PARTE VIII
DE LOS ANIMALES NATIVOS DE LOS CLIMAS FRIOS Y TEMPLADOS
 

 

CAPITULO I
SU ESCASEZ Y VARIEDAD
 

 

A primera vista parece que en un clima como el que hemos descrito, frío pero no en demasía, deberían encontrarse muchos animales de varias especies. Y sin embargo las cosas no son así, o porque no toda tierra aunque buena es apropiada para la naturaleza de cada animal, o porque en cada una de estas regiones los animales no encuentran alimentos suficientes, o por otras causas que fácilmente se pueden conjeturar. No debe extrañar a los lectores, si yo al describir los animales de los climas fríos y templados, cambiando de estilo, los ponga todos en un mismo capítulo, y trate de todos al mismo tiempo. Así lo pide la pobreza de la materia. Pondremos por lo tanto todos juntos los animales pequeños y los grandes, insectos, reptiles, aves buenas para comer y cuadrúpedos. Pero entre las aves, cosa que no podíamos prever, encontraremos muchas canoras, las que mal se tratarían si no hiciéramos de ellas una clase aparte. Trataré de ellas separadamente, no menos para gloria de América que por amor a la verdad.
Sentémonos en el campo, en el lugar que más nos guste, todos cual más cual menos son buenos. Sentémonos las orillas del Fucha, donde yo con un. libro en la mano me senté muchas veces en mis años de juventud, y gocemos también del inocente murmullo de las aguas. Pero, y los mosquitos? Ya no los hay, se quedaron en los climas cálidos. Y las moscas? son pocas, las alejaremos. Y las niguas devastadoras de los pies? No me entró ni una sola en los seis años más o menos que viví en Santafé. Otros dicen que las hay pero raras. Raras también son las serpientes, de tal manera que en tantos años no vi una sola. Con todo esto, según dicen los expertos, hay una especie pero no tan nociva y venenosa como las serpientes de los climas calientes ni de tan monstruoso tamaño. En los límites de la tierra caliente y la fría, es decir en los lugares templados, fuera de la comunión recíproca de algunas plantas, como ya dije, hay también la de algunos animales. En la posesión de Firavitoba me dicen que hay algunas serpientes cascabeles, y algún otro ejemplo semejante lo veremos en seguida en los cuadrúpedos, fuera de los buitres que recordamos en otra parte. (1)
Estando sentados como nos imaginamos en las orillas pastadas del Fucha no veremos ciertamente ratas, pero que éstas hayan pasado allá de España, como si antes no las hubiera, según lo afirma ingenuamente Zamora (2), lo puede creer quien quiera equivocarse. Al escribir ésto, no se acordó de las grandes ratas llamadas runchos, de que están llenos los desvanes de Santafé, y si pensó en ellos, pensó muy mal al creer que habían pasado de España en los cofres o de otra manera semejante. Y no se diga que penetraron poco a poco, y que después de haber salido de los barcos en que llegaron emprendieron viaje a Santafé para trasladar allá su nueva colonia. Pues no se puede creer que hubieran llegado a Santafé desde Cartagena por el río de la Magdalena, pues teniendo por delante ese río, debían llegar a su lejansimo origen y volver atrás por amor a aquel ameno país.
Queda por considerar que llegaran allá de Santa Marta, de Maracaibo, de Coro o de Caracas. Pero sería demasiado paradójico decir que ellas o sus descendientes pasaron regiones entonces llenas de terribles selvas, atravesadas doquiera por numerosos ríos, y ditante muchos centenares de millas de la capital del Nuevo Reino. Para tal hazaña se hubieran necesitado muchos años, y sin embargo sabemos que Oviedo (3), que dudó del origen de las ratas de Santo Domingo, encontró una inmensa cantidad de ellas en el continente, ya en tiempos de la conquista.
Lo que hemos dicho parece indudable. No puedo comprender cómo algunas personas doctas hayan podido dudar de la existencia en América antiguamente de un animal común entre nosotros y al cual es apropiado todo clima. Consta que en la actualidad se encuentra allá toda clase de ratas nuestras, y que además hay otras que aquí no conocemos. Por lo tanto, para qué pretender que América no las tuviera antes de la conquista española? Vuelvo a decirlo, no lo puedo entender. Con esto no negaré que la sangre de muchas de nuestras ratas, y sobre todo de las pequeñas que pueden más fácilmente esconderse en los barcos y pasar escondidas a América, se haya mezclado con la de las ratas americanas. Y si puedo hablar en broma, diré que este refuerzo de tropas auxiliares españolas emparentadas con las americanas, era muy necesario para disminuír los inmensos ejércitos de ranas del Nuevo Mundo y para darnos un ensayo de esta nueva batracomiomaquia americana. Haráse la guerra sin nuestros Roepanes, sin nuestros Excavaquesos, sin Comejamones. Pero no importa, sustituiremos a tan valientes jefes militares con los Excavacasabes, los Roebananos, los Comemorrocoyes. Y si éstos son pocos, llamaremos en su ayuda a los murciélagos, y lograremos acabar con el monótono continuo croar de las ranas en todas partes. Las ratas son pocas en relación a su enemigo, pero ayudadas por un numeroso grupo de murciélagos, seguramente lograrán la deseada victoria. Pasemos de la broma a lo serio.
Después de haber visto en clima frío las ratas, de las cuales hablé más por extenso y describí sus variedades en el primer tomo de mi Historia (4), debemos considerar nuevamente los venados, que se ven allá aunque no en gran cantidad en comparación con los del Orinoco y otras tierras calientes. Son de tres especies: la primera tiene cuernos con ramas como la del Orinoco, pero con miembros más grandes; la segunda parece semejante a las Yacas de los Tamanacos, y el diligente sujeto que me informó dice que ha visto venados de este género en diferentes lugares de Santafé y Tunja; el toche es muy parecido al venado de que acabamos de hablar, de modo que es difícil establecer la diferencia. Y sin embargo la han encontrado no los naturalistas de Santafé y Tunja que quizás no existen, sino los campesinos que afirman que la piel del toche es más gruesa y dura que la del venado, al cual se parece en todo lo demás.
Después de estas minucias que hemos recogido con respecto a los pocos animales de clima frío., vamos por fin a hablar de un animal que por ser él también semejante a los nuestros, y por ser del tamaño común en los de su especie, pienso que será una sorpresa para más de un lector. Es el oso, aquel animal carnívoro del cual quisiéramos ver libre la selva. Yo no sólo no tengo noticia de que haya osos en muchos lugares de Tierra Firme, sino que en los lugares que vi en Toquilla y otras partes, que no parecerían desapropiados para ser nidos de osos, no los hay de ninguna especie. Su única sede o la más célebre en Tierra Firme, es un sitio frío no muy distante de Villavieja, que hemos nombrado muchas veces. Pero es útil hablar de esto con las mismas palabras del autor ya citado.
"Los osos, dice él, están en una montaña casi del todo fría por sus páramos (nosotros diríamos por sus tormentas) y es la que divide el valle de Neiva de los llanos de San Juan y San Martín. La gente va de propósito a cazar esos osos y matan muchos. Son grandes como los de aquí (Italia), y se ven llevar de una parte a otra para diversión del pueblo. Su color es más negro y su pelo más duro. Fuera de éstos, hay otra especie de osos que se llaman cruzados, porque tienen en la frente una cruz bien formada de pelos blancos. Son muy feroces y tienen más fuerza que los otros, pero no son tan grandes. Yo tuve uno chiquito, y habiéndolo criado en casa, se volvió tan manso que todo el día estaba en mi cuarto o en la cocina. Comía todo lo que se le daba, pero lo que más le gustaba era el dulce y la leche .Salía de casa conmigo y caminaba a veces en dos patas y otras en las cuatro". Hasta aquí mi informante.
Cerremos este capítulo tratando brevemente de las aves de rapiña, de las buenas para comer y de alguna otra para las cuales es apropiado el clima frío. Del primer género son los buitres, las águilas reales, los halcones, y lo gallinazos americanos, que no son los que aquí el vulgo llama así. Pero de estos que pueden vivir en tierras de otro clima, siempre que haya animales para atacar o carroñas en que posarse, hemos hablado pormenorizadamente en varias partes. (5) Con respecto a los volátiles buenos para comer, allá son muy raros en comparación con la tierra caliente. Sin embargo, se ven patos, palomas salvajes, tórtolas, chochas y algún otro que se dice no desagradable al paladar, como los coclíes, los gurullones, chorlos y similares, apreciables no menos por su sabor que por su tamaño. Una escasez mayor de animales domésticos de la que hay al presente, haría que la gente para proveer a sus necesidades, se diera a la caza para encontrar otras aves de comer, pero no serían nunca tantas y de tan diferentes especies y tan sabrosas como las nuestras.
Esta escasez no es una ventaja de los climas fríos de Tierra Firme, pero está compensada en gran parte con la escasez y falta de varios molestos insectos que no faltan del todo en Italia y que son muy abundantes en las tierras calientes de América. Pues si ponemos a un lado aquellos animalitos que llevan consigo los pobres casi por necesidad, y otros muchos por descuido, en Santafé son rarísimas las niguas como ya dijimos, no hay hormigas comepapel, zancudos y sanguinarios mosquitos, tampoco chinches. Lo que debe atribuírse al clima frío que dura todo el año. Un verano de tres meses como el nuestro, llevaría allá algunos de nuestros insectos, pero siempre pocos y no de tan horrible especie. Un verano largo y continuo, como dijimos que era el de los climas calientes de América, amontonaría allá todos esos insectos en gran abundancia y para eterna tormento de la gente.

(1)
Parte IV, cap. III.
(2)
Hist. del Nuevo Reino, cap. XI,
(3)
Hist. Nat. lib. XII. cap. VI.
(4)
Lib. V, cap. VI.
(5)
De los buitres y de las águilas: Parte IV, III. De los gallinazos: Tomo I, lib. V. cap. I.
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