Descubrimiento del Nuevo Reino de
Granada y Fundación de Bogotá
Juan Freide
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Ajuntados en Santa Marts., tomó la gente a alborotarse, de manera que fue necesario al doctor volverlos a enviar otra vez, a Ribera con el Méndez a la Ramada, a donde mataron al Méndez, y el Ribera con los que le quedaban se fue a la gober­nación de Venezuela; y el capitán Cordoso fue a la provincia de las Argollas y después a los Caraibes y a Chimila y a Mastes.

De Santa Marta. está ha provincia de las Argollas 15 leguas por tierra, que llaman Pespes, hacia el Río Grande, porque en medio está un ancón con ciénagas que por el rodeo hace más de 20 leguas por tierra, lo que por la mar son 12. Dícese de las Argollas, porque hallaron allí unas argollas de oro que se ciñen por el cuerpo de grosor de un dedo.

Salido de Santa Marta. fue a Pocigueica, para si pudiese hacer algún daño a aquellos indios, de quien antes había reci­bido mucho daño, y fuese a poner junto ah pueblo una celada,

mandando a la gente, que no era para tanto, que se estuviesen dos leguas atrás y que no se moviesen hasta ser el sol salido; y al cuarto del alba, saliendo el sol, salieron ellos muy en orden para ir a sus labranzas y, saliendo el capitán de la montaña, dió en ellos y mato muchos indios y tomó a un capitán muy prin­cipal, hermano suyo, y hecho esto, llegó la otra gente que atrás quedaba, y apartose de allí una legua, donde siempre los indios le fueron dando caza. Y así caminó adelante con los prisioneros a fin de procurar paz con aquella gente, y así caminó y entró en la provincia de las Argollas de Oro. Tomó allí esclavos y esclavas. De allí se fue a la provincia de Mastes, donde la hizo de paz, que es una buena provincia. Hay en ella oro, aunque poco. Los indios de ella son de los más hermosos y grandes y bien hechos que se pueden hallar en las Indias. Las mujeres todas a una mano son muy chiquitas y muy feas.

De allí entró hacia el Río Grande a otra provincia que lla­man Aguas. Y allí no quisieron ser de paz y dieronle batalla, aunque tuvo poca porque huyeron. Luego mataron allí algunos indios; no es gente belicosa. De allí se salió y volvió a Mastes, y de allí atravesó a los Caraibes y pasó por toda aquella pro­vincia, sin se detener, porque con dándoles guazavara, luego huían. Tomó allí esclavos y esclavas; no es tierra de oro.

De allí fue a Chimila, que está allí junto hacia la sierra, y de allí vino corriendo toda Chimila hacia Santa Marta, y allí le dieron algunas guazavaras. Tomó indios e indias en ellas. Hay aquí indias hermosas; hay poco oro. Y de Chimila salió de ella camino de Santa Marta, llevando siempre consigo al capitán de Pocigueica preso. Y desde que estuvo dos jornadas de su pue­blo, que porque él viese en cuán poco lo tenía, le dijo que si él quisiese, le soltaría y se fuese a su tierra o donde él quisiese, y le daría a su hermano que se fuese con él, y si quisiese ser su amigo, que él sería suyo, y si no, que cada día los iría alcanzar y que no les tenía miedo ninguno. Y el indio, viendo esto, dijo, que aunque era indio, que también era hombre como ellos y que también conocía quién le hacia bien o mal, y que si por su grado fuese, que él sería su amigo, pero que había otros mayores se­ñores, que no él, que él no era sino capitán; pero que él hablaría

con los caciques de aquel pueblo, porque eran muchos y más grandes, y que él procuraría mucho su amistad; pero que cuanto era su ida desde allí, que él no se quería ir hasta que estuviese más cerca de su pueblo, y que, estando cerca, que él se lo acor­daría y que él le tenía por hombre que no faltaría su palabra. Y después que se vió una jornada de su pueblo, pidióle hicencia para se ir, y el capitán le dio camisa y bonete y cuentas y una hacha, que es lo que ellos aprecian mucho, y tres indios de los suyos que le acompañasen y lo envió.

Y el capitán llegó al pueblo de Pocigueica de allí a dos días y se aposentó en bajo con su gente y la presa que llevaba, y ni al pasar ni al aposentarse nunca los indios le dieron grita, como se solía, ni abajaban a él, antes se sentaron en aquellos cerros mirando al capitán y a la gente que llevaba, y así se aposentó y estuvo allí aquel día. Y estando así, vino a él el hermano del capitán con algún mantenimiento, diciendo que su hermano no venía por estar mal dispuesto y que había hablado con los caci­ques y ellos le habían respondido, que, siendo él siempre así y haciéndolo bien con ellos, ellos serían sus amigos, y que otra vez que él viniese, saldrían a él a hablarle. Y así el capitán se salió de esta provincia y se fue a Santa Marta. Y cuando llegó, halló al doctor Infante ido, por dolencia que tuvo, a Santo Do­mingo y que dejó, por su teniente a un Antón Bezos, hasta tanto que viniese el adelantado Don Pedro de Lugo. Y así partieron ha presa, reposando de los trabajos del camino.

De allí a cuatro días allegó el adelantado Don Pedro a Santa Marts.. Entrado que entró, de allí a diez o quince días, como Bonda estaba de guerra, determinó de lo enviar a llamar, para ver si quería ser amigo; nunca lo quiso ser. Viendo el adelantado esto, mandó apercibir la gente y a todos los capitanes y fue a dar en el pueblo. Asentó su real alrededor del pueblo y luego otro día de mañana comenzaron a subir y se defendieron los indios un rato; pero como tenían el pueblo vacío, que habían sacado fuera las mujeres y niños y bastimento, desampararon el pueblo y comenzaron a huir. Y en la defensa todavía mataron al pie de 30 cristianos, pocos más o menos, e hirieron algunos de los cuales pocos. Llevó en esta entrada 1.200 hombres, en que

de todos no se supieron dar maña sino los 200 que eran viejos en la tierra, porque los demás no se supieron dar maña. Hizo el adelantado quemar todo el pueblo y se aposentó junto a él en el campo, y de allí envió ciertos capitanes alrededor de Bonda, que fueron eh capitán Don Diego de Cardona, y Tapia, y Diego de Urbina, y Orejuela, que habían ido de España con él, y al capitán Cardoso, que allá estaba en la tierra, para que si no quisiesen venir de paz, los quemasen. Los cuales fueron, y no quisieron venir de paz, y los quemaron y no murió hombre en esta jornada. De allí se volvieron y abajaron a un valle donde el adelantado hes fue a esperar, donde quemó algunas casas y hubo un encuentro, donde le hirieron alguna gente, y de allí se salió y se volvieron a Bonda, donde antes estaban.

Y de allí envió eh adelantado a su hijo, Don Alonso, al valle de Tairona, que es de Santa Marts. 18 leguas de Santa Marts., costa de la mar, apartado de la mar 6 leguas hacia ha Ramada. Y envió con él s.l capitán Diego de Urbina y a Don Diego de Cardona, Orejuela, al capitán San Martin y al capitán Cardoso y al capitán Alonso Martín y ah tesorero Lebrija. Fueron a Tairona, donde hubieron ciertas guazavaras y donde les hirie­ron en un paso 20 o 30 hombres, y en otro paso se lo defen­dieron e hirieron al capitán San Martín y Alonso Martín y, desbaratados los indios, fueron corriendo todo el valle. Y como ha gente estaba alborotada, no hallaban en todo el valle de co­mer, ni oro ni otra cosa. Y como vieron que no hacían nada y tenían nueva dónde estaba un cacique de la Ramada, principal de ella, dicho Marivare, que estaba cerca de aquel valle, deter­minaron de ir sobre él, a ver si lo podían tomar. Y caminaron gran parte de la noche y, en rayando el alba, llegaron donde estaba el dicho cacique y derramase la gente por el pueblo, unos a un cabo y otros a otro, buscando al dicho cacique, porque es­taban las casas muy apartadas unas de otras. Y andándolo bus­cándolo y no hallando, apartóse el capitán Cardoso una coste­zuela arriba, cerca de las otras casas, y hallóle en una casa que allí había hecho. Tomóle por la mano y sentóle consigo debajo de una ramada que delante de la puerta tenía, - poniendo pri­mero a las puertas de la casa del dicho cacique dos hombres a

cada una para que no dejasen entrar ni salir a nadie, y hecho esto mandó llamar a Don Alonso para que viniese a ver al ca­cique llamado Marivari. El cual vino luego y, venido, vino con él el capitán San Martín, que al presente era contador y, lle­gados, dijo Don Alonso al capitán San Martín y al capitán Car­doso que tuviesen allí consigo al dicho cacique, mientras él ponía recaudo en lo que hubiese en la casa del cacique. Y entróse den­tro con dos criados suyos y estuvo allá gran rato, y al cabo de esto salió y sacó hasta trescientos o cuatrocientos pesos, diciendo que no había hallado más. Créese que tomó el allí al pie de tres mil pesos de oro, que podrían valer dos mil o dos mil y qui­nientos ducados. Y esto se cree por el bulto que hacía el mismo oro, porque cuando iban caminando lo llevaba un indio a cues­tas y no podría ser menos lo que allí tomó. Hubo grandes murmu­raciones sobre ello, así allí como por el camino como en Santa Marta., Después de llegados, diciendo que había tomado más de 30 mii pesos; y esto decíanlo los que no sabían las cosas de la tierra. Fue causa de haber entre el adelantado, su padre, y él, mucha diferencia, por cuya causa, según se cree, después de vuelto Don Alonso a Santa Marta, se vino a Castilla.

Viniendo Don Alonso del valle de Tairona con el cacique dicho Marivari y con los cristianos que dejamos que con él ve­nía, llegó a Guachaca, pueblo de indios que estaba despoblado, donde había dejado los caballos con alguna gente cuando fueron al valle de Tairona, por ser la tierra áspera, que no podían en­trar allá caballos. Llegados a aquel pueblo, hallaron una carta del adelantado en que mandaba al hijo, Don Alonso, que fuese con Don Pedro de Portugal, capitán, y con toda la gente a la Ramada, para echar de ella a la gente de Venezuela, porque tenía nueva que venían a poblar a la tierra de la Ramada. Viendo Don Alonso esto, ajuntóse con los capitanes y otras personas a ver lo que haría, porque el capitán Don Pedro de Portugal, así como llegó a Guajaca y no hahló a Don Alonso, dejó la carta que del adelantado traía, para que la diesen a Don Alonso. En lle­gando y viendo Don Alonso que Don Pedro había 4 días que era ido a la Ramada, hubo consejo sobre lo que debía de hacer. Fueron de parecer que enviasen al capitán Cardoso con sólo un

soldado tras él, para que no allegase a vista de los de Venezuela hasta tanto que llegase el dicho Don Alonso con el restante de la gente que traí& El cual capitán se partió y llegó con mucha prisa donde la gente estaba y habló con Don Pedro, para que se detuviese, y se detuvo hasta que Don Alonso llegó, y juntos caminaron a un pueblo dicho Orino, donde decían que estaba la gente de Venezuela, la cual no hallaron ni rastro de ella; y de allí se volvieron con mucho trabajo a Santa Marta, por estar la tierra algo despoblada. Murieron en esta jornada más de 20 soldados de hambre. Y llegados, se comenzó la división y dife­rencias entre padre e hijo por donde fue la venida del hijo a Espana.

 

Partido Don Alonso para España, determinó el adelantado, su padre, de enviar a hacer una jornada caminando hacia el Quito, en la cual envió por su teniente y capitán general a un Gonzalo Ximénez, que de España llevó por su teniente. Deter­minó de enviar dos armadas: una por tierra y otra por mar. En la de tierra envió al dicho teniente; por capitanes al capitán San Martín, al capitán Juan de Céspedes, al capitán Junco, al capitán Lázaro Fuente, al capitán Suárez. Por la mar envió a Don Diego de Cardona y a Diego de Urbina y al capitán Car­doso y a un Orduña y a un Juan Chamorro.

 

Partióse el armada de tierra 15 días, porque la de la mar partióse la de la mar un Jueves Santo, después de encerrado el Señor. Fueron a dos leguas de allí por esperar a recoger la gente toda. El Sábado de Pascua a las 10, después de recogida la gente, se partieron del puerto donde estaban, que se llamaba Unjaca; y tenían de allí a 8 leguas el Río Grande por donde habían de entrar. Vínoles grande serrazón, que no sabían los unos de los otros, de manera que se perdieron sin se poder ha­llar los unos de los otros, y hubieron de correr a popa. Y des­pués que fue de día claro, no parecieron juntas sino la fusta en que iba Don Diego de Cardona y Diego de Urbina, y el ber­gantín donde iba el capitán Cardoso, y otro bergantín en que iba un flamenco, y pasaron con gran tempestad por la boca del Río Grande, por donde habían de entrar, y con la gran tor­menta y serrazón, no pudieron.. Y corrieron la costa hacia Zamba,

pueblo que es en la gobernación de Cartagena, y yendo ocho leguas, poco más o menos, del Río Grande hacia Cartagena, se quebró el gobernalle de la fusta y le convino dar en tierra, don­de se perdió, salvándose la gente y perdióse lo que llevaba. El capitán Cardoso y el flamento corrieron hasta Zamba, puerto abrigado en la gobernación de Cartagena, y surgieron y se guardaron de la tempestad. Y otro día de mañana corrieron a entrar en Cartagena para se proveer de las cosas necesarias, porque lo habían todo echado en la mar, que no les había que­dado sino el artillería.

Llegados a Cartagena, hallaron a un Manjarrés que iba en la misma flota con un bergantín que había corrido con la tor­menta hasta el dicho puerto. Y estando ellos en Cartagena, alle­garon a ella Diego de Urbina y Don Diego de Cardona con los soldados que llevaban, los cuales habían venido por tierra hasta Cartagena. Y de allí se volvió el capitán Cardoso con tres o cuatro criados, dejando los soldados que llevaba en su compañía porque no le quisieron seguir para volver otra vez a Santa Marta. Y así vino a Santa Marta y dio cuenta al Adelantado de lo que sucedió en el armada; y Don Diego de Cardona y Diego de Urbina se quedaron en Cartagena y no quisieron vol­ver a Santa Marta.

 

Llegado el capitán Cardoso a Santa Marta, halló que Don Pedro de Lugo, por tener nueva que todos eran perdidos, había hecho otra armada, en que enviaba a un Hernando (sic) Ga­llegos por teniente, y a un capitán Albarracín y a un Gómez de Corral, por capitanes. Después de llegado el capitán, se embar­caron en la dicha armada en un bergantín, haciendo gente para llevar consigo, y se partieron y entraron por el Río Grande con harto trabajo~ y siguieron su camino el río arriba hasta al­canzar al Licenciado Ximénez, que iba por tierra con su gente, y alcanzáronle 80 leguas el río arriba. Y de allí fueron todos juntos, unos por tierra y otros por el río, y estuvieron cerca de 8 meses hasta llegar a la tierra desde que partieron de Santa Marta, que será de la mar 110 leguas. Y allí estuvieron en la Tora más de tres meses, buscando camino por donde irían a la sierra, porque todo, aquello intermedio, entre el Río Grande y la

sierra, era todo de lagunazos llenos de islas en medio de mucha arboleda. Y el capitán Cardoso y el capitán Albarracín anduvie­ron en busca de los caminos y, al cabo, hallaron un río que venía de la sierra, por donde subieron con una canoa, y halla­ron, por señas que vieron, que había camino por donde los indios iban y venían a la sierra, y de allí se volvieron al real, dando nuevas de lo que habían hallado y que les parecía que por allí podrían ir con los caballos a la sierra y todo el Real. Para lo cual enviaron al capitán San Martín para que caminase por la tierra adentro, para se informar de q~é tierra era. El cual fue y anduvo allá 15 o 20 días y hailó que los indios caminaban por allí a buscar sal, y de allí se volvió, porque halló rastro de mucha gente y él llevaba poca. Y el teniente tomó enviar al capitán Céspedes y al capitán Lebrija con gente para ir a des­cubrir más adelante, los cuales fueron y hallaron grandes des­poblados de tres y cuatro días de despoblado y de 5; así que se volvieron después que llegaron a tierra poblada, que la vieron de unos altos a donde subieron. Y vueltos al real, dieron nueva de lo que habían visto de la tierra, que habían visto muchos humos, que era señal de gran población.

 

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