CAPITULO II
DE LOS MULATOS Y LOS ZAMBOS
El lector ha oído, creo que con placer, hablar de los hijos de
india y español y de sus variedades. Pero antes de entrar en
materia, para mayor claridad, es necesario advertir dos cosas. I-He
hablado solamente de los hijos de lo españoles, pero lo mismo debe
decirse de los hijos de italianos, franceses y de otras naciones
que habiendo ido a América se hayan casado con una india. II-He
traído como ejemplo a los varones, pero no exclusivamente, pues los
hijos de una mestiza y de un blanco son cuarterones, y después con
el tiempo puchuelos, ni más ni menos que los otros que hemos
nombrado. Con esta aclaración necesaria para el lector, continuamos
con nuestra relación. Y observando otras cosas muy raras, empezamos
por los mulatos, es decir, los hijos de blanco y negra o viceversa.
Ellos merecen esta prioridad por varias apreciables cualidades,
aunque los mulatos, si miramos sólo su cuerpo, no son tan hermosos
como los mestizos, cuya blancura es ciertamente mayor, pero en
ellos son singularísima sus dotes espirituales. Son habladores
eximios, de buen talento y de increíble valor. Se han acostumbrado
a las armas para cuyo manejo tienen una inclinación natural. Sin
embargo, en su mayoría pasan oscuramente su vida. especialmente
aquellos que corrompiendo su nobleza anterior, se casan con una
mujer de condición inferior. Y aquí cabe referir las diferentes
especies de mulatos, semejantes a las de los mestizos ya descritas.
El hijo nacido de padre español y madre negra, se llama mulato
real, y realmente es blanco. Pero bajo la piel blanca de que se
enorgullece, parece transparentar al negro, ni más ni menos como la
negrura de un trapo se transparenta bajo una tela blanca sutil que
se le ponga encima. Así me pareció al verlos y creo que no me
engañé.
Si este mulato no despreciable se casa con una blanca, sus hijos
también son cuarterones, sus nietos ochavones si siguen sus pasos,
los biznietos puchuelos. Y he aquí que en igual espacio de
generaciones al de los indios, según Gumilla, un negro se ha
blanqueado físicamente. Pero creo que él lo dijo para consuelo de
los mulatos, pues no creo que una persona que tiene un esclavo como
tatarabuelo, como sería en el caso indicado un puchuelo negro,
puede estar en la misma condición de una persona que descienda de
un indio libre. Pero sea lo que fuere de esto, el hecho es que se
ven muy pocos mulatos reales en comparación con los que han
degenerado. La mayoría de los mulatos, sea por familiaridad
contraída con persona de baja condición, sea porque no se atreven a
declarar su amor a las blancas, se casan con mujeres de su misma
condición, o indias o negras. Por lo tanto, especialmente entre
hijos ilegítimos hay algunos mulatos esclavos sin que le valga para
salir de la esclavitud el hecho de haber nacido de padre libre, si
la madre es esclava. Esta infelicidad de algunos mulatos no
disminuye en nada la gloria de los demás. Ellos, aunque sean de una
casta degenerada, son pagadísimos de sí mismos, se llaman a boca
llena españoles, e imitan exactamente sus costumbres. Visten de una
manera propia particular, un poco extraña, conviven con los
blancos, hablan su idioma con afectada elegancia, y son
considerados como elementos integrantes de la población en que se
establecen.
Nos queda por ver una cara de color bronceado, más que el de los
mulatos degenerados, semejante al claroscuro. Hablo de la cara de
los zambos, es decir, hijos de india y negro. Pero ojalá no nos
hubiéramos encontrado nunca con tipos semejantes. El zambo es
taciturno, de mirada torva o maliciosa y de índole tan perversa que
lo lleva fácilmente al mal. Se sienta al lado de una persona con
los ojos bajos, con rostro pensativo; pasea con otra persona y se
finge su amigo a su manera. Es muy raro que hable, más raro aún que
ría. No tiene valor para arremeter contra otro, sino a traición. Un
blanco, un mestizo, lo pone fácilmente en fuga. Este porte suyo con
los blancos o con sus descendientes, no es tan huraño con los
indios, de los cuales es pariente por parte de madre. Parece que no
tenga desconfianza de ellos, y los trata amigablemente. Aquí creo
que alguien me diga: ¿Qué mal te hicieron los zambos? Ninguno.
Hablo así de ellos porque creo que lo merecen. Las diferentes
clases de americanos me gustaron todas, cual más cual menos, pero
esta no me gustó. Sin embargo, los zambos entre los cuales también
hay buenos, a pesar de sus malas inclinaciones, tienen alguna
personalidad en América. Ellos (y considérelos así quien no conoce
su origen) se hacen pasar por españoles, cuyo idioma hablan bien.
Ejercen varios humildes oficios y son todos libres, fuera de
aquellos que nacen de la unión de una esclava con indio. (N.
XIV.)
