CAPITULO II
De las plantas silvestres diferentes de las nuestras.
 

 

Entre tantas plantas por la que el clima frío y el templado se parece mucho al nuestro, se ven también otras y son la mayoría, que silenciosamente te dicen: ésta no es Italia. Pero no por esto son indignas de nuestra consideración. Por el contrario, como en seguida lo diremos, lo son muchísimo. No vamos a describirlas todas para no tener dificultad con su multitud. He aquí las más preciadas, y ruego a los lectores contentarse con las palabras españolas o indias con que las llamaremos.
I.. En el clima frío, verbigracia en el de Santafé nace cierto arbolito llamado uvilla que tiene 16 palmos de altura, frondoso y en su tiempo lleno de muchas frutas de color azul oscuro. Lo santafereños usan esas frutas para hacer tinta, poniéndolas a hervir después de haberlas macerado en una vasija apta para ese fin, la sacan después del fuego, la cuelan y le ponen finalmente un poquito de caparrosa. Esta tinta, según dice quien la conoció bien, es de una resistencia maravillosa, de un negro que tira al azul, brillante y no pierde nunca su belleza. Todos los notarios la usan en Santafé, y dicen (así me lo asegura un corresponsal) que hay una orden de España para que no se redacten papeles con otra tinta, ya en las oficinas públicas, ya en los tribunales.
"Entre los arbustos que por su pequeñez semejantes al anterior (cito las palabras textuales del corresponsal que acabo de citar) está también el de la Pimienta. La figura de sus bayas, el sabor y el olor son seméjantes en todo al de la pimienta de Jamaica o al de los clavos. Yo hice el experimento, pero estas pequeñas frutas apenas se secan pierden mucho de su virtud. Los holandeses y los ingleses conocen la manera de conservar su vigor". Y continúo aprovechando la ciencia de mi noble corresponsal: "En aquella selva que se encuentra entre la ciudad de Tunja y la población india llamada Chiquinquirá, se encuentra la canela. Me dieron un pedazo de cáscara o algún pequeño fragmento de madera el señor doctor Escobar y el maestro Sánchez (son nombres de dos ilustres sacerdotes de aquellas regiones) y tanto la una como la otra sabían a canela olorosa y gallarda. Yo anteriormente había probado una canela semejante a ésta y es la que llevan a Villavieja los indios Andaquíes, que están entre Popayán y Timaná o la Plata. Su sabor y vigor es como el de la mejor canela, pero puesta en el chocolate y en cualquiera otra cosa a hervir juntas, pierde toda fuerza y sabor". Afortunadamente! Por fin sabemos por boca de un ingenuo narrador que la canela americana fuera de aquella del clima caliente del Orinoco que ya describí (1), se encuentra también en la jurisdicción de Tunja, en las regiones de los Andaquíes, lugares más fríos que Santafé.
Quién podría creer que en el clima frío de Santafé se encuentre igualmente aquel afamado febrífugo que se llama quina? Yo sabía que la hay también en el Orinoco en la región en que los misioneros capuchinos trabajan en favor del prójimo, y ya hablé de esto en otro lugar (2). Pero no habría creído nunca que en Tierra Firme se diera también en clima frío. De esta noticia soy deudor reciente a dos sabios españoles, al primero de los cuales tuve, como profesor en mis estudios teológicos en Santafé en el Nuevo Reino, y al cual por muchos motivos guardo eterna gratitud. Hablo del Padre Santiago Torres muy conocido por su gran talento, quien me contó de viva voz el descubrimiento de la quina en Santafé. Para mayor abundamiento quise pedir también noticias por carta a otro no menos ilustre sabio, el Padre Manuel Balzátegui, de quien quedo muy agradecido. Y he aquí lo que él me contestó en carta de 13 de junio de 1783.
"Por lo que se refiere a la quina le diré individualmente lo que se me escribió de Santafé con fecha 15 de marzo de 1779: Ha llegado aquí de Panamá un médico (no me dice el nombre) (3) que dice haber descubierto la Cascarilla, que en otros términos se llama quina, en los montes de Facatativá y de Tena. El fue a informar a la Corte de Madrid, y le encargaron su cuidado con una pensión de mil escudos. Esto montes, es decir los que corren entre Tena y Facatativá en la parte desde la cual miran a la sabana de Santafé, son más bien fríos que calientes, mientras por el contrario, son más cálidos que fríos del otro lado que mira a los valles de Tena. Y son estos montes precisamente aquellos que se extienden de la posesión de Fute hasta la de Tena, como usted se acordará fácilmente". Qué documento más preciso que éste puedo yo traer para confirmar no menos esto que estamos tratando, como para justificada alabanza de las sabias providencias con que España promueve infatigablemente las riquezas de Tierra Firme?
Pero debemos internarnos algunas millas más allá de Santafé, y en los climas muy fríos que he indicado al principio, observar con exactitud dos plantas no muy grandes pero muy estimadas. De la primera yo conservo todavía algunas ramitas, se llama viravira y por su hojas y por su flor que es amarillenta y viscosa no es muy diferente de nuestro ajenjo. Tendrá ciertamente muchas virtudes, las que por otra parte se quedarán en la oscuridad hasta que tengan la suerte de caer bajo la mirada de un experto botánico. No le conozco otra cualidad fuera de la de purificar el agua que se pone en las ollas, para hacerla más ligera y sabrosa, da manera que muchos la prefieren al sahumerio de flor de lentisco, que por otra parte es muy apreciable.
Después de la viravira viene el frailejón que es frecuente en dicho clima. Yo lo ví muchas veces. Pero al describirlo, me gusta seguir en todo lo que dice de él el citado y exacto corresponsal. "El Frailejón, dice él, es un arbusto de cinco a seis palmos de altura, su tallo es del tamaño de la pierna de un niño pequeño, sus hojas tienen la forma de orejas de burro y su anchura es de cuatro a cinco dedos. Entre las hojas y el tallo se encuentra una resma amarilla. Amarillas son también sus flores y están dispuestas en macetas; las hoja aunque verdes a la vista, son peludas y parecen aterciopeladas. Los que sufren del frío, ponen esas hojas en los zapatos para calentar los pies. Igualmente algunos al pasar los páramos (lugares muy fríos que ya describimos) llevan consigo algunas hojas para ponerlas entre las sábanas, lo que les es de mucha utilidad contra el frío. La resma amarilla que dije encontrarse entre las hojas y el tallo es muy cálida, y mezclada con clara de huevo se usa para tratar las fracturas de los brazos y piernas y para lo dolores nerviosos. Pulverizada, se hace un emplasto junto con una serpiente Tatacua, o sea de dos cabezas, pulverizada también, para sanar infaliblemente toda dislocación". Hasta aquí el citado Padre.
Y como casi sin darnos cuenta hemos entrado a hablar de las hierbas y plantas medicinales nativas de los climas fríos de Tierra Firme, será bueno tratar aquí separadamente de todos. I. El Padre Zamora habla de la raiz que llaman de China, pero sin decirnos donde se encuentra. Parece que sea de clima frío, y por esto trato de ella en este lugar. El citado Padre dice que es buena para sanar llagas, pero no especifica la manera de usarla. Aquí se hace de ella otro uso. II. El mismo autor (pero por suerte especificadamente contra su costumbre) habla igualmente del celebrísimo emético que llaman mechoacan y que tiene este nombre de una de las provincias de México donde primero se encontró. Monardes, médico español muy conocido según Zamora, lo llama ruibarbo de las Indias por su cualidad purgativa, y dice que se encuentra en la región fría de Guatavita, Suesca y Soacha.
III. La Zarzaparrilla, tan estimada por los enfermos de morbo gálico y útil también para purificar la sangre, se encuentra en varios climas, y según Zamora, no falta en el territorio templado de los Utagaos. IV. También en la montaña templada de Caracas (así me informa un carísimo amigo) además de la planta de zarzaparrilla y de mechoacan hay la que nuestros boticarios llaman hipecacuana, muy afamada como emético. V. Allá mismo, dice él, se encuentra la Jalapa, otro emético muy estimado, el
sen, y Dios sabe cuántos otros específicos buenos para curar las enfermedades si la gente los conociera bien y los herbolarios se los mostrara. VI. Por último, entre las plantas medicinales es muy apreciada la que se llama calaguala. Se encuentra en el cerro frío que está a espaldas de Santafé, en el que queda al norte de la ciudad de Caracas y en otras partes de clima semejante. La planta de la calaguala es pequeña, y la figura de sus hojas es muy semejante a la de la palma, pero lo que de ella se aprecia más son su raíces de las cuales se hace una decocción que, si la beben los que por caída o golpe tienen magulladuras en el cuerpo, dicen que es maravillosa para
arrojar por la boca o por otra vía la sangre coagulada en tales casos.

(1)
Tomo I lib. V, cap. IV.
(2)
lbidem.
(3)
D. Sebastián José López Ruiz (N. del T.)
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