Capítulo Quinze

De cómo el Emperador don Carlos mandó soltar al Papa Clemente y de las cosas que çerca de su soltura aconteçieron 1. Continuando la materia rromana, dize el Jobio en el capítulo nono siguiente, qu'el Emperador tocado de rreligión, o mobido del mal són que abía contra su persona, o del gran peligro de sus negoçios,determinó de soltar al Papa; y que para esto enbió a fray Françisco de los Angeles, general de los françiscos ( que avnque no lo dize fuedespués dádole capelo2 y llamado / comúnmente el cardenal de Santa Cruz) y musiur de Benrey, con cartas para el prínçipe de Orange, y don Yugo de Moncada, y el señor Alarcón, en las quales se contenía en suma que le pareçía  cosa justa que soltasen al Papa y defendiesen de allí adelante y rreberençiasen su sanctísima sanctidad 3 y dignidad, con que de alguna parte se vbiese dinero para pagar el exérçito y sacallo de Rroma, y que probeyesen qu'el Papa, después de suelto, no hiçiese a las cosas ynperiales mucho daño, sino olbidando su ynjuria se les mostrase enemigo. Y qu'el Papa estaba muy alcançado y trauajado para pagar a los soldados, y que tenía poco crédito por rrazón de su prisión, y que los alemanes amenaçaban a todos los que estaban en el castillo de Santángel con el Papa, diziendo que si no les daban el dinero que los avían de matar a todos, y que vino la cosa a términos qu'el Papa, por contentallos, y para seguridad de la paga, les dio rrehenes, algunos de los quales después quisieron ahorcar los mesmos alemanes, porque se tardaua la paga, y que después, estando enbriagados los que los tenían en guardia, se soltaron e huyeron de la prisión, y se fueron fuera de Rroma al canpo de los françeses, qu'estaua entonçes en los confines de la Vnbría.

Y dize luégo en el capítulo dézimo siguiente, que se pone aquí por ser la vna materia conexa con la otra, qu'el Papa buscando rremedios para aver libertad, puso en venta pública algunos capelos, y que rrealmente se vendieron a quien dio más por ellos, y que avnqu'el modo fue yn£ame, se juntó harta moneda, con que se pagó a los soldados, los quales sabiendo el gran poder que traya Lutreque, estaban ya apa / çiguados ya la ovidiençia de sus capitanes, y que demás d'esto, para mostrar el Papa que no avía de apartarse del amistad del Emperador, holgó de dar rrehenes d'ello y dio los cardenales que en el mesmo capítulo se nonbran, que fueron çinco, y que así el negoçio se hefectuó, y con façilidad, por no estar allí don Yugo de Moncada y musiur de Venrrey, que heran y dos a Nápoles, honbres de ynçierto y malbado consejo, ni el prínçipe de Orange, qu'estaua ynvernando fuera de Rroma, honbre de condiçión mudable, y sospechoso y perplejo. Y que así el Papa, mediante el señor Alarcón que solo estaua con él y solo4 hizo el conçierto 5, salió de la prisión después de siete meses d'ella,y que abiendo pagado el dinero para los soldados, aviéndose de partir otro día en público para yrse fuera de Rroma, salió a medianoche sin esperar la luz, y sin fe ser bedada la puerta, y que salió medio rreboçiere deçir en fin el Jobio) que después de pagado y suelto no le tornasen a detener ya poner nuevos enbaraçosa y que Alarcón otro día se marabilló de la partida del Papa, así arrebatada, y que a los soldados no se les dio nada quando lo supieron, avnque algunos capitanes y prinçipa1es personas de aquel exérçito quedaron corridos, porqu'estaban aparejados para salir e yr acon pañando a Su Santidad aquel día, y que así el Papa se fue a Orbieto, donde estubo algún tienpo, y éste es el sumario d'estos dos capítulos, noveno y dézimo, que anbos a dos están dando bozes a Dios ya los honbres, clamando por correçión.

Porque quanto a lo primero, que dezía que avía mal són contra la persona del Emperador por la prisión del Papa, él sólo es el que lo haze malo, y los enemigos 6 ynperiales tanbién entonçes. Pero las demás gentes de Evropa tan bueno lo hizieron, que todos baylaban a ese són de plaçer, biendo que ya que Dios fue seruido de dar aquella plaga al Sumo Pontífiçe ya Rroma, sin culpa ni sabiduría del Carlos 7, que se hallase en el mundo prínçipe tan christiano y tan buen hijo de la y glesia, que luégo hechase en el rregaço de su madre todas estas bitorias, sin querer / él vsar d'ellas, sino que todo lo hiçiese a voluntad del Papa, y pidiendo perdón por más ovidiençia de la culpa qu'él no abía cometido, y quanto a lo que más dize de la deliberaçión del Pontífice Máximo, y que para ello enbió Su Magestad a fray Françisco de los Angeles, ya musiur de Benrrey de su cámara, digo que no sabe bien la orden de lo que pasó. Porque quando éstos fueron despachados, avía ya el Emperador desde la primera posta enbiado a mandar que soltasen y pusiesen en libertad al Papa, y como la comisión y va para el birrey Lanoy, y le halló ya muerto, fue neçesaria másdilaçión hasta qu'el Carlos 8 enbiase nueva comisión, y ésta fue la causa d'estar los siete meses qu'el Jobio dize detenido el Pontífiçe, y así, bista la muert:e del virrey" tornó el Enperador a enbiar los segundos despachos, con aquel cauallero qu'el autor non'bra, y el mandato d'estos segundos mensajeros no fue, como nuestro Paulo lo, quenta, porque no vbo otro preçepto, sino que luégo pusiesen a Su Santidad en su libertad, y que se mirase que, si no quisiese olbidar cosas pasadas, que se asegurasen de manera que las cosas ynperiales no corriesen nuevos peligros, y esto así se podía entender por poner alcaydes, y entregarse de las fuerças eclesiásticas que conbiniesen, algunas de las quales estavan ya en poder de los españoles, como por rrehenes qu'el Papa vbiese de dar, o por que lo vno se diese, o porque lo otro no se alargase. Pero de dineros y paga de soldados nunca abló el Emperador, en la primera ni en la segunda comisión, puesto caso que mandaua que a los soldados se les pagase su sueldo debido, y para esto no abía de presente comodidad, ni sabían los superiores de aquel exérçito qué haçerse. Es berdad que los soldados no querían salir de Rroma sin que les pagasen, ni alargar el castillo de Santángel, ni la presa que allí tenían para seguridad d'esto. Yasí, benida esta segunda comisión, a los qu'el Jobio nonbra en este su capítulo, luégo se entendió muy de hecho en la libertad del Sumo Pontífiçe. y tras esto le pareçe dçir en estos ynfeliçes tienpos, y ponello en libro que se benda, que se bendían los capelos para cardenales públicamente, lo qual no pasó tan a lo disoluto como él/ lo haze, y házelo todo de astuçia, para cargar todas estas culpas a la fuente de donde manaron, avnqu'él tanpoco saue este manaltial, sino los charcos que bido correr por Rroma ; y si lo saue, quísolo callar y hechar la culpa a otras gentes.

En esto yo confieso que hizo ofiçio de buen perlado, pero no fue de tal lo que luégo dize adelante, que don Yugo de Moncada hera honbre de ynçierto y malvado consejo. Pluguiera a Dios que a él se lo vbiera dado tan bueno, que no ganara él poco en semejante trueque. Yo sé a lo menos que si él tubiera el entendimiento de Moncada, que no vbiera perdido nada en ello su ystoria. El qual don Yugo fue v no de los açertados honbres que nuestra hedad ha tenido en el exerçiçio de la paz y de la guerra, y en la vida çevil y la 9 militar, y vn honbre de grandes açertamientos en todas las cosas agibles, y por no dexallo solo con tan buena opinión, dale por conpañero al prínçipe de oranje, al qual haze mudable y sospechoso. Si me le llamara colérico, o ynpetuoso, y otros non'bres que tiraran a esto, avn quiçá se lo dexara pasar ; pero mudable y sospechoso, cosas son que nunca cupieron en aquel capitán.

Y es lo graçioso que todo esto dize a propósito que por estar avsentes de Rroma, y no comunicarse con ellos, el conçierto se pudo concluir; lo qual es cosa rridiculosa 10, porque ni vna puntada sola no se dio en el negçio ni se daba por el señor Alarcón (llamémosle como las gentes le llamavan) 11, que no se comunicase con los otros dos; qu'el v no estaba en Sena y no en Galera, como dize el Jobio, y el otro en Nápoles. De manera qu'ellos dos, y Hernando de Alarcón tres, fueron los que dieron fin y rremate a la negoçiaçión y mandato del Emperador, porque avnqu'estaban avsentes, comunicábaseles el negoçio por postas, cada ora que hera menester, y en lo que vltimamente dize, que después de pagados los soldados por el Papa y dado rrehenes y seguridad, que con, seruaría el amistad ynperial, que se fue secretamente del castillo de Santángel sin querer aguardar a otro dia queavía de ser su partida, porque después de pagado no le tornasen a poner nuevos ynconbinientes, y que así se  salió a media noche sin que las guardasles dixesen cosa ninguna, son todo cosas del jaez y talle de las pasadas del mesmo / avtor, porque hecha y determinada la deliberaçión, que fue a ocho de nobienbre del mesmo año de beinte y siete, y conçertada su partida para otro día, porque rresidir en Rroma no conbenía por amor de la pestilençia que ya algún tant:o yva encarnada, y tanbién para que Rroma se purgase de aquellos trauajos soldadescos, y los d'este nonbre saliesen de aquel pueblo, acordó el Papa, y vien consideradamente, de no aguardar al día, sino madrugar y tomar, como dizen, la mañana, porque salir público, y que Rroma le biera, paresçió que se rrenobavan todos los desastres con su bista, y no conbenía, avido rrespeto a que no paresçía cosa congrua dexarse ber después de vna tan gran lástima por entonçes, y qu'el pueblo que lo avía de mirar avía padeçido otra semejante por su causa, y en fin, aquella tristeza del Papa no la quería mostrar a sus çiudadanos, ni ber tanpoco él la d'ellos, hasta que el tienpo curase lo v no y lo otro y no es cosa nueva a quien está de aquella manera, no se dexar ber en público; y ansí lo enbió a dezir luégo a la mañana a Hernando de Alarcón, que lo avía siempre aconpañado en el castillo todo el tiempo que allí estubo, el qual con los prinçipales capitanes del campo, estaban aparejados para yr aconpañándole, y así, las guardas no abía para qué a ningún desymulado le preguntasen quién hera, porque ya desde el día antes el castillo no se guardaua, avnque no dexaua de hauer vna forma de guardia, y para que se bea si el Papa yva huyendo con eltemor qu'el Jobio apunta, después se topó con el prínçipe de Orange en el camino, y se ablaron y trataron acariçiadamente, y moderando el Papa su autoridad, quiso qu'el prínçipe lo abraçasecon gran rregoçijo, sin encobrirse, ni poderse tanpoco el Sumo Pontífiçe encubrir, según y va aconpañado, y todos los de su corte rromana cada ora siguiéndole, y otro mundo de gente por aquellos caminos, hasta llegar a Orbieto, donde estuvo y rresidió algunos días. /

1
Add.: y muy de otra manera que el Jovio lo escrive. Volver a (1)
2
Mut.: que avnque no. . .: el qual, avnque el Jovio no lo dize, fuedespués Cardenal. Volver a (2)
3
Mut.: persona. Volver a (3)
4
Del.: y rolo. Volver a (4)
5
Add.: y. Volver a (5)
6
Add.: de Volver a (6)
7
Mut.: Emperador. Volver a (7)
8
Mut.: Emperador. Volver a (8)
9
Del.: la. Volver a (9)
10
10 Mut.: de reír Volver a (10)
11
Del.: (llamémosle. . .). Volver a (11)
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