Capítulo Quarenta y  Quatro

De la toma de muchos lugares que los çesarianos hizieron en el Piamonte, y de la venida de musivr de Humieres por general de Françia a la mesma provinçia, y de cómo no pudo tomar a Busca ni a Arte que tubo çercadas, y de cómo el marqués del Gasto tomó a Quier, a Quirasco y Alba, y del desbarato que dio el duque de Florençia a los Estroçis 1. Entra tras lo ya contado 2 el Jobio, desde el capítulo quarto hasta fin del noveno, contando 3 las cosas de Florençia y la muerte de 4 Alexandro de Médizis, duque d'ella  5 y la eleçión del nuevo señor y duque Cosme, pariente del muerto, y la confírmaçión del Emperador y todas las otras cosas tocantes a los 6 duques amvos, muerto y vibo. Y como 7 dixe otra bez, que las cosas de la Toscana y de aquel estado lloren tino las escribió el Jobio muy bien y açertadamente, mientras no hubiese 8 españoles en aquella probinçia, así ni más ni menos digo agora  9 lo mesmo, porque çiertamente es así qu'esta muerte, y la eleçión del nuevo duque, y todas las otras cosa, aderentes a esto, se escribieron con toda verdad y sençillez, y sin borrón / ninguno. Y por no echallo yo sobre tan buena escritura 10, pasaré adelante a otras materias d'este mesmo 11 libro treynta y ocho que son la continuaçión de la guerra del Piamonte.

Y asl, en el capítulo dézimo dize que en la guerra d'esta probinçia, que los françeses y españoles tratavan, los daños y pérdidas de anbas partes fueron yguales por çierta consideraçión (,in considerar lo que dize) 12 qu'escribe en el prinçipio del capítulo. Y después pasa a contar la, muertes del marqués de Saluzo y del conde Aníbal de Nobelara, el vno ymperial y el otro françés, y trata del marqués lo que suele, por no perdonalle en la muerte tanpoco 13 como en la vida. Y dend'esto biene a contar la benida del musiur de Humieres, qu'el trasladador llamó Humero, al Piamonte, por general del rrey de Françia, en lugar del conde Guido Rrangón, que no quiso estar devaxo de su mano. Y quenta asímesmo çierta pendeuçia d'entre Canín de Gonzaga y Çésar Fragoso, françeses de afiçión, / y eu naçión ytalianos. Y quenta 14 cómo avía puesto el vno carteles contra el otro para lidiar en batalla singular y particular, que dize qu'es costumbre de que solameute vsan los ytalianos y no ninguna de las 15 otras uaçioues. Después de lo qual da vn xaque al Humieres, que si no se los diera mejores el del Gasto (hasta no teuer más de vna o dos cosas en todo el tablero del Piamonte donde se rrecoxer), huía poco al caso el que le da el Jobio, notándolo de tímido y de poco ánimo.

Y después d'esto deçiende a echos particulares suyos, y de cómo puso çerco a la çiudad de Haste, sin hauer gente deutro, teniéndola dou Antonio de Aragón a su cargo, porqu'el marqués del Gasto estaua fuera ocupado con el exérçito en otras cosas. Y dize eómo en este sitio no hizo el françés uiuguna 16 cosa de valor y cómo se levantó d'él sin causa ninguua (auuque Paulo, hijo de Rrençio, se lo coutradezía) por hauer entradu en Aste Françisco Rruiz, con media / coupañía d'españoles en socorro del pueblo. Después de lo qual escribe cómo Humero tomó a Alba y cómo vinieron çiertos alemanes, que fuerou dos legioues d'ellas, en fauor de los ynperiales, y de cómo el Humero o Humieres, biendu e'to, guarniçionó a Quirasco, y a Alba, y a Quier, dexando en el primero a Çésar Fragoso, y dando cargo de segundo a Jullio Vrsino; y en Quier, que hera el terçero, puso por superior al cauallero Azal, y que con esto se bolbió a Françia. Y qu'el marqués, de allí a pocos día, puso segunda vez çerco sobre Quier, y después de çiertas baterías y batallas, lo tomó por fuerça de armas. Y quenta cómo el maestro de campo Diego de Arze tomó todas las joyas de las mugeres del pu,blo en vna torre donde se avían rrecogido, y que saquearon las easas, y que prendieron y rrescataron a los dueños d'ella. Después de lo qual dize qu'el marqués fue con su campo ,obre Quirasco, dond'estaua Fragoso, y que después de dadas çiertas vaterías y vatallas, y de hauerse defendido los / de dentro, se rrindió el Çésar con çiertas ,ondiçiones qu'él pone en su capítulo.

Y quenta más: que ganada así Quirasco, fue el marqués y su campo sobre Alba, y que pusieron dos baterías, vna de ytalianos y otra d'españoles, y qu'el marqués avía rrepreendido a 17 algunos españoles porque se avían puestoe en lo de Quirasco vnas banderetas en las eaueças, y no penachos como es costunbre, para ser mejor conoçidos en , asalto, y para que se biese la diferençia que huían los ytalianos. Y que después no se abian mostrado tan animosos como avían dicho, y que por esta rreprehensión abían propuesto que lo que no abían podido hazer en Quirasco lo avían de enmendar en Alba. Y que los ytalianos se enoxaron d'esta preçelençia que los españoles querían sobr'ellos, lo qual fue eausa de que después en la vatalla, sin estar echa buena batería, y faltando otras comodidades, arremetiesen muchos alférez ytalianos por ganar esta honrra, y así fueron rrebatidos / y muertos y presos muchos d'ellos, los nombres de los quales quenta muy despaçio.

Después de hauer contado e,te caso y otros que aconteçieron sobre Alba, dize cómo se rrindió Jullio Vrsino con las condiçiones de Fragoso, avnque dize que no fue tan benturoso porque los capitane, y cauallos que le fueron a poner en ,albo (entre los quales quenta dos españoles, y vn borgoñón, y vn albanés, sin contar ningún ytaliano), le rrobaron y desbalixaron. Y concluye que dende allí fue el marqués sobre Piñarol con yntençión -pue, no hera pueblo para aprouechar la fuerça- de ganar a él y a Turín con apretado y largo sitio. Y con esto, y con alabanças del marqués del Gasto, como si no hubiera más qué contar de la guerra piamontesa, y como si lo hubiera contado fiel y verdaderamente, pone fin y rremate a las cosas del Piamonte, no queriendo que hubiese más qué tratar d'ellas, o como si él lo huviera contado  todo.

Pero tratemos agora de solamente 18 lo qu'él contó, pues a esto no más estoy / obligado. Y en el prinçipio de su quento hierra grandemente en dezir que los daños de la guerra d'este año fueron yguales los de ambas partes. Lo qual 19 no sé cómo lo pudo dezír, porque dende el prinçipio del año de treynta y siete hasta casi el fin d'él, qu'el rrey pasó los montes a socorrer sus cosas por su propia persona, y antes qu'esto, en el fin de treynta y seis, nunea hizieron los ymperiales otra cosa, y su marqués del Gasto 20, sino ganar plaças fuertes e ynportantes, sin dexar al eabo sino dos o tres françeses, que fueron Turín, y Piñarol, y Seviñán y otra alguna. Y con pasar esto así, dize que no se ganaron sino dos lugares de cada parte.

Y sobre todo, lo mejor que haze es contar a Arraconis por lugar ganado por françeses en 1a guerra de aquel año, aviéndolo tornado a ganar luégo los españoles. Sin el qual pueblo de Arraconis ganaron los mesmos ymperiales en aquel tiempo grande multitud do pueblos de ynportançia, sin los que poseían cada vna de la, partes; que no de todo / se puede la persona acordar, pero diré algunos: Caralle, Linzo, Votillera, Carmenola, Parpalla, Rreconis, que ya está contado, Casal de Monferrar, Casal Graso, Ponterol, Canbia, Saluza, Rriba de Quier, Haye, Chiuas, Monealbo, Moncaler, Cariñán, Vigón, Cabián, Quier, Quirasco, Alba y otros muchos.

Lám. 8; TITULO Y COMIENZO DEL PRIMER CAPITULO ( Fol. 1 r). Es el primer folio numerado del Ms. La letra es del ammanuense de Quesada y la nota marginal del corrector 

Pero no bengamos a tratar sino de los particulares qu'el Jobio trata; y la toma de los demás lugares se quede para otros que tengan más euydado de no hurtar a los españoles, ni a ninguna naçión, su gloria. Y viniendo a lo de Carmenola, cuenta nuestro autor que, avnque se tomó el lugar y castillo, fue muerto allí de vna pelota de hartilleria el marqués de Saluza, para que acabando la vida, acauase ya el Jobio de dezir mal d'él, aunque en el paso de la mllerte tanbién lo hizo. Y tanto quiso quedar deviendo al ánima del saluzano (que olbidando el ofiçio de ovispo) acordó de deçille por rresponso que le avían muerto con rrazón, y otros males con que no pudo dañar al alma / del marqués sino a la suya.

Y para ygualar la 'angre, pone por contrape'o d'esta muert, la del conde Aníbal de la Nobelara, no debiéndolos de emparexar, pues avía tanta desbentaxa de lo vno a lo otro, ablo en estado y en ealidad, que no trato de otra cosa, siendo en estas dos cosas muy aventaxada la persona del marqués. Y díze qu'este conde fue muerto cabe 21 vn lugar llamado Busea; y dize la berdad, pero cállala en lo tocante a este mesmo negoçio, por no contar sesenta glorias de sesenta españoles que defendieron aquel pueblo a musiur de Humieres, y a todo el campo de Françia, con ser el pueblo no muy fuerte.

Pue, pasa así, qu'en aquesta tierra estaua vn soldado español, llamado Pedro de los Sanetos, que por causa de çierta enfermedad que tubo quando el Emperador entró en Françia, se quedó allí a eurar, y aviendo rrecogido consigo los sesenta españoles que he dicho, que yvan  vna correría hazia tierra del Delfinado (que pareçe que la ventura los truxo por allí en aquel tiempo), suçedió que Humieres/vino a ,itiallo, y no digo bien, sino 22 a tomallo y a entregarse d'él porque por tomado lo tenía, no abiendo guarniçión dentro. Pero avnque le batieron y asaltaron, fue tan valerosamente de solos sesenta defendido, que no les pudieron entrar en aquella vatalla, ni en otra que después le, dieron, haziendo aquellos pocos españoles vna manera de muchas marauillas, con que dexaron espantados en aquel tiempo a todas aquellas comarcas, y en el de después a todas aquellas naçiones que tubieron notiçia de aqueste easo.

En las quales dos batallas murieron, no sólo el conde qu'el Jobio dize, sino otros muchos capitanes y alférez y personas de quenta, y entr'ellas vn baleroso eapitán, que çierto lo hera, llamado Marcozo de Aseuli, y otra grande cantidad de gente. Y sobre todo, perdieron dos bandcras los françeses que quedaron en poder de los sesenta españoles. Y llama, con todo e'to, a Busea lugarejo (como la otra llamó eadenilla a la que le dieron para que s'estimase en poco el preçio d'ella), porque tanbién esto s'estimase de la mesma manera.

Y aeauado lo de Busca sin hallalla, Humieres 23 / se volvió 24 a Françia, dexando muy prinçipalmente guarniçionados los lugares qu'el Jobio quenta, que son: Quier, y Quirasco, y Alba; y a Seviñán, de que 25 no se le acordó al mesmo 26 autor. Pero antes d'esto avía puesto sitio a Haste, de que baze mençión nuestro ovispo 27; mas primero dize sobre çierto desafío de Canín de Gonçaga y Çésar Fragoso, que solos los ytalianos, y no las naçiones estrangeras, tienen esta costunbre de desafiarse en eampo o, como ellos lo llaman, en estaeado, para concluir las diferençias y devates de persona a persona. Y estoy espantado que se atreua vn honbre, con nombre de coronista 28, a dezir semejante cosa.

Esto quanto a los tiempos pasados, y quanto a honbre de berdad, se atreba a dezillo en 29 los presentes; pues por nuestros ojos y cada día se be lo contrario, o se a visto ynfinitas beçes, y en su mesma probinçia de Ytalia, donde en estacado conbaten e'pañoles para averiguar pendençias particulares. Y quán valerosamente ayan conbatido hartos 30 d'ellos, no ay aquí para qué tratallo. Y acordaráse el Jobio qu'él mesmo escribió en la Vida del Gran Capitán el convate / de honze españoles y honze françeses, y el de treze d'esta naçión con otros treze ytalianos. Y no sé yo ninguna generaçión de gente que no tenga la mesma costunbre que la que quiso apliear el Jobio a sola Ytalia, en la qual confieso que se trata más esto de particulares desafíos en eampo çerrado qu'en otra parte; lo vno por causa de la guerra hordinaria que suele aver en aquella probinçia, y lo otro porque Ytalia está dividida por 31 muchos señores que tienen prebillegio para dar semejantes campos, lo que no tienen otras muchas 32 probinçias que no pueden dar autoridad a semejantes 33 desafíos, si no son los rreyes, y éstos rehusándolo 34 en gran manera, si no es con grande 35 causa y para estorbar mayor mal. Y acordaráse también el Jobio de quántos libros abrá visto escritos sobr'estas materias, en español y en otras lenguas, y que no es sólo su duelo el con que nos puede hazer fierros 36 (demás y aliende qu'es cosa tra tada en derecho y tocada y deelarada por los doctores de aquella profesión) para hazer a solos ytalianos grandes honbres, y solos ellos los vnicos, y no otra naçión ninguna, de matarse por carteles en batalla particular. Y si no / quiso crer al tiempo presente, ¡pese al diablol, ereyera a todos quantos tiempos a avido, dende que Adán, a pocos tiempos después, fue hechado del parayso terrenal.

Y ninguna hedad hubo en que las naçiones de aquel rtempo no conbatiesen singularmente, con aprobaçión del superior de la probinçia. Y debiósele çiertamente de olbidar, con mcterse tanto en la historia, lo de la Sageada Esecitura: pues allí hallará aquel tan nombrado desafío de Dauid y Goliás. Y si d'éste se acordó y quiso disimular con la Sagrada Escritura, no se le deviera de olbidar la Historía, pues no se acordó del desafío de Codamano con el Armenio, ni del de Tito Manlio con el françés, ni del de Marco Valerio en la mesma guerra, ni del de Poliniçes y Etcocles y de otros ynfinitos. Y en fin, como es notorio (si no e' el Jobio), todas las naçione, an vsado y vsan, quando hallan quién les dé el campo, y más los españoles (avnque no quiera el ovispo de Nochera), el desafiarse y matarse particularmente de persona a persona sobre ynjurias y agrauios particulares, hasta que vltimamente / nuestro sancto y vnibersal Conçilio Tridentino lo a sanetísimamente rreprobado y proybido.

Pero volvamos a la varraganada 37 de Haste. Es así, como el Jobio dize, qu'el capitán general Humieres fue con su exérçito y lo sitió, y sin hazer cosa que lo baliese, como el mesmo Jobio lo quenta  38, se lebantó de aquel çerco a diez de jullio, aviéndolo puesto a sicte del mesmo mes (que d'estos días no ay memoria en el Jobio) 39, y a la rretirada mataron muchos tudescos que venían en la coronelía de Guillermo de Fustenvergo, que quedaron aquel día al rrctirarse de rretaguarda. Todo lo qual 40 le pareçió al Jobio que hera bien eallallo 41, con no ser ytalianos los muertos; y aun foxalá lo eallara, y no añidiera lo que no pasó, diziendo que su , 42 Paulo de Cherri avía rrefrenado la furia de los ymperiales (aviéndosela echo acreçentar) 43. Y en este negoçio de Haste (porque no'se me olbide), dize nuestro Nochera que avía poca gente en Ha,te con don Antonio de Aragón; y tiene grande rrazón en ello, pero no en dezir que sola media conpañía d'españoles con el / eapitán Françisco Rruiz, le entró de socorro; porque avnqu'esto rredundaua en alavança española, pero 44 en qualquier negoçio, y más en los semejantes de ystoria, se a de contar la berdad a la letra. Y así digo que los que entraron al socorro de Haste, fueron muy buenos trezientos arcabuçeros, y no cou sólo el eapitán Françisco Rruiz (como el Jobio lo 45 dize), sino tanbién fue allí en aquel socorro , 46 el capitán Luys Quixada, anvos capitanes ynduzidos 47 para ello por Sancho Brauo, que por ausençia del marqués, qu'estaua en Milán, y vino luégo por la posta quando supo el easo de Haste, mandaba mucho en el exérçito. Y después d'esto el françés fue sobre Alba y se apoderó d'ella, avnque duró poco en sus manos, que casi se puede dezir que, con estar en Alba, nunca vido el día. Y como acabé agora poco ha de decir 48, después de todo esto el Humieres se boluió en Françia, dexando bastantíssima guarniçión en los lugares que poseía, y en cada vno d'ellos vna señallada persona, que son todas 49 las que en prinçipio d'este capítulo contamos, sumando el del / Jobio.

Y el marqués en este comedio (dexando otras muehas cossas que primero pasaron, por contar solamente las que trata nuestro auetor) fue cou su eampo sobre Quier, y allegó 50 a él a veinte y tres de agosto. Y pasados çiertos rrequie bros primero entre él y el cauallero Azal, que tenía a cargo el pueblo, se asentó luégo la batería, y se dio después la batalla furiosamente acometida y de la mesma manera defendida. Pero en fin se entró la tierra ganándolo valerosamente los ymperiales. Y çierto, estoi admirado cómo el Jobio en este paso, contando otras Veçes otras 51 cosas de menos sustançia, no contó cómo el primero que subió a la vatería y entró en el pueblo fue vn alférez de ytalianos. Pero no debió de cabello, que no es honbre a quien se le queda nada d'estas cosas en el tintero quando be la suya, sino qu'el pobre obispo vela pocas bezes, y como le falta esta vista, finge en su entendimiento cossas que no pasaron para escreuirlas 52. Y tras el 53 alférez ytaliano que he dicho entró Juan de Solís, alférez de Rrui Sánchez de Bargas, el qual yba herido, y por eso no pudo subir con la ligereza qu'el otro; y luégo en pos d'este alférez Solís 54, entró Arze, alférez del maestre de campo del mesmo nonbre.

Pero vengamos a lo que apunta este 55 Jouio / de que el capitán y maestre de campo Arze saqueó todas las joyas de las mugeres, que se auían acogido a vna torre. Y dize la verdad en çierta  forma que algunas mugeres (y no todas como el cuenta) abiéndose alli metido,topó Arce con ellas y con la torre 56 y se aprouechó de aquellas joias. En lo qual 57 ellas fueron muy diehosas, en que como dieron con ellas españoles, no diesen 58 otra nasçión de las que allí abía; lo qual si suçedería, bien séque no fueran solas las joias las perdidas, sino quiçátambién las personas. A lo menos yo çertifico, que si se tardaran en quitar las axoreas, que por despachar más presto el negoçio que se les cortaran las manos, y se hiziera qualquiera otra carniçería para abreuiar más ayna, sin perdonar al sexo ni a otra cossa ninguna 59. Y con ser estas cosas notorias y puestas en la plaça de las gentes, que está el mundo lleno d'ello y de las erueldades y piedad de cada nasçión, y de lo que cada vna en general (que de lo partieular no hablamos) es ynelinada, nos quiere pintar el Jouio, a pesar de nuestra naturaleza, por muy crueles y báruaros, y con los otros galanos nombres de que nos adorna. Como si fuera algún gran mal, en vn saco de vn pueblo, tomado por fuerça de las 60 armas (en este propósito de la guerra hablo)  61, tomar todo el prouecho que se les biniese / a las manos. Pues por eso se llama saco, y con ese ynteuto se entra en él con aquel rrigor, ya qu'el despojo en todas las guerras a sido el vno de los frutos de la bitoria.

Y dize más 62 en este mesmo negoçio: que los d,más soldados rrepartieron entre sí los barrios y casas y las saquearon, y prendieron a sus dueños, haziendo que les diesen dineros por su libertad. Y dize la verdad, pero no él 63 en rrepreendello, porque como agora aeauamos de dezir  64, esto es lo que se sigue de los bençimientos, y lo vno anda asido con lo otro, espeçialmente en los pueblos totalmente enemigos, como Quier lo hera. Porque no avía pueblo más françés en el Piamonte, y con aver todos los otros lugares saboyanos rresçeuido, por fuerça o de miedo, guarniçión françesa, solos los d'este pueblo hizieron vna çebil traiçiÓn (avnque nunea puede aver lo vno sin lo otro), pero ésta lo fue çebilíssima: que embiaron a busear françeses a quié, entregarse contra su propio señor, y truxieron vn trato con ellos para entregárseles, como se entregaron, en sus manos, entregando también a su pueblo a su devoçión. Y así el marqués, luégo ganada esta tierra, mandó prender a Bartolomé de Çepo, prinçipal persona de aquella villa, y después de atormenrado para saber d'él çierto subçeso / de la conjuraçión, lo hizo ahorear ynnminiosa mente. Y meresçió mucha más pena en esta cossa la gente de la tierra que la de guerra, porque esta vlrima no tenía más pena de la que meresçe el ser 65 bençido, y la primera meresçia muchas por su traiçión y maldades.

Pero dexemos a Quier tomado y saqueado a beinte y seis de agosto, y bamos a Quirasco, para donde, de alli a pocos días, se partió el marqués. Y puesta la batería, y no queriéndose rrendir Çésar Fragoso (a cuio cargo estaua el pueblo), se dio la batería y batalla brauamente, y fue gentilmente defendida por los de dentro, pero no con esos enearesçimientos que el Jouio haze, que son cossas las más 66 d'ellas rridiculosas 67 y que, quitados sus encaresçimientos y esageraçiones, no les queda cossa de sustançia. Que pues no la ay, no 68 ay para qué paremos más en esto; pare el Jobio más de lo que paró, si quisiere. Y así no u ay en ello más que decir sino que este Çésar (que si le fuera posible al Jouio lo pusiera más adelante que al primero d'este nombre) 69, sin esperarse segunda batalla, se rrendió a los diez y siete de setiembre y desde alli el marqués con 'u campo y exérçito ffue sobre Alba, gouernada y a cargo de Jullio Vrsino, con bastante guarniçión que tenía dentro, / como las demás que se auían tomado la tenían.

Pero antes d'esto le paresçió al Jouio que hera bien contar cómo los españoles se auían arrogantemente alabado en Quirasco, que auían de subir prímero a la muralla que otra nínguna nasçión, y que después no se auían mostrado tan animosos, y que dezian que lo que no abían podido hazer en Quirasco lo auían de enmendar en Alua, y que el marqués les reprehendió esto, y que los ytalianos se enojaron de ver que los españoles querían para sí solos la honrra. De todo qual 70 podemos colegir y sacar 71 quán gentil rretórico hizo Dios a este nuestro autor, que para descargar a los de su nasçión de vna bandera que perdieron en e,ta batalla, y les fue tomada por los de dentro, y para ottras desgraçias bien geandes que 72 les acontesçieron, supo buscar vna causa para ello  73, diziendo que arremetieron aviendo rruin batería. Y d'esta causa saea primero este cómico 74 vna ocasión, que es de aver querido los ytalianos abenta- / jarse a los españoles por lo que abían dicho y que por esto les suçedió mal en el asalto de Alba, porque no aya cossa ni se haga sin culpa de 75 españoles.

Es el caso, çierta y suçintamente 76, que nada de lo que quenta entre españoles e ytalianos pasó, ni tal se hallará que acontesçió, y son todas 77 cossas e ynuençiones 78 de la farsa 79 del Jobio. Y as 80, lo que ay que dezir en esto es que la vatalla se dio a los de Alua por españoles e ytalianos, y brauamente dada, pero con singular defensa de los de dentro, que también los más d'ellos heran ytallianos, peleando tan balerosamente ambas partes, que hartos ya de arcabuzazos y de los otros ynstrumentos de guerra (enemigos de las ffuerças y balentía, e ymbentados por el demonio en este postrer terçio del mundo para destruiçión del género humano), binieron a las espadas y a los braços vnos con otros, y andar abraçados y asidos 81. Y en este trançe y comedio ffue la pérdida / (1) de la bandera ytaliana y otros desastres como éste, que suelen andar pegados con aquel exerçiçio de las armas. En fin, el pueblo fue defendido y no entrado, pero visto por Julio Vrsino que se le aparejaba otra segunda batalla, no lo osó esperar, y así se rrindió a los veinte y tres de setiembre de aquel año de treinta y siete. Y el marqués ganó la tierra, puso guarniçión en Alua y se partió de aquel pueblo, dejando muerto en e1 combate de aquella tierra a vn harto buen soldado español y digno de eseritura más prinçipal que ésta, que fue el capitán Jaén, con otros muehos españoles que murieron en aquella pelea.

(1) Este folio falta en la película de la cual hemos hecho la trascripción. Lo damos según la copia mecanografiada tomada en España, pero acomondando el lenguaje y la ortografía a los del resto de la obra. N. de E. Con éste haçe el Jobio final a las cosas del Piamonte, dejando de contar otra, muy prinçipales que antes y después aconteçieron; en los Anales y en las corónicas çesáreas serán vistas. Baste agora saber, en el propósito e yntento que llevamos, que después de esto, que solamente es lo que Jobio quiso contar, suçedió que el marqués fue a poner sitio y a apretar a Piñarol y a Turín, que heran dos plazas que solas (con / otras algunas pocas) quedauan a los françeses y teniéndolas tan apretadas, quanto en otros lugares e historias, a su tiempo y sazón, será visto, vino el rrey de Françia con exérçito y socorro y mantenimientos, y suçedió todo lo que el Jouio dexa ya contado en el libro pasado auiéndolo de contar agora. Y así el françés desçercó y desapretó aquellos lugares que estauan ocupados por él. Y demás d'esto tomó a Moncaler, de'pués de lo qual allegó la nueua de las treguas hechas por las rreinas de Françia y de Vngría, de que el Jouio dio quenta antes que la diese de la guerra de la qual auían suçedido estas treguas. Y así el rrey se boluió 82 a su Françia, dexando proveídos los lugares que estauan a su deboçión, y el marqués asímesmo, poniendo la horden y gente que convenía para los que el Enperador poseía.

Y acavada esta guerra piamontesa torna el Jouio, para dar fin a este su libro treinta y ocho, a contar otra que se hizo en este tiempo en la Toscana, de los desterrados de Florençia, contra el nueuo duque d'ella. Y como otras vezes tengo dicho, en cossas de aquella / tierra Paulo Jouio las eseriue tan açertadamente, que no tengo yo ni ninguna en qué poner la mano, si no es quando se mezclan españoles en los acontesçimientos, que aunque sean .toscanos, como esto aya, es eseusado que dexe de dezir alguna gentileza. Esta guerra, pues 83, que digo, y con qu'el Jouio aeaua su libro, es de quando Felipo y Pedro Estroçio, su hijo, y otros çiudadanos desterrados de Florençia, que 84 aborresçiendo la seruidumbre d'ella y procurando de rreduzilla en la liuertad primera, hizieron, como hombres rricos, gente y exérçitó en Bolonia y en las comareas, y pasando las montañas, desçendieron o quisieron desçender a la Toscana; lo qual ,avido por el nueuo señor Cosme de Médizis (que ya estaua confirmado por el Enperador en el estado), juntó asímismo gente para su defensa de ytallianos, y también de dos mill españoles que consigo tenía debaxo de la superioridad de Françisco Sarmiento, que el marqués del Gasto dende Lombardía le avía enbiado. Y así el duque, juntada su gente por la orden y manera que el Jobio lo escriue, la enbió contra los enemigos, los quales fueron desbaratados y los que d'ellos / se rrecogieron a Monte Murlo (vn castillo çereado de adonde fue la contienda) fueron presos y entre ellos Felipe Estroçio, que después, estando pre,o en la fortaleza de Fflorençia, se mató a sí propio 85; y otros muchos ffueron descaueçados haziéndose d'ellos justiçia públieamente.

Pero dize el Jouio que en este rrenquentro, que lleuaban los españoles la rretaguarda por conserballos todo lo posible, porque en ellos consistía el bien y salud del duque, y aunque esto es honrra que se haze a aquellos españoles, por otra parte quítasela 86 (como buen maestro de su perjuizio) 87 en paresçer que aquel día no pelearon. Y la verdad de lo que pasa es que es así, que los españoles quedaron en rretaguarda por la rrazón que el Jobio dize, pero no todos como él lo cuenta 88, porque a trezientos españoles se les mandó que fuesen en la vanguardia y que fuesen con los que antes, que rronpiesen con los aduersarios. Y asl lo hizieron, que los primeros que mataron enemigos fueron ellos, y los primeros que los rrompieron, avnque por eso no dexaron sus compañeros los ytallianos de pelear muy bien, sin que los españoles les hiziesen ventaja ninguna. Y los contrarios no pelearon / tan mal como el Jouío apunta, porque aquella gente que benía con los Estrozis se tuuicron vn rrato y avn vn par de rratos bien con sus contrarios.

Y después d'esta rrota dize nuestro obispo que se rretruxieron los que pudieron a Monte Murlo, y que Alexandro Bitelo se quería boluer con la vitoria a Florençia, sin yr aeabar los de Monte Murlo, porque no viniese a yrseles la vitoria d'entre las manos. Porque aquellos desbaratados esperauan más gente en su socorro con su capitán Bernaldo de Saluiate, y que si no fuera por Pirro Colona (que él llama Estipiçiano) y Oto Monteaeuto, que le fueron a la mano y le hizieron yr a Monte Murlo, donde tomando aquella easa fuerte prendieron a Felipe Estrozís y a los que con él se auian rrecogido, que se boluían con la primera vitoria solamente a Florençia. Todo lo qual quenta este rreuerendo padre 89 por quitar su gloria a Ffrançisco Sarmíento que fue el que les ympuso a todos ellos y el que les forçó, podemos dezir, a que fuesen a Monte Murlo y acabasen enteramente de conseguir la vitoria. / Y si no fuera por sus persuasiones, y gritos y bozes, fauoresçiendo esta opinión también el Pirro, no crco que huieran ydo allá y se huuieran buelto, con sola m,dia vitoria, a Florençia. Todo lo qual acontesçió al vltimo de jullio, y no en agosto, como el Jouio dize; y aunque huuiera acontesÇido quando él lo quenta, no tenía más que ber con lo de llsar Agusto que él dize, ni tenía que ver 90 el vn día con el otro, más 91 qu'el Jouio tiene que ber con Suetonio Tranquillo.

1
Add.: con los apuntamientos necessarios sobre la Historia del Jovio. Volver a (1 )
2
Mut.: Entra tras lo ya contado: Cuenta. Volver a (2 )
3
Del.: contando. Volver a (3 )
4
Mut.: del duque. Volver a (4 )
5
Del.: duque d'e!la. Volver a (5 )
6
Add.: dichos. Volver a (6 )
7
Mut.: anvos . . .: Ya. Volver a (7 )
8
Mut.: mientras no hubiese: si no es cuando haya. Volver a (8 )
9
Mut.: así ni más ni menos. . .: y agora digo. Volver a (9 )
10
Mut.: y sençillez y sin borrón. . . (fol. ant.) : As sí. Volver a (10 )
11
Del.: mesmo. Volver a (11 )
12
Del.: (sin. . .). Volver a (12 )
13
Del.: tanpoco. Volver a (13 )
14
Del.: quenta. Volver a (14 )
15
Del.: ninguna de las. Volver a (15 )
16
Del.: ninguna. Volver a (16 )
17
Mut.: repreheçidido a. Volver a (17 )
18
Transp.: solamente de. Volver a (18 )
19
Mut.: Que. Volver a ( 19)
20
Mut.: otra cosa. . .: y el marqués del Gasto otra cosa. Volver a (20 )
21
Mut.: cabo. Volver a ( 21)
22
Mut.: y no digo bien sino: o por mejor dezir. Volver a (22 )
23
Mut.: como la otra. . .: por que se tenga en menos. Acauado lo de Busca. Volver a (23 )
24
Add.: Humieres. Volver a (24 )
25
Mut.: quien. Volver a (25 )
26
Mut.: dicho. Volver a (26 )
27
Del.: nuestro ovispo. Volver a (27 )
28
Mut.: vn honbre...: tal vn honbre. Volver a (28 )
29
Del.: honbre de berdad . . . Volver a (29 )
30
Mut.: muchos. Volver a (30 )
31
Mut.: entre. Volver a (31 )
32
Del.: muchas. Volver a (32 )
33
Mut.: tales. Volver a (33 )
34
Mut.: lo rehusan. Volver a ( 34)
35
Mut.: gran. Volver a (35 )
36
Mut.: fieros. Volver a (36 )
37
Mut.: la varraganada: 10. Volver a ( 37)
38
Del.: como el mesmo. . . Volver a (38 )
39
Del.: (que d'estos días. . .). Volver a (39 )
40
Mut.: lo qual: esto. Volver a ( 40)
41
Mut.: callar. Volver a (41 )
42
Del.: su. Volver a ( 42)
43
Mut.: (...echo acreçentar):(. . . acrecentado). Volver a (43 )
44
Mut.: española pero: de españoles. Volver a (44 )
45
Del.: lo. Volver a (45 )
46
Mut.: fue allí . . .: con. Volver a (46 )
47
Transp.: induzidos anvos capitanes. Volver a (47 )
48
Del.: y como acabé. . .  Volver a (48 )
49
Del.: todas. Volver a (49 )
50
Mut.: llegó. Volver a (50 )
51
Del.: otras. Volver a (51 )
52
Del.: pero no debió de. . . Volver a (52 )
53
Mut.: este. Volver a (53 )
54
Del.: alférez Solís. Volver a (54 )
55
Mut.: el. Volver a ( 55)
56
Del.: y con la torre. Volver a (56 )
57
Mut.: En lo qual: Cierto que. Volver a (57 )
58
Mut.: como dieron con ellas. . . : fuesen españoles los que las halIaron, Volver a (58 )
59
Del.: sin perdonar al. . . Volver a ( 59)
60
Del.: las. Volver a (60 )
61
Del.: (en este...). Volver a (61 )
62
Mut.: también. Volver a (62 )
63
Del.: él. Volver a (63 )
64
Del.: como agora. . . Volver a (64 )
65
Del.: ser. Volver a (65 )
66
Transp.: las más cosas. Volver a (66 )
67
Mut.: ridículas. . Volver a (67 )
68
Mut.: Que pues no. . .: No. Volver a (68 )
69
Del.: (que si le fuera...). Volver a (69 )
70
Del.: De todo lo qual. Volver a (70 )
71
Add.: de todo esto. Volver a (71)
72
Add.: allí. Volver a (72 )
73
Del.: para ello. Volver a ( 73)
74
Del.: este cómico. Volver a ( 74)
75
Mut.: en. Volver a (75 )
76
Mut.: Es el caso. . .: El caso çierta y brevemente es. Volver a (76 )
77
Transp.: todas son. Volver a (77 )
78
Del.: e ynuençiones. Volver a (78 )
79
Mut.: fantasía. Volver a (79 )
80
Del.: y así. Volver a (80 )
81
Del.: y andar. . . Volver a (81 )
82
Transp.: se boluió el rrey. Volver a (82 )
83
Del.: pues.  Volver a ( 83)
84
Del.: que. Volver a (84 )
85
Del.: Volver a (85 )
86
mut. : se la quita Volver a (86 )
87
Del.: ( como buen.. ) Volver a (87 )
88
Mut. ; a SI propio.  ut.: se a quita.  e .: como uen . . . .  ut.: dice. Volver a (88 )
89
Mut.: este rreuerendo padre: el Jovio. Volver a (89 )
90
Del;: tenía que ver. Volver a (90 )
91
Del.: más. Volver a (91 )

 

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