CAPITULO II
De algunos cuadrúpedos de los climas cálidos.
Ya he resuelto no volver a decir nada inútilmente tanto de los
animales como de los vegetales de los climas cálidos, habiendo
hablado suficientemente de unos y otros en mi Orinoco. La semejanza
del clima, por lo demás, lleva consigo también la de los individuos
que se encuentran allá; plantas semejantes y también animales
semejantes. Con todo esto, las plantas y los animales de un clima
casi homogéneo parecen destinados por no sé qué oculta simpatía, a
vivir más bien en un lugar que en otro, aunque nos parezca de las
mismas cualidades.
Los ciervos de cuernos en forma de ramas muy frecuentes en el
Orinoco, en el Apure, en Casanare y en el Meta, me asegura una
persona muy bien informada, no se ven nunca en los países cálidos
situados al norte y al occidente de Santafé, ni en Villavieja ni en
el río de la Magdalena, lugares que son por lo demás cálidos como
los indicados arriba.
En los alrededores de Santafé, que como dijimos son fríos, hay
muchos ciervos de esta clase y de gran tamaño. No podríamos decir
que los ciervos de Casanare, del Orinoco. etc, bajaron de Santafé a
esas partes en busca de esos buenos pastos que allá se encuentran y
que habiéndose quedado allá, poco a poco se empequeñecieron por
acción del nuevo clima ardiente? Considerando la naturaleza de esos
cuadrúpedos que despreocupados consumen muchas horas en comer, yo
he llegado a pensar así, y ésta es una confirmación de mi
teoría.
La persona de bien y honorable señor que acabamos de citar, me
informa también que hay otra especie de ciervos de dos cuernos
delgados, de poco más de medio palmo parisiense de largos, que se
encuentran en el río de la Magdalena, y que se conocen allá con el
nombre general de ciervos. Son muy diferentes del Jaque del
Orinoco, o venado de cuerno peludo, (1) que dentro de poco volveremos a ver
también en la región fría de Santafé; digo que son diferentes por
lo que se refiere a la forma de los cuernos. En el color son quizás
más o menos iguales. Las varias especies de jabalíes del río de la
Magdalena y de otras tierras calientes, comparándolos con los del
Orinoco me parecen sustancialmente los mismos, aunque se llamen de
manera diferente. El puerco de monte, así lo llaman los españoles,
es negro con manchas blancas. El cafuche es completamente negro. Y
me parece que como los primeros son los baquiras de los Tamanacos y
de los segundos aquellos jabalíes que ellos llaman paineba. (2)
El río de la Magdalena fuera de los tipos corrientes de puercos,
tiene también otro anfibio, que no se encuentra en el Orinoco. Yo
cuando tuve conocimiento de él la primera vez lo creí de la especie
de los chigüiros del Orinoco, y pedí en seguida una aclaración a
quien me informó al respecto. Pero como evidentemente se ve por su
segunda carta, y mucho más por la comparación de los chigüiros con
él, es de especie diferente. Me complazco, en cosa para mí
novísima, dejar la palabra al gentilísimo autor que me dio la
noticia: "Hay, dice él, Ponchos (este es su nombre), son grisosos,
anfibios, de carne sabrosa semejante a la del puerco doméstico
cuando son pequeños, se zambullen y nadan por mucho tiempo en el
río". Y en otro lugar, repite con mayor claridad lo mismo: "Los
ponchos, dice, son como los puercos de año y medio o dos; su color
es grisoso, su carne muy blanca y sabrosa, tienen poca manteca,
andan en pequeñas manadas de ocho o diez. Se zambullen en el río y
los he visto pasar todo el de la Magdalena siempre por debajo de
agua".
Sobre estas palabras yo reflexiono en primer lugar acerca del
tamaño no pequeño de su cuerpo, lo que está muy de acuerdo con el
sistema adoptado por mí o por mis ojos con respecto a los animales
acuáticos o cuasi-acuáticos de América, como se puede ver en mi
Orinoco en el lugar citado al pie de la página. (3) Y he aquí que el excesivo calor
que contraría y casi extingue a los animales terrestres, en los
ponchos tiene casi una compensación en el agua en que ellos y otros
semejantes se zambullen. En segundo lugar, el sentido en que el
autor y yo llamamos a estos animales anfibios, no es tan estricto
que quiera decir que ellos no puedan vivir en tierra por largo
tiempo.
En efecto, nuestro autor me dice en la primera carta que cuando los
españoles los cogen pequeños y los tienen amarrados por algún
tiempo, se domestican y comen el alimento propio de los demás
puercos.
(1) |
Hablo de ellos en el Tomo I, lib. V, pág. 254. |
(2) |
Tomo I. lib. V. cap. VIII, pág. 252. |
(3) |
Tomo I, Nota XXIV. |
