1812
Enero. A 1° hubo máscaras públicas, de a pie y de a caballo y se corrieron de diferentes invenciones, muy graciosas: los sargentos y cabos de Milicias salieron vestidos de pastores y pastoras, y cada uno le llevó su presente al señor presidente; unos le llevaron canastillas de flores, otros perdices, piscos, patos, gallinas, huevos, pichones y otras diferentes cosas. Yo salí vestido de negro bajero, perfectamente, y le llevé una canasta de flores, con cuatro tórtolas primorosamente compuestas de varias cintas y perendengues, y en los pescuezos unos vivas de letras de molde. También le ofrecí una caña dulce muy gruesa, y hablando como negro bozal. A la noche dieron los Nacionales música y llevaron un carro triunfal en que iba un niño y una niña, bien vestidos, con muchas luces, y llevaron un víctor y loa que representaron en el salón del palacio; la música tocó por papel, frente al gabinete, y también hubo muchísima pólvora, de suerte que estuvo la función cumplida.
El día 5 también hubo toros y máscaras, y varios de máscaras salieron vestidos de oidores, con golilla y garnacha, a caballo.
A 10 entró el brigadier don Antonio Baraya y se le hizo un recibimiento lo mismo que a aquellos capitanes romanos cuando entraban triunfantes en Roma, porque se puso una batería de cañones de a grueso calibre en el camino real de San Victorino, y lo fue a recibir toda la oficialidad de la guarnición, todos a caballo. Entró en su compañía toda la milicia de caballería de Bogotá, Facatativá, Soacha y Bosa, de suerte que venían más de 500 hombres a caballo gritando muchos vivas. Hicieron siete tiros de cañones; estuvo la entrada muy lucida y triunfante, se apeó en palacio, y la plaza se llenó de gente de a caballo; después salió y lo acompañaron todos hasta su casa.
A 11 hicieron el batallón de Patriotas y Artillería un ejercicio de fuego en la plaza, con todas sus correspondientes evoluciones, Que lo hicieron muy bien; a la noche dieron una famosa música, con unos fuegos en que pusieron un castillo muy alto, y cuando le prendieron salió, con artificio, la figura de la libertad, por una cuerda, hasta el palacio, que se recibió en el balcón, lo que lució mucho; después tocó la música una hora en un tablado, que se formó para este efecto, frente al gabinete, y después subieron al palacio al baile.
El día 12 hubo toros y máscaras, de a pie y de a caballo. Este día salió la primera partida de auxilio para la villa de San Gil contra el Socorro, y llevaron todos los pertrechos de guerra.
El día 13 salió la segunda partida, lo mismo, compuesta de todos los cuerpos de la guarnición.
A 19 salió la tercera partida para San Gil, que fue el mayor resto de gente, con una bandera; por comandante don Joaquín Ricuarte; fue el cirujano de la tropa y por capellán un padre de La Candelaria; fue la música y 36 cargas de pertrechos, 30 artilleros con 8 cañones.
A 21 se echó bando de indulto general.
A 22 se echó bando de que ninguno admitiese forasteros, pena de $10.
A 24 se echó el bando de las bulas, salió escolta de Milicias y Nacionales; estuvo cosa bien lucida.
A 30 murió el señor Valencia, en Saldaña. 1
Febrero. A 1° se cayó mi hermana Simona de encima de un taburete y se quebró un brazo.
A 7 cogieron unos enmascarados en casa de don José Leiva, coronel; eran cuatro y sólo cogieron a tres, y el uno fue a Romero, el que era cabo de Milicias, que iban a robarle.
A 8 mataron a un patriota de una puñalada.
A 9 mató un miliciano a otro de un puño que le dio en la tabla del pescuezo y lo privó, y murió en el hospital a los siete días.
A 16 murió la mujer del sargento de Patriotas, Alejo, en el hospital, de una puñalada que le dio otra mujer. Asistieron todos los sargentos de Patriotas, Milicias yArtillería, y la cargaron los de Milicias y Artillería.
A 21 se echó bando de buen gobierno.
Marzo. A 8 salió una expedición, compuesta de 200 cabos de Milicias, 60 entre Nacionales y Provinciales el resto de caballería veterana y milicianos de caballería, 80 cargas de pertrechos, 4 pedreros y 2 violentos 2 obuses; por comandante don Antonio Baraya, y por segundo don José Ayala.
A 18 se le hizo consejo de guerra a Romero, el que cogieron enmascarado en casa de don José Leiva el día 7 de febrero próximo pasado.
A 26, jueves santo, tembló la tierra a las dos y media de la tarde, y fue cuando en Mérida murió el obispo y muchísima gente que quedaron bajo las ruinas, y lo mismo sucedió en Caracas y en toda la provincia de Venezuela.
Abril. A 16 vino la funesta noticia del temblor que se sintió aquí el jueves santo, de haber hecho en Mérida un estrago, que cayó cuasi toda la ciudad, pereció el obispo con más de 1.800 personas, y de haberse incendiado algunas casas. Se llenó la ciudad de bastante sentimiento y se dobló por el obispo.
A 22 fueron las honras del obispo en la catedral, y estuvo famosa la tumba.
A 23, por la noche, tembló otra vez la tierra, pero no hizo daño.
Mayo. A 10 fue la votación para elegir apoderados, para que éstos eligiesen electores de congreso y acta de federación, y voté por el doctor don Miguel José Montalvo y don Luis Ayala.
Junio. A 4 murió el maestro Paulo, barbero, sangrador y sacamuelas.
A 23 salió la expedición para Tunja, de 1.000 hombres, muy lucida y bien puesta, con todos los aparatos de guerra; iban tres capellanes, médico y cirujano. Salió a la frente de dicha expedición el señor presidente, don Antonio Nariño, asociado de los individuos de las actuales corporaciones, muy enjaezados y decentes. Lo acompañaron hasta el río del arzobispo. Salieron dos banderas, una del Auxiliar y otra de Milicias. Por comandante general, don José Ramón de Leiva y don Lorenzo Ley: por comandante de Patriotas, don Justo Castro. Esta expedición salió contra el desnaturalizado, desconocido e ingrato a su patria don Antonio Baraya, que después de haberlo recibido esta ciudad con tantas aclamaciones de alegría y regocijo, y de haberle dado los cargos que tenía, hasta el de brigadier, se dejó él (y don Joaquín Ricaurte, don José Ayala y todos los demás oficiales y soldados que habían salido en las expediciones, arriba citadas, desde el día 12 de enero) engañar y cohechar de los señores del congreso, que se hallaban en la Villa de Leiva, y que estos señores armaron la cruel sedición contra Santa Fe y su presidente, y declararon la guerra, y Baraya, que se le confió por este gobierno la gente, armas y pertrechos para el auxilio de San Gil, las volvió contra Santa Fe, su patria, y declaró una sangrienta y cruel guerra, don Camilo Torres y don Frutos Gutiérrez, el primero presidente del congreso y el segundo miembro del mismo. Eran los principales autores de estas discordias y civiles guerras, causadas por la ambición, sin mirar el peligro que se exponía de ser perdido todo el reino, pues mientras estaban maquinando el destrozo entre nosotros mismos podían con unión estar tirando las medidas para la seguranza. En esta dicha expedición salí yo y este día 23 llegamos a Usaquén, el 24 al puente de Sopó y dormimos en los Aposentos, el 25 a Suesca, de allí salimos el 27 y llegamos a Chocontá; allí estuvimos el 28 y 29, allí hicimos ejercicio de fuego; salimos el 30 y llegamos a Hatoviejo el 1°de julio.
Julio. Salimos y llegamos a Ventaquemada: el 2 salimos y llegamos a la Casa de Teja, y allí hubo descargas de cañones; llovió toda la noche y por la mañana se me perdió el caballo con silla y todo y no pareció más; el día 3 llegamos a Tunja.
A 4 hicieron presidente del poder ejecutivo a don Manuel Alvarez y por miembros al doctor don Ignacio Herrera y a don José Diago.
A 4 mató un herrero, que iba en la Artillería, llamado Joaquín, a una mujer llamada Concepción Calderón, de una furiosa puñalada, que ni Jesús dijo, y se arcabuceó dicho reo el día 20 de este mismo mes, en Tunja.
A 23 salimos de Tunja y llegamos al llano de La Paja; allí se recibió la infausta noticia de haber rendido las armas el comandante don Justo Castro, que había ido adelante.
El día 28 salimos del llano de La Paja y el 29 llegamos a la Villa de Leiva.
Este mismo día que llegamos a la Villa murió de repente el teniente Monroy, español. Este oficial fue el que hizo las muertes en el Socorro, en tiempo del antiguo gobierno, y estaba en la Villa tomando temperamento; se le hizo el entierro con escolta y asistencia de los oficiales, acción generosa del presidente, y a su compañero Fominaya lo hizo ayudante del Auxiliar.
El día 5 se declaró en el colegio electoral el desconocimiento de Fernando VII, al cabo de muchos días de discusión, siendo presidente don Manuel Alvarez.
A 12 mataron de un balazo a Tadeo Benavides, por orden del alcalde don Juan Tobar, que la dio por escrito, el primero que rompió el baile para morir de bala. Este se había huído de la cárcel, y andaba robando en la hacienda de los señores Ribas, y como era mozo muy valiente, que no le temía a la justicia, dio el alcalde orden para que vivo o muerto lo trajeran. Salieron. 10 soldados de Milicias, el sargento Trujillo y el cabo Eusebio, y con denuncio lo cogieron, en una tienda por Las Nieves, cenando cordero asado, y le intimaron la orden que llevaban, y se resistió por muchas ocasiones que le fue intimada, y reconvenido por todos los que había en la tienda, hasta que el sargento Trujillo mandó hacer fuego; le apuntó el cabo Eusebio y le dio un balazo en el corazón. Estuvieron presos cabo y sargento hasta el mes de septiembre, en que les hicieron dos consejos de guerra, pero al fin salieron libres.
A... murió don Ignacio Andrade, hermano del canónigo.
Agosto. A 7 salimos de la Villa de Leiva para regresamos otra vez a Santa Fe, llegamos a Guachetá, el 8 a Ubaté, salimos de allí hasta el día 11, que llegamos al Salvio, el 12 a Cajicá, el 13 a Usaquén y el 14 a Santa Fe.
Septiembre. A 24 se mató, en casa del capitán de Artillería don Salvador Cancino, el ayudante del mismo cuerpo, don Domingo Ardila, con una pistola que él mismo se puso al pecho, y se partió el corazón. Tres días estuvo de la manera que cayó, y al cabo, por tantos empeños, se le dio sepultura eclesiástica en la iglesia de San Carlos. Dijeron que por ceremonia y que después lo sacaron y lo tiraron al camposanto del mismo San Carlos. Esta avería sucedió en la casa una cuadra más arriba de la Calle de los Plateros, pasando la esquina, a la derecha, en la primera casa.
A 30 se fueron para el Norteamérica el presbítero doctor Gómez -el que llamaban Panela- y el oidor de Quito don Baltasar Miñano, a tratar asuntos del Estado y ver si podían tener comunicación con el papa.
Octubre. A 6 murió el médico don Honorato Vila, de nación catalán, sepultado en San Francisco.
Este mismo día se echó bando de la invasión que venía haciendo Baraya contra esta provincia de Cundinamarca y su capital, advirtiendo a los ciudadanos que al tiempo que se oyese un tiro de cañón se recogiesen las mujeres, niños y viejos a sus casas y cerrasen las puertas; y todo hombre de quince años para arriba, a la plaza de su parroquia. Que en todos los puentes, plazuelas y entradas de la ciudad se pondrían cañones, y los que tuvieran caballos a la Huerta de Jaime, ensillados. Esta misma noche se levantaron los frailes de San Juan de Dios contra su provincial, el reverendo padre fray José Merchán, e hicieron pedazos su retrato.
El día 23, a las ocho de la mañana, se congregaron en las aulas de San Carlos todas las corporaciones, a saber: el venerable deán, capítulo eclesiástico; el ilustre cabildo secular; la serenísima representación nacional; todos los padres de familia, que se juntaron cerca de 3.000, para tratar sobre los pliegos que mandó el congreso desde la Villa de Leiva. Se reunieron también todos los prelados de las religiones, curas y capellanes de monjas, con sus síndicos, hacendados y comerciantes. Los pliegos se reducían: que el gobierno de Santa Fe entregase al congreso toda la fuerza armada, pólvora y pertrechos de guerra a disposición de Baraya, y dinero. También se leyeron varios oficios del congreso y del senado de Tunja, subversivos y llenos de desvergüenzas contra Santa Fe y su presidente. En fin, hubo debates y se propuso la moción: si debía dejar el presidente el empleo en obsequio de la pública felicidad y quietud. Se redujo a votación particular que cada uno de los individuos echara una raya sobre un papel, en la afirmativa o negativa, lo que se ejecutó con el mayor orden, entrando los votantes por una puerta y salían por otra al patio, para evitar fraude. Había guardia de Alabarderos. Concluido que fue se encontraron todos los votos contestes sobre que siguiera en la presidencia, no habiendo siquiera un voto en contrario. No satisfecho el presidente con esta demostración los invitó para que si alguno no había votado lo hicieran con libertad, o que si querían que dejase el mando lo aclamasen; pero la general aclamación de todos fue que gritaron todos: "¡Viva nuestro presidente Nariño!" El señor canónigo doctor don Rafael Lasso, que fue el único que no quiso votar, se le incitó para que lo hiciera, y no habiendo obedecido, se le dijo que votara por la afirmativa o negativa o si no, que desocupara la provincia dentro de veinticuatro horas. Inmediatamente que oyó el decreto se levantó de la silla y se fue (y cumplió el salir al tiempo prefijado). Propuso el señor magistral Rosillo que se dictara providencia para la venida del señor arzobispo, y se determinó que el clero y el gobierno lo insistirían a su venida. Se propuso la moción: que si atendidas las actuales circunstancias del trato que le daba a Cundinamarca el congreso, si se le obedecían sus órdenes o no, estaban en federación. Por dos aclamaciones salió no querer federación, con uniformidad y pluralidad de votos, con lo que se concluyó a gusto general de todos, habiendo precedido antes el retirar la tropa, para que no dijeran que era por la fuerza de las armas.
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Don Gaspar de Valencia, marido de doña Eusebia Caycedo desde 1794, hija de don Luis Caycedo y Flórez, dueño de la hacienda de Saldaña, ubicada en el centro del departamento del Tolima. La fecha del fallecimiento del señor Valencia está equivocada: el murió el 12 de febrero de 1812. |
