I - DE LA PROVINCIA DE CUMANA
 

 

La primera provincia que después de la del Orinoco que hemos descrito en tres tomos, se presenta a quien navega desde su desembocadura hacia el occidente, es la de la Nueva Andalucía, o Cumaná, así llamada por el nombre de su capital o por el de un río que la atraviesa. Sus límites al oriente son las desembocaduras del Orinoco, al sur el mismo río, al occidente el río Unare y al norte el mar. Su extensión no es pequeña, pues se extiende desde los 312 a los 315 grados de longitud, y desde cerca a los 11 de latitud norte hasta los 8 de la misma latitud, según el mapa corográfico del señor Surville que yo sigo.
Su clima, quizás fuera de las partes más septentrionales, generalmente es cálido y por falta de montañas elevadas, no es tan variado como en otros lugares de Tierra Firme. Por lo que se refiere a los criollos, son ellos de buena presencia, altos y marciales. Los indios son semejantes a los orinoquenses tanto en el idioma como en las costumbres. La tierra es feraz, aun más que en el Orinoco, abunda en ganado, cacao y caña de azúcar. Las ciudades que fundaron los españoles son muchas y no despreciables. He aquí una lista, sacada de la reciente historia del Padre Caulin, que habla de ellas por haberlas visto.
Cumaná, que según Surville (1) está a diez grados y medio de latitud boreal, es la capital de esa provincia y la residencia de un gobernador nombrado por el rey de España. Como ya dije, está situada a las orillas de un río del mismo nombre, distante una milla del mar y muy bien fortificada, pues en la parte superior de la colina en que fué edificada, hay dos bellas fortalezas, una llamada Santa María de la Cabeza, la otra San Antonio. Hay también una batería cercana, fuera de otras dos puestas para defender el río no lejos de su desembocadura, y todas provistas de suficiente soldadesca.
Tiene tres iglesias: la parroquial no muy bonita, las de los dominicos y observantes que dependen de la provincia de Santo Domingo, y además la iglesia del Carmen en la cual hay una hermandad. Estas noticias y las que seguirán después las compendio de las que suministra el Padre Caulin (2). Teniendo en cuenta la belleza común a los templos de Tierra Firme, extraña que se limite a alabar las reliquias e imágenes y hable de los templos como de fábricas triviales. Yo las describo como las encuentro. Por otra parte, él ataba las casas modernas de Cumaná por su belleza y amplitud, y dice que la ciudad está habitada en la actualidad por seis mil personas de todas las edades, de las cuales dos terceras partes son mestizos o negros y una tercera de puros blancos.
Barcelona, que está cerca a los 10 grados entre el sur y el occidente de Cumaná, yace a la orilla del río Neverí y dista tres millas del mar. En ella además de la iglesia parroquial en la que se venera una devotísima imagen de Nuestra Señora del Socorro, hay también la de los observantes con un convento al cual esos misioneros dispersos
por la provincia para el bien del prójimo, se retiran en sus enfermedades. No encuentro en el Padre Caulin el número de habitantes de esa ciudad, pero creo que es considerable. Lleva también el nombre de Cumanagoto, por habérsele agregado el antiguo vecindario de un lugar cercano llamado San Cristóbal de los Cumanagotos, que cuando lo dejaron, llevaron consigo la citada imagen de Nuestra Señora.
Más o menos en la latitud de Cumaná, está una ciudad llamada San Felipe, pero más comúnmente Cariaco, nombre que le viene del vecino golfo del mismo nombre. Es pequeña, y está situada al oriente de Cumaná de la cual dista cerca de cuarenta leguas. Según el Padre Caulin, viven allá cerca de doscientas familias. No dice nada de sus iglesias. Más en el interior, cerca a los diez grados de latitud, se encuentra Cumanacoa, ciudad que se llama también San Baltasar de Arias, del nombre de su fundador. Dista diez leguas de Cumaná y está habitada por seiscientas personas. Tampoco nuestro autor habla aquí de las iglesias.
Además de estas ciudades, hay también algunas tierras no despreciables, de las cuales hablaremos más adelante. La provincia de Cumaná comprende indioa parte ya civilizados desde hace mucho tiempo, parte todavía salvajes, y fué dividida entre dos órdenes religiosas que fueron encargadas de su conversión. Una es la de los capuchinos que ocupan la parte oriental o casi oriental, la otra es la de los observantes que se han extendido al occidente y al sur. De las dos debemos tratar aquí brevemente, siguiendo acerca de los primeros las noticias manuscritas (3) que nos ha comunicado gentilmente el Muy Rvdo. P. Clemente de Armilla, exdefinidor general, y acerca de los segundos, las impresas por el P. Caulin.
Y para empezar por los capuchinos, ellos empezaron sus misiones entre los Chaimas, Cuocas, Parias, Guaraunos y algunos Caribes por el año de 1650; fue su primer fundador el P. Francisco de Pamplona, en el siglo don Tiburcio Redin, comandante en otro tiempo de un galeón. No hay duda de que en el espacio de ciento treinta años, desde su establecimiento hasta 1780, en el cual se compilaron las ya citadas noticias, esos religiosos han trabajado mucho en la conversión de los indios, ya que en dicho año ellos tenían 16 poblaciones reducidas a parroquias, y otras tantas misiones de nuevos indios, cuyo número llega a 12013 almas en total.
La mayor parte de estas poblaciones está compuesta por los Chaimas, los menos remisos a abrazar la fe. En su idioma han sido traducidos dos libros: el Confesonario, que parece ser una obra manuscrita destinada a la instrucción de los nuevos confesores de los Chaimas y que fue compuesta por el P. Juan del Pobo, y el Diccionario que está impreso y fue compuesto por el P. Francisco Tauste. No voy a entretener a los lectores con la descripción de las iglesias parroquiales construidas a veces a expensas del rey, a veces por benefactores privados y también con los ahorros de los misioneros, que se quitaban a sí mismos lo que destinaban a Dios. Baste decir que son bonitas, en su mayoría cubiertas de teja y bien dotadas.
La iglesia de Caripe, que es centro de las misiones y residencia del Padre Prefecto, dice el manuscrito que es suntuosísima, y que además de las cosas ya dichas, tiene un bellísimo campanario. Allá también hay una residencia para los religiosos, edificada a expensas del erario real. Pero qué diremos de lo que agrega la citada relación, a saber que Caripe está en territorio frío? Lo cual causa no poca maravilla tratándose de lugares todos muy calientes. Yo sin documentos no me atrevo a resolver este punto. Esperaremos hasta que un cuidadoso investigador diga la causa que aquí se calla. Por otra parte, Caripe anteriormente no era del gusto de los Chaimas acostumbrados a regiones muy calientes, pero según la citada relación, en la actualidad les es tan grato que viven allá de muy buena gana por la salud de que gozan en ese sitio, por la amenidad del lugar y por encontrarse allá todo género de verduras sin mucho trabajo.
Pasemos a los observantes, a los cuales según la relación que hemos seguido, tocaron en la división de las misiones dos fundadas por los capuchinos, la Concepción de Píritu y San Miguel de Guere. Ellos también como los primeros se han distinguido egregiamente en el aumento de las poblaciones. El año 1779 en que se imprimió la Historia del P. Caulin de la cual tomo estas noticias, sus poblaciones parte transformadas en parroquias, parte todavía con el nombre de misiones, eran treinta y los indios que la componen cerca de doce mil. Ese es el fruto que ellos han logrado desde el año 1656 en que se establecieron allá, según el P. Caulin (4). Acerca de las iglesias levantadas por los observantes para alimentar la piedad de los indios, que en su mayoría son Cumanacotes, encuentro noticias mucho mejores que las que se refieren a las ciudades españolas que ya he indicado. La iglesia de la Concepción de Píritu donde está la capital de sus misiones, distante de Barcelona diez leguas, dice el P. Caulin (5) que es la más suntuosa entre todas las de aquella provincia. Alaba mucho también la de San Miguel (6), que dista de Píritu cuatro leguas; la de San Antonio de Clarines y otras que sucesivamente describe con muchos pormenores. Yo no me extraño de esa diligencia suya en la descripción de las iglesias, pues sé cuanta utilidad presta a la edificación de los indios su magnificencia.
La fundación de algunas tierras españolas en las cercanías de los indios recién civilizados, fue siempre estimada también por los misioneros jesuítas, no sólo utilísima para la conversión de los indios, sino también muy útil para servirse de la ayuda de los españoles ahí establecidos a fin de conquistar nuevos indios. En efecto, el Padre Rotella intentó fundar una población en Cabruta y puso a cierta distancia de los indios algunas familias españolas. En mis tiempos, trató de hacer los mismo en Caicara, y con mucho agrado de los jesuítas, el muy honorable señor don Juan Ignacio Sánchez, cuya prematura muerte le impidió la ejecución de ese plan, con pesar universal. Los observantes fueron más afortunados en este tipo de poblaciones y además de las misiones formaron también dos tierras españolas, de cuya ayuda se han beneficiado muchas veces en sus viajes en busca de los indios.
La primera que fundaron, y de la cual fueron también por algún tiempo curas, se llama Aragua, por estar edificada cerca a un río del mismo nombre. Según el P. Caulin, tiene habitantes de varias razas, con un total de cerca de 600 personas. Al sur de Aragua está el Pao, tierra también fundada y regida varios años por los observantes, es bonita y bien poblada, pero no sé decir más porque no está indicado, claramente el número de sus habitantes.
Por lo que creo, los idiomas que se hablan en las misiones de los observantes son dos, el Cumanacota y el Caribe, relacionados entre sí. Acerca del Cumanacota no hay duda de que para conservar su memoria a la posteridad, el célebre misionero P. Ruiz Blanco puso toda su diligencia en imprimir entre los años 1683 y 1690 tres utilísimos libros, intitulados el primero Principios y reglas de la lengua Cumanacota con un diccionario de sus voces, el segundo Advertencias y anotaciones a la gramática Cumanacota, y el tercero en fin Doctrina cristiana y su explicación en lengua Cumanacota con el anexo de un diccionario de verbos y nombres. No conozco ninguna obra sino manuscrita sobre la lengua Caribe, que creo que es la más bella de todas las lenguas americanas. Es de desear que esos padres o los capuchinos de la Guayana, que tienen también caribes civilizados, escriban una cuidadosa gramática y recopilen léxicos de esa lengua antes de que desaparezca su memoria.

(1)
En el gran mapa corográfico de esta provincia.
(2)
Hist. de la Nueva Andalucía, Lib. II, Cap. III.
(3)
El manuscrito se titula: «Relación de las conversiones de Capuchinos Aragoneses en la provincia de Cumaná etc., fecha en el real Hospicio de Caripe en 8 días de junio 1780.
(4)
Historia de la Nueva Andalucía, Libro III, Cap. XXXI al final.
(5)
Lib. III, Cap. III.
(6)
Lib. III, Cap. V.
Comentarios (0) | Comente | Comparta c