PRÓLOGO




En diciembre de 1881 se encontraron tres jóvenes en La Guajira, de camino hacia Colombia. Eran los argentinos Miguel Cané, quien había sido nombrado encargado de negocios ante nuestro país, su asistente García Merou y Ernst Róthlisberger, “un joven suizo de 22 años, que se dirigía a Bogotá contratado por el gobierno de Colombia y que, no hablando español; se sonrojó de alegría cuando supo que debíamos ser sus compañeros de viaje”, según escribió el señor Cané en el libro que narro sus experiencias entre nosotros. Los tres siguieron juntos hasta Barranquilla, padecieron las usuales dificultades del viaje por el río Magdalena, con varada v todo, y llegaron a Honda, donse se separaron, después de casi un mes de viaje. Sin embargo, aunque vivieron en Bogotá sumultáneamente, no parecen haber hecho una amistad muy cercana, pues las referencias mutuas, en las memorias de viaje que todos escribieron, se limitan casi exclusivamente al relato de la subida por el Magdalena. Tampoco encontramos muchas referencias a Róthlisberger en otros documentos personales de la época, lo que hace pensar que, fuera del círculo de colegas de la Universidad—Salvador Camacho Roldán, Roberto Ancízar, etc., de los amigos que lo acompañaban en sus correrías y los tipleros a los que escuchaba con frecuencia, no fueron muchos los amigos cercanos que hizo en Bogotá: cierta

Como lo narra el hqo de Róthlisberger en su prólogo, el profesor suizo venía, contratado por el gobierno colombiano, a dar clases de historia universal y defilosofta en la Escuela de Filosofia y Literatura de la universidad. No sería extraño que el presidente Núñez hubiera tenido que ver con esta iniciativa, pues mostró durante estos años una Preocupación frecuente por los contenidos de la educación, en especial en las áreas referentes al conocimiento de la sociedad. Recordemos que un año después de la llegada de Róthlisberger, en diciembre de 1882, Núñez respaldó la propuesta de Camacho Roldán de que se creara una clase de sociología en la universidad: para el presidente, parte importante del proceso de Regeneración Política era formar a las élites en una visión del desarrollo social que las hiciera menos inclinadas a las aventuras revolucionarias y a las innovaciones sin arraigos en la realidad.

En todo caso, Röthlisberger fue, durante los tres años siguientes, profesor en lo que hoy describiríamos como el bachillerato de la Universidad Nacional. En varias ocasiones su nombre aparece en las actas de los exámenes semestrales que transcriben los Anales de la Instrucción Pública, y en estos mismos Anales publicó las “Conferencias sobre Historia Universal” 1, y los programas de Historia y Filosofía, que reflejan de modo apropiado el contenido y orientación de sus clases. La primera de las conferencias presenta a modo de introducción al curso, las principales ideas y orientaciones metodológicas del joven profesor. Considera que la verdadera historia es sólo la que se basa en documentos, y, frente a los dilemas

conocidos de la filosofía de la historia, adopta posiciones intermedias y razonables, marcadas por un espíritu progresista y liberal. Así; cree que a la historia descriptiva hay que complementa rla para ‘poner orden en la masa caprichosa de los hechos’; con un análisis de las causas de los acontecimientos, regidos por “leyes magistrales’; pero que no hacen del devenir histórico una trama regida por un determinismo absoluto; que el historiador debe juzgar el pasado y condenar las culpas de sus hombres, pero sin someterlo a un sistema que introduzca violentamente los hechos en un marco de interpretación y evaluación; que el historiador debe ser imparcial y relatar “las cosas tales cuales son; así sea una quimera la objetividad absoluta. Finalmente, el criterio ordenadorparece sersobre todo la “teoría de la evolución que ha sacado del caos a la lingüística y a la sociología “. La lucha depueblosy razas, la selección natural; producen entonces un proceso de inevitable perfeccionamiento, que se expresa en el progreso, del cual el siglo XIX le parece, contra los reaccionarios doctrinales, un ejemplo indiscutible. Justamente en revelar esta evidencia de progreso le parece que está la importancia de la historia, pues genera las armas para enfrentar “el espíritu de reacción que suspira por el pasado “. Las demás conferencias no son mucho más que una síntesis hábil y competente de informaciones conocidas por los historiadores del momento, escritas en un lenguaje algo solemne, de acto público, que contrasta con la directa sencillez de “El Dorado “. Son una pocas páginas en las cuales afloran algunos de los lugares comunes del momento, como la idea de la ausencia de historia en la China, la afirmación de la superioridad de los idiomas de la raza blanca y la lógica identificación de la historia con la historia de occidente y en las que, al pasar, reitera su aprobación de las teorías de Darwin. No son páginas de un gran pensador en agraz, pero muesrran un estudioso serio y competente, que puede incorporar con confianza en un texto destinado al público los resultados de sus lecturas. El programa de historia es relativamente convencional y en el defilosof la otra vez aparece Darwin, esta vez como base para el estudio del “método cientffico, experimental e inductivo “.

Es difícíl evaluar la influencia como docente del señor Róthlisberger. Probablemente no fue muy significativa, aunque no puede menospreciarse el impacto que pudo tener sobre unas cuantas docenas de jóvenes, casi los únicos destinados a una educación superior en Colombia, la imagen de un joven serio y estudioso, sus conocimientos sin duda amplios y la disciplina de vida y lectura que debía contrastar con los hábitos más bohemios y menos ordenados de los estudiantes. Pero eran demasiadojóvenesy también lo era Röthlisberger (recordemos que tenía apenas unos 23 años cuando escribió las conferencias que hemos citado), para que hubiera mucho que enseñar y que aprender desde el punto de vista especializado de la investigación histórica o la filosofía. Quizás en un estudio de las temp ranas formulaciones del darwinismo entre nosotros podría atribuirsele algún papel en su difusión inicial:  no olvidemos que justamente en el mismo año de 1882 presentó Jorge Isaacs su informe sobre las tribus indígenas del Magdalena, en el cual hizo algunas alusiones a la teoría de la evolución que provocaron el rechazo presuntuoso de don Miguel Antonio Caro. No es fácil trazar otras colaboraciones del profesor a la cultura local: sin duda, sus amigos y colegas debieron beneficiarse de un conocimiento más al día de la bibliografía histórica europea, con la cu.alparece haber mantenido, a través de las eficientes importaciones de tos libreros bogotanos, un contacto continuo y amable: vea el lector las páginas que dedica a lapeculiarsatisfacción que produce la lectura en un sitio en el que cada libro hay que esperarlo con anticipada emoción desde que se encarga a la remota Europa.

La historia del libro que hoy se reedita aparece en el prólogo de Walter Röthlisberger. Fue escrito, como puede verse por la nota introducturia del autor, muy poco después del regreso del autora Suiza. estaba concluido para la navidad de 1886. La edición de 1929 tiene el interés de las notas comparativas de Walter, quien describe una situación de rápido progreso de Colombia, la cual era indudable, sin prestar mucha atención por los elementos más negativos de nuestra realidad, con excepción tal vez del implícito rechazo al poder excesivo de la Iglesia que ambos autores comparten.

La obra de Ernst constituye, en mi opinión, uno de los libros de descripción de nuestro país más equilibrados y sólidos del siglo pasado. A diferencia de muchos viajeros?, que pasaban por Colombia como una ráfaga para dar abasto a la afición europea por relatos exóticos, y que debían por ello concentrarse en lo pintoresco y dramático, Róthlisberger refleja sus tres años largos de residencia en el país y su espíritu más académico y frío. Quizás esto le quita al libro los adonios de la ob­servación aguda más o menos casual; pero esto está más que compensado por el esfuerzo sistemático de comprender tanto el proceso histórico del país como su estructura social. Entre los libros de finales de siglo, comparte estos rasgos ,con obras como las de Alfred Hettner otro científico con residencia prolongada en Colombia, y se distingue claramente de la agudeza más retórica de relatos como la de Pierre d’Espagnat o del registro de viajes y aventuras que encontramos en Mi/lacan, Brissot o Rosa Carnegie-Williams 2.

Además, Róthlisberger no se limitó a conocerlos alrededores deBogotáy el consabido río Magdalena. Sus vacaciones, como puede advertirlo el lector, las dedicó a largos viajesporel país.. fue a los llanos, probablemente invitado por Emiliano Restrepo y al Valle del Cauca y Manizales, fuera de las visitas menores a las haciendas de tierra caliente, a las casas de conocidos o amigos como Salvador Camacho Roldán o Emiro Kastos.

Mencioné ya el obvio eurocentrismo de sus conferencias sobre historia. algo de ello se refleja, aunque sin excesivo prejuicio, en su apreciación de las costumbres colombianas, en especial las que atribuye a los grupos étnicos más alejados del blanco. En el Magdalena, recién llegado, ve en la danza del currulao, con la que tropieza en una caminada con García Merou, la muestra de una barbarie primitiva que sin duda lo inquieta y loperturba, y los lleva a retirarse apresuradamente. Con estas imágenes de atraso, con el desierto intelectual que adivina en la costa, contrastan las costumbres sofisticadas y la vestimenta reforzadamente europea de los bogotanos.

Hay otras cosas que critica, como la vanidad étnica de los presuntos blancos de Bogotá, el fanatismo religioso el fraudulento sistema electoral; la destrucción acelerada del bosque o el lento, ineficaz y parcial sistema de justicia; o que lo irritan, como la retórica de los oradores públicos, el gusto por los discursos sin contenido, que le parece la prueba más clara de los males que trae la política: ‘Aquí es textualmente cierto que la política corrompe el carácter. Ella es quien implanta aquella vacuidad y aquel vicio de la fraseología que sientan tan desagradablemente al que llega defuera “. Pero, fina/mente, es la simpatía y el gusto por la belleza del paisaje y la cordialidad de las perso nas, por la variedad de las frutas o el atractivo de la música lo que domina en su ánimo.  Justamente entre los músicos parece haber encontrado algunos de sus compañeros más asiduos y parece haberse aficionado bastante a los bambucos y pasillos del interior, que llegó a conocer con el dominio de quien tiene algo más que una formación elemental en música.

Pero no es pertinente que reitere simplemente lo que el lector descubrirá por sí mismo, como el mismo Róthlisberger sugiere:   de lo que se trata es de acompañarlo en su correrías por Colombia, por una nación variada e interesante, por “un país de violentos contrastes”, como afirma en una frase que no sabemos si era ya, como ahora, un lugar común, pero que describe bien el retrato que hace de Colombia.  

Jorge Orlando Melo
Santafé de Bogotá, octubre de 1993

Brissot,Jorge. Viajes por Colombia en los años de 1891-1897.  Bogotá, Imprenta Nacional, 1899.
Millican, Albert. Travels and adventures of an orchid hunter. Londres Casell & Co, 1891.
D’Espagnat, Pierre. Recuerdos de la Nueva Granada. Bogotá, Biblioteca Popular de Cultura Colombiana, 1942.
Hettner,Alfred. Viaje por los Andes colombianos 1882 - 1884. Bogotá, Banco de la República, 1976. Y La cordillera de Bogotá, resultado de viajes y estudios. Bogotá, Banco de la República, 1966.
1
Conferencias sobre Historia Universal”, en: Anales de la Instrucción Pública, Tomo y (1883), 299 y ss, y tomo VI (1884). Los programas se encuentran en el mismo libro, y, 483 ss. (regresar1) 
2
Carnegie-Wilhiams Rosa. A year in the Andes, or a lady’s adventures in Bogotd Londres, Literary Society, 1882. (regresar2)
 
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