1814
Enero. Alcaldes de este año: don José Carpintero y don Luis Tobar.
1°, viernes. Murió don Manuel Espinosa, alférez del Auxiliar. Este había pedido sus pasaportes por no jurar este gobierno, y se estuvo casi dos años escondido hasta que murió. Era samario; yo le ayudé a bien morir, a espaldas de la iglesia de Santa Bárbara. Este año se volvió a hacer elección de alcaldes el 1° de enero, porque desde el año de la revolución se hacía el 20 de julio.
8 viernes. Entraron los presos que querían asesinar al presidente en La Plata, pero al coronel Campomanes, al inglés y otros, los llevaron para Cartagena.
9, sábado. Día a la verdad grande para esta ciudad; hoy se celebró el aniversario de la derrota de Baraya. Con grande pompa se le hizo una grande fiesta a nuestro Padre Jesús Nazareno, en San Agustín, con asistencia del señor presidente interino, la representación nacional, oficialidad, comunidades y demás corporaciones. Fue el batallón de Milicias para bendecir una bandera; se bendijo por el padre provincial Chavarría, en manos del coronel don Luis Eduardo de Azuola; predicó un famoso sermón el padre Camacho; hubo dos descargas por todo el batallón: una al alzar y la otra cuando se colocó la bandera en el batallón, después que volvió la comitiva a palacio. Convidó a todos el coronel a su casa al refresco, el que estuvo famoso. En este mismo día, para proteger la alegría y darnos Dios una prueba de que nos protege con su gran misericordia, llegó la noticia de la primera acción que se ganó por nuestras armas en los campos de Palacé, en donde salió derrotado el enemigo y huyendo Sámano. Se les cogieron dos cañones, trece cajones de pertrechos, fusiles y prisioneros. Hubo un general repique de campanas, se quemo muchísima pólvora; a las dos de la tarde las músicas de Milicias y Patriotas dieron vuelta por la plaza, con muchos cohetes, que cada ciudadano echaba a porfía; los tambores y pitos tocando dianas, con licencia del señor corregidor. Se trajeron dos toros, los que se jugaron con mucha diversión y regocijo general; los colegiales bartolos, desde las galerías de su colegio, gritaban muchos vivas y se pusieron las becas por gorro de libertad y fijaron en la cruz de la galería una bandera tricolor. A la noche dio la Milicia un golpe de música muy famosa; y en la puerta del cuartel, debajo de doceles, estaba colocado un Jesús de oro con mucha iluminación. Este Dulce Nombre se había colocado desde la noche anterior, en la cual hubo iluminación voluntaria en toda la ciudad, y esta misma noche también hubo música en el cuartel, y al pasar el rosario de Santo Domingo con Nuestra Señora de Belén, cantaron los padres una salve allí, con la música. La noche del 2 salió la música y dio vuelta por las principales calles gritando: ¡Viva el Dulce Nombre de Jesús y el comandante general en jefe de la expedición del sur y presidente de Cundinamarca, don Antonio Nariño! Hubo también iluminación voluntaria en toda la ciudad.
10, domingo. Fue la misa de gracia en San Agustín, con la misma asistencia que ayer; predicó el padre García, fueron dos compañías de Milicias, hubo dos descargas, a la tarde toros.
13, miércoles. Entró el comandante general de armas don Miguel Pey y el señor coronel de milicias, corregidor, don Luis Eduardo de Azuola. Este día vino noticia de haber entrado el señor presidente en Popayán y no encontró con quien contestar, y se volvió a retirar a Palacé.
18, lunes. Se comenzó el consejo de guerra, con asistencia de todos los oficiales, para la relación que se hizo en palacio de la causa del coronel Campomanes y del barón inglés, sobre la conspiración contra el presidente; no se concluyó. Este día, por la noche, hirió un soldado de una patrulla de patriotas a un religioso de San Agustín.
19, martes. Se continuó el consejo de guerra; no se concluyó.
20, miércoles. Se concluyó el consejo de guerra.
24, domingo. Vino, de oficio, la gloriosa noticia de la batalla de Palacé, ganada por el señor presidente don Antonio Nariño. Se repicó a las tres de la tarde y se comenzaron a echar voladores, que se gastarían más de 30 docenas en toda la tarde; salió la música de Milicias, dio vuelta por la Calle Real y San Agustín, con el gusto y alegría que se deja entender, gritando muchos vivas al Dulcísimo Nombre de Jesús, al presidente Nariño y a la independencia y libertad y demás jefes y tropas libertadoras. Salieron todos los tambores y pitos tocando dianas; salió la música de Patriotas, dio la misma vuelta, y pasando por San Agustín este numeroso concurso de gentes, de todas clases y sexos, se abocaron pidiendo abriesen la puerta de la iglesia para dar gracias a mi Padre Jesús Nazareno, lo que ejecutaron inmediatamente. Entró toda la gente a la capilla, se descubrió al Señor y se cantó el Te Deum. El padre Merchán, provincial de San Juan de Dios, exhortó al pueblo a dar las gracias por la prosperidad de nuestras armas y victoria conseguida el 15 del presente mes de enero. Rezó la estación, y todos se pusieron en cruz: hombres y mujeres y muchachos, sin distinción de clase, y causó un fervor grande en todas las gentes, en medio del gusto y la alegría. Concluido salió la gente y prosiguieron del mismo modo vitoreando a Jesús. Parecía la gente adementada, según las acciones que se hacían: brincaban, gritaban, bailaban, corrían, cantaban, vitoreaban, echaban voladores, triquitraques, y cada cual lo que podía hacer de su parte para dar a entender la alegría que reinaba en su corazón. Así duramos toda la tarde. A la noche se dio una música en el cuartel de Milicias; a las ocho se rompieron las retretas, con las músicas que dieron vuelta por el rededor de la plaza; y el pueblo sin cesar gritando vivas a Jesús, al presidente y a los que cada uno le daba gusto vitorear.
25, lunes. Se trajo a Jesús Nazareno de San Agustín, en una muy lucida procesión. Por la tarde asistió el señor presidente interino y la representación nacional, todas las comunidades, hasta la de San Diego, y los colegios a la catedral, con dos escoltas, una compañía de Milicias y otra de Nacionales; se colocó en el altar mayor. A la noche hubo música en el cuartel de Milicias, con muchos cohetes e iluminación. En este día se colocó el retrato de la Justicia encima de la puerta de donde era la audiencia.
26, martes. En dicho se dijo la misa de acción de gracias con la misma asistencia; predicó el señor canónigo doctor don Andrés Rosillo, haciendo ver la injusticia de los españoles y la justicia nuestra y cómo Dios protegía nuestra causa con el tremendo y adorable nombre de Jesús. Duró el sermón hora y media y el más elocuente que se pueda haber oído, y a la noche se le dio una famosa música al señor Rosillo. Después del Te Deum se llevó a Jesús a su casa, con la misma pompa. Por la tarde hubo toros muy buenos y a la noche músicas e iluminación general. En la misa hubo descargas de la tropa y artillería.
27, miércoles. Hubo música y baile en palacio, con iluminación.
Febrero 3, martes. Murió el señor Torres, capellán de Las Cruces y de Milicias y cura de Fontibón, viniendo de promesa de Chiquinquirá; murió en Zipaquirá.
3, miércoles. Mató un patriota a un mozo, por abajo de San Francisco.
8, lunes. En este día se comenzó a cercar la plaza para las fiestas.
12, viernes. Vino el posta con la noticia de que el presidente seguía para Pasto. En dicho se promulgó en la iglesia catedral el edicto de supresión de la bula de cruzada, pero concediendo a los gobernadores del arzobispado los mismos privilegios, gracias e indulgencias.
14, sábado. Mandó el presidente Nariño, desde Popayán, dos escudos, uno de oro y otro de plata: el de oro para mi Padre Jesús y el de plata para el presidente interino don Bernardo Alvarez.
15, lunes. Le mandó al señor presidente Nariño la mujer del mocho Vargas unas cintas blancas, con una inscripción en letras de oro que decía: El bello sexo a los valerosos campeones cundinamarqueses, libertadores de Popayán.
17, viernes. Hubo asistencia del cabildo a presentar a mi Padre Jesús el escudo que mandó el señor presidente. Al ofertorio subió al altar el señor coronel don Luis Azuola con el escudo, y lo bendijo el padre Rosas, que era el de la misa, y tomándolo en las manos se lo entregó al maestro de ceremonias, el que subió al camarín y se lo puso en el brazo a mi Padre Jesús. En dicho se echó bando que ningún hombre ni mujer cargasen armas cortantes ni punzantes: pena capital. En dicho metieron preso a Infiesta, con otro español.
16, martes. Se le hizo consejo de guerra al patriota Lino Argüello, que hizo la muerte el día 3 del presente mes.
18, jueves. Se mató una gallina en mi casa que caminaba arrastrando la barriga, muy gorda. Yo habiéndole registrado le conocí que tenía un bulto extraordinario y así la mandé matar. Abierta que fue se le encontró una como par, pero era la madre, según se reconoció, pero tan grande como la cabeza de un corderito de barriga, y de la misma figura. Se rompió la dicha tela y se descubrió un huevo sin cáscara que pesó una libra y dos onzas. Mandé componer dicho huevo para el día siguiente por la mañana; lo hicieron pericos, que llaman, y se llenó una cazuela bastante grande, pues almorzamos de ellos cinco personas y sobró algo más de la mitad para el medio día, que alcanzó para muchas más. Lo que hay que notar de más particular era que el gusto no era a huevo sino como de quesito fresco y así rejudo; de suerte que a un sujeto que se convidó a comer no pudo distinguir qué cosa era, aunque al gusto le sabía muy bien. El conocía que era huevo, pero el gusto se lo desmentía, hasta que se le descubrió lo que verdaderamente era.
20, sábado. Se comenzaron las fiestas de toros y se abrieron los juegos de bisbises y pasadieces y demás; el 21, 22 y 23 hubo toros, a excepción que estos dos últimos días, a la hora del encierro, hubo un gran refresco en la plaza para todos los que estaban a caballo, que pasaban de 200. Se gastaron cada día tres botijas de vino. Por la noche de estos últimos días hubo baile público y libre en el coliseo.
25, jueves. Metieron en capilla a Lino Argüello; a 26, viernes, lo arcabucearon en la plaza, y al pasar por frente al cuadro que había formado, de las tropas, pidió que le dieran tabaco y chicha; le dieron vino aguado y dijo que estaba aguado con agua del caño. Pidió perdón en alta voz y suplicó a los que le habían de tirar que no le tiraran a la boca.
Marzo 25. Fue el alboroto en la Artillería, pero el ladrón se salió por los tejados.
El 29, lunes, murió el doctor Valentín de Tejada, y cuando lo iban a enterrar, cayó un furioso aguacero, que fue el primero después de siete meses de sequedad. Gracias a Dios.
Abril 3, domingo. Estuvo la procesión del Santo Cristo de Las Nieves buena; lunes y martes no lucieron las procesiones, porque llovió.
6, miércoles. Salió la procesión de San Agustín; se logró, y sacó Jesús Nazareno escolta de todos los cuerpos, como generalísimo; iba una compañía de cada cuerpo con su correspondiente música; Defensores de la Patria, Nacionales, Patriotas y Milicias. Jueves y viernes se logró la procesión.
13, miércoles. Se pusieron carteles para que la carne fresca sólo se vendiese en la carnicería y la salada en la plaza.
19, martes. Murió don Melchor, loco, gran músico de todo instrumento, tuvo academia de música, hombre decente y profético en sus dichos; a cualquiera le decía la verdad en su cara, fuera la persona que se fuera; pasó una vida más que eremítica; dormía en las porterías o zaguanes; se bañaba en las pilas de noche y por las madrugadas; predicaba por las calles mejor que un misionero, y anunció varias veces que la patria se había de ver en gran conflicto por el mal uso de sus funcionarios; era bastante instruido; nunca olvidó el tocar; era en extremo gracioso por la prontitud de sus dichos; gustaba siempre estar muy majo; se peinaba de polvos todos los días; montaba a caballo, muy galán; pero todo esto lo descomponía con andar toda la noche por las calles y al fin amanecer en las puertas envuelto en su capote, y otras tantas particularidades que decía y hacia; en fin, un loco de gusto.
Junio. A 3, jueves. Vino la noticia de la derrota de los enemigos, en Juanambú, por las tropas del presidente Nariño.
6, domingo. Vino la infeliz noticia de haberse perdido la acción en Pasto, y haber quedado preso el señor presidente, general en jefe, don Antonio Nariño. Este día se apresaron a varios españoles, por la dicha noticia; los llevaron a las aulas.
17, jueves. Monté la primera guardia de oficial, en las aulas, donde estaban los presos, que eran los siguientes: don Juan María Márquez, don José Trillo, don Joaquín Quintana, don Sebastián López, panameño, don Santiago Fernández, don Gaspar Moreno, don Juan Sordo, don Lorenzo Arellano, don José Antonio Serna y el sargento Manuel González. Se pusieron en libertad este mismo día; españoles todos, excepto el panameño.
22, martes. Murió don Enrique Somoyar; sepultado en Santo Domingo.1
19, sábado. Murió en el hospital don José Calvo. Duró este hombre memorable desde el año de 1766 hasta el presente de 1814 en el hospital, acostado boca arriba, sin hablar palabra alguna, sin enfermedad. Comía cuanto le daban, pero no pedía nada; siempre gordo, clavada la vista siempre al techo, por rareza miraba a los que pasaban. Dicen que fue promesa que hizo, porque desde que entró fue sin enfermedad y nunca enfermó. Duró en la postura dicha cuarenta y ocho años. Hombre santo a mi sentir.
El día 6 de este mes se publicó bando, por el señor dictador Alvarez, para que todo hombre se aliste al servicio de la patria, desde la edad de dieciocho años hasta cincuenta, y que se entreguen las armas que tengan, pena de ser tenidos por traidores y reos de lesa patria. Ya suenan no sé qué rumores de guerra y se comienza a sentir lo que muchas veces dijo el loco Melchor, que habría en esta ciudad días de amargura, como en Jerusalén en tiempo de Tito.
23. Mató un indio Mora a Francisco Baracaldo, campesino, abajo de San Diego, donde llaman Los Arrayanes; sepultado en Las Nieves.
24. Mató un caballo a doña Josefa Otero, hija de don Feliciano Otero y mujer de don Luis Otero, hermana de don Feliciano, yendo para Fucha a su estancia.
Julio, a 1° me entregué de la tienda de la plaza que le compré al ciudadano Nicomedes Lora, en cantidad de trescientos ochenta y ocho pesos un real y tres cuartillos, y la abrí el día siguiente. Dinero de contado.
A 6 me tocó la guardia de prevención.
14. Por la madrugada tembló la tierra, algo fuerte, pero muy pronto.
A 19 vinieron las tropas de todos los cuerpos, con banderas, y se formaron en la plaza. Después salió el señor presidente con toda la representación nacional hasta San Juan de Dios, y siguieron todas las tropas detrás a traer a Santa Librada, la que trajeron a la iglesia catedral.
El 20 salieron las mismas tropas y hubo la misma asistencia. Se hicieron tres descargas de fusilería y cañones a la hora de la misa; predicó el padre Bonilla, de San Agustín, un famoso sermón, del día memorable de nuestra transformación política. En dicho mató un patriota a otro, por Fucha; el muerto se llamaba José María Monroy.
Agosto. A 5 murió mi cuñado don Andrés Martínez, marido de mi hermana Manuela Caballero, sepultado en San Agustín. Chapetón.
A 5, por la tarde, se estrenó la bandera tricolor del cabildo, para celebrar las vísperas del cumpleaños del triunfo de la religión, que antes se titulaba de la conquista. La bandera tiene por el un lado las armas de la ciudad, y por el otro una cruz sobre una granada, con un Jesús en el medio. A las tres de la tarde vino la tropa y asistió al señor presidente y demás corporaciones a la iglesia catedral.
A 6 se celebró el triunfo de la religión, con la misma pompa y aparato.
A 22 murió don Juan Nariño, hermano del señor presidente don Antonio Nariño, que al presente está preso en Pasto. Dios Nuestro Señor lo saque con felicidad, pues se ha sacrificado por la libertad de la patria y los del congreso, sacando el cuerpo, y jugando a las escondidas. Cuidado, cuidado con un revés de fortuna. Nuestros enemigos no duermen, pues mientras aquí se están disputando mandos, empleos y rentas, ellos van avanzando. El tiempo lo dirá. Sepultado en el Carmen.
En 7 de julio se le dedicaron unas conclusiones de anatomía al señor presidente Nariño, estando en la expedición de Popayán, por don Miguel Merizalde y don Fulano Trespalacios; pusieron el retrato en el altar mayor; a su nombre fue don Bernardo Alvarez, dictador. 2
Septiembre. A 30, se echó bando de que corriese la plata provincial nueva, con el busto de la india, y por el reverso la granada.
Octubre. A 1°, a las once, quedó puesta la cruz de encima del farol de la torre de la catedral, del lado de la Calle del Comercio; hubo repiques y voladores, encima de la misma torre y sobre el primer cuerpo de la otra, y en la plaza se descargaron recámaras de cañón. En esta hora se vio un hermoso círculo, muy grande, alrededor del sol, tricolor, a modo de arco iris, con los mismos colores de independencia.
¿Qué quiere decir esto? Que el mismo cielo, con el padre de las luces, nos anuncia que hemos de ser libres e independientes, a pesar de los esfuerzos que hagan los godos y que esta santa iglesia la acepta Dios Nuestro Señor para que se le rinda culto bajo la independencia y libertad. Al concluírse la función de los cohetes, se disipó el arco o círculo. ¡Cosa maravillosa! Yo lo vide.
A 7 mató Marcos (el chato) a su mujer, paje que era del colegio de San Bartolomé, de una puñalada que le dio en la misma tetilla, en el mismo corazón, llamada Manuela; miliciano de infantería.
A 11 vino la funesta noticia de la pérdida, enteramente, de la provincia de Venezuela.
A 16 trajeron a Nuestra Señora de Las Nieves a la Orden Tercera para depositarla mientras se componía la iglesia parroquial; trajeron al Cristo crucificado y lo depositaron en La Veracruz. Trajo escolta de Milicias.
A 21 se montó guardia en palacio, con la bandera de Nacionales, para la junta de la representación nacional, para tratar sobre el oficio que mandó Montes, presidente de Quito, para la rendición de la ciudad y reino. ¿Qué tal?
A 22 hubo junta de todos los oficiales para el mismo fin, y determinaron que de ninguna manera se debían rendir las armas ni la provincia, porque supuesto que habíamos jurado independencia, la debíamos sostener hasta lo último; y lo mismo dijo la representación nacional. ¡Famosa resolución! Me ha agradado; en esto se conocen los verdaderos patriotas.
¡Morir o vencer! Y afuera intrigas regentistas de tanto malvado que subsiste entre nosotros.
A 23 echó el río San Agustín una terrible creciente a causa de haber llovido por las cabeceras, con tanta furia, que bajaban piedras de más de cien arrobas, de las que dejó muchísimas en toda la plazuela de San Agustín. Volteó y se llevó el puente de Lesmes y una gran parte de la muralla, con media casa donde vivía el doctor don Juan Ronderos; llegó la creciente a la portería de San Agustín y a la puerta del cuartel del Auxiliar; parte de ella cruzó por la calle de espaldas del convento; se entró en todas las casas y tiendas, y fue menester sacar las gentes a caballo, y trastos; se ahogaron una mujer, un hombre y un niño, que habían dejado encerrado en una tienda. De ahí, para Las Cruces, se repartió por todas las calles y fue menos el daño, pero no dejó por todas ellas animal que no se lo jalase, como gallinas, perros, marranos. A la iglesia de Las Cruces se entró, con ser que tiene la entrada al contrario, y llegó hasta el altar mayor, y subió el agua hasta la mitad de los confesionarios. Gracias a que fue de día, que si ha sido de noche hubiera habido muchas desgracias.3
A 25 se fijaron carteles para que se abriese un donativo para las tropas de Cúcuta y emigrados de Caracas, que pasaban de 5.000 personas, entre hombres, mujeres y niños. En dicho vino noticia de la toma de Montevideo, por Buenos Aires, y de la revolución de Chile.
A 27 se trajo al Señor de Las Cruces a San Agustín, a depositario allí mientras se reparaba su ermita de los daños que recibió el día de la creciente, que fue el día
23; trajo un lucido acompañamiento de las tropas de todos los cuerpos.
Noviembre. En dicho entró el segundo general del sur, don José de Leiva, el segundo del señor Nariño. ¡ Cosa particular! El recibimiento se le hizo con dobles de campanas en todas las iglesias, por haber entrado por la tarde. Estas casualidades suelen ser de mal agüero; ello no hay que creer en semejantes casualidades, pero para Dios no hay casualidad, pues puede ser un aviso. Algo feo va el fandango.
A 11 subieron tres campanas a la nueva torre de la catedral.
A las 12 subieron la campana grande; la comenzaron a subir desde las seis de la mañana, y la acabaron de poner en su lugar, que fue en medio mismo de la torre, en donde ahora está el reloj, a las tres de la tarde y media. Hubo voladores y repiques, con la campana y las demás que habían subido el día anterior.
A 14, por la madrugada, tembló la tierra bastante recio, pero no hizo perjuicio alguno
A 18 concluyó la dictadura del señor presidente don Bernardo Alvarez; hubo voladores y lo llevaron con música hasta su casa, y a la noche se le dio música. En esta misma noche tembló, como a las diez y media, pero como a las once y cuarto fue más grande, por cuya causa se asustó y alborotó toda la gente, en términos que no quedó uno acostado; todos salieron a las calles y amanecieron en las puertas de las casas y tiendas y en las plazas, rezando a gritos por todas partes. La comunidad de San Francisco dio vueltas por la plazuela, cantando las letanías, de suerte que en medio del susto daba gusto ver a todas las gentes por todas partes, porque unos rezaban el rosario, otros el trisagio, otros las letanías de la Virgen, otros las de los santos, unos cantaban el Santo Dios, otros la Divina Pastora, unos gritaban el Ave María, otros el Dulce Nombre de Jesús unos lloraban, otros cantaban, otros gritaban, otros pedían misericordia y confesión, a gritos. En particular, las del mayor alboroto eran las mujeres. Yo me reía a ratos de ver tanto movimiento, sin sino, como locos pues ninguno sabía lo que hacía; y aun en aquellas personas doctas y de mayor civilización. ¡Válgame Dios, lo que es un susto repentino, y más si viene por la mano del Altísimo! Yo anduve en esta ocasión advertido, porque desde que sentí el primer movimiento, me persuadí que había de repetir, y así me estuve en mi cama, aguardando con mucho cuidado y silencio, y al cabo de los tres cuartos de hora sentí el segundo movimiento, pero como yo estaba sobre la advertencia, salté prontamente de la cama, y con la ligereza que pude, salí al patio, y desde allí llamé la familia. Salí después con mi mujer y nos fuimos a mi tienda, que tenía en la plaza, y entonces fue que observé lo que arriba llevo dicho. La plaza estaba llena de gente, con camas y multitud de faroles, de señoras y sujetos principales, como la representación nacional y demás, clérigos, y en fin, toda clase de gentes.
A 19 tembló por la noche, y repitió el 20, 22 y 23.
A 21 se comenzó una rogativa a San Francisco de Borja, por los señores canónigos de la catedral. A 20 se sacó por la noche el Cristo crucificado de Las Nieves, que estaba en La Veracruz, y lo pasaron en una muy lucida procesión a La Tercera, y se comenzó una misión. El 22 se comenzó una rogativa a Su Majestad, San Emigdio, San Nicolás y San Francisco de Borja, en La Candelaria. A 23, se comenzó otra rogativa en Santo Domingo, a San Emigdio y a Nuestra Señora de Guadalupe.
A 24, se colocó el altar nuevo de Santa Bárbara, en Santo Domingo, y se sacaron en procesión los huesos de San Feliciano, con mucha suntuosidad y grandeza, y los colocaron en el mismo altar de Santa Bárbara, y al otro día se comenzó la novena de dicha santa. En dicho día se echó bando de que todos los que no estuviesen contentos con el gobierno, se les daría su pasaporte, dentro de ocho días, y si pasados éstos hablaren del gobierno o criticaren su conducta, se les aplicaría la pena de lesa patria. ¿Esto es libertad? ¡Privarles a los ciudadanos hasta el uso de hablar! Esto cada día está de peor en peor.
A 29 se echó bando, que el congreso declaraba guerra otra vez contra Cundinamarca, y que todo hombre al oír tocar generala, se presentase en la plaza con las armas que tuviese, o sin ellas; y se despacharon postas a toda la provincia. ¡Bien hecho! Si el señor Nariño no los hubiera largado con tanta nobleza, no se atrevieran ahora a volver a amenazar. Si el señor Nariño hubiera siquiera quitado un par de cabezas de éstos, no pretendieran el querer perdernos, el perderse ellos mismos y perder todo el reino, pues, señor, amenazados por el sur, pues Montes ha intimidado rendición; Caracas y todo Venezuela perdido; el enemigo tanteando nuestra conducta, para decir: Allá voy. ¡Oh congreso! ¡Qué mal te portas! ¡Qué mal piensas! ¡Guerras civiles cuando el enemigo está a la puerta! ¿Y por qué? ¿Por qué quieres ser soberano y déspota? ¿Por qué quieres mandar en la capital de Santa Fe? ¿Por qué quieres sus aduanas, sus tesoros y casa de moneda? ¿Por qué quieres sacrificarnos por sus armas, por las nuestras y después por las de los godos? ¡Ah revolución, ah patria, ah libertad, qué caro vas costando!
A 30. En este día llegó la noticia que Bolívar atacaba a Santa Fe. Buen provecho le haga, pero yo no me desdigo. Vengan enemigos, que teniendo a María Santísima y a Jesús de nuestra parte, no hay que dar cuidado, aunque nos estrechen hasta lo sumo. Hoy hubo junta y se echó bando de que al toque de la generala asistiese todo hombre a la plaza con las armas que tuviese.
Diciembre. El 1°, jueves, se tocó la generala y se comenzó a alborotar la gente.
A 2. Mandó oficio Bolívar, para que se le entregase la provincia, plata y gente, para la reconquista de Caracas, y que entrásemos en federación, o entraría a sangre y fuego.
A 3. Se echaron dos bandos: el uno que se iluminase toda la ciudad todas las noches; y el otro que de todo hombre sospechoso se diese cuenta. Este día se comenzaron a hacer las trincheras.
A 4. Se tocó la segunda generala; fue el día de mayor aprieto, porque dijeron que estaban las tropas enemigas en Torca. Al instante se juntó muchísima gente; en las trincheras se trabajó con admiración, trabajando en ellas los padres de San Diego y San Francisco, que confundía ver a los sacerdotes con sus parihuelas cargando tierra y cespedón, y lo mismo las mujeres y aun las más señoras y decentes unas con camisón y otras con sayas de seda, cargaban tierra, trabajaban como el más esforzado hombre, infundiendo ánimo y valor a los cobardes. La causa de este valor y energía lo infundió las noticias que daban de que Bolívar venía saqueando los pueblos, estropeando a los sacerdotes, como que decían que habían colgado de las manos al cura de Chocontá, porque no le daba dinero, y lo mismo había hecho con otros tantos, robando las alhajas de las iglesias, y varias crueldades y atrocidades. Ello puede ser, pero yo no lo creo; si fuera español creería eso y mucho más; pero americano, lo dudo. Lo cierto es que para que las tropas se vigoricen y animen a entrar en un fuerte ataque, se riegan tales voces de que el contrario viene contra la religión, y lo mismo hace el otro allá. Esto lo digo porque he leído varias historias y he visto las intrigas y lo que se desacreditan los enemigos unos a otros.
A 5 se concluyeron los fuertes de San Diego, La Alameda y San Victorino, y se pusieron cuatro cañones de a ocho en San Diego, tres en La Alameda y cinco en San Victorino y seis pedreros arriba de San Diego. Se repartieron las tropas: los Patriotas, a San Diego; Nacionales, a La Alameda; Auxiliar o Defensores de la Patria, a San Victorino, y Milicias en la plaza con cuatro violentos.
El día 6 supimos que habían llegado las tropas a Chía y Puente del Común. Por Chía o Cajicá, toparon a Lorita, un español, médico, y lo mataron; saquearon la casa de Marroquín, otro español pudiente, en la hacienda de la Yerbabuena, adelante del Común. Este día entraron 200 hombres de caballería, del campo, y había ya sobre 3.000 hombres de fuerza armada. No quedó español que no cogiese las armas, por viejo o inválido que estuviese; de los pudientes formaron un escuadrón de caballería famoso y bien armado. Al ver yo el entusiasmo de éstos, se me previno que Bolívar venía contra ellos; porque ¿cómo se arman ahora con tanto ardor a la defensa y cuando vino Baraya no lo hicieron? El haber matado a Lorita y saqueado la casa de Marroquín, sospecho que la causa son de estos hechos. ¿ Quién sabe? Desde el domingo que se tocó la segunda generala no largó ninguno las armas de la mano; hay entusiasmo y ganas de pelear. ¡Quién sabe cómo saldremos!
A 7 entraron tropas enemigas al Puente Grande y Fontibón, y por la tarde se acercaron hasta la casa de Garzón, como ocho o diez cuadras abajo de la ciudad, de suerte que estamos en capilla. A 7, sucedió que estando la caballería o compañía de españoles con otros varios de su devoción, en la plaza, prevenidos todos con armas de fuego, se le fue un tiro a Hurtado, criollo, y mató un caballo de uno de los sujetos que estaban montados, que del tiro cayó muerto, pero al jinete no le sucedió nada.
A 8 se veló una imagen que tengo de Nuestra Señora de la Concepción, muy linda, de bulto, en la Capilla del Sagrario, todo el día, hasta las siete de la noche, y desde las seis de la mañana hubo misas hasta las doce.
A 8 se vio todo el ejército contrario en el camino de San Victorino. Desde las diez del día, de nuestra parte, salió una descubierta; pero no hubo nada y se retiraron. Corrieron todo el campo recogiendo cuanto ganado y bestias había; se les hicieron tres tiros de cañón y algunos de fusil; a las cinco se retiraron. Todas las tropas nuestras dormían en la plaza, porque allí se hizo el fuerte principal, con cañones de a ocho en las bocacalles.
A 9 se volvieron a acercar los enemigos, con más de 1.000 hombres de caballería, y corrieron todos los campos y egidos; se los acometió con varias guerrillas hasta que se retiraron.
A 10 volvieron a presentarse con toda la fuerza y envistieron por el lado de Santa Bárbara, que era el que se había dejado sin guarnecer. A la una del día se rompió el fuego: dentraron y se apoderaron de todo el barrio de Santa Bárbara. Los nuestros pelearon con ferocidad, haciéndoles perder por varias veces los puntos que habían tomado; fue muchísima la mortandad de la parte contraria; duró el fuego hasta la entrada de la noche, y se retiraron a Belén, donde hicieron su fuerte.
A 11, día domingo, se volvió a romper el fuego a las cinco y media de la mañana. Este día sí que no se han podido enumerar todos los lances que acontecieron: no cesó el fuego en todo el día hasta las siete de la noche. Ni de una ni otra parte se conoció ventaja, aunque de la nuestra se puede decir que la había, pues al general Bolívar se le habían acabado los pertrechos y municiones, y que había perdido mucha gente y varios oficiales. Por cuantas calles tiene la ciudad se hizo fuego, y fue muy rara la cuadra en que no quedasen enemigos muertos. Hubo esquina, que fue la de abajo de palacio, que en un solo montón había diecisiete cadáveres, y así había regados por todas las calles. ¡Asombraba la mortalidad! Creo que pasarían de 300 oficiales no más. Murieron once de nuestra parte; sólo veintidós entre un sargento y soldados. A los chapetones que cogieron en la fuerza del ataque los mataron a sablazos: dos por Belén; el uno era un tal don Vicente Vidal, que era sobrestante de la catedral, y otro que lo acompañaba; por La Gallera mataron a Quintana, que había sido fiscal real; por Las Nieves, a Balboa; otros por la Calle del Arco, con otros varios. Se suspendió el fuego a eso de las siete de la noche, y ofició Bolívar pidiendo armisticio hasta el otro día a las nueve, y que mientras mandaba por municiones a Fontibón, que si en este tiempo se le ha apretado, se desalojan con facilidad. Ahora pregunto yo: ¿Y la compañía de españoles y regentistas, tan formidable y preparada con tantas armas, que parecía que con ellos solos bastaba para vencer y triunfar de los enemigos, qué se hizo? Lo cierto es que yo no los volví a ver más ni ellos entraron en acción. Lo cierto fue que se escondieron todos y nos dejaron a nosotros metidos en el empeño. Hicieron lo que el capitán Araña, que embarcaba la gente y él se quedaba en tierra.
A 12, por la mañana, ya estábamos todos en la plaza, formados, esperando la orden para volver a embestir, pero parlamentaron el señor presidente con el general Bolívar y fueron de parecer (por intrigas de los afectos al congreso), de que se hiciesen paces y se le entregasen las armas y la ciudad al general, lo que se ejecutó a las nueve de la mañana. Las tropas nuestras, habiendo entregado las armas, se dispersaron, que no quedó un solo hombre, y ocuparon los cuarteles las tropas de la Unión, que así se intitulaban.
A 13 se echó bando por el general Bolívar de que a todo ciudadano se garantizaba y que no se les seguiría daño ni perjuicios; y que los que andaban dispersos bien podían venir. A 13 se echó otro bando de que se presentasen todos los soldados dispersos, pena de pasarlos por las armas, si no se presentaban dentro de tercero día.
A 19 se instaló el colegio y se hizo presidente de él al ciudadano José Sanz de Santamaría.
A 20 se recibió de gobernador del Estado el ciudadano José Miguel Pey y de juez político al Mocho Vargas.
1 |
«A Principios del año de 1820 se fugó el general Antonio Nariño
de su prisión en Cádiz y pasó a la Isla de León, donde residía el
nuevo gobierno español. Allí publicó el ilustre bogotano
tres epístolas contra don Pablo Morillo, tituladas Cartas de un
americano a un amigo suyo y firmadas Enrique Somoyar. Estas cartas
fueron reproducidas en Bogotá por la Gaceta de Santa Fe (números
67, 68. 69 y 70. de noviembre de 1820)... Enrique Somoyar existió,
y fue amigo y protector de Nariño cuando éste llegó a Cartagena
desterrado en enero de 1810. según él mismo lo refiere en su
escrito presentado al tribunal de gobierno de Santa Fe en 1817:
Mi hijo, dice, cuya virtud consolaba mi corazón, al mismo
tiempo que me proporcionaba alimento, había movido con su triste
aspecto y el corazón, naturalmente compasivo, de don Enrique
Somoyar, que desde el día de mi llegada se decidió a sostenerme la
vida, sin conocerme, y sólo por satisfacer los impulsos de su alma
noble y generosa. ¿Qué seria de los desgraciados, si de cuando en
cuando no produjera la naturaleza algunas almas sensibles? Somoyar
recogió a mi hijo en su casa. Somoyar, sin reparar en los tiranos
ni en los aduladores, franquea su bolsillo y sus servicios
personales para que yo no muera: y a estas dos criaturas debo el
aire que respiro.
|
2 |
Equivoca el autor el nombre del distinguido profesor de medicina doctor José Félix Merizalde, quien fundó a sus expensas cátedra de esta ciencia en el colegio de San Bartolomé desde 1812. N. Trespalacios fue el estudiante de medicina que sostuvo el examen. |
3 |
La antigua capilla de Las Cruces, situada en la carrera 11, en la ribera norte del riachuelo de San Agustín, la cual se arruinó por el violento terremoto de noviembre de 1827. «En 1655 se levantó una nueva ermita en la ciudad para darle culto en ella a una efigie del Señor de la Columna, la que fue conocida con el nombre de capilla de Las Cruces. Construyóse a la orilla norte del riachuelo San Agustín (en el ángulo noroeste formado por la carrera 11 y la calle 6), y allí existió hasta 1827, año en que, arruinada por los terremotos memorables de ese tiempo, se trasladó al extremo sur de la ciudad. Aún se conoce con el nombre de Las Cruces viejas el sitio que ocupó la ermita y sus inmediaciones». (P. M. Ibáñez, Crónicas cit.). En 1832 se terminó y bendijo la iglesia de Las Cruces, que es parroquia del barrio del mismo nombre |
