Capítulo Quarenta y Çinco

De cómo el Enperador don Carlos pasó por Françia a sus estados de Flandes, y del castigo que hizo en la ciudad de Gante, y de la paz que bizieron veneçianos con el turco, y de las controversia, de entre el Emperador y Guillermo, duque de Clebes, y de la constançia del mesmo Enperador sobre la rreprobaçión de las herejías de Alemania 1. Dexado el Piamonte, da consigo Paulo Jobio en la rasada que el Emperador hizo por Françia en fin del año de treinta y nueve, tomando por ocasión para ella la rrevelión de los de Gante (çiudad prinçipalísima de aquella Baxa Alemaña) que poco abía que, cometiendo el detestable delito de trayçión, se auía rrebelado a su señor natural. / Donde dize nuestro autor que el Enperador fio su persona de la de su enemigo, y dize la verdad; pero de qué manera fue este pasaje y el propósito d'esta fiança, otro lugar lo dirá más de propósito.

Solamente se dirá agora de pasada vna enmienda que es menester ponerse en la doctíssima ystoria Pontifical, en la qual se quenta que Carlos 2 pidió paso al 3 Françisco para pasar por su rreigno a Flandes; y es cossa que tal no pasó (avnque le pasó por el entendimiento al mesmo Carlos 4 (según se a de ereer) la pasada por Françia). Y demás d'esto, erco yo partieularmente 5 que la deseaua mucho, y lo que me haçe creer esto, también será contado en otra parte ffuera d'esta obra. Pero en lo demás lo que pasa es que, sabido lo de Gante en Françia y en España, el Emperador determinó de pasar al rremedio y a otras cossas que tenía que hazer en aquellos estados, de lo qual dio quenta al 6 Françisco (que como se saue y está visto estauan en treguas deçenales), y el mismo rrey francés 7 le eseriuió rrogándole (no digo bien, sino muy 8 ymportunándole) que la pasada / fuese por Ffrançia, y que no tomase el camino por la mar, como otras vezes lo hazía.

Y dándole para esto muchas rrazones, y entre otras que aquella junta, vista por el mundo, auía de rresçeuir d'ello grande alegría y hera dársela a quien estaua tan trauajado con las diferençias pasadas; y en fin, hera dar vna muestra grande de que se esperada paz entre ambos cuñados. Y no sólo ffue esta ymportunidad (llámese así) con cartas del rrey, pero ni más ni menos su muger, la rreina doña Lconor, escriuió a su hermano de 'u propia letra lo mesmo, con las quales cartas e ymportunidades (otra vez las torno a llamar así) 9 el Carlos 10 se determinó de pasar por la prouinçia françesa en prosecuçión de su víaje 11.

De manera que no huuo saluoconduto, como la Ponriffical apunta, ni hera cossa que auía de venir a esos términos, porque aquellas liçençias o saluocondutos danse a personas particulares y no de un prínçipe a otro. Y porque agora también digamos 12 de pasada lo que más en la mesma Ystoria / Pantifical se dize, que no cree que en aquella pasada el Emperador prometiese al françés, como los françeses dizen, el ducado de Millán, el doctíssimo 13 Yllescas cree lo çierto, pero engañóse en lo que más serca d'esto quiso creer, que auía dado el Emperador buena esperança d'ello por palabras generales. Porque ni por particulares ni por generales, ni por vía de esperança' ni por otra ninguna manera, se trató del ducado de Millán, ni de otra cosa que supiese más que a rregoçijos, y 14 fiestas y plazeres. Y en esto bien lo açertó el Jouio, porque así pasó, que no se habló en otra cossa míentras el Emperador estuuo en Françia, y nunca jamás a françeses oy otra cossa en contrario d'esto (hablo de personas que puedan hablar en ello), antes el mesmo rrey francés 15 estullo en eso tan generoso (mejor crco que dixiera valeroso, pero ambas cossas quadran bien en este propósito) 16, que nunca primitió 17 jamás que se tratase de cossa ninguna de negoçios; porque en rrealídad de verdad ello paresçiera muy mal, sinembargo de que el Enperador, tratando así familialmente con el condestable, le díxo alguna / vez que hera ya rrazón que los negoçios de entre Ffrançia y él no ffuesen por via de treguas, y que pensaua hallar, plaziendo a Dios, algún camino para constituir vna perpetua paz entre él y su hermano (que así se llamauan siempre), y que para esto, y para comunicallo con él, auía enbiado a dezir a su hermano el rrey de rromanos que abaxase a Flandes.

 

 

 

Lám. 9: NOTA MARGINAL DE LETRA DE QUESADA (Fol. 32 v.) en el texto impreso (pág. 91) se incluye entre asteriscos.
 

En ffin, el Emperador pasó por Françia con las dcmostraeíones de alegría y rregozijo que se le pudieron hazer; pero con todo eso, es bien que sepan las gentes que en esto siguió el Carlos 18 sólo su paresçer, en lo qual (digo en seguir su paresçer sólo, muchas veçes contra el de su consejo), ffue vno de los más venturosos prínçipes que dende que ay hombres lo huvo entre ellos 19, que çiertamente, mirado con consideraçión, paresçía cossa de más alto ser, que guiada por humana sabiduría. Porque hartas vezes (que no tanpoco sienpre) 20 si siguiera el paresçer de sus consejeros (que en la verdad 21 hera lo que más paresçia allegado a rrazón) lo herrava, y siguiendo lo que no lIeuaua camino tan derecho (sino 22 sólo el de su juizio), dava de punta en blanco en mitad del açer tamiento.

Digolo a propósíto que contra el voto de todos aquellos que a él le podían / hablar y aconsejar en esto, sino sólo por el suyo, hizo esta jornada; porque claro está que considerado con el entendimiento común. no hera más pa,ar por Françia entonçes, que poner los dados y el ducado de Milán ençima de vn tablero. Avnque  suçediera rrebés alguno, no fuera jugar a Lombardía, porque en ffin del juego se esperaua lo vno o lo otro, sino perdella del todo para siempre 23. Y en este artículo y que fue lo que movió al Carlos 24 a vna extrañeza semejante*, también tengo guardadas mis çíertas conjecturas y 25 pensamíentos ymperiales, y las rrazones por donde las pruevo, que por fuerça (por estarme los Anales tirando de la halda) 26 las he de dexar para entonçes.

Boluamos a nuestro Jobio. Dize, pues, más adelante 27, en el capítulo primero del libro treynta y nueve, que 1es pesó a los beneçianos por la liga que avían hecho con el Enperador (y esto ya se lo he oydo a este hombre 28 otras dos o tres vezes en estos sus libros), y no sé a qué propósito. Porque si trata de la liga de Nápoles, yo no sé allí qué perjuizio se les pudo seguir, sino muchos prouechos muy notables a los de Veneçia; y si dize por la confederaçión de Rroma contra el turco, / no tenían más 'razón de congojarse d'esto por causa del Emperador que del Sumo Pontífize, que también fue contrayente prinçipal de la liga. Y en ella (dexado aparte la causa maior, que es la de la rreligión, y hazer guerra al enemigo de la nuéstra) la prinçipal por que se ligaron Paulo y Carlos, ffue por socorrer a los veneçianos, a quien ya ,1 turco Solimán, dende el año pasado de treinta y siete, quebrando las treguas, les hazía guerra y les çereó a Corfu, y agora les tenía sitiado a Nápoles de Rromania, en la Morea y otros lugares, y sobre todo les avía lleuado más de diez y seís mil ánímas cautibas a Costantinopla. Y dezir que de todo esto se arrepentían agora los de Veneçia, hera como29 vn hombre çercado de enemigos si 30 le pesase que viniese nadie a socorrelle.

Y en quanto a las treguas que dize el Jouio en el mismo capítulo que alcançó de Solimán el rrey Ffrançísco para los veneçianos, porque deseaua apartarlos de la liga del Emperador para qu'el armada de Andrea Doria, siendo desygual a la turquesca ffuese fforçada a dexar libre la posesión de la mar a Barbarroxa, digo que yo 31 conffieso aquella posición 32 al obispo; nunca rriñamos por eso, y la creo como él la dize 33, y avn añado más: / que de avelle quedado tan libre la mar al cosario Baruarroja, perdió en ello la christiandad entonçes vn ynffinito casi 34 número de ánímas que se llevó a su 35 Turquía. Pero dize tras esto el Jouio, y también la Hissoria Pontiffical, que el tiempo d'estas treguas se yua ya acabando, y que estauan ya en peligro y con congoja los veneçianos, no sabiendo qué se haçer, espeçialmente que les faltaua trigo para el bastimento de su çiudad; y que el Enperador no se lo dexaua sacar de Siçilia sin que le pagasen çierto derecho, el qual hera tan grande como el presçio del trigo y de la traída, y que d'esta manera no podían boluer los ojos sino a Solimán.

El qual pocos años antes, en otra ffalta de trigo, les socorrió liberaImente, deziendo, no como bárbaro, que hera cossa ynhumana esperar ganançia de trauajo ageno, y qu'él quería dar de comer a los que estavan en miserable peligro de la vida. Todo lo qual es hablar 36 el de Nochera con mucha desenboltura, de lo qual se sigue muchas veçes la poca conçiençia. Y aqul çiertamente 37 huuo lo vno y lo otro, porque en lo del portazgu de Çiçilia no fue ympusiçión nueua ninguna, hecha para este effecto, ni / para otro ninguno, y quando Dios a sido seruido de enbiar alguna hambre en España, de aquellas mesmas partes se a socorrido, cargando aquel grano con los derechos que se pagan en Çiçilia.

Y pues para 38 sus mesmos basallos y para mantenellos 39 se a de sacar (corno es costumbre) con los derechos ordinarios, no sé cómo quiere el Jonio que a los estraños, y no basallos sino aliados 40, tengan más preuilegio que los naturales, y que con ellos se quebranten todas las leyes y constituçiones de aquella parte donde se saca el trigo. El qual con todos estos derechos no sale tan caro ni la mitad de lo que el Jonio dize, y es levantamiento de los 41 acostunbrados suios. Y aquel mesmo año de que él ba tratando, que es el de quarenta, se cargó ynfinito trigo para Beneçia, y si son (como él da a entender) menos graues y menos derechos los turquesco, que los çiçilianos, vaya él y cargue quanto quisiere, como carga a su Hisroria de ottras cossas de harto menos preçio qu'el trigo 42.

Y no save el cuitado 43 qué es la rrazón (y si la sabe no la quiso de maliçia poner) por qué sea la causa de que 44 el trigo tenga menos ympusiçiones en Greçia y Dalmaçia / que en Çiçilia; comoquiera que en toda, las otras mercadurías y contrataçiones sean más yncomportables las ympusiçiones turquescas que, no sólo entre christianos, pero entre ningunos báruaros jamás se an hallado. Y oluidado de todo esto párase 45 a alabar al turco, y 46 no sólo en este paso, pero 47 otras veçes lo a hecho 48 y emos pasado por ello. Y según su entendímiento él lo compone 49 vn hombre muy blando y muy vmano, no 50 nada rriguroso, y con otras calidades muy suaves, siendo como fue vn bároaro de los ynicos 51 y maluados que ha avido, aunque no niego que entre los otomanos hubo otros pcores. Y toda el alabança d'este artículo 52 es por que dexó sacar trigo de adonde a él 53 le rresultaua harto prouecho, sin considerar el Jouio que lo hazía para que en sus puertos vbiese la carga ordinaria de aquel vastimento que ay en Ziçilia, y para desaperrochar aquella ysla d'esta contrataçión si pudiese 54.

Pero vengamos a lo que más dize, que los beneçianos estavan tristes y con gran duda si harían paz con el turco, y que los que tenían la parte afirmatiua traían por su 55 opinión que el Emperador pretendía hazerse señor de toda Ytalia/ y después de toda Europa, aunque lo disimulaua, y que por eso le pesaua con la paz de Beneçia y Turquía, porque estando gastadas las haziendas veneçianas huuiese oportuno tiempo para el Emperador acometer aquella rrepública, que sola hera la que le podía yr a la mano, porque ya todo lo demás de Ytalia le estaua subjeto.

Todo lo qual es artifiçio d'este hidalgo 56 no más de para que quede en escripto semejantes cossas; porque si el Emperador pretcodiera lo que el Jobio dize, notorio es (como todo el mundo vido elaramente si no es el Jobio) 57 que otros mejores tiempos y más a propósito tuuo para ello que el año de quarenta, como fue quando estando él 58 en Ytalia, y ante, (trato de la primera vez que estuvo en aquella prouinçia)  59, estando Françia estonçes humillada, tuuo toda Ytalia y los estados d'ella en sus manos para poder disponer d'ella, auiendo antes d'este tiempo, y después d'él, dado estados tan grandes en aquella prouinçia 60, que se hio bien en ello 61 si querÍa hazerse señor de Ytalia o no. De manera que estas consideraçiones no son de nínguno del senado de Veneçia, sino del Jouio solamente, o de quien / tuuiese su mesmo espíritu y entendimiento, y si ffuera d'éstos huviese alguno, sería de quien estuuiese tan apasionado como él 62.

Y dize asímesmo, por continuar su materia, que los que tenían esta opinión dezían que hera bien hazer paz con el turco y que se avían de rreçelar de los ambiguos consejos del Emperador. Que 63 yo no sé en qué consiste esta ambigüedad, como si fuera aquel benditissimo prínçipe (espejo de todos los que an pasado d'este nombre desde que el mesmo nombre ay entre los mortales) 64 alguna cautelosa persona o algún hombre doblado, pérfido o engañoso, o otras cossas 65 semejantes. Y parésçeme esto a lo que dize luégo en el capítulo ,iguiente: que abiendo ydo el marqués del Gasto y musiur de Anibau, generales ambos en Ytalia, por sus amos 66 a Veneçia, para persuadir que no hizíesen paz con el turco los de aquella rrepública, dize 67, tenían los que estauan de la parte ffrançesa aquello por artifiçio del Enperador, y que para su prouecho los quería engañar. Y aunque / dize luégo que el artifiçio consistía en que con esperança de liga vnibersal no prorrogasen las treguas ni hiziesen paz con el turco, yo no entiendo el artifiçio con todo esto, avnque lo he leído en latín y en rromançe, porque la embaxada hera para aquello mesmo, y aquello mesmo hera lo 68 que se les proponía; luégo no sé yo qué artifiçio auía debaxo de aquello, porque según mi quenta, el artifiçio y lo artifiçiado todo se hera vna cossa sin cautela ninguna.

Pero lo vueno es que casi acaba el capítulo primero con tornar a tratar lo que otras vezes a dicho, que la liga de Nápoles, hecha entre Beneçia y Carlos 69, fue la cosa más dañosa que pudo suçeder para toda Ytalia, como si en aquella liga se huuiera tratado otra cosa más (que ésta ffue la prinçipal de todas ellas) de que los beneçianos se obligauan a defender el estado de Millán. Y en verdad que me pesa, quando pude saber esto del Jouio, con 70 otros pasos de su Hisroria (no de los / que me admiran, que éstos son ynfinitos, sino de los que me desatinan), no auello sabido y entender de aquel prinçipal historiador 71 en qué 'e fundó para dezir y dexar escrito semejantes cosas 72.

En conelusión, la paz se hizo entre Veneçia y Turquía aquel año de quarenta, con bergonçossas condiçiones y no dignas del nombre christiano, como lo dirán todas las escripturas sempiternas del mundo, pues la compraron los veneçianos 73 con trezíentos mili ducados que dieron por ella, y con Nápoles de Rromania, y Malbasía, prinçipales plaças de la Morea, y que en la mesma prouinçia poseya aquella rrepública. Pero es lo vueno ,74 que la traiçión de Constantino Cabazo, secretario veneçiauo, y de otros de aquella rrepública (cossa muy nueua en ella), dize que/ naçió de los diferentes paresçeres que auía entre aquellos senadores, vnos teniendo la parte ymperial y otros la rreal. Y haze ffin en esto (para que se vea su mala christiandad), siu querer añadir lo que todo el mundo y lo que en todas las ystorias está escripto: cómo aquel Cabazo y los otros cómplizes del delito heran en afiçión françeses.

Y aquel secretario descubrió el negoçio a Guillermo Pelliçer, embaxador ordinario del françés en Beneçia, y el Guillermo lo descubrió a quien auía que descubrillo en su Ffrançia, y a quien convenla para que se supiese en Turquia. Y así, mediante todo esto, vino el turco a querer matar a Ludibico Badoaro, embaxador de veneçianos en Costantinopla, porque no exeeutaua toda la comisión que lleuaua, y así la executó y entregó a Nápoles / y a Maluazia al turco, sin el dinero de lo qual el Vadoarn abisó a su rrepública, admirándose del deseubrimiento del secreto, que ffue causa que el Cabazo y otros consortes se huiesen a Ffrançia, y de otros se hiçiese justiçia, Y avn ffue neçesario çercar la casa del embaxador ffrançés para que entregase algunos d'ellos. Y con ser todo esto así y pasado por los ojos de los hombres, no quiso Paulo Jouio sino que quedase en duda para el tiempo venidero, si auian sido çesarianos o françeses los que corronpieron con dineros parte de aquel senado de Beneçia. 

Dende lo qual 75 ,alta el Jobio a contar, en el capItulo quarto, el castigo que Carlos 76 mandó bazer en su villa de Gante, después ayer pasado por Françia y allegado a Fflandes, en el qual negoçio es menester que se pongan algunas emiendas. Quanto a lo primero, hierra Paulo Jouio en dezir / que después de rresçebido al 77 Emperador en aquel pueblo, se arrepintieron los d'él de avello 78 resçeuido de paz, porque lo quisieran aver hecho con las armas en las manos. A cuio propósito dizetambién la Hisroria Ponrifical otra cosa contraria a ésta, y e, que los ganteses le rreçibieron de paz a su prínçipe porque no pudieron hazer menos sino disimular, a causa de que no estauan aperçebidos. Y ambos 79 son dos conosçidos engaños; lo que pasa es 80 que la rrebelión de Gante (que rrebelión ffue en rrealidad de verdad y así lo dize y declara el Emperador en su sentençia) no ffue desobidiençia cognosçidamente para querer tomar otro señor, ni rrebelarse contra el suio, sino como la rregna María de Vngría, gouernadora de aquellos estados, rrepartiese con consentimiento de los tres miembros de Fflandes quatroçientos mili cárolos (cada / cárolo vale dozientos marauedís de nuestra España) para la guerra que 'e trataua con Françia y para yr sobre Teruana (como se fue y no se pudo tomar entonçes), de la qual jornada lIeuó cargo el condo Nasao, nunca los ganteses quisieron admitir este seruiçio, ni 81 la parte que d'ello les cauía pagallo 82, y pusiéronse en armas para que les fuesen guardados sus preuilegios, que sin otros que tenían, heran tres tocantes a este negoçio.

Y así, después se truxo muy brauo pleito sobre si lo que hizieron ffue deslealtad o no, pero al fin se determinó contra ellos. Vengo al propósito: nunca los ganteses pensaron jamás, ni con disimulaçión ni tin ella, defender la entrada de su señor en su pueblo; ni después tampoco se a de entender que les pesó de avello 83 rresçeuido, porque heran culpantes solas cabezas, y éstas pudieran ser que no fueran parte para alterar toda la comunidad / del pueblo. Y así, comforme a esto, saviendo que el Çésar ttraía para su acompañamiento, alliende de su corte, quatro mili alemanes y seisçientas lanças, le enbiaron a dezir que para qué Su Majestad haçía semejante nouedad, y a ellos semejante agrauio, en benir con gente de guerra' su pueblo, pues no tenía él más leales vasallos que ellos le heran, no sólo en los estados de Fflandes, pero en quantos rreigoos y señoríos tenía, y otras grandes palabras semejantes a éstas.

Y demás d'esta enmienda ay hierro en el número de los ajustiçiados porque, sin los nueue primeros, no se hizo justiçia de más de otros çinco, y no diez y seis, como estos autores dizen, y d'estas muertes no se les dio mucho a los de Gante. Lo que sintieron por extremo, y hera cosa a que no podían poner paçiençia ni consuelo, ffue el hazelles salir / desnudos y con sogas a las gargantas a los jurados y pensionarios (que son las personas de su Cabildo), e yr así a la plaça ante el cadaalso del Emperador y de su hermana la rreina María, pedir perdón de su yerro. Lo qual que lo hiziesen asi 84 se les mandó por sentencia 85, allende de que ffueron condenados en lo que les eauía de aquel seruiçio que se rrepartió, y más en otrros çiento y çineuenta mili cárolos por el desacato y priuaçión de çiertas açequias yaguas, que les fue a ellos cossa más ynportante que todo, en quanto al ynterese, juntamente con el rronpimiento de sus preuillegios; porque también por la dicha sentençia quedaron cassados y anulados para siempre.

Pero a nadie paresçió mal ni rrezio castigo (como el Jouio dize) / el que el Carlos 86 hizo 87 en su patria y naturaleza, antes por ser esto, Gante tuuo mayor culpa y meresçía maior pena; y no ay ninguno (hablo de los que no son ningunos) que tuviese por duro aquel castigo exemplar que se hizo  88. Y a lo que dize que las çibdades ffrancas de Alemania lo rreprouaron, y que si al Çésar suçediera algún rrebés binieran presto a socorrer a los de Gante y a ponerlos en su libertad, 89 testímonio que el Jobio lIeuanta a los alemanes, porque es cossa que 90 no les pasó por pensamiento a los pueblos en general que él dize, ni a la generalidad d'ellos se les acordó de la sentençia de Gante ni del castigo, ni son hombres que en sus cabildos ni cossas públicas (y en los particu- / lares a pocos) se les aeuerda de negoçios agenos y tan apartados de sus casas, y son ymaginaçiones e ínbençiones jouianas.

Y porque a su paresçer abía rrato (con no aver auido ninguno según auía de poco tiempo) que no auía dicho maliçias (que más son qu'esto las que algunas vezes diçe)  91, quenta agora, contando el castigo de Gante, que en España, sobre esto de pedir seruiçios a los pueblos, auian dicho algunas palabras libres los de las Cortes. Lo qual es ffalso, porque si lo dize por las de treinta y nueue en Toledo, allí no huuo palabra que no se pudiese deçir del 92 súdito a su señor, con aquella fidelidad y lealtad que siempre los e'pañoles lo hazen. Y si lo dize por lo del condestable don Pero Hernández de Belasco, es cossa qu'él, pecador, estando en Rroma no lo entiende; y 93 allí no vbo / cossa que supiese a palabra libre, sino a mucha obidiençia y acatamiento. Y por el mismo tenor se ba en lo de Milán, que dize que los lombardos estauan tan cargados de tributos y seruiçios, y los de Nápoles lo mesmo (y Çiçilia más que todos) con nueuas aleavalas en el trigo, y destruída de tener, ymbierno y berano, apo'entados en guarniçión a los españoles. De manera que paresçía que no les ffaltaua voluntad a todas estas prouinçias, síno ocasión para rrebelarse; a lo menos sé yo dezir que a él no le faltaua la suya para desear ver cumplido lo que dize, pues con ffundamentos tan ffalsos, osa affirmar vna proposición 93a tan contra la honrra de todas aquellas tres prouinçias.

Como si en Milán huuiera abido nouedad, ni en / Nápole, ni en Çiçilia tanpoco, en la cossa de los seruiçios y derechos de cada vno de aquellos rreynos. Y no es bueno tanbién que ponga el Jouio por cavsa a los çiÇilianos de su tristeza y conguja 94 tener españoles de guarn'çión, como si e'tuviesen allí a otra cossa, ni fuesen para más enbiados en aquella ysla, que para defendella de los cosarios turcos, o como si aquella guarniçión faltase y avn teniéndola 95 no corriese grauíssimo peligro aquell rreigno, y tan grande quanto es notorio 96; de manera que a la quenta jouiana es destruimíento de Zizilia guardar de turcos a Çiçilia 97. Pero tras esto, dexando a,í sabrosos (a su paresçer) los ánímos de los oyentes, con dexallos bien ympuestos en exçesibos seruiçios ymperiales, qu'es tanto como poner al prínÇipe de quien trata no muy lexos de la terribilidad y de lo inconportable, / pasa al capítulo quarto a contar dos o tres géneros de cossas. Y la vna es el negoçio del duque de Cleues, que diferençiaua con el Emperador sobre el ducado de Güeldres, siendo el señor de allí muerto poco auia.

Esto hera (avnque él no lo dize), el año de treinta y ocho a postrero de julio, y él se llamaua Carlos, duque de aquel estado güeldresco. Y dize agora nuestro obispo que el de Cleues ffue ynstituído del Carlos por heredero de Güeldres, como si sólo este derecho ffuera el qu'el Guilermo pretendía para quedar con Güeldres, y éste que dize de la herençia, hera el menor. En ffin, el el duque vino a Gante, porque como el Emperador pretendía que hera suio lo de Güeldres, venía con saluoconducto a ver si se podía tomar medio con la Majestad sobre aquel estado, / y no pudo, y así se bolbió; porque la rresuliçión que se tomó húltima fue que se rremitía todo a las Cortes o Dicta que se avía de hazer en Alemania porque Geldres es feudo del Ymperio- para que los prínçipes y çiudades botantes en Cortes determinasen esta difcrençia. Lo qual después no se cunplió, porque el duque de Clebes, que tanvién se yntitulava de Güeldres y lo poseya, quiso más fortificar las tierras güeldresas qu'estar a la ovidiençia del ynperio. Pero éste es vn negoçio y vna materia que no se puede bien tratar agora, espeçialmente que sabemos que nos a de ofreçer esra mesma Historia del Jobio lugar más aparejado qu'éste (avnqu'éste lo es harto) para contar çerca d'este paso lo que aquí faltare. Para entouzes se quede lo demás; con que agora se digan dos engaños del Jobio

El vno es que como mal diestro en vna de las partes de historiador, y qu'es harto neçesario a los d'este nombre, haze al rrey de Françia pariente del duque de Clebes y grande amigo, y que tenía tratos y negoçios con él, no aviendo ninguna cosa d'éstas, porque ninguna amistad, trato ni negoçio, había / entre 98 Françisco y 99 Guilliermo, hasta que començó agora éste a diferençiar con el Carlos 100 sobre el hecho de Güeldres. Y avn con todo esto, en este tiempo por donde agora corre la Historia del Jobio, con hauer començado estas diferençias. nn se avía desbergonçadn a tratar en Françia hasta después adelante, el año siguiente de quarenta y vno, que vino en busca del rrey a entrársele por las puertas; el qualle tomó en su ami,tad y le caso con hija vnica del señor de Labrid, que se yntitulaba rrey de Nauarra. 

Y en quanto al parentesco con el rrey de Françia, no tenía ninguno el de Cleues; porque vea el señor Jobio quán mal diestro está en las cosas de las genalogía, de prínçipes. Con sus hijos se 101 tenía vn poco de deudo, y vien poco, porque su visagüelo Carlos de parte de su madre, hijo de Ludibico, duque de Vrliens, que mató el duque de Vorgoña a puñaladas (negoçio ya muy sabido en las historias françesas), casó con Margarita de Clebes, que por esta quenta venían a estar los hijos del françés en terçero grado con el duque. Aqueste Carlos, bisagúelo d'estos mozos, fue padre de Luis, duodézimo / rrey de Françia, y hermano de Juan, primer conde de Angulema. De manera que por la vía del Juan, de adonde deçendía este Françisco, moderno rrey de Françia, no le tocaua sangre de Cienes ninguna, sino a sus hijos por la otra banda del Carlos, hermano de Juan de Angulema, su hagüelo. Porque como este Françisco casó con Clauda, hija del duodézimo Ludibico, y este Ludibico hera hijo de mujer clebesa, consistía en esto el parentesco que avía en Françia con Clebes.

Y no sé a qué propósito, hablando todavla en esto, dize el ovispo vn gentil desconçierto: que la diferençia de Geldres hera qu'el Carlos 102 quería como Emperador eligir duque, y que lo fuese por su mano el Guillermo, y no de otra manera. El quallo tomara, no de la mano del Emperador, sino de qualquier otro que le dexara con el estado güeldresco. El caso, en fin 103, es que así el Carlos 104 como el Guillermo (dexado aparte el que el Carlos tenía como Emperador) 105 pretendían tener derechos particulares cada vno al estado de Güeldres, y el año pasado / de treynta y nuebe declaró su derecho el Guilliermo a los prínçipes de Alemania, en la Dieta de aquel año; y el siguiente de quarenta y vno deelaró el Emperador el suyo a los mesmos prínçiper en la Dieta de Rratisbona.

Pero prosiguiendo más adelante las cosas del Jobio, digo que 106 dize en el mismo capítulo quinto y lo da a entender 107, y la Hísroria Pontifical lo dize tanvién por palabras bien claras, que sintió grandemente el turco la muestra de amistad entre Carlos y 108  Françisco, y las muestras de amistad con que avía pasado el vno por las tierras del otro; y que Antonio Rrincón, emvaxador del rrey de Françia en Costantinopla, tuvo tanto temor, que si no tomara vn bergantín y se fuera secretamente de Costantinopla, se cree que lo matara. Y en quanto al pesar del turco, yo también lo crco, pero no lo demás de huírse el envaxador (si soy obligado a creher a él mesmo), el qual  109 me lo contó de allí a nueve o diez meses, después que avía pasado la Magestad ymperial por Françia. Antes preguntándole yo de / mi cosecha eómo se avía tomado este negoçio, me dixo çiertamente e,ta particularidad: qu'el turco, él creya 110, por las señales que avía bisto, que lo abía tomado 111 mal; pero que a él nunca le pasó por ymaginaçión de 112 dexar de tener aquel contento y sosiego que siempre en aquella corte báruara tenía.

Así qu'esto del bergantín, y el hauerse huydo por temor de la muerte, es consideraçión de la caueza del Jobio, y engaño de la Historia Ponrifical en querer seguille. Pero pregunto yo al ovispo: si es así como él dize, que si no se huyera Rrincón le mataran, ¿cómo o por qué causa alava al turco de humano, y de otras muchas birtudes morales, cada vez que se le ofreçe a hablar d'él  113? Pues no puede ymaginarse mayor ynhumanidad, o a lo menos es vna de las grandes ymaginables 114, quebrantar el derecho de lo, envaxadores que son enbiados a algún prínçipe; quánto más que aquí hera el negoçio más qu'esto, que mataua al envaxador por lo que nuevamente su amo haçía allá en su tierra, que no se podía ygualar / crueldad a ésta, al parezer humano114a.

Pero bengamos agora, poco a poco y con paçiençia (porque yendo con ympetu y con presteza aquel movimiento y calor lebantará la eólera y çegarnos a para no saber rresponder), a oyr vna grande maldad, y no sé si le diga vellaquería en rromançe, d'este Nochera, que sin, acordarse de su dignidad ni de la verdad de su Historia la corronpió y adulteró diziendo115 lo que dize: qu'es 116 qu'el Emperador mandó a los prínçipes y çiudades francas de Alemania que le enviasen sus nuçios a Haganoa para que disputasen çiertos errores de los del 117 Lutero, con pensamiento que se juntase de'pués más de propósito, como después 118 se hizo, congregaçión en Bormes para propósito de 119 que se confutasen aquellas opiniones luteranas. Y hast'aquí dize verdad, y 120 no en todo lo que más dize çerca d'este propósito, qu'es qu'el Emperador avnqu'esta color 121 hera muy honrrada, pero que 122 en lo secreto, demás de rremediar la Y glesia pretendía 123, quando otra cosa no pudiese ser, rregalar y disímular las heregías y malas costumbres de los prínçipes alemanes, porque d'esta manera vernían a su seruiçio y / 'e apartarían del amistad del rrey de Françia y desharían las ligas secretas que con él tenían, y d'esta manera 124 Françia quedaría sin su gran ayuda.

¡O palabras, ya no ytalianas ni de autor ytaliano, sino ynfernales y de autor del ynfierno! ¡Bendicto prinçipe mío, que no te acabó otra cosa la vida sino las heregías de Alemania y por rremediallas (y no por disimulallas) pasaste diez y seis bezes la marl Y que sea tinta la soltura de vn desbergonçado lonbardo, que diga, en vn libro puesto en molde, que disimulabas las eregías alemanas por causa de apartar algunos de aquella naçión de la amistad françesal¡Que de todo lo que Dios y naturaleza te dio, en lo que toca a la tierra, te apartaras, antes que disimular heregías porque se apartaran o no de la liga con Françial Y este autor la deve tener con ,1 demonio, pues semejantes cosas se atreue a dezir de un prínçipe, no digo bien, sino de vn corrco que andubo por el mundo por la posta sin descansar, buscando por todo él maneras y rruegos y persuasiones, y después al cabo guerras y batallas, derramando su salud por toda Evropa / y su sangre en las batallas, para qu'estos herrores y heregías modernas se rremediasen. Y en esto no ay otra cosa que dezir, pues tienen todas las gentes del siglo presente los coraçones llenos y los ojos mojados, cada vez que nos acordamos d'ello, de lo qu'el Emperador hizo sobre esta materia. Lo qual se berá bien largamente escrito en todas las corónicas del mundo hasta en las de los enemigos del mesmo Carlos, si no es en la del Jobio sola 125

1
Add.: con los apuntamientos necessarios sobre la Historia del Jovio. Volver a (1 )
2
Mut.: el Emperador. Volver a (2 )
3
Add.: rrey. Volver a (3 )
4
Mut.: Emperador. Volver a (4 )
5
Del.: particularmente. Volver a (5 )
6
Add.: rrey. Volver a (6 )
7
Del.: frant;és. Volver a (7 )
8
Mut.: no digo bien sino muy: y aun. Volver a (8 )
9
Del.: e ymportunidades. . . Volver a (9 )
10
Mut.: Emperador. Volver a (10 )
11
Mut.: la prouinçia . . .: Francia. Volver a (11 )
12
Mut.: notemos. Volver a (12 )
13
Mut.: dottor. Volver a (13 )
14
Del.: rregoçijos y. Volver a (14 )
15
Del.: ffrançés. Volver a (15 )
16
Mut.: mejor crco que dixiera . . .: y de tanto valor. Volver a (16 )
17
Mut.: permitió. Volver a (17 )
18
Mut.: Emperador. Volver a (18 )
19
Mut.: ffue v no de los. . .: venturossíssimo prínçipe. Volver a (19 )
20
Mut.: hartas veçes. . .: muchas vezes. Volver a (20 )
21
Del.: en la verdad. Volver a (21 )
22
Mut.: herrava y siguiendo. . .: herrara y siguiendo. Volver a (22 )
23
Mut.: porque claro está que. . .: en la qual parecía poner al estado de Milán y Lombardía a ventura de perderla para siempre. Volver a (23 )
24
Mut.: Emperador. Volver a (24 )
25
Mut.: de los. Volver a (25 )
26
Del.: (por estarme. . .). Volver a (26 )
27
Mut.: entonçes. Boluamos. . .: mis Anales. Dize más adelante el Jovio. Volver a (27 )
28
Mut.: y esto ya. . .: lo cual ha dicho. Volver a (28 )
29
Add.: si a. Volver a (29 )
30
Del.: si. Volver a (30 )
31
Add.: se lo. Volver a (31 )
32
Del.: aquella posiçión. Volver a (32 )
33
Del.: nunca rriñamos. . . Volver a (33 )
34
Transp.: casi vn ynfinito. Volver a (34 )
35
Del.: su. Volver a (35 )
36
Mut.: lo qual es hablar: esto habla. Volver a (36 )
37
Transp.: çiertamente aquí. Volver a (37 )
38
Add.: mantener. Volver a (38 )
39
Del.: y para mantenellos. Volver a (39 )
40
Mut.: a los estraños. . .: los estraños por ser aliados. Volver a (40 )
41
Mut.: levantamiento de los: de los levantamientos. Volver a (41 )
42
Del.: como carga. . . Volver a (42 )
43
Mut.: Jovio. Volver a (43 )
44
Del.: sea la causa de que. Volver a (44 )
45
Mut.: se pone. Volver a (45 )
46
Mut.: lo cual haze. Volver a (46 )
47
Add.: algunas. Volver a (47 )
48
Del.: lo a hecho. Volver a (48 )
49
Mut.: lo compone: le imagina. Volver a (49 )
50
Mut.: y. Volver a (50 )
51
Mut.: injustos. Volver a (51 )
52
Mut.: y toda el. . .: toda esta alabança. Volver a (52 )
53
Mut.: adonde a él: donde. Volver a (53 )
54
Mut.: pudiera. Volver a (54 )
55
Mut.: traían por su: tenían por. Volver a (55 )
56
Mut.: d'este hidalgo: suyo. Volver a (56 )
57
Del.: (como todo el mundo...). Volver a (57 )
58
Mut.: estando él: estuvo la primera vez. Volver a (58 )
59
Del.: (trato de la primera. . .). Volver a (59 )
60
Add.: en. Volver a (60 )
61
Del.: en ello. Volver a (61 )
62
Del.: y si ffuera de éstos. . . Volver a (62 )
63
Del.: Que. Volver a (63 )
64
Del.: (espejo de todos. . .). Volver a (64 )
65
Mut.: o otras cossas: con otras calidades. Volver a (65 )
66
Mut.: señores.  Volver a ( 66)
67
Add.: que. Volver a (67 )
68
Del.:  y aquello mesmo. . . Volver a (68 )
69
Mut.: Beneçia y Carlos: el Emperador y Venecia. Volver a (69 )
70
Mut.: quando pude. . .: que pudiera saber esto del mismo Jouio y. Volver a (70 )
71
Mut.: no auello sabido. . .: y preguntarle. Volver a (71 )
72
Add.: no cay entonces en la cuenta. Volver a (72 )
73
Del.: Jos veneçianos. Volver a (73 )
74
Mut.: Pero es lo bueno: Lo bueno es. Volver a (74 )
75
Mut.: Dende lo qual: De aquí. Volver a (75 )
76
Mut.: Emperador. Volver a (76 )
77
Mut.: el. Volver a (77 )
78
Mut.: avello: le aver. Volver a (78 )
79
Mut.: y ambos: Lo uno y lo otro. Volver a (79 )
80
Mut.: lo que pasa es: passa así. Volver a (80 )
81
Add.: pagar. Volver a (81 )
82
Del.: pagallo. Volver a (82 )
83
Mut.: averle. Volver a (83 )
84
Del.: que lo hiziesen así. Volver a (84 )
85
Add.: que as sí lo hiziessen. Volver a (85 )
86
Mut.: Emperador. Volver a (86 )
87
Add.: exemplarmente. Volver a (87 )
88
Mut.: ser esto. . .: todo esto tuvo Cante maior culpa y meresçía mayor pena. Volver a (88 )
89
Add.: falso. Volver a (89 )
90
Del.: y porque a su paresçer . . . Volver a (90 )
91
Del.;Y porque a su parecer Volver a (91 )
92
Mut.: el.  Volver a (92 )
93
Mut.: pecador estando . . .: Jovio no entendió. Volver a (93 )
93a
Mut.: cosa. Volver a (93a )
94
Mut.: y no es bueno. . .: tanbién es bueno que ponga el Jouio por cavsa de la tristeza y congoxa de los sicilianos. Volver a (94 )
95
Del.: y avn teniéndola. Volver a (95 )
96
Del.: y tan grande quanto es notorio. Volver a (96 )
97
Mut.: guardar. . .: guardarla de turcos. Volver a (97 )
98
Add.: el rey. Volver a (98 )
99
Add.: el duque. Volver a (99 )
100
Mut.: Emperador. Volver a (100 )
101
Del.: se. Volver a (101 )
102
Mut.: Emperador. Volver a (102 )
103
Transp.: en fin el caso. Volver a (103 )
104
Mut.: Emperador. Volver a (104 )
105
Del.: (dexado. . .). Volver a (105 )
106
Del.: digo que. Volver a (106 )
107
Del.: y lo da a entender. Volver a (107 )
108
Mut.: darlos y: el Emperador y rey. Volver a (108 )
109
Mut.: que. Volver a (109 )
110
Del.: él creya. Volver a (110 )
111
Mut.: que lo abía tomado: lo tomó. Volver a ( 111)
112
Del.: de. Volver a (112 )
113
Del.: a hablar d'él. Volver a (113 )
114
Del.: ymaginables. 114a Del.: al parezer humano. Volver a (114 )
115
Mut.: poco a poco . . .: a. Volver a (115 )
116
Del.: qu'es. Volver a (116 )
117
Mut.: de los del: de. Volver a (117 )
118
Del.: después. Volver a (118 )
119
Del.: propósito de. Volver a (119 )
120
Mut.: pero. Volver a (120 )
121
Add.: de remediar la Iglesia. Volver a (121 )
122
Mut.: pero que: pretendía. Volver a (122 )
123
Del.: de más de. . . Volver a ( 123)
124
Del.: d'esta manera. Volver a ( 124)
125
Mut.: ¡O palabras, ya no yta lianas. . . (fol. ant.) : Estos son los discursos de Italia y los juyzios que hacen por sus mismos coraçones. El mundo todo y el cielo y el infierno testifican agora y testificarán para siempçe que lo dicho por el Jovio es gran maldad. Diez y seis veces passó el Emperador el mar océano con propósito principal de hazer quanto en sí fuesse para remediar las herejías de Alemania. Puso su persona a la ventura y casos de la guerra como qualquiera particular soldado. Sufrió las nieves y fríos de aquella región en lo duro del invierno. Cobró muchas enfermedades que le abreviaron la vida. Gastó grandes thesoros sin mucha gente prinçipal que murieron sobre esta demanda, que era restituir la verdadera religión en aquella principal parte de su Imperio. Siendo esto gran verdad, ¿ qué nombre se puede dar que responda al atrevimiento y desvergiiença del Jovio? ¿O qué pena merecía su locura? Gentil contrapeso de faltar a la religión christiana, por la qual muriera el Emperador mil muertes, pone el Jovio que era apartar los alemanes de las ligas y inteligencias que podían tener con el rey de Francia. Si por este premio le parece al Jovio que vn príncipe deve dexar la religión y hermanarse [con herejes], buenas letras devió tener y buena constancia en la fe. No se puede tanto dezir en esto que no sea [ilegible] del Emperador y por esto es muy  mejor dexarlo. / Todas las gentes del siglo presente tienen los corazones llenos de las aventuras y trabajos a que el Emperador se puso sobre esta empresa y los ojos mojados cada vez que se acuerdan de lo que vieron y oyeron; y lo mismo harán en los siglos venideros quando lean las historias de tan cathólico príncipe que se escribirán en largamente no sólo por sus coronistas sino por todos los del mundo hasta por los enemigos del mesmo Emperador, sino por sólo el Jovio que era su vassallo. Volver a (125 )

 

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