La Intendencia está radicada en Cali a cargo de un Jefe que grana $11-60, y un Inspector Técnico con $ 38. Tiene $ 10 para pago de local y $ 5 para útiles de escritorio y alambrado. Hay sendos Guardas en Puerto Mallarino y Cartago, con sueldo de $ 9-50; en Puerto Isaacs, Buga y  Tulúa, a $ 4-75; y no hay más empleados.

     Lo que hacen estos Guardas es vigilar los transportes que se hagan  en balsas o en canoas, cobrar el impuesto por lo que conduzcan, menos víveres de procedencia nacional, y expedir las correspondientes guías. El  impuesto fluvial que se paga es de $ 4 por tonelada de artículos de importación y $ 1-60 por los de exportación, sea cual fuere la distancia, de manera que una carga paga lo mismo de Cali a Cartago o a La Virginia, unas 85 leguas, que de Cali a Puerto Isaacs, a poco más de dos y aunque  sobre esto se presentó un proyecto al Congreso, los señores legisladores  no han corregido tan inconveniente anomalía. Los equipajes no pagan  sino por exceso de 150 kilogramos, como mercancía de importación.

     Los  Capitanes de los vapores son los recaudadores del impuesto que causa lo  que éstos transportan, para entregarlo al Intendente. Por fortuna esos Capitanes son hasta ahora personas en cuya honorabilidad se tiene completa  confianza. Si no fueran de absoluta honradez, siendo ellos los encargados  de decir qué han transportado y recaudado, aun la menor vigilancia y  fiscalización, es de suponerse cómo marcharía aquella renta con una organización en que queda a voluntad de los recaudadores declarar lo que se les antoja sobre recaudo, y en que algunos de ellos son empleados que tienen sueldo de $ 4-75 por mes. En 1917 Produjo el impuesto fluvial $ 27,089-97, y de eso hay hoy en caja $ 25,377-18. Esta existencia podrían  aliviar algo la penosa situación de infelices empleados a quienes hace  meses no les pagan sus sueldos, pero no se hará eso con ella sino que pasará a las cajas del Departamento.

     Hace ya varios años que hay en el río Cauca una draga llamada General Mosquera, con excavadora, traída por el Gobierno para la limpia y canalización del río; desde julio de 1915 está armada, y hasta ahora no ha hecho nada en materia de canalización, y casi nada en la limpia, a pesar  de que tiene veintiún empleados que ganan $ 552-21 por mes, fuera de alimentación, y de que consume algo más de $ 300 en combustible y material, y a pesar, también, de que en el cauce del río no hay rocas, forma  pocos brazos y se presentan muy raras palizadas, pues el río y sus  tributarios arrastran escasos árboles por lo desmontado de las riberas y por lo manso de las corrientes.

     El Congreso, por la Ley 33 de 1917, cedió al Departamento del el impuesto fluvial del río Cauca y la draga, pero todavía no se ha hecho la entrega formal, porque aún no ha venido de Bogotá el decreto reglamentado de esa Ley. Confiemos en que el actual Gobernador, que con  tanto acierto ha procedido en asuntos de administración, hará que se organice convenientemente la recaudación del impuesto y que la draga preste escasees servicios. Ojalá empezara por hacer levantar un del rió

     Para hacer el aseo de la ciudad hay un Administrador, dos inspectores, cinco peones y veinticinco barrenderos, cinco carros, dos irrigadoras y las caballerías necesarias. Para ayudar a costear ese servicio se ha establecido un impuesto de $ 0-02 por metro lineal de casas de un piso, de  $ 0-03 por las de dos pisos y de $ 0-04 por las de más de dos. El barrido de las calles no se hace más que dos veces por semana y una la recogida de las basaras de las casas, pero todo esto sólo en las calles de las 60 manzanas más centrales 

      Actualmente no funciona como local para espectáculos públicos más en el del cine, muy central, de buena apariencia por fuera, el cual se compone de tres galerías de a dos pisos en sendos costados, Sin separación los cuarenta y cuatro palcos que consideran hay allí. En éstos hay  bancas para seis espectadores que tomen uno, y como el espacio es amplio,  se venden puestos para que el público se coloque en el mismo palco detrás  de los que lo tomaron. En el otro costado hay un modestísimo escenario,  pobre en decoraciones. El patio está al aire libre y tiene bancas, lo mismo  que las galerías bajas de los palcos. Cabrán unos 800 espectadores.

     En la casa consistorial había hasta hace poco, y ya se desbarató,  local de espectáculos semejante a éste.      Por permuta que hizo el Municipio con el Departamento, de la cual  hablo en otro lugar, aquél adquirió un lote de buenas proporciones, bien  situado, y en él va a construir un teatro digno de la ciudad, y ya tiene acopiado bastante material para ello. Lástima que no sea donde puedan moverse con facilidad automóviles y coches.

     Hay un circo de toros que fueron construidos por empresa particular en  diciembre último, sin que le hubiera puesto condiciones especiales el Concejo. Paga al Fisco Municipal $ 5 por corrida.   Viene a propósito este recuerdo histórico: el Cabildo dispuso en 1798, entre otras cosas, que sin permiso de él no se corrieran toros en las calles ni se representaran comedias, ni se tiraran voladores, ni se tocaran tambores, ni se hicieran bailes, ni se anduviera por las calles de noche con  músicas, todo bajo multa de 10 patacones; se ordenó también no salir a la calle después de las nueve de la noche, bajo multa de 4 patacones, se  prohibió a los muchachos y a los negros vendedores hacer mansión en las esquinas, lo cual debía hacerse en la plaza, bajo pérdida de los objetos se llevaran de venta, prohibió cargar armas cortas o de fuego, bajo pérdida del arma y cuatro días de arresto; y se ordenó a los vecinos que destruyeran los hormigueros de sus casas y solares, y si en tres meses no lo  hacían, la autoridad lo haría por cuenta de ellos. Además prohibió vender  tamales por la noche,  "porque eso da ocasión a desórdenes."

   Parten de la ciudad estos caminos, fuera del férreo que va a Buenaventura y a Palmira, y el que sigue al Sur hasta Guachinte: la carretera central que debe ir hasta, Cartago y  está muy adelantada, pasando por  todas las poblaciones de la banda oriental de Palmira hacia el Norte; el  que va hacia el Occidente casi en toda su extensión por el antiguo camino de herradura que abrió el General Mosquera para ir a Buenaventura; el  para Ansermanuevo, el cual se empieza a arreglar como carretera hasta el río Cauca; el que va a Palmira por el paso de La Torre; el que va a Candelaria por Navarro; del Norte por Yumbo y el del Sur por Jamundí.

Estos dos se están arreglando como carreteras con grande empeño. Bueno, muy bueno tanto interés para la mejora dé las vías de comunicación, que sin la menor duda son la primera necesidad del país; pero carreteras paralelas a una vía férrea y otra fluvial, a cortísima distancia de ellas y  para enlazar las mismas poblaciones donde tiene o tendrá pronto estaciones el ferrocarril, como sucede al Norte y al Sur, me parece un lujo innecesario. Mucho se hace por favorecer ciertas secciones del Valle, y nada por otras, ricas y populosas; algo de lo que se invierte en aquellas carreteras podría destinarse a unir por vía carreteable a Palmira con Candelaria, Pradera, Cerrito, La Balsa, Caloto, Santander y demás poblaciones de la banda oriental del sur del Valle.

  El Hospital fue fundado en 1657 en casa situada en la actual calle 4, cuadra y media al occidente de la plaza principal, por el cirujano francés Leonardo Sudrol de Lagarde, en edificio que compró por 3,000 patacones.

El y su esposa, doña Francisca Paula Ramos de Morales, fundaron dos capellanías en favor del establecimiento, por valor de 6,000 patacones. En 1740, por orden del Obispo de Popayán, don Diego Fernández de Vergara, se había establecido una casa de beaterío y huérfanas en el lote cedido por el Padre Jerónimo López, que ocupa hoy el actual Hospital, y cuya capilla y algunas de las celdas construyó a su costa el Padre Tomás Ruiz  de Salinas. En 1757 el Virrey dispuso que dos frailes atendieran al Hospital. En 1825 el beaterío pasó al antiguo convento de La Merced, el Hospital al lugar que ocupaba el beaterío, y la casa que servía de Hospital se vendió y su mapilla se adaptó para coliseo, y estuvo sirviendo como tal hasta hace poco. Cuando se hicieron aquellas traslaciones donó 8,000 patacones don Francisco Sanjurgo a favor del Hospital. En 1850 se reparó el edificio de éste, y en 1874 y  1884 recibió otras reparaciones, y actualmente se hacen algunas de mucho mayor importancia.

     Don Ángel María Borrero, muerto hace poco, legó a favor del Hospital $ 4000; su hermana doña Manuela de Varona, otros $ 4,000.

     El establecimiento tiene auxilios mensuales de $ 80 de la Nación $ 200 del Departamento y $ 200 del Municipio, y la renta nominal le produce $ 135 anuales. Está a cargo de diez Hermas de la Caridad, a quienes se paga a $ 5 mensuales, un Capellán, que gana $ 20, y un Síndico, don Ignacio A. Guerrero, quien presta sus servicios gratuitamente. El Médico, doctor Pedro Pablo Scarpetta, hace veinte años que sirve gratuitamente.

     El gasto anual en enfermos es próximamente de $ 11,000. El día que visité el establecimiento había 87 varones y 65 mujeres, de aquellos, dos pensionados que pagan a $ 2 mensuales.

     Poro a poco ha ido ensanchándose el edificio, de manera que para que ocupe toda una manzana sólo falta el lote en que está una. casa en la esquina noroeste, la cual se está tratando de adquirir, Ya una gran parte es de nueva y elegante construcción de dos pisos. En la parte alta de uno de los claustros independientes hay Escala urbana de niñas que regentan las Hermanas, un plano para la reedificación y la dirección de los trabajos, es obra gratuita de don Emilio Sardi. Y se han invertido en las nuevas obras $ 20,000.

    La capilla, que da a la calle, y esta  al servicio público, y donde se celebran los oficios divinos diariamente, es chica, bonita, de constricción. antigua, con buenos altares e imágenes. Tiene el Hospital departamentos separados para las diferentes clases se enfermedades y, sobre todo, donde luce el aseo. Allí son recibidos los enfermos del Ferrocarril, del Ejército y de la Policía, pagando a $0-40 diarios. Hay sección para pensionados, botica bien provista, sala de cirugía con regular instrumental, ropero no poro abundante, baños y jardín. Aunque la reconstrucción está  muy adelantada, el departamento que ocupan las Hermanas y las muchachas asiladas es todavía de los antiguos, y bajo, no  incomodo,

    El asilo de muchachas fue fondado por la Sociedad de Beneficencia, para lo cual dio el Municipio de una vez $ 500, y sigue dando $ 400 mensuales. La misma entidad votó el año pagado $500 para fundar un salón de maternidad.

     El asilo de indigentes se ha establecido en las afueras de la ciudad, del lado izquierdo del río, en un gran lote, con edificio chico. Está a cargo de tres Hermanas de la Caridad a quienes pagan a $ 7, y tienen cocineras y lavadoras. Está dividido en dos departamentos bien arreglados; hay 18 varones y 13 mujeres asilados, con sus camas convenientemente dispuestas y tendidas por lo que pode observar, más parece hospital para enfermos que acilo de mendigos.

Aún no se ha, dispuesto nada para que éstos tengan allí alguna ocupación, a pesar de que hay extenso huerto. La casa se construyó con limosnas de los vecinos, y el Municipio auxilia el establecimiento con $ 400 mensuales. Fue inaugurado el 6 del presente mes, y la fundación se deba en gran parte al interés que ha tomado don Maule Calero.

     Primitivamente el cementerio fue en las iglesias; más tarde se estableció en Cali en lo que hoy es plaza de San Nicolás, y en 1.850 lo trasladó  fray Damián González al lugar que hoy ocupan al oriente de la ciudad, muy cerca de donde se construyó la estación del ferrocarril. Está bien cercado y tiene buenos monumentos,

     El edificio de la Penitenciaria. no pude visitarlo porque el individuo que esta de Director me recibió mal y me dijo que sin orden escrita del Gobernador no me permitía entrar, Sé que allí están 135 presos por  cuanta de la Nación, 27 del Departamento y que no los hay del Distrito; que se les dan $ 0-20 diarios para alimentación, la cual es por contrato. No sé si hay talleres establecidos para que trabajan los presos. El edificio se empezó  construir el 20 de julio del 1910, y ya está terminado el frente, de dos pisos y de ladrillo, que da a la avenida Uribe Uribe, y es  alegarte  y de 50 metros de extensión.

     El presupuesto de reatas del Municipio para este año asciende a $163,906; para obras públicas se destinan $102,704, en los cuales se computan $ 15,500 que dabe dar la Nación y $ 16,000 el Departamento  para  la obra del acueducto, para institución pública se presuponen $  l2,548.

     Al Distrito correspondió hasta, el mes de junio del año pasado el 10 por 100 del producto de las rentas de degüello y licores y el 15 por 100  de allí en adelante. Antes estaba destinado el 10 por 100 de la renta de tabaco a los Municipio, y la última Asamblea retiró este auxilio y dispuse que el 60 por 100 de esta renta se invirtiera en la contracción de locales para Escuelas; La renta de licores, que constituye su monopolio que me correspondió implantar en 1891 como administrador por cuanta de una compañía rematadora, está ahora administrada, y también reorganiza por administración las de tabaco y degüello. El impuesto de éste  es $ 2 por res, sea macho o hembra.

     El tabaco pagó $ 0-08 por kilogramo hasta el 6 de noviembre último, y de allí en adelante paga $ 0-50 si es de procedencia de otro Departamento en que haya impuesto diferencial, paga el elaborado $ 0-97, y sin elaborar $ 0-64, y si no existe ese impuesto en el lugar de procedencia, sólo paga lo que en éste. En el Distrito no se ha denunciado más que una  plantación de 5,000 matas de semilla de tabaco de Virginia. El producto de esta renta en septiembre último fue de $ 314-44, y en noviembre,  $12,150-07.

     La renta de licores produjo en abril del año pasado $ 11.002-88, y en  mayo, $ 10,957-09. La de degüello, en junio, $1,592, y es julio, $ 1,636. En el pasado año fiscal correspondieron al Distrito por su participación en las tres rentas, $ 15,025-07.  El impuesto de consumo produjo en octubre $ 1.271,21, en noviembre, $ 1,432, y en diciembre, $ 2,323-18. El de timbre nacional en los mismos dos últimos meses, $ 1,588-80 y  $ 1,477-10, respectivamente.

     El catastro avalúa la propiedad urbana en $ 7.474,120 y la rural en $ 1.872,160.

Comentarios (0) | Comente | Comparta