PARTE VI
De las plantas propias de los climas fríos y templados
 

 

CAPITULO I
De algunas plantas silvestres semejantes a las nuestras
 

 

Al estado natural de los climas cálidos, que aunque feraces y ricos, son terribles por sus frecuentes tempestades y apenas tolerables por sus muchos venenosísimos insectos, contrapongo ahora el de los sitios fríos y templados, que como veremos adelante, son muy semejantes a los nuestros. Después de haber pasado la región muy caliente que de Cartagena se extiende hasta las faldas del monte Tena, produce una grata sorpresa, como se dijo en otra parte, el verse apenas se sube la cima en un lugar muy diferente al ya recorrido. Allá no se necesita más ni tener continuamente en las manos un pañuelo para alejar de las manos y de la cara los mosquitos que chupan insaciablemente la sangre, ni llamar rápidamente a quien saque las niguas que devoran la sangre de los pies, ni andar bajo un sol abrasador. Todo acaba al llegar allá.
Pero la mayor satisfacción, después de haber superado tantos trabajos y haber agradecido al cielo, es contemplar la tierra. Nosotros ahora debemos tratar de ella y de las plantas que allá se dan, pero con la condición de que yo me limite a esto, y no me vea obligado por nadie a tratar después de las regiones frías en particular, luego de las templadas y por fin de la misma manera de lo páramos o nevados. No. La materia que estoy tratando no permite más divisiones, es interesante pero limitada. Y si no fuera por la ayuda de algunos gentiles Padres amigos míos que me han favorecido enviándome importantes y útiles documentos, yo que durante mi permanencia en Santafé estuve casi siempre entre los libros, no podría ciertamente hablar tan extensa y autorizadamente como me glorío de hacerlo con su ayuda. Hablaremos por lo tanto de todo, y de las cosas de todos los lugares dichos sin orden, pero sin confundir al lector, porque cada vez yo iré indicando los lugares en que se encuentra cada cosa.
Y para comenzar por un territorio frío, y volver a aquellos de donde hemos salido poco antes, a saber el de Santafé, diré que en él se encuentran las siguientes plantas nacidas espontáneamente. I. La hierba de la gran sabana de Bogotá, sabana que se extiende ante dicha capital por muchas millas al occidente, al sur y al norte, es toda semejante a la de nuestros prados, apretada, tierna y siempre verde, no separada una macolla de la otra como en los climas cálidos, ni carrasposa al tacto, ni sujeta unas veces a crecer inmensamente por las lluvias torrenciales o a languidecer y secarse por ser víctima de las quemas. La tierra misma de estos prados no es arenosa y blancuzca o roja como la de los climas cálidos, sino negra, suelta y apta para cualquier cultivo. Cubierta en parte de árboles de bueno frutos, en parte sembrada abundantemente de trigo del nuestro y de maiz y de varias de nuestras legumbres, qué utilidad podría dar a sus habitantes esa espaciosa llanura, de la cual no gozan sino los animales bovinos reunidos allí de todas partes! No serían suficientes dos grandes corralejas, una para las vacas lecheras y otra para encerrar los terneros llevados de tierra caliente hasta que sean llevados al matadero?
II. En la sabana de que acabamos de hablar ví el trébol, pero aunque más vivo y rojo que el nuestro, no me pareció tan grande ni tan tupido, ni con tantas florecitas. III. En los mismos lugares hay también poleo en gran abundancia, hierba de gratísimo olor. IV. No digo nada de las hierbas palustres semejantes a las nuestras, de los juncos y plantas de este género que se encuentran también en los climas cálidos; nada de las hortigas, cicutas, cardos y otras hierbas de poco valor. Estas cosas algunos quizás no las querrían allá por ser inútiles, pero entre nosotros son de mucha utilidad para conocer las cualidades de un terreno que es casi europeo. V. Ví también allá en los lugares cultivados la manzanilla en surcos separados, y no nacida aquí y allá por el campo como en Italia, lo que me hace creer que allá no nace naturalmente sino que fue importada de España. VI. Naturalmente nace también la amapola y la verbena, hierbas como todos saben muy estimadas por su virtud de sanar las enfermedades o aliviarlas.
VII. En los lugares templados de la región de Santa Marta, cerca a la Sierra Nevada, una persona sabia me aseguró que hay campos enteros cubiertos de hierbabuena. Si creemos a un autor a quien nombraré después, en el Nuevo Reino no hay riachuelo que no tenga hierbabuena en sus orillas. En qué parte? El no lo dice, porque ordinariamente dice las cosas pero calla los lugares donde se encuentran. VIII. La salvia hortense y silvestre, dice el P. Alfonso Zamora dominico (1) se encuentra en todas partes. Y la primera, de la cual ahora no se habla, se encuentra ciertamente en Santafé, patria de este autor. Pero dónde se encuentra la segunda, cuyo conocimiento sería muy útil para aclarar este tema, él no lo dice ni yo recuerdo haberla visto en alguna de las muchas partes de Tierra Firme en que yo estuve. Con todo esto, si él dice que se encuentra en todas partes, por lo menos se encontrará en alguna aunque él no lo indique, lo cual es suficiente para nosotros. IX. Según el citado autor (2), que muy raras veces indica los lugares en que se encuentran las plantas que él describe, se encuentra allá también el romero silvestre, y dice ser de calidad más caliente que el cultivado importado de España. X. En la región templada de Caracas, nace abundante el berro, de cuyas hojas los caraqueños se sirven a veces para ensaladas.
Después de haber hablado brevemente de nuestras hierbas que nacen por sí mismas en Santafé y en otros lugares de climas fríos y templados, vamos ahora a hablar también aunque brevemente de algunos arbustos, porque árboles como los nuestros, es decir encinas, hayas y semejantes allá yo no los ví. I. A los pies de los altos montes que se levantan a espaldas de Santafé hay muchos de aquellos arbustos silvestres que producen moras. II. Allá mismo, y también en otros lugares de la sabana de Bogotá, se encuentra mirto y laurel. III. Entre las plantas nativas de Santafé debo nombrar en fin el lentisco, que produce una resma que mucha gente usa para sahumar las ollas en que conservan el agua para beber, así la purifican y la hacen sabrosa. No recuerdo haber observado alguna otra planta nuestra en los clima fríos.

(1)
Historia de la Provincia de San Antonino del N. R. de Granada, lib. I, cap. IX
(2)
Ibid. cap. IX.
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