LIBRO II
DEL ESTADO CIVIL Y SAGRADO DE TIERRA FIRME
 

 

PARTE I
DE LOS PRIMEROS HABITANTES DE TIERRA FIRME
 

 

CAPITULO I
DE LOS INDIOS Y DE SUS CUALIDADES
 

 

Tres son principalmente los grupos o clases de habitantes de Tierra Firme: indios, negros y españoles, y de todas las tres debemos tratar con exactitud no menos para poner en justo sitio las naciones extranjeras, como para sacar la ventaja de conocer bien la manera como se gobiernan. Y para empezar por las cualidades físicas de los indios (así llaman los escritores españoles a los americanos, por alguna semejanza con los habitantes de la India), hablando en general, ellos son tan semejantes en sus facciones los unos a los otros que en toda Tierra Firme parecen hermanos entre sí, aunque divididos en varias pequeñas naciones. Pero por qué dije que en toda la Tierra Firme parecen hermanos entre sí? más bien he debido decir que en toda América conocida, fuera tal vez de la parte más septentrional.
Así pensó Ulloa a quien yo alabé en otra parte, así otros españolee en gran número. "Los indios son todos iguales" (1) dijo el primero, después de haber visto detenidamente a cuantos hay desde el reino de Chile hasta el de Luisiana. Pero esta expresión, aunque común en los libros y en boca de personas expertas en las cosas de América, no le pareció del todo adecuada al sagacísimo Señor don Martín Enríquez, que con mucha honestidad fue primero virrey de México y luégo del Perú. El, como afirma el Padre Calancha agustino (2), encontró otra expresión más significativa al decir "que no acertaban los que decían que todos los indios eran unos, porque todos eran Uno".
Después de un consentimiento tan universal de los españoles acerca de la semejanza de los indios entre sí y que Enríquez con una graciosa e ingeniosa hipérbole estimaba no sólo semejanza sino igualdad, parece muy extraño que un moderno y culto escritor diga cosas completamente diferentes de las que se habían dicho y escrito hasta ahora. Completamente diferentes? eso es poco. Mas bien él se ríe al leer en algunos escritores modernos reputados como diligentes observadores, que todos los americanos tienen el mismo aspecto y que cuando se ha visto uno, se puede decir que se han visto todos. Y para probar su afirmación, después de haber dicho que un chileno no se diferencia en su aspecto de un peruano, menos que un italiano de un alemán, agrega que ha visto paraguayos, cuyanos y magallanenses y que todos tienen rasgos peculiares que los distinguen notablemente a los unos de los otros. (3)
Supongamos que es así, que los indios tienen rasgos diferentes. Pero esta diferencia es verdaderamente tal que niegue la semejanza que afirmamos? Yo digo que no, y póngase atención a si digo la verdad. Y antes que todo, cuando se afirma que unas naciones indias son semejantes a otras, no quiere decir que sean matemáticamente semejantes en todo. No, no se quiere esto, porque todos saben que es imposible. Hay semejanzas que sin ningún contraste se unen por las diferencias. Qué semejanza mayor se encuentra en la especie humana que la de los hijos nacidos de los mismos padres? no hay seguramente otra que se le pueda comparar. Y sin embargo, entre estos individuos que se juzgan como los más semejantes entre sí, se ven algunos de baja estatura, otros de alta, algunos de amable aspecto otros de feroz, quien blanco, quien moreno, en suma quien con una cara quien con otra.
La misma semejanza y diferencia se encuentra entre los individuos de una misma nación, la misma en los de determinada parte del mundo; con sólo verlos nos damos cuenta por ejemplo de que uno es francés, otro español, otro asiático, otro europeo, etc. Cómo en tánta diversidad de individuos puede existir una razón universal en que convengan todos, de manera que de los unos pueda decirse: estos dos, verbigracia son hermanos, estos españoles, estos americanos? Es cosa maravillosa, pero según mi parecer, no muy difícil de explicar. No son algunas facciones solamente sino todo el conjunto, lo que en todo tiempo divide y une también entre sí a los individuos de la especie humana. Encontráis uno que antes no habiáis conocido y viéndolo de la cabeza a lo pies diréis aquel parece hermano de fulano, y acertáis. El mismo procedimiento nos libra felizmente del error cuando miramos a hombres de diferente nación o de distinta parte del mundo.
Después de ésto, volvamos al punto de partida. Ni los españoles, ni otros después de ellos al decir que los indios eran todos iguales quisieron nunca decir que no tengan rasgos particulares, por los que se distinguen los unos de los otros. Los tienen también los hermanos que por otra parte se asemejan. Afirman solamente, y póngase atención a ésto, que aquella diferencia entre ellos, si se considera globalmente no es notable, que quien vio un paraguayo, un chileno, un tamanaco, un maipure vio a todos los americanos, y dicen la verdad. Pues la diferencia entre las naciones indias no es distinta de la que vemos en las familias numerosas que se han dividido en varias casas, semejanza, diré así, y diferencia de parentesco, no de nación.
Pero se me puede objetar: entonces los americanos no están divididos en varias naciones, sino que todos forman una sola. No, yo no digo eso de aquellas gentes de América cuyo lenguaje no tiene relación alguna con las otras. Son verdaderas naciones, al menos en este aspecto, aunque el nombre de nación como dije en otra parte (4) no se adapte bien a las tribus indias que están de acuerdo en la mayoría de las palabras y en desacuerdo solamente en algunos términos. Y este es según mi parecer el único signo justo con que se pueden separar los indios entre sí: la total diferencia de idiomas. La diversidad del rostro, siendo muy pequeña, no es suficiente. Yo no niego con ésto que las naciones indias, aunque muy semejantes en general, no se distingan por algunos rasgos, de manera que quien tiene experiencia no sepa decir por ejemplo, este es un tamanaco, aquel un maipure. Sí, lo puede distinguir si tiene práctica, pero de aquella manera en que los hijos de un hermano se distinguen de los del otro, no de aquella en que los nacidos por ejemplo en Francia se distinguen de los nacidos en Italia.
Es cosa muy digna de investigación científica buscar el motivo de tan sorprendente semejanza. Por qué los individuos de la especie humana en región tan grande del mundo como es América, no tienen entre sí la notable diferencia de rostro que se observa en Europa y en Asia y hasta en Africa, donde hay blancos entre pueblos morenos o negros? Quizás todos, canadienses, mexicanos y peruanos y otros muchos, descienden de un solo poblador, de manera que son como otros tantos hermanos que se han dispersado con el tiempo en aquel vastísimo continente? No, no lo admite de manera alguna el buen sentido. Los diferentes idiomas de América que no tienen relación entre sí, son una prueba incontrastable de la multiplicidad de sus pobladores. De dónde procede entonces esa admirable semejanza? Yo confieso sinceramente que es un punto para mí muy difícil, y no teniendo facilidad para tratarlo, recurro a aquella causa que me parece menos expuesta al error diciendo que tienen facciones semejantes, porque todos más o menos llevan la misma vida.
Esta causa de semejanza que aduce también Bomare (5) es verosímil si se le pone atención, mientras que no lo es ni la del clima americano, no tan variado como en las demás partes del mundo, ni la de la nueva población de América, causas que yo he combatido en diferentes partes de mi Historia. Por lo demás, que la misma manera de vivir favorezca mucho la semejanza de las facciones, si se prescinde de todo otro factor que se podría aducir en prueba, nos lo muestra suficientemente el rostro de los hispanoamericanos, que aunque vivan en regiones muy alejadas entre sí, son más o menos parecidos.
Aquí sería el lugar de mostrar después de la semejanza física de los indios, la moral que, si debo hablar con sinceridad, me parece aún mayor. Pero a qué engolfarse en este gran piélago cuyo fin no se vería sino después de una larguísima navegación? Baste por lo tanto decir, no sólo con base en la concorde autoridad ajena, sino con el apoyo de lo que ví con mis propios ojos, que en todas partes reinan entre los indios los mismos vicios, los mismos ritos, las mismas costumbres. Lo que por otra parte se debe entender sin las exageraciones de algunos que lo juzgan inferiores más de lo mandado. Los indios son hermanos nuestros, venidos de un mismo origen común, y por lo tanto dignísimos de compasión en sus debilidades, las que como se ve en mi Historia, no son tantas ni tan horribles como algunos han dicho en sus libros, sin probarlo. Agréguese que las faltas de los indios, fuera de la embriaguez y de la inclinación a la mentira, son de enmienda más fácil que las de otras naciones bárbaras. Un castigo moderado, una amonestación a tiempo, la conducta de sus párrocos, y por encima de todo el ejemplo de éstos y de otros fieles más antiguos, son un medio muy apropiado para contenerlos dentro de los límites de la moral cristiana, para practicar la cual tienen también un buen fondo de virtudes naturales, como se demostró en otra parte. (6)

(1)
Notiz americane
(2)
Crónicas del Perú.
(3)
Padre Molina, Stor. del Chile, lib. IV, pág. 336.
(4)
Tomo III, lib. III, cap. XII.
(5)
Dict. d'Historie Naturelle, en la palabra Homme.
(6)
Tomo II. Lib. III, cap. I.
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