CAPITULO X
Islas flotantes, cascadas, volcanes, cuerpos incorruptos y fuentes admirables de Tierra Firme.
 

 

Al terminar el relato del estado natural de Tierra Firme, no desagradará mirando a uno y otro lado observar en ella algunas cosas que se pueden llamar casi milagros de la naturaleza, de lo cuales el primero que se nos presenta es el que se ve en el célebre lago de Tacarigua y que como dice el historiador de Venezuela (1) está formado por catorce ríos que le entran por varios lados. Hablo de las islas flotantes, que según ese autor, tienen su origen en las hojas de ciertas plantas acuáticas que se dilatan en la superficie del lago y entrelazadas sus raíces cubren algunas partes del lago. Pero ésta por decirlo así, es la primera capa de la isla, y es muy débil, para hacerla m resistente, de manera que si es necesario puedan pasar por encima hasta los hombres, a la primera débil capa se agrega otra de ramas, de tierra, de palos y de árboles llevados por el río. Con estos elementos, esas islas crecen de tal manera que según afirma el citado autor, a veces tienen 8 y 10 palmos de gruesas por treinta o cuarenta de longitud. No dice nada de la anchura, pero puede conjeturarse que es variada. Lo que debe subrayarse más que todo es la solidez de la isla, pues encima crecen arbolitos más o menos grandes, según la calidad del terreno. Los vientos agitan estas islas con gran complacencia de los espectadores, hasta que alguno de ellos más impetuoso, desatando poco a poco esa maraña, las desbarata totalmente.
De la provincia de Caracas en la que se encuentra el lago ya citado, pasamos al reino de Santafé, para ver una célebre cascada que se llama Tequendama. Es un monte altísimo del cual se precipita el río Bogotá, después de haber corrido plácidamente por la sabana de Santafé. Ví esa cascada en los años de mi juventud, y creo que apenas haya en el mundo una más maravillosa. Entre ella y el monte, del cual se precipita la gran mole de agua, hay un camino por el cual la gente pasa continuamente sin mojarse, tanto es el espacio que hay entre la cascada y el monte. Pero esto es nada en comparación con la altura. Encima de la cascada úno se hiela por el frío, abajo se suda por el mucho calor. El clima de arriba es semejante al de Santafé que como hemos dicho es frío, el de abajo es caliente y allá empieza la tierra cálida. En las historias de la conquista yo no encuentro quien indique geométricamente la altura, pero esa variación del clima demuestra que debe ser enorme. (N. XII)
En la provincia de Santa Marta, en las grutas de los montes muy fríos que mencioné en otra parte, hay cuerpos humanos incorruptos. Pero ni allí ni en otra parte de Tierra Firme hay montes que arrojen fuego, al menos por lo que se ve, pues en algún rarísimo lugar no faltan indicios de volcanes interiores. Piedrahita (2) indica uno situado entre Ibagué y Quimbaya, en un monte llamado vulgarmente el Toche, que él mismo dice que arroja humo. Humo también y no otra cosa, echan continuamente dos fuentes de agua caliente en el territorio de Paipa, aldea india que dista de Tunja cerca de media jornada. Otras semejantes pero sin humo, se encuentran en Iza, pueblo indio que dista cerca de media milla de la antigua posesión de los jesuitas en Firavitoba. Una de ellas es medicinal y sirve para baños, la otra por su excesivo calor es semejante al hervidero (3) de Viterbo, y dicen que si se pone en ella un becerro, al cabo de dos horas quedan los hueso limpios.
En fin, debo indicar algunas tierras de características singulares. En Cúcuta, lugar cerca de Pamplona, se estima mucho una que si se bebe mezclada con agua, dicen que es muy eficaz para expulsar del cuerpo la sangre que se cuaja por las caídas. Yo no tengo experiencia de eso para que pueda atestiguar la virtud que se le atribuye a esa tierra. A pesar de esto, no hay duda de que debe tenerla, ya por lo que oí muchas veces, ya que por el uso que de ella se hace continua y felizmente para impedir cualquier hemorragia. Después de la tierra llamada de Cúcuta, se debe citar el búcaro del Banco. Se trata de una arcilla olorosa y muy fina de la cual hacen las vasija para guardar fresca el agua y de sabor agradable, los habitantes de la provincia de Santa Marta. En el río Meta, antes de llegar al Macuco, desemboca otro que se llama Negro, cuya denominación tiene origen en el betún negro llamado Maine, del cual está lleno el fondo de dicho río, cuya aguas por otra parte, si se sacan en un vaso, son claras.

(1)
Oviedo y Baños, Lib, III, cap. VI.
(2)
Historia del Nuevo Reyno, lib, VII, cap. VII.
(3)
Bulicame
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