-Ese es para mí el negocio más productivo que puede establecer un particular en aquella región. Las tierras son excelentes para pastos, como lo muestra la abundancia de corpulentas ceibas; y hay aguas abundantes. Trayendo en lanchones ganados de la isla de Mompós, donde son baratos, se batían en las dehesas que se abrieran, para abastecer los mercados de las Provincias de Vélez, Ricaurte y Socorro, en ventajosa competencia con los que llevan de Casanare y Chiquinquirá.
El doctor Salvador Camacho Roldan, en un artículo titulado Camino carretero al Magdalena, dice del asta vía que "evitaría la navegación peligrosa del Magdalena." que "daría salida a las riquezas minerales de cobre, hierro y carbón de Moniquira y los dos últimos en Zipaquirá, Pacho y Leiva"; que "abriría los mercados del mar a las producciones de Tunja y Tundama por vía más corta y económica que la, del Meta y Orinoco" ; que por esa vía parece más suave el asenso de la altiplanicie que por alguna otra de las líneas proyectadas," y que oyó decir a don Bernardo Elbers, el; extranjero progresista que estableció la navegación por vapor en el río Magdalena, que " su pensamiento era buscar capitales en el extranjero para abrir un camino carretero hasta Bogotá por esta línea, que si conceptuaba la más fecunda en progreso para las poblaciones del centro y norte de la República."
-Está muy bien todo lo que ha dicho; y ha pintado usted el Carare como un nuevo paraíso, pero no me ha hablado de los indios antropófagos ni del clima.
-Entre los habitantes que vi se Landázuri, que tai vez llegan a ciento, y a quienes convoqué para hacer la distribución de los solares, no vi más que una mujer y un muchacho que revelaran ese paludismo tan común en las tierras de clima medio en Cundinamarca. En Puerto Aquileo trabajaban unos treinta peones, y sólo el año que estuviera enfermo, no de fiebres, sino de úlceras, lo que atribuí, en gran parte; a que era el único que tenía cierta clase de acompañamiento.
Lo habiendo en los bosques del Carare, como no los hay, pantanos y alturas de la cordillera. Supongo que cuando empiezan los desmontes para establecer colonias y fundos y entre la putrefacción de los despojos vegetales, se desarrollaran fiebres palúdicas; pero como esa descomposición se efectúa con rapidez, el peligro pasará pronto. Para mostrar que no es hecho: desde Bogotá fuimos hasta Puerto Aquileo don Francisco J. Fernández, don Adolfo Concha y yo, con tres muchachos sabaneros, que no estaban acostumbrados a bajar a las tierras cálidas, y ninguno de nosotros sufrió durante el viaje ni después de él un solo acceso de fiebre, ni el más leve dolor de cabeza, a pesar de que no tomamos precauciones de ninguna clase.
Creo firmemente que es una exageración eso de que los indios del Carare son antropófagos, pues a pegar de mis indagaciones, no he encontrado una sola persona que me refiera un hecho antiguo o reciente que autorice aquella versión. Indios hay, paro son , muy pocos, por lo que pude comprender; viven dentro de las selvas sin comunicación ni comercio con las gentes que se llaman civilizadas sólo porque son bautizadas y proceden de pueblos en que hay Cura y Alcalde.
Es cierto que aquellos infelices salvajes han dado muerte en ocasiones a algunos pasajeros y han robado e incendiado habitaciones; pero eso lo han hecho por venganza, pues los expedicionarios, caucheros, quineros , tagüeros y demás explotadores de los bosques del Carare y del Opón van siempre en caravanas provistos de armas, y dondequiera que ven un indio de cualquier edad o sexo le hacen fuego, como si se tratara de un animal feroz; y sí tropiezan con una ranchería de indígenas, la incendian y arrasan sus sembrados; por eso cuando un peón cauchero se separa de la caravana, arriesga a ser muerto a flechazos.
Si el jefa de una fundación hostiliza a los indios, lo persiguen hasta darle muerte y destruirle sus sementeras; pero si en lugar de hostilizalos los favorece en algo, como dejándoles algún recuerdo con qué hacerse conocer cuando tropieza con sus rancherías, entonces no tocan con él para nada. Don José Miguel Vargas, que está haciendo una fundación en Cimitarra, y sólo cuenta con cuatro peones y una cocinera; Segundo N., de Los Guamos, N. Zuñiga, de Quebradanegra, que vive sólo con la mujer y tiene sementeras y comodidades que podrían despertar la codicia de los indios, son ejemplo vivo de lo que digo.
A doce leguas de distancia de Vélez, a veintidós de Chiquinquirá y a unas cuarenta y cinco de la capital de la República, asisten aquellos sal vijua, sin que se acuerden de ellos para nada los Gobiernos civil y eclesiástico, Son infelices que no han recibido el agua del bautismo y que no consumen sal, pero en cambio son perseguidos como fieras, sin que nadie los proteja.
Eso de los peligros con indios, con las culebras y con las fiebres en el Carare, se nos figura que son consejas de los viajeros que tienen que contar algo de sensación, o efecto de no muy arreglada cominea.
Para concluir permítame usted que haga una manifestación. La Compañía central se ha formado no con el objeto de hacer una especulación, sino con móviles altamente patrióticos ; su mira es buscar una salida al mar para los productos dé su industria y de sus riquezas naturales. Por eso en las Provincias que serán favorecidas, por el camino nadie solicita destinos ni contratos en los trabajos, y todo el mundo ofrece sus servicios desinteresadamente en la común labor) por lo mismo, también las acciones de la Compañía no han sido materia de especialización, provocando alzas o bajas de precio, y en todo tiempo han conservado uno mismo.
En vista de esto, no podía yo dejar de prestar mi continente a una empresa que, si no deja utilidad pecuniaria, a lo menos hará honor a los que hayan colaborado en ella, y dará motivo de íntima satisfacción a todo el que aspire al progreso del país.
(El Carare, septiembre de 1905).
(Por motivo de haberse encargado don Rufino Gutiérrez de la Administración de las Rentas Reorganizadas, en retiro poco después de este reportaje de la Gerencia de la Compañía del Carare).
