PARTICULARIDADES DE SANTA FE
Bajo este titulo, la Biblioteca Popular de Cultura Colombiana publicó en 1946 la presente obra, cuya primera edición apareció en 1902, formando parte del tomo primero de la Biblioteca de Historia Nacional e intitulada Días de la Independencia.
Buena razón tuvieron los editores que así la bautizaron, pues realmente se trata como lo enuncia el autor en sus palabras iniciales de un libro de varias noticias particulares que han sucedido en esta capital de Santa Fe de Bogotá. Sin embargo, el transcurso del tiempo ha cambiado estos nombres por el de Diario de la Independencia, con el que la conocen generalmente los lectores, y el cual acogemos para incluir los apuntamientos de José Maria Caballero como el volumen número 71 de la Biblioteca Banco Popular.
El autor de este Diario fue santafereño de nacimiento, estuvo casado con Maria Ramona Castro y luchó bajo las ordenes del general precursor de la Independencia don Antonio Nariño. Sobre él escribió don Luis Augusto Cuervo:
Caballero sirvió como sargento en las tropas del popular Gonzalón en la lucha entre centralistas federalistas; cuando Morillo sufrió contribución forzosap de veinte pesos para el sostenimiento de las tropas del rey y antes, en 1803, ayudó a servir a a la mesa en el refresco que se dio al virrey Amar y a su esposa, doña Francisca Villanova, a su entrada a Santa Fe; fue actor cómico en las comedias Oponerse a las estrenas y el José de las Mujeres, representadas en La Candelaria con motivo del Capítulo Provincial de 1804; trabajó como sastre en servicio de los oidores, tuvo pulpería en la calle de Santa Clara y tienda da géneros de Castilla en la Plaza Mayor; actuó como tesorero de la Bula de la Santa Cruzada y donó una arroba y siete libras de plomo al ejército patriota; viajó con frecuencia a Tocaima en busca de la salud de los suyos y llegó hasta Tunja, Sogamoso y Susacón a vender sus abarrotes y trebejos; su casa se quemó en incendio pavoroso y su persona naufragó en el río Saldaña, frente al peñón de La Miel. Sobre este último suceso escribió en el Diario: Yo perdí ruanas, sombreros y el cojinete donde llevaba un pozuelo, un jarro y dos cubiertos de plata: un anteojo de larga vista, el reloj de bolsillo y la chaqueta que me había quitado por el grande calor, y en ella llevaba la bolsa con una onza de oro y doce pesos de plata, la herramienta de candela, unos pañuelos y la camándula.
Fue ingenuo y creyente. En las festividades religiosas, especialmente el Corpus, él mismo adornaba calles y balcones. Partidario y admirador de Nariño, peleó contra Baraya en el ataque del 9 de enero de 1813 a Santa Fe. Y escribía: Se dijo por varias personas de crédito y por muchas bocas, que cuando estaba el fuego en lo más vigoroso, andaba una mujer por entre las tropas y a la parte que más caían las balas, y después dicha mujer aunque se inquirió no pareció, lo que se tiene por verosímil que fue Maria Santísima Nuestra Señora, para ampararnos y favorecernos. Antes había anotado: Estaba una mujer vestida toda de azul, que según algunos piadosos aseguraron ser María Santísima Nuestra Señora de la Concepción, y esta mujer les dijo que no entrasen en la ciudad.
Poco antes del 20 de julio suspendió por unos días sus apuntamientos. Y él mismo nos da la causa: Me descompuse un brazo por el hombro, por darle un revés a una gata, y se me dislocó. Sin duda fue el derecho.
Cuando llega la fecha magna se aviva su patriotismo. Sus anotaciones del 20, 21 y parte del 22 de julio no aparecieron en el original que tuvieron a la vista los editores de 1902. Parece esas hojas fueron desprendidas del manuscrito para extractarlas y darles publicidad en El Diario Político de Caldas y don Joaquín Camacho.
Y refiriéndose a la impresión inicial de la obra, hecha bajo el cuidado de los historiadores Eduardo Posada y Pedro María Ibáñez, expresa el mismo Luis Augusto Cuervo:
Los señores Posada e Ibáñez hicieron labor ejemplar al publicar el Diario de Caballero, en cuyas páginas palpita la nueva nacionalidad, con sus aciertos y sus errores, alegre y confiada en los días de la Patria Boba, inquieta y revoltosa en su orientación política, supremamente trágica en la época de la Reconquista y del Terror. Es de lamentarse no subiesen indicado en dónde hallaron el manuscrito, que sospechamos perteneció a la biblioteca del canónigo Francisco Javier Zaldúa, así como el poco cuidado que se tuvo en la corrección de las pruebas de imprenta. En libros de esta naturaleza, fundamentales para el conocimiento de los hombres y los sucesos en horas decisivas de la historia, no deben hacerse reservas ni enmendaduras que sí se hicieron, como paladinamente lo declaran aquellos beneméritos historiadores cuando escriben: Suprimimos algunas partes de este manuscrito, o porque carecen completamente de importancia o por ser demasiado realistas.
Caballero, con el grado de subteniente retirado de Milicias de Infantería, víctima «de sus acreditadas enfermedades, vivió algunos años en el Chaparral dedicado a faenas de agricultura mientras pesaba la ráfaga sangrienta de la persecución realista. Después de 1819 se radicó en Fómeque, en donde perece murió, alentada su alma por el recuerdo de tantas grandes y pequeñas cosas como conoció su pluma. Le casa que habitó en Bogotá es fácil determinarla de acuerdo con los datos de su Diario; algún día habrá allí una losa recordatoria en homenaje al hombre bueno y patriota, sencillo y veraz, que escribió en sabroso estilo algunas de las mejores páginas de nuestros anales y que salvó del olvido acontecimientos que son, en síntesis admirable, deliciosos cuadros de costumbres.
Para hacer la presente reedición hemos tomado la efectuada en
1946, que trae la siguiente nota introductoria:
JOSE MARIA CABALLERO
Es el mejor cronista de los días iniciales de la independencia de Colombia. Su Diario es lectura obligada para todo el que quiera conocer aquella época motejada por sus ingenuidades y flaquezas la Patria Boba, digna de ser llamada, con mayor justicia y razón, la Patria Grande, por haber nutrido la mente y el corazón de excelsos patricios que fueron a la muerte, en los días de la Reconquista, para regar con su sangre las simientes de la libertad.
No es la historia austera e inconmovible de hechos trascendentales; es la pequeña historia que se desarrolla en la penumbra, casi entre sombras, en la sombra política, en la sombra sentimental, en la sombra del dolor o del crimen. Las paginas del cronista se leen con deleite, mayor quizás por lo breves que las del pecaminoso Carnero, de Rodríguez Freile. Son, en mucho, cuadros de costumbres en miniatura.
Al agregar el Diario de Caballero a los libros publicados dentro de esta colección, el Fondo de Promoción de la Cultura reafirma su propósito de continuar la invaluable labor de divulgación iniciada en buena hora por el doctor Eduardo Nieto Calderón desde su cargo de Presidente del Banco Popular, y rendir al iniciador de esta Biblioteca el justo homenaje a que se ha hecho acreedor.
