Ajuntados
en Santa Marts., tomó la gente a alborotarse, de manera que fue necesario al doctor
volverlos a enviar otra vez, a Ribera con el Méndez a la Ramada, a donde mataron al
Méndez, y el Ribera con los que le quedaban se fue a la gobernación de Venezuela; y el
capitán Cordoso fue a la provincia de las Argollas y después a los Caraibes y a Chimila
y a Mastes.
De
Santa Marta. está ha provincia de las Argollas 15 leguas por tierra, que llaman Pespes,
hacia el Río Grande, porque en medio está un ancón con ciénagas que por el rodeo hace
más de 20 leguas por tierra, lo que por la mar son 12. Dícese de las Argollas, porque
hallaron allí unas argollas de oro que se ciñen por el cuerpo de grosor de un dedo.
Salido
de Santa Marta. fue a Pocigueica, para si pudiese hacer algún daño a aquellos indios, de
quien antes había recibido mucho daño, y fuese a poner junto ah pueblo una celada,
mandando
a la gente, que no era para tanto, que se estuviesen dos leguas atrás y que no se
moviesen hasta ser el sol salido; y al cuarto del alba, saliendo el sol, salieron ellos
muy en orden para ir a sus labranzas y, saliendo el capitán de la montaña, dió en ellos
y mato muchos indios y tomó a un capitán muy principal, hermano suyo, y hecho esto,
llegó la otra gente que atrás quedaba, y apartose de allí una legua, donde siempre los
indios le fueron dando caza. Y así caminó adelante con los prisioneros a fin de procurar
paz con aquella gente, y así caminó y entró en la provincia de las Argollas de Oro.
Tomó allí esclavos y esclavas. De allí se fue a la provincia de Mastes, donde la hizo
de paz, que es una buena provincia. Hay en ella oro, aunque poco. Los indios de ella son
de los más hermosos y grandes y bien hechos que se pueden hallar en las Indias. Las
mujeres todas a una mano son muy chiquitas y muy feas.
De
allí entró hacia el Río Grande a otra provincia que llaman Aguas. Y allí no
quisieron ser de paz y dieronle batalla, aunque tuvo poca porque huyeron. Luego mataron
allí algunos indios; no es gente belicosa. De allí se salió y volvió a Mastes, y de
allí atravesó a los Caraibes y pasó por toda aquella provincia, sin se detener,
porque con dándoles guazavara, luego huían. Tomó allí esclavos y esclavas; no es
tierra de oro.
De
allí fue a Chimila, que está allí junto hacia la sierra, y de allí vino corriendo toda
Chimila hacia Santa Marta, y allí le dieron algunas guazavaras. Tomó indios e indias en
ellas. Hay aquí indias hermosas; hay poco oro. Y de Chimila salió de ella camino de
Santa Marta, llevando siempre consigo al capitán de Pocigueica preso. Y desde que estuvo
dos jornadas de su pueblo, que porque él viese en cuán poco lo tenía, le dijo que si
él quisiese, le soltaría y se fuese a su tierra o donde él quisiese, y le daría a su
hermano que se fuese con él, y si quisiese ser su amigo, que él sería suyo, y si no,
que cada día los iría alcanzar y que no les tenía miedo ninguno. Y el indio, viendo
esto, dijo, que aunque era indio, que también era hombre como ellos y que también
conocía quién le hacia bien o mal, y que si por su grado fuese, que él sería su amigo,
pero que había otros mayores señores, que no él, que él no era sino capitán; pero
que él hablaría
con
los caciques de aquel pueblo, porque eran muchos y más grandes, y que él procuraría
mucho su amistad; pero que cuanto era su ida desde allí, que él no se quería ir hasta
que estuviese más cerca de su pueblo, y que, estando cerca, que él se lo acordaría y
que él le tenía por hombre que no faltaría su palabra. Y después que se vió una
jornada de su pueblo, pidióle hicencia para se ir, y el capitán le dio camisa y bonete y
cuentas y una hacha, que es lo que ellos aprecian mucho, y tres indios de los suyos que le
acompañasen y lo envió.
Y
el capitán llegó al pueblo de Pocigueica de allí a dos días y se aposentó en bajo con
su gente y la presa que llevaba, y ni al pasar ni al aposentarse nunca los indios le
dieron grita, como se solía, ni abajaban a él, antes se sentaron en aquellos cerros
mirando al capitán y a la gente que llevaba, y así se aposentó y estuvo allí aquel
día. Y estando así, vino a él el hermano del capitán con algún mantenimiento,
diciendo que su hermano no venía por estar mal dispuesto y que había hablado con los
caciques y ellos le habían respondido, que, siendo él siempre así y haciéndolo bien
con ellos, ellos serían sus amigos, y que otra vez que él viniese, saldrían a él a
hablarle. Y así el capitán se salió de esta provincia y se fue a Santa Marta. Y cuando
llegó, halló al doctor Infante ido, por dolencia que tuvo, a Santo Domingo y que
dejó, por su teniente a un Antón Bezos, hasta tanto que viniese el adelantado Don Pedro
de Lugo. Y así partieron ha presa, reposando de los trabajos del camino.
De
allí a cuatro días allegó el adelantado Don Pedro a Santa Marts.. Entrado que entró,
de allí a diez o quince días, como Bonda estaba de guerra, determinó de lo enviar a
llamar, para ver si quería ser amigo; nunca lo quiso ser. Viendo el adelantado esto,
mandó apercibir la gente y a todos los capitanes y fue a dar en el pueblo. Asentó su
real alrededor del pueblo y luego otro día de mañana comenzaron a subir y se defendieron
los indios un rato; pero como tenían el pueblo vacío, que habían sacado fuera las
mujeres y niños y bastimento, desampararon el pueblo y comenzaron a huir. Y en la defensa
todavía mataron al pie de 30 cristianos, pocos más o menos, e hirieron algunos de los
cuales pocos. Llevó en esta entrada 1.200 hombres, en que
de
todos no se supieron dar maña sino los 200 que eran viejos en la tierra, porque los
demás no se supieron dar maña. Hizo el adelantado quemar todo el pueblo y se aposentó
junto a él en el campo, y de allí envió ciertos capitanes alrededor de Bonda, que
fueron eh capitán Don Diego de Cardona, y Tapia, y Diego de Urbina, y Orejuela, que
habían ido de España con él, y al capitán Cardoso, que allá estaba en la tierra, para
que si no quisiesen venir de paz, los quemasen. Los cuales fueron, y no quisieron venir de
paz, y los quemaron y no murió hombre en esta jornada. De allí se volvieron y abajaron a
un valle donde el adelantado hes fue a esperar, donde quemó algunas casas y hubo un
encuentro, donde le hirieron alguna gente, y de allí se salió y se volvieron a Bonda,
donde antes estaban.
Y
de allí envió eh adelantado a su hijo, Don Alonso, al valle de Tairona, que es de Santa
Marts. 18 leguas de Santa Marts., costa de la mar, apartado de la mar 6 leguas hacia ha
Ramada. Y envió con él s.l capitán Diego de Urbina y a Don Diego de Cardona, Orejuela,
al capitán San Martin y al capitán Cardoso y al capitán Alonso Martín y ah tesorero
Lebrija. Fueron a Tairona, donde hubieron ciertas guazavaras y donde les hirieron en un
paso 20 o 30 hombres, y en otro paso se lo defendieron e hirieron al capitán San
Martín y Alonso Martín y, desbaratados los indios, fueron corriendo todo el valle. Y
como ha gente estaba alborotada, no hallaban en todo el valle de comer, ni oro ni otra
cosa. Y como vieron que no hacían nada y tenían nueva dónde estaba un cacique de la
Ramada, principal de ella, dicho Marivare, que estaba cerca de aquel valle, determinaron
de ir sobre él, a ver si lo podían tomar. Y caminaron gran parte de la noche y, en
rayando el alba, llegaron donde estaba el dicho cacique y derramase la gente por el
pueblo, unos a un cabo y otros a otro, buscando al dicho cacique, porque estaban las
casas muy apartadas unas de otras. Y andándolo buscándolo y no hallando, apartóse el
capitán Cardoso una costezuela arriba, cerca de las otras casas, y hallóle en una casa
que allí había hecho. Tomóle por la mano y sentóle consigo debajo de una ramada que
delante de la puerta tenía, - poniendo primero a las puertas de la casa del dicho
cacique dos hombres a
cada
una para que no dejasen entrar ni salir a nadie, y hecho esto mandó llamar a Don Alonso
para que viniese a ver al cacique llamado Marivari. El cual vino luego y, venido, vino
con él el capitán San Martín, que al presente era contador y, llegados, dijo Don
Alonso al capitán San Martín y al capitán Cardoso que tuviesen allí consigo al dicho
cacique, mientras él ponía recaudo en lo que hubiese en la casa del cacique. Y entróse
dentro con dos criados suyos y estuvo allá gran rato, y al cabo de esto salió y sacó
hasta trescientos o cuatrocientos pesos, diciendo que no había hallado más. Créese que
tomó el allí al pie de tres mil pesos de oro, que podrían valer dos mil o dos mil y
quinientos ducados. Y esto se cree por el bulto que hacía el mismo oro, porque cuando
iban caminando lo llevaba un indio a cuestas y no podría ser menos lo que allí tomó.
Hubo grandes murmuraciones sobre ello, así allí como por el camino como en Santa
Marta., Después de llegados, diciendo que había tomado más de 30 mii pesos; y esto
decíanlo los que no sabían las cosas de la tierra. Fue causa de haber entre el
adelantado, su padre, y él, mucha diferencia, por cuya causa, según se cree, después de
vuelto Don Alonso a Santa Marta, se vino a Castilla.
Viniendo
Don Alonso del valle de Tairona con el cacique dicho Marivari y con los cristianos que
dejamos que con él venía, llegó a Guachaca, pueblo de indios que estaba despoblado,
donde había dejado los caballos con alguna gente cuando fueron al valle de Tairona, por
ser la tierra áspera, que no podían entrar allá caballos. Llegados a aquel pueblo,
hallaron una carta del adelantado en que mandaba al hijo, Don Alonso, que fuese con Don
Pedro de Portugal, capitán, y con toda la gente a la Ramada, para echar de ella a la
gente de Venezuela, porque tenía nueva que venían a poblar a la tierra de la Ramada.
Viendo Don Alonso esto, ajuntóse con los capitanes y otras personas a ver lo que haría,
porque el capitán Don Pedro de Portugal, así como llegó a Guajaca y no hahló a Don
Alonso, dejó la carta que del adelantado traía, para que la diesen a Don Alonso. En
llegando y viendo Don Alonso que Don Pedro había 4 días que era ido a la Ramada, hubo
consejo sobre lo que debía de hacer. Fueron de parecer que enviasen al capitán Cardoso
con sólo un
soldado
tras él, para que no allegase a vista de los de Venezuela hasta tanto que llegase el
dicho Don Alonso con el restante de la gente que traí& El cual capitán se partió y
llegó con mucha prisa donde la gente estaba y habló con Don Pedro, para que se
detuviese, y se detuvo hasta que Don Alonso llegó, y juntos caminaron a un pueblo dicho
Orino, donde decían que estaba la gente de Venezuela, la cual no hallaron ni rastro de
ella; y de allí se volvieron con mucho trabajo a Santa Marta, por estar la tierra algo
despoblada. Murieron en esta jornada más de 20 soldados de hambre. Y llegados, se
comenzó la división y diferencias entre padre e hijo por donde fue la venida del hijo
a Espana.
Partido
Don Alonso para España, determinó el adelantado, su padre, de enviar a hacer una jornada
caminando hacia el Quito, en la cual envió por su teniente y capitán general a un
Gonzalo Ximénez, que de España llevó por su teniente. Determinó de enviar dos
armadas: una por tierra y otra por mar. En la de tierra envió al dicho teniente; por
capitanes al capitán San Martín, al capitán Juan de Céspedes, al capitán Junco, al
capitán Lázaro Fuente, al capitán Suárez. Por la mar envió a Don Diego de Cardona y a
Diego de Urbina y al capitán Cardoso y a un Orduña y a un Juan Chamorro.
Partióse
el armada de tierra 15 días, porque la de la mar partióse la de la mar un Jueves Santo,
después de encerrado el Señor. Fueron a dos leguas de allí por esperar a recoger la
gente toda. El Sábado de Pascua a las 10, después de recogida la gente, se partieron del
puerto donde estaban, que se llamaba Unjaca; y tenían de allí a 8 leguas el Río Grande
por donde habían de entrar. Vínoles grande serrazón, que no sabían los unos de los
otros, de manera que se perdieron sin se poder hallar los unos de los otros, y hubieron
de correr a popa. Y después que fue de día claro, no parecieron juntas sino la fusta
en que iba Don Diego de Cardona y Diego de Urbina, y el bergantín donde iba el capitán
Cardoso, y otro bergantín en que iba un flamenco, y pasaron con gran tempestad por la
boca del Río Grande, por donde habían de entrar, y con la gran tormenta y serrazón,
no pudieron.. Y corrieron la costa hacia Zamba,
pueblo
que es en la gobernación de Cartagena, y yendo ocho leguas, poco más o menos, del Río
Grande hacia Cartagena, se quebró el gobernalle de la fusta y le convino dar en tierra,
donde se perdió, salvándose la gente y perdióse lo que llevaba. El capitán Cardoso y
el flamento corrieron hasta Zamba, puerto abrigado en la gobernación de Cartagena, y
surgieron y se guardaron de la tempestad. Y otro día de mañana corrieron a entrar en
Cartagena para se proveer de las cosas necesarias, porque lo habían todo echado en la
mar, que no les había quedado sino el artillería.
Llegados
a Cartagena, hallaron a un Manjarrés que iba en la misma flota con un bergantín que
había corrido con la tormenta hasta el dicho puerto. Y estando ellos en Cartagena,
allegaron a ella Diego de Urbina y Don Diego de Cardona con los soldados que llevaban,
los cuales habían venido por tierra hasta Cartagena. Y de allí se volvió el capitán
Cardoso con tres o cuatro criados, dejando los soldados que llevaba en su compañía
porque no le quisieron seguir para volver otra vez a Santa Marta. Y así vino a Santa
Marta y dio cuenta al Adelantado de lo que sucedió en el armada; y Don Diego de Cardona y
Diego de Urbina se quedaron en Cartagena y no quisieron volver a Santa Marta.
Llegado
el capitán Cardoso a Santa Marta, halló que Don Pedro de Lugo, por tener nueva que todos
eran perdidos, había hecho otra armada, en que enviaba a un Hernando (sic) Gallegos por
teniente, y a un capitán Albarracín y a un Gómez de Corral, por capitanes. Después de
llegado el capitán, se embarcaron en la dicha armada en un bergantín, haciendo gente
para llevar consigo, y se partieron y entraron por el Río Grande con harto trabajo~ y
siguieron su camino el río arriba hasta alcanzar al Licenciado Ximénez, que iba por
tierra con su gente, y alcanzáronle 80 leguas el río arriba. Y de allí fueron todos
juntos, unos por tierra y otros por el río, y estuvieron cerca de 8 meses hasta llegar a
la tierra desde que partieron de Santa Marta, que será de la mar 110 leguas. Y allí
estuvieron en la Tora más de tres meses, buscando camino por donde irían a la sierra,
porque todo, aquello intermedio, entre el Río Grande y la
sierra,
era todo de lagunazos llenos de islas en medio de mucha arboleda. Y el capitán Cardoso y
el capitán Albarracín anduvieron en busca de los caminos y, al cabo, hallaron un río
que venía de la sierra, por donde subieron con una canoa, y hallaron, por señas que
vieron, que había camino por donde los indios iban y venían a la sierra, y de allí se
volvieron al real, dando nuevas de lo que habían hallado y que les parecía que por allí
podrían ir con los caballos a la sierra y todo el Real. Para lo cual enviaron al capitán
San Martín para que caminase por la tierra adentro, para se informar de q~é tierra era.
El cual fue y anduvo allá 15 o 20 días y hailó que los indios caminaban por allí a
buscar sal, y de allí se volvió, porque halló rastro de mucha gente y él llevaba poca.
Y el teniente tomó enviar al capitán Céspedes y al capitán Lebrija con gente para ir a
descubrir más adelante, los cuales fueron y hallaron grandes despoblados de tres y
cuatro días de despoblado y de 5; así que se volvieron después que llegaron a tierra
poblada, que la vieron de unos altos a donde subieron. Y vueltos al real, dieron nueva de
lo que habían visto de la tierra, que habían visto muchos humos, que era señal de gran
población.
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