CAPITULO II
De las frutas de clima caliente.
El asunto que voy a explicar ahora fue tratado por muchos en sus
libros, pero desordenadamente. Un italiano que estuvo mucho tiempo
en Quito, reino muy semejante al de Tierra Firme, quizás fue el
primero que escribió sobre esta materia en particular. En un libro
muy voluminoso, así me dicen los que lo han leído, habla en
conjunto de todas las frutas de Quito, y hace de ellas una
descripción muy pormenorizada, que sería muy oportuno que el mismo
autor la publicara. Entre tanto, yo sin tomar partido ni
alistándome con los que las desprecian ni siguiendo servilmente a
los que las exaltan más de lo justo, seguiré la vía media diciendo
solamente la verdad, en otras palabras (porque puedo también
equivocarme) declarando el concepto en que las tienen en América
las personas sin prejuicios.
Y antes de todo, es muy cierto que las frutas de los climas
calientes no se juzgan sanas, lo cual demuestra claramente el dicho
común en Tierra Firme: "si quieres estar sano, guárdate de las
frutas". Veo muy bien que este dicho de Tierra Firme aunque
verdadero en gran parte, no puede resistir una crítica sana. Este
dicho es verdadero porque muchos abusan de las frutas, las comen
fuera de tiempo y en exceso. Si una y otra cosa se moderara. y los
hispanoamericanos se sirvieran de las frutas solamente al final de
las comidas y con moderación, no serían nocivas. Pero quién logrará
cambiar las costumbres de un pueblo hasta el punto de hacerlo casi
italiano? El dessert, por decirlo así, de estos señores lo
constituyen en su mayoría las conservas, las confituras y demás
dulces, pero no las frutas. Las toman casi por pasatiempo, a la
mañana, a eso del medio día, por la tarde y por la noche. Y después
de haberse saciado con ellas más de lo suficiente, se quitan la sed
con agua, pues casi en todas partes falta el vino.
A estas causas yo atribuyo las nocivas cualidades que sin reflexión
alguna pretenden que son propias de las frutas americanas. Pero
generalmente no se puede negar que no son tan saludables como las
italianas. El banano dilata demasiado el estómago, la papaya lo
debilita, etc. Quizás el vino quitaría esos malos efectos, pero
Dios sabe si tendría en los climas calientes esa virtud. Si las
frutas americanas son más gustosas que las nuestras, yo no lo diría
sin excepción. Para aquellos que como los americanos gustan mucho
del dulce, son más apetitosas, para nosotros que gustamos del dulce
con parsimonia, si las comemos en abundancia nos cansan. Si las
miserias del Orinoco me hubieran permitido escoger, yo hubiera
preferido a la chirimoya, al anón, al riñón y otras frutas muy
dulces, el aguacate, el mamey y alguna otra no tan dulce. Y como
entre gustos no hay disputas, basta lo dicho hasta aquí. Pasamos a
dar cuenta de las frutas más célebres de los climas
calientes.
La piña que ya conocemos por haberla descrito prolijamente en el
primer tomo, debe gustar a todos. Es ácida y dulce al mismo tiempo,
de grato olor y de un jugo agradable; en Tierra Firme fuera de las
piñas de este género hay también otras que son agrias, pero se les
pone azúcar al gusto y no son menos gustosas que las primeras. Unas
y otras si se comen con moderación son sanas.
Con respecto a otras frutas americanas que nacen en las regiones
cultivadas de Tierra Firme no tengo una pericia particular; mi
larga permanencia en el Orinoco no me permitió ver más de las que
conocí allí y describí en el primer tomo, con excepción de las que
ví alguna rara vez que estuve en la Guaira. Sin embargo, debía
tratar de ellas al menos por referencias de otros, y he aquí lo que
acerca de algunas más estimables me escribe un condiscípulo en mis
estudios teológicos, al cual por ser muy experto me dirigí por
carta.
"La guanábana, dice él, tiene figura de cono y su color es de un
verde claro, ni más ni menos que el de sus hojas. Su sabor es poco
grato y su pulpa se puede volver toda agua (creo que como la
patilla) y es poco saludable. Donde vi la mayor cantidad de esta
fruta fue en Caribabare, hay algunas que pesan cinco libras
españolas. La chirimoya es arrugada más o menos como la piña, de
forma semejante a la alcachofa, y es la fruta de mejor sabor que se
encuentra en el Nuevo Reino, más suave que la misma piña. Pero no
hay muchas y se dan solamente en las tierras templadas, como en
Popayán, Tena y Mérida. etc.
El anón es una especie de chirimoya en cuanto a la forma, pero su
sabor aunque agradable es inferior al de la chirimoya y es más
pequeño. Se encuentra en los climas calientes y templados. Estas
tres frutas cuando están maduras, tienen una cáscara muy delicada y
se rompen muy fácilmente". Hasta aquí mi amigo. Agrego algunas
otras frutas que me son más conocidas. El riñón, llamado así por su
forma, es de cáscara un poco arrugada y tan tierna que cuando está
maduro se rompe como las frutas anteriores. Si a uno le gusta lo
dulce, es de sabor muy delicado.
Quién no ve que entre estas frutas hay una analogía de forma y
quizá también de sabor, analogía que parece semejante a la que
vemos en las diversas especies de nuestras peras? Quizás entre
ellas no hay una diferencia sustancial, lo que nota también Oviedo
(1) con respecto a
la guanábana y el anón. Fe de desear que un botánico observe las
flores, las hojas y las otras partes para aclararnos este punto de
la historia natural. Hablemos brevemente de otras frutas.
El mamey que es bastante grueso, es semejante en el color y en la
dureza a nuestros melocotones, y quizás es el único entre las
frutas de Tierra Firme que se conserva duro sin ablandarse nunca.
Por ser indigesto como los melocotones, no se aprecia mucho. Por
otra parte, no es desagradable al paladar, y yo en comparación con
otras frutas, no lo rechazaría. El aguacate, llamado también cura,
fuera de la pepa grande que tiene en el centro, tiene una carne tan
tierna que se come con cuchara. De por sí es insípido, pero si se
le pone un poco de sal o de miel se vuelve tan sabroso, que parece
almendra. La guayaba, que se divide en dos clases, la blanca y la
roja, es la mejor para las conservas, y volveremos a hablar de ella
en otro lugar. Si no se confita en azúcar o miel no merece muchos
elogios, hablo de la roja, porque la blanca es agradable. Lo que
digo también del pequeño fruto del hicaco, pero aquellos elogios
que negamos a estas frutas, se los damos de buena gana al níspero
americano, que se llama así por alguna semejanza de sabor con los
nuestros. Por lo demás, el níspero es del tamaño de pequeñas
manzanas, del color de las serbas maduras y de un gusto muy
agradable, para mí es la mejor fruta.
Los tamarindos producen vainas llenas de una pulpa un poco ácida y
refrigerante pegada a la semilla; aunque su frialdad no es tan
sana, qué agradable para quien se sirve de ellos para bebidas.
Deberé nombrar también entre las frutas propias de tierra caliente
los dátiles? Parece que no, si por dátiles entendemos no cualquier
fruto de palmera, sino solamente aquellos que se asemejan a los
africanos. Así lo dice Piedrahita (2). Pero los dátiles, ya sean originarios de
Tierra Firme, ya sean importados, aunque de tamaño más pequeño son
menos empalagosos que los africanos. He aquí lo que yo sé de las
frutas de las regiones civilizadas de Tierra Firme; advierto en fin
que las ya descritas, aunque algunas se encuentran también
silvestres, son sin embargo del género de las cultivadas en los
huertos por los indios y españoles.
(1) |
Historia Natural de las Indias. L. VIII, c. XVIII. |
(2) |
Hist. del Nuevo Reino lib. X. cap. IV. |
