CAPITULO IV
Del Tabaco.
En Tierra Firme uno no quedaría satisfecho con el chocolate si
después no se le ofreciera tabaco cuyo humo todos lo usan
abundantemente, ya por la humedad de la región, ya por el uso de la
moda. No se deben exceptuar ni las mujeres, ellas también lo
apetecen. Esta costumbre universal que allá quizás sea provechosa,
nos invita a hablar de una hierba que después de haber sido en su
principio americana, ya desde hace mucho tiempo se ha vuelto
también nuestra. No repetiré aquí las ridiculeces que muchos
escribieron en los tiempos antiguos con respecto a ella, cuando la
vieron por primera vez en boca de los indios; hoy se piensa de
manera distinta. Quien no quiere humo, lo quiere en polvo, en los
remedios se usan sus hojas, y el tabaco usado de diferentes maneras
se cree útil para muchas enfermedades; debemos agradecer por ésto a
América.
Pero yo haría una mala jugada a los sabios, si para abultar mi
historia, hablara aquí tontamente de lo que se encuentra
cómodamente en otros libros. Hablaré del tabaco después de que
muchos otros escribieron de él, pero declarando sólo algunas de sus
particularidades que afectan a la Tierra Firme en la cual se
cosecha muy abundantemente, nunca haciendo inútiles repeticiones de
lo que se ha dicho antes.
Y en primer lugar, es indudable que a nosotros nos llega de Tierra
Firme tanto tabaco, si no en polvo al menos en hojas, como de los
otros reinos americanos se lleva al resto de Europa. Es cierto que
en los años pasados la mayor parte del tabaco que se cosechaba en
Tierra Firme parecía consumirse allí mismo. Pero la estricta
vigilancia de los modernos gobernantes españoles, al poner en sus
costas fieles y valientes soldados con el fin de impedir el
contrabando, han aumentado inmensamente aquella cantidad de tabaco
que antes se creía apenas suficiente para el consumo local.
En este punto yo debo recordar con especial honor al señor D. José
Solano, muy conocido en España ya por su no común erudición, ya por
sus hazañas militares muy gloriosas. Este ilustre señor, que
después de tantos trabajos obtuvo finalmente en premio de la
munificencia real el gobierno de la provincia de Caracas, es
increíble hasta que punto le hizo en poco tiempo notables mejoras.
A todo se extendieron sus providencias. La que se refiere al tabaco
es muy singular, pues no contento con seguir las huellas que le
habían dejado sus antecesores, teniendo en cuenta siempre la idea
de hacerse útil, introdujo primero la manera brasileña de manipular
el tabaco, de manera que aunque de diferente origen, se le
pareciera por la manipulación. Esta medida que fue tomada a partir
de 1761, fue aprobada unánimemente, de tal manera que desde
entonces no sólo hay mucho consumo de tabaco en aquella provincia,
sino que también se exporta muchísimo a España por conducto de la
Compañía Guipuzcoana, de que hablaremos después. Y bien saben los
ingleses, que antes llevaban esta mercancía de Brasil a España,
cuánto daño les produjo esta medida.
Pero no sólo en la provincia de Caracas al mejorarse la elaboración
del tabaco se ha mejorado su comercio. Si yo hablara de todas las
regiones me alargaría demasiado. Me limito a hablar de las
plantaciones que se encuentran en toda la Tierra Firme, pero no de
todas, para no cansar al lector. Aquellas de que hablaremos son una
muestra de las otras. Y antes que todo, el tabaco que se encuentra
entre los indios salvajes, aunque no tan abundante como el de los
españoles, es sin embargo de óptima calidad. Vuélvase a leer lo que
dije en mi Orinoco (1), y pasemos ahora rápidamente a otros
lugares de Tierra Firme donde se atiende al cultivo del tabaco no
casi por pasatiempo,
como lo hacen los salvajes, sino de propósito.
El tabaco de las tierras calientes de la jurisdicción de Santafé y
Tunja no sólo es abundante sino también bueno; mejor es el de
Villavieja, óptimo en fin el de Girón, que se llama así por una
célebre región del mismo nombre. Pero dónde dejo a la pequeña
ciudad de Barinas, celebrísima por su tabaco, no sólo en América
sino en toda Francia, Inglaterra y Holanda? Quizás en toda la
Tierra Firme no hay lugar más apto para tales plantaciones, tierra
más feraz, clima más benigno. Muchas veces oí en el Orinoco, del
cual dista Barinas cerca de veinte días, la singular belleza de las
plantaciones de su tabaco y su extraordinaria abundancia. Y yo
mismo, aunque no haya estado nunca allá, hasta cierto punto soy
testigo de ésto, pues los hispanoorinoquenses no usan comúnmente
otro tabaco fuera del de Barinas. Baste lo dicho acerca de la hoja,
cuyo humo producido por cigarros y pipas dejamos de buena gana a
los americanos, pues en nuestra Italia, fuera de los marineros y de
otros pocos, gusta más y más frecuentemente se usa el polvo del
tabaco.
Y ni siquiera de ese polvo carece la Tierra Firme, pues aunque
muchos hispanoamericanos, sobre todo los vecinos de la costa, ya
por lujo o ya por deseo de singularizarse, se sirven igualmente del
tabaco de España y del de la Habana, el tabaco que se usa más
generalmente es el de Santafé, delgado como los demás, un poco
verdoso y de sabor tan grato que algunos especialmente en España lo
llaman tabaco para damas. Antiguamente este tabaco se llamaba de
Tunja, por haberse hecho allá la primera vez. Hoy en esa ciudad ya
no hay quien piense en hacerlo. Santafé, que le quitó juntamente
con la fabricación también el nombre, es la única que lo elabora. Y
aquellas fábricas no constituyen un monopolio real como otras en
América, pues todos pueden elaborarlo y venderlo a quien quiera.
Las casas en que se elabora, aunque no son muchas, sin embargo son
tantas que se estiman suficientes para el consumo del reino de
Santafé y del de Quito, a donde lo llevan los comerciantes.
En mis tiempos, en el Socorro se inauguró una fábrica de tabaco en
polvo que al principio, por ser consisten-
te y agradable y no tan caro corno el de Santafé, gustó mucho a
todos. Pero al poco tiempo, al encontrarse este nuevo tipo de
tabaco dañoso para la cabeza, se volvió al primero. Y estos son los
dos únicos lugares en que en toda la Tierra Firme hay fábricas de
tabaco en polvo.
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Tomo I, Lib. 4, Cap. 9. |
