CAPITULO II
OBSERVACIONES SOBRE LAS PLANTAS FORANEAS Y NATIVAS DE LOS ANTEDICHOS CLIMAS
 

 

Después de haber descrito las plantas hispanoamericanas de los climas templados y fríos de Tierra Firme, pide el buen orden que hagamos algunas reflexiones con respecto a ellas. I-Al leer el pequeño catálogo que hice, salta la vista en seguida la escasez de plantas. No sé si la culpa se debe atribuír a la tierra o a sus cultivadores. Quiero aclarar, si lo logro, este punto de agricultura americana. Ya en las historias impresas de Tierra Firme, ya en los manuscritos que me enviaron mis amigos, leo cosas entre sí opuestas acerca de los frutos de lo mismos vegetales. Membrillos agradables y desagradables, duraznos sabrosos e insípidos y feos, etc. y al reflexionar en esto me parece ante todo que no se han ensayado todos los métodos para mejorar nuestras plantas en los lugares en que los frutos han salido malos. Se les permite a las plantas florecer en todo el año a su antojo. Todo el año están cargadas de frutos, todo el año de flores. Por consiguiente, ¿qué de raro tiene, si debilitada la planta, ningún fruto llega a la perfección sino por casualidad?
Las cosas pasarían de otra manera si se quitaran alguna vez las frutas que sobran, si se disminuyera la excesiva abundancia de flores, y se cuidara por ejemplo el durazno como se cuida en Italia. Sin embargo, he aquí lo que se puede decir en segundo lugar, vemos en Tierra Firme, por ejemplo en Pamplona, membrillos que aunque se dejen florecer y fructificar como los de Santafé, sin embargo tienen tanto capital, por decirlo así, cuanto es suficiente para gastarlo en buenos frutos sin daño para ellos. Y como su cultivo, así pienso yo, no es diferente del de Santafé, ese fenómeno me obliga a decir que su belleza la toman toda de la tierra en que se dan. Y he aquí un hecho al cual, según mi parecer, se ha dado poca importancia en la plantación de nuestros árboles en Tierra Firme.
Para este fin se han escogido los sitios más cómodos para los habitantes, verbigracia los huertos de Santafé que están recostados contra los cerros que dominan la ciudad, pero que no son los lugares más oportunos para esas plantas en esa parte del mundo, como quizás lo son las regiones planas y abiertas al sol. Y cuántas regiones hay de esas, si se quisiera cultivarlas! Tal me pareció la de Tunjuelo, tales las orillas del Bosa y del Bogotá, tales otros muchos lugares. Esta observación cuidadosa de los lugares, no sólo mejoraría las plantas que allá se cultivaran, sino que aumentaría también su variedad, ya que se encuentran lugares apropiados para cerezos, castaños, y nogales que faltan en la actualidad. II..-Esta mejoría de nuestros árboles en Tierra Firme es posible con el tiempo. En la actualidad parece ser la verdad lo que escribió el señor Lorenzana (1) que fue arzobispo de Méjico y ahora lo es de la noble ciudad de Toledo, a saber, que los frutos europeos, según él, se dan todos en América, aunque no tan sustanciosos como los de España.
III.-Este juicio, por otra parte, al menos en Tierra Firme, es demasiado general. Nosotros hace poco y en otras muchas partes hemos dicho que son óptimos los membrillos de Pamplona, muy buenas las manzanas de Tunja, y no inferiores a las nuestras las almendras de Firavitoba. Lo mismo, si oimos a otros, debe decirse de las uvas de la Guaira, lo cual puede depender de alguna de esas causas que hemos anotado para demostrar su bondad, es decir, el cultivo más diligente o la mejor calidad de la tierra en que están. IV-Pero sea lo que fuere de la condición de nuestros árboles en Tierra Firme, las hierbas que se han transplantado allá de España son óptimas y no inferiores a las nuestras. El error de los primeros españoles fue quererlo todo en todas partes, sin hacer distinción de clima. Pero después de haber conocido las diferencias y haber confiado a cada clima las semillas que más le convienen, todas las hierbas han nacido y florecido muy bien.
Yo enumeré muchas arriba, y no debo demorarme más en tratar de una cosa que no sólo es verdadera sino evidentísima. V-Lo mismo diría, guardada proporción, de algunas pequeñas plantas nuestras que son de mayor resistencia que las hierbas, verbigracia la ruda, la salvia, el romero y otras semejantes. Me limito a hablar un poco de esta última. "El romero transplantado de España, dice el P. Zamora (2), crece tanto en las huertas y jardines, que se pudiera numerar entre los árboles. Siempre está lleno de hojas, y flores". Y esto no es de admirar. El clima de Santafé no es como el nuestro, sujeto en el verano a grandes calores y en el invierno a fríos intolerables. Todo el año como hemos dicho en otra parte, es casi siempre el mismo a saber, lluvioso, húmedo y siempre verde el campo. VI- Yo diría que entre tales climas y los de Italia hay como una alianza natural para producir recíprocamente los frutos y hierbas que de un clima se transplantan al otro, y en producirlos perfectos. De este hecho tengo como testigo evidente las papas, los pimientos, los tomates y otros frutos semejantes.
Tenemos varios arbustos de esos en los jardines botánicos. Los árboles tienen más dificultad que los arbustos para nacer y florecer. Pero de éstos también tenemos, si tan bellos como los americanos, o inferiores a ellos, lo dirá quien quiera hacer la comparación. De lo dicho parece que se debe deducir que Italia no tiene algunas plantas de América, porque quizás nadie se ha preocupado por obtener las que nacen en los lugares fríos de la misma América. ¿Por qué no se podrían dar bien entre nosotros la calaguala, el mechoacan, la jalapa, la zarzaparrilla, etc.? Las plantas de esos lugares hechas nuestras, trasplantándolas a Italia, no serían nunca semejantes en todo a sus parientes americanas, es decir aquí no estarían siempre verdes, con hojas, con flores y con frutos, lo que depende de la uniformidad de las estaciones de dichos lugares no sometidos ni al demasiado frío ni al excesivo calor, sino siempre los mismos durante todo el año.
VIII-Esta incierta aparición de nuestras plantas en América se nota también en las plantas nativas, pero sólo en los lugares que hemos nombrado muchas veces, y sería estulticia grande quererla extender también a los lugares cálidos. IX-En su mayoría, las plantas de los climas fríos se encuentran también en los templados, pero éstos fuéra de las plantas de los climas fríos tienen también las de clima caliente, verbigracia el guineo, la yuca dulce, las frutas agrias, etc.
X-Es cosa que maravilla ver en América el reino vegetal tan bien repartido en diferentes lugares; ninguna planta pasa los límites de la otra sino en cuanto a la frontera, por decirlo así, de lo lugares templados. Cuanto más se aleja la región templada de la caliente, tanto más difieren sus productos. De tal suerte que al llegar por fin a la fría, ya no tiene ninguna de sus antiguas plantas. En Santafé, lugar del todo frío como hemos dicho muchas veces, no hay bananos de ninguna clase, papayos, yucas, ñames ni ninguna otra cosa de las que producen los climas cálidos.
¿Quién podría creer que tampoco hay allá frutas agrias, tan abundantes en los climas templados y calientes? y sin embargo, de éste género de plantas no se ve ninguna en Santafé ni plantada en tierra, ni puesta según nuestra costumbre en tazas. De lo cual no parece que se deba echar la culpa a la tierra como a sus habitantes que podrían obtenerlas fácilmente por lo menos en tazas, ya que el clima es frío pero no mucho. Sin embargo, sus costumbres no lo permiten y mucho menos se piensa en invernáculos mediante los cuales los frutos de una región se hacen casi nativos de otra.

(1)
En la nueva edición de Cartas de Cortés. Nota I. pág. 222.
(2)
Hist. del Nuevo Reyno, lib. I, cap. X.
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