CAPITULO III
De las vides.
 

 

Es cosa indudable, aunque por el excesivo calor parezca extraña, es cosa digo indudable que en los lugares cálidos de Tierra Firme se dan nuestras vides y producen uvas. Pero no se espere comerlas en abundancia y beber cuando estén maduras su precioso jugo puesto en toneles. No, estas delicias son para las zonas templadas, para la nuestra y para Chile que también disfruta de ellas. En Tierra Firme el comercio de los españoles que llevan allá vino de España no da lugar a que se cultive en abundancia la vid. Si hubiera allá vides, cuántas podría haber? Yo personalmente creo que muy pocas, y tal vez tantas cuantas plantas de higos de indias y otras exóticas se ven no en Roma sino en las ciudades menores del Estado Pontificio. Apenas se podría ver una parra en ciento, como de muestra o como un tiesto de flores en una ventana. Así al presente pasa en Tierra Firme y así pasaría si se extendiera el comercio de la uva.
No digo que las uvas no se produzcan bien en los climas cálidos. No ciertamente. La autoridad de algunos experimentados autores que las alaban mucho no me permite disminuír su mérito. Admitamos que sean buenas cuanto se quiera. El cultivo de las vides también entre nosotros que somos amantes de su licor y ciertamente ingeniosos y trabajadores, es cosa que cuesta no poco trabajo. Pero Sin duda es mayor la dificultad del cultivo de esa planta en los climas cálidos de América. Y queremos por lo tanto creer que las gentes de Tierra Firme que estiman otras bebidas suyas tanto como el vino, no estando acostumbrados a un trabajo largo y pesado, estimarían mucho como un privilegio el que se les concediera plantar en abundancia las vides? No lo creo.
Pero desarrollemos nuestro pensamiento, hablando por partes de todo. Y en primer lugar, para volver a lo que hemos dicho ya de paso, no se puede negar que las uvas de algunos lugares cálidos de Tierra Firme son buenas. Mas bien, si debo decir lo que oigo, parece que sea así, pues las tierras cálidas, si no todas al menos algunas, producen naturalmente las vides y dan fruto, aunque me informan que un poco áspero. De estas vides silvestres hay en las faldas del monte Tena, en las de una colina plana en su cima que se llama Mesa de Juan Díaz, en las de otra semejante que se llama Mesa de Caballero y quizás también en otros lugares no muy lejos de Santafé. Ahora bien, los agricultores afirman que en los lugares en que se da una planta silvestre se da también la cultivada. Si la singularidad de un fruto raro no hizo exagerar demasiado su sabor, se dice que los jesuítas antes de mi ida a América tenían en su posesión de Tena alguna parra cuyos frutos eran delicadísimos.
Yo no tuve nunca la suerte de probar uvas en Santafé, ni tengo noticia de alguien que la haya tenido, aunque señor y rico. La primera vez que tuve oportunidad de saborearlas fue en la Guaira, puerto de Caracas. Y Dios sabe si me gustaron muchísimo a mí que había estado tanto tiempo en el famoso y famélico Orinoco. Con todo esto, para decir verdad, las alabaron también otros que procedentes de regiones más civilizadas, estaban juntos conmigo en el nuevo convento de San Francisco. Y de estas alabanzas no son escasos los otros europeos que han comido la uva de Tierra Firme. He aquí lo que dice de esto un italiano que vivió mucho tiempo en Caracas: "En Caracas hay vides, producen uvas pero no llegan a madurar completamente; en las tierras cálidas, como en el puerto de la Guaira maduran a la perfección y producen fruto dos veces por año, y podrían producirlo hasta tres, pero las vides se agotarían demasiado pronto".
No son tan grandes los elogios que de la uva de Cartagena me comunicó un gentilísimo español. Pero sólo con decirnos que allá madura, la alabanza no es pequeña para aquellas tierras. He aquí sus palabras: "Respecto de las uvas diré solamente que yo (en Cartagena) tuve algunas vides en el patio del colegio que en catorce meses me dieron tres cosechas de uvas de la siguiente manera: después de haber podado la vid, al cabo de cuatro meses y medio la uva ya estaba madura, después de la cosecha se le quitaban los pámpanos y se volvía a podar otra vez. Al cabo de cuatro meses y medio se hacía otra vendimia, y de esta manera las vides van continuamente produciendo frutos". Hemos hablado de la bondad de las uvas de Tierra Firme, bondad que en comparación con las de nuestra Italia o España, doy por cierto que desaparece apenas se saborean.
Aclaro ahora otros puntos relativos al cultivo de la vid en América, a saber en lo climas cálidos de Tierra Firme. Sin duda todos habrán pensado en tantas podas, en tantas veces como se le quitan las hojas y en tantos frutos que dan, y al mismo tiempo habrán reflexionado que esas vides por la asidua producción de uvas, se esterilizan y mueren temprano, de manera que muchas veces sea conveniente renovar las plantas. Y así es. Así lo afirman los dos señores arriba citados, así también Oviedo (1) cuyas palabras me complazco en citar, para que al leer mis lectores la belleza de las uvas de Santo Domingo aparezca mi cuidado en poner a la vista las verdaderas alabanzas de Amérira. "Hánse puesto, dice él, é hay en esta cibdad muchas parras de las de Castilla é llevan buenas uvas, y es de creer que se harán en grande abundancia. si se dieren a ellas, entendiendo bien lo que han menester; porque como la tierra es húmeda, luego que ha dado la parra el fructo, si luego la podan, luego torna o broctar y assi se esquilman mucho é se envejecen presto. Estas se truxeron de Castilla, pero sin ellas, allende de las de la cibdad, hay muchas parras de las mismas en los heredamientos é poblaciones destas islas, traydas, como he dicho, de España. Non obstante lo qual, digo que en esta isla, como en otras, y en muchas tierras o partes de la Tierra Firme hay muchas parras salvajes de uvas, y de muchas dellas he yo comido en la Tierra Firme; é es cosa muy común, é assi creo que fueron todas las del mundo en su principio, é que de las tales se tomó el origen para las cultivar é hacer mejores''. (N. IX)
Nos queda por aclarar otra cosa a la cual no parece que pusieran cuidado Oviedo ni los Padres ya citados. Los insectos voraces, las aves, y sobre todo las avispas, en las tierras caliente no tienen número, y le gusta mucho la uva. No se preocupan de la uva no madura, pero apenas empieza a madurar, hélos aquí que vienen en bandadas copiosísimas. Por esto los de la Guaira para defender el racimo maduro, tienen que cubrirlo al menos de día, lo cual en una o dos parras es cosa trabajosa, pero factible. Sería lo mismo en una viña muy grande? No, ciertamente. Conclúyase por lo tanto que en los lugares cálidos el cultivo de las vides es cuestión de mucho trabajo, más teórico que práctico, inepto para extender el comercio y paradójico. No digo nada ni de los climas templados ni de los fríos, porque esos climas en Tierra Firme no son aptos en forma alguna para el cultivo de las vides.

(1)
Historia Natural, Lib. 8, cap. I.

 

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