Barrio de la ciudad. 37, Par. 2, Not. 7. Cap. XXVI.

265 5, Vol. XII, Pag. 258, Bogotá, márzo de 1936.

266 6, Par. 4, Canto 1; 27, 210.

267 15. Par. 1, Lib. 3, Cap. V.

268 Autor de una colección de valiosos documentos referentes a la familia de Jiménez de Quesada, obsequiada al Municipio de Bogotá con ocasión del cuarto centenario de la fundación de la ciudad,. celebrado en 1938. La colección no está aún publicada.

269 1.341.

270 El texto de las capitulaciones es el siguiente: Archivo de Protocolos de Córdoba. oficio 14, tomo 30, cuaderno 9, folio 31.

Córdoba, 4 de octubre de 1946.

Prometimientos.

En Córdoba, cuatro días de octubre del dicho año otorgó Go... (roto) de Chillón, hijo de Juan de Chillón, que Dios haya, vecino de Santiago y dijo: que por cuanto es tratado casamiento por palabras de presente, hacientes matrimonio, de Isabel Jiménez, su hija legítima y de María Fernández, su mujer, con Gonzalo Ximenes, estudiante, hijo de Fernand Gonzales, linero; por ende otorga, que si el dicho desposorio hubiere efecto en faz de Santa Iglesia, que se obliga de dar en casamiento al dicho Gonzálo Ximénes con la dicha su hija y para que sean dote y propio caudal de ella, sesenta mil maravedíes de la moneda.

Usual en esta guisa: los treinta y cinco mil maravedíes en dineros contados y los veinte y cinco mil maravedíes en ajuar, ropas y joyas y preseas y atavíos de casa y en cosas que los bien valgan y monten, en esta guisa: los diez mil maravedíes en dineros luego, y en cada año que estuviere en Salamanca cinco mil maravedíes o seis mil maravedíes, y lo restante en viniendo de Salamanca; y el ajuar un mes antes que celebre sus bodas. Para lo cual obligó a todos sus bienes habidos y por haber, y en esta razón otorgó carta cumpli­da ejecutoria con renuncios bastantes. Esto se ha de cumplir desde hoy hasta cinco años primeros, que ha de ser la velación.

(Firmas y rúbricas:) Pedro González, Luis de Mesa.

Archivo de Protocolos de Córdoba, oficio 14, tomo 30, cuaderno 9, folio 81v. Córdoba, 4 de octubre de 1496.

En este dicho día otorgó el dicho Fernand González, linero, que si lo que Dios no quiera el dicho casamiento no hubiere efecto, de dar y pagar y tornar al dicho Gonzalo de Chillón los dichos diez mil maravedíes, y más los maravedíes que más hubiere recibido el dicho su hijo, de llano en llano, sin pleito ni otro alojamiento alguno, por cuanto él recibió los dichos diez mil maravedíes para el dicho su hijo, y con esta condición se los dio el dicho Gonzalo de Chillón y le ha de enviar los otros maravedíes a Salamanca; de los cuales dichos diez mil maravedíes se otorgó por contento y pagado a toda su voluntad. Y para lo así cumplir y pagar obligó a sí y a sus bienes, y renunció contar la paga y otorgó carta cumplida ejecutoria con todos renuncios bastantes y con poder a las justicias para ejecutar en él y en sus bienes si lo no cumpliere ni pagare, como dicho es.

(Firmas y rúbricas:) Pedro González, Luis de Mesa.

271 38

272 37, Par. 2, Not, Cap. XXXVI.

273 AGI, Patronato 196, Ramo 30.

274 De que no fue la sífilis o paludismo, como creen algunos historiadores (27), sino la lepra la que atacó al licenciado, se confirma indirectamente por un documento encontrado por don José de la Torre, en el que se demuestra que el tío materno de Gonzalo Jiménez, don Jerónimo de Soria, fue leproso.

275 AIG, Patrono 29, Ramo 21

278 AGI, Escribanía de Cámara 1.006 A.

279 AGI, Patronato 196, Ramo 80; 27. 247.

280 24.

282 A este respecto me escribió don José de la Torre en su carta del 8 de julio de 1954:

“En la adjunta relación se confirma la residencia y vecindad en Córdoba de su padre, el bachiller y luego licenciado Gonzalo Jiménez, en los años 1504, 1507, 1510, 1511 y 1513. Si faltan datos o noticias de los intermedios, debe tener en cuenta que obedece a la carencia de documentos, y esto no prueba nada en contrario de lo afirmado por ml. Loe libros de actas del cabildo municipal de los primeros años del siglo XVI se llevaron muy nial, en cuadernos sueltos, por lo que muchos se han perdido; como también casi todos los protocolos notariales del siglo XV y quince primeros años del XVI. Del XV solo se conservan unos cuarenta y cinco tomos de los oficios 14, 18 y 80. Se han perdido todos los de Jer6nimo de Sería, tío materno de Jiménez de Quesada, que fue escribano público durante ocho años...

283 Epitome. Véase nota 220.

284 4, Introducción, 841.

285  El pasaje aducido es aquel en que se habla de los excesos que cometieron los soldados españoles al ocupar Génova (24. XCI) y que dice: “Cosa que yo no vi ni supe; y debiera saberlo tan bien como el Obispo...    Del final de esta frase deduce el autor la presencia de Jiménez de Quesada en Génova. La interpretación es, a nuestro modo de ver, arbitraria. Parece ser más bien un simple giro literario, y aún más, porque el obispo Paolo Jovio, a quien crítica el autor, tampoco estaba presente al producirse el suceso de que se habla.

286 Es el documento número 76 de la colección de don José de la Torre y del Cerro.

287 Doc. 718.

288 Doc. 652. 653, 656, 655 y 654, respectivamente.

 

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