CAPITULO III
DEL ESTADO DE NUESTRO TRIGO EN TIERRA FIRME
Ninguna planta nuestra merecía más ser aclimatada en América que
el trigo, y entre tantas que fueron llevadas por los españoles, por
ventura es esa la que sin disputa ocupa el primer puesto. Hemos
creído agradar a nuestros lectores al interrogar con toda exactitud
acerca de ella a personas que conocen el tema a cabalidad, a fin de
que sumando nuestras luces a las suyas, no digamos nada que no esté
conforme con la verdad. Y viniendo en primer lugar a aquellas
tierras que han escogido los hispanoamericanos para sembrar el
trigo, es bueno que digamos de paso que no son buenas para tal
semilla las tierras calientes. Sé muy bien que en la estación de
las lluvias nacerían allí, y de hecho nació en el lugar muy
caliente de Cabruta, cuando en mis tiempos una señora caraqueña
sembró un surco como por ensayo, dio fruto y no era malo.
Con todo esto, este ejemplo no vale para mí en el sentido de
convencerme de que dichas tierras sean apropiadas para producir
trigo, de manera que sembrándolo en abundancia se produzca bien. La
caña del trigo de que hablo no sobrepasó la altura de un palmo. La
semilla, de la cual no me acuerdo, era quizás más pequeña de la que
se había sembrado para producirlo. Pero concedamos que fuera igual.
¿Quién me asegura que vuelto a sembrar de nuevo no degenere a tal
punto, que ya no llegue a producir espiga alguna o la produzca in
semilla? Léase por favor, cómo degeneraron en el Orinoco las
calabazas españolas (1) que yo sembré con semilla llevada de
España, calabazas que en el primer año fueron bellísimas, pero
vuelta a sembrar la semilla que produjeron, empeoraron en tal
forma, que eran una cosa totalmente distinta de las primeras, hasta
que pereció la especie.
En tan comunes metamorfosis de nuestras plantas en América quizás
no reflexionó un carísimo compañero de misión a quien parece por el
ejemplo propuesto, que las llanuras del Orinoco con utilidad de sus
moradores se podrían sembrar de trigo. Yo citaré sus palabras a fin
de que siga su opinión el que quiera: "En Cabruta, dice él, clima
caliente como usted sabe, la señora doña María Luisa Vargas
Machuca, a quien usted conoce muy bien y ya citada en la primera
parte de su historia, sembró un pequeño surco de trigo en su huerta
en el mes de mayo, y yo lo vi ya espigado, lo cosechó bien aunque
la caña no se levantó más de un palmo sobre la tierra". Observación
muy útil, si para confirmarla bastara sólo un caso! Ese fenómeno no
se volvió a repetir, y mucho menos se repitió con la semilla así
obtenida, semilla que en mi opinión es defectuosa y a la que debe
atribuírse el supuesto desmejoramiento del trigo.
¿Pero qué diríamos si se sembraran los campos del Orinoco, no con
aquellas semillas sino con otras buenas llevadas allí de otra parte
todos los años? ¿Se daría allí buen trigo? Parece que sí, al menos
en aquella forma en que se da en Cabruta. Aunque para tal fin, sin
abonar un un poco la tierra, serían inadecuados los campos, de por
sí estériles para producir plantas distintas de las que allí nacen
naturalmente. Pero en las faldas selvosas de los montes, estoy
persuadido de que en tiempos de lluvia nacerían allí, produciendo
fruto con ventaja de los habitantes.
No me parece que en favor del trigo deba aducirse el ejemplo del
arroz. La naturaleza del trigo, aunque un poco semejante a la del
otro, en cuanto al cultivo es muy diferente. El primero es de los
lugares secos, el segundo de los pantanosos; el uno es delicado,
sensible a las nieblas, le hace mal el viento ya demasiado, ya
fuerte; el otro es fuerte y capaz de soportar las mayores
inclemencias. Fuera de que el arroz en los campos vecinos al río
Orinoco nace allá naturalmente por sí mismo; no nace allí el trigo.
No se admiren pues, si el arroz suave que se siembra allá resulta
no sólo bueno, sino óptimo. A un tiro de piedra de mi cabaña, tuve
una sementerita de arroz de maravillosa altura y belleza, que
después de la primera cosecha abundante, cortada a ras de tierra,
renació a mediana altura y me dio una segunda cosecha, aunque de
espiga pequeña y de grano no tan grueso como la primera vez.
Visto ya que el clima caliente es poco o quizás nada apropiado para
sembrar el trigo, nos queda por hablar del clima templado. Y de
éste, quizás mejor que del anterior, oiremos inmediatamente hablar
de nuevo al ya citado compañero de misión. No dudo de que en la
templada llanura en que está situada Caracas, se dio antiguamente
el trigo, y se cultiva todavía muy hermoso y lo comen sus
habitantes. Ahora es muy difícil obtenerlo y es bastante raro que
haya quien quiera sembrarlo en sus tierras. ¿Pero qué fenómeno es
ese? ¿Ha cambiado quizás la tierra? ¿Ha cambiado el clima? ¿Se ha
cambiado el cultivo? Nada de esto, si no estoy en un error, sino
que como veremos, parece que el verdadero motivo es la excesiva
afición de los campesinos a sembrar el trigo en tiempo
inoportuno.
Creyendo ellos que toda tierra es como la nuestra, siembran los
campos de Caracas en el tiempo en que se siembra en España. Crece
así el trigo sembrado, pero crece para su daño, pues cuando está
más bonito, vienen los vientos del norte, lo dañan de tal manera
que se secan inmediatamente las espigas que no han llegado todavía
a su madurez. Si se le pudiera evitar este tiempo fatal y se
anticipara algunos meses su siembra, esta nueva forma de
agricultura le sería tan provechosa, de manera que podría dar su
fruto grande y bello como en los años anteriores? Parece que no se
puede dudar. Pero ya es tiempo de oír las sabias reflexiones que
acerca del particular hace el citado Padre.
"El valle en que está situada la ciudad de Caracas, tiene al
oriente llanuras muy bonitas de cerca de seis millas de longitud y
una y más de anchura. Antiguamente se sembraba allá el trigo, y se
recogía una buena cosecha. Pero luego, perdida la cosecha por años
consecutivos, ya no se volvió a sembrar. Por esto, en la actualidad
Caracas se provee de harina para el pan en parte de los navíos que
llegan de España y en parte de los que vuelven de Veracruz, puerto
de México. Como yo me pusiera a investigar la causa de la pérdida
de la cosecha de trigo, encontré que no podía ser otra que los
vientos del norte, que son periódicos en aquel clima. He aquí la
razón de mi juicio que para mí es evidente. Los granos se sembraban
en el tiempo en que se siembran en Europa, pero por la dulzura de
aquel clima, el trigo florece por la Navidad es decir a fines de
diciembre. Y es precisamente en ese tiempo cuando los vientos del
norte se hacen sentir más en las flores del campo, pues los vientos
del norte, al encontrar el trigo ya florecido, queman la espiga de
manera que no queda ni un granito".
"Cuando yo me encontraba en Caracas, una señora de aquella región
me convidó a su quinta de campo en el mes de noviembre. Fuí allá y
ella me mostró su jardín y toda la hacienda. Entre otras cosas me
mostró un pedazo de tierra sembrado de trigo que había crecido
hasta la mitad de la altura de la señora. Yo que había notado ya lo
que expongo, le dije: Señora, usted no cosechará ni un granito de
este campo. Ella sostuvo lo contrario y yo le repliqué que si lo
hubiera hecho sembrar en otro tiempo habría tenido una buena
cosecha. Nuestra disputa terminó así. Pero mi pronóstico se cumplió
a cabalidad. Por consiguiente, yo concluí para mí, y lo dije a más
de uno, que el trigo debe sembrarse en aquel clima en el mes de
abril o de mayo, tiempo en que caen la lluvias de costumbre en
aquella región. Y después, aunque no lleguen estas lluvias, como
las aguas corren en abundancia de las montañas cercanas, pueden
regar el campo cuando faltan las lluvias del cielo".
Muy bien; pero cuando el trigo se dio bien, como se supone que
aconteció antes, por qué no lo dañaron los vientos del norte,
aunque empezaron en el tiempo en que florecía? Mi amigo no me
escribe nada acerca de esto. Pero yo para sostener mi justa
opinión, creo que entonces los vientos del norte no eran tan
fuertes como ahora, lo cual no es cosa que no pueda confirmarse con
algunos buenos ejemplos. Pero baste uno entre muchos. El frío de
Roma en el año 1782, cuántos limoneros y naranjales dañó, que con
una estación fría ordinaria no hubieran perecido? Ahora imagínese
que un frío de este género hubiera continuado por dos, tres, cuatro
y cinco años consecutivos. ¿Quién habría pensado, después de la
extinción de todas las plantas agrias, en poblar otra vez con ellas
los jardines? Otro tanto creo yo que pasó con el trigo de Caracas.
Los vientos del norte burlaron muchas esperanzas de los
cultivadores, y este repetido daño les descorazonó de tal manera
que ya no lo cultivan sino casi para recordar a sus hijos que
existió muy bonito en otra época en sus campos.
Por lo dicho se ve claramente que las regiones templadas son de por
sí apropiadas para producir trigo. Pero mucho mejores que las
caraqueñas, son las templadas y frías del interior, porque lejos
del mar, no están tan sometidas al viento ya citado. El distrito de
Trujillo y de Tocuyo, ciudades que están en la frontera occidental
de la provincia de Caracas, abundan en trigo de óptima calidad. Y
si no fuesen excesivos los gastos que se deberían hacer para
transportarlo por tierra, ya que no hay ríos por donde llevarlo,
esas dos ciudades junto con Caracas estarían en capacidad de
proveer con mucho a la densa población de la Guaira y a los navíos
que de ahí zarpan para España. Pero todos los lugares ya templados
ya fríos de Tierra Firme, no pueden compararse con los de Santafé y
Tunja. Esta nación parece nacida para el trigo que se encuentra en
todas partes, lo mismo en los llanos que en los valles. Esto es
suficientemente claro, y para confirmarlo no debo hablar más
inútilmente.
Después de lo anterior, es natural que tengamos el deseo de conocer
el cultivo del trigo en aquellos lugares. Me limitaré a hablar del
que se usa en Satafé, y del cual me informa un sujeto, no sólo
persona de bien, sino también muy experto en esta materia por haber
vivido muchos años en Fute, una de las antiguas posesiones de los
jesuítas. I-El campo destinado para el trigo se ara tres veces, a
saber cuando se rompe, al entrecruzar los surcos y finalmente en
tiempo de siembra. II-Ordinariamente una tierra se siembra dos años
consecutivos y se la deja descansar el tercero. III-No se usa nunca
abono. IV-A causa de la extensión de las tierras, cuando se ha
explotado una, pasan a otra para cultivarla. En Fute, el trigo se
siembra a fines de marzo y se siega a fines de agosto.
Acerca de las nieblas y los vientos fuera de estación, que dañan
tanto la granazón de nuestros trigos, parece que en Tierra Firme
parece que nadie se ha ocupado de esto a fin de poder dar un juicio
seguro. La plaga más importante del trigo en aquellos lugares
(fuera de la que aquí y allá quema las espigas y las carboniza) se
llama polvillo, y quizás no se encuentra otra semejante en ninguna
otra parte del mundo. Se da en Firavitoba y en otras partes de lo
climas fríos y templados, y es un insecto de color tabaco, tan
pequeño que casi escapa a la vista si se mira uno solo. Pero su
abundancia lo hace más perceptible de lo deseado, pues se colocan
muchos en las espigas todavía tiernas del trigo, de manera que las
privan de su jugo vital y las reducen miserablemente a polvo. Por
este terrible efecto se llama polvillo.
Nos quedan por tratar otras dos cosas muy dignas de saberse; de una
que es la de la cantidad de trigo que se consume para hacer pan,
nos libraremos muy brevemente, diciendo que fuera de las regiones
templadas y frías en que nace el trigo, en los lugares cálidos y
mediterráneos es muy raro el que lo usen. En la misma Santafé,
donde hay mucho trigo, fuera de la gente acomodada, la ordinaria en
su mayoría se sirve del maíz, ni más ni menos que en el Orinoco, lo
que atribuyo no tanto a la pobreza como a la afición que tienen por
este grano, que ni aun los señores se sienten rebajados comiéndolo
y aun lo prefieren más de una vez al pan de trigo. En las mesas de
la gente culta de Caracas, yo oí muchas veces que la moda exigía
que se llevara toda suerte de pan, tanto el nuestro como el
americano, para que cada cual comiera el que más le agradara, y así
uno tomaba arepa, otro casabe y algunos de todos.
Estas costumbres de mesa nos parecen extrañas y aun bárbaras, pero
estoy seguro de que a muchos que aquí las desdeñarían, seríanles
quizás gratas en América. Hay que pensar que los panes exóticos de
que hemos hablado aunque sucios en el Orinoco, entre los caraqueños
son fabricados con singular limpieza por las sirvientas, entre las
cuales hay algunas que no tienen en casa otro oficio que el de
hacer el pan de la manera que hemos dicho. Pero sea lo que fuere de
las costumbres que en todo el mundo son diferentes, parece que no
se puede negar que en Tierra Firme se consume poco pan del nuestro
con relación al número de sus habitantes. Santafé se dice que tiene
cerca de cuarenta mil, y sin embargo no hay sino dos molinos, el
llamado del Aserrío y otro llamado el Cubo, lo cual indica que es
muy poco el trabajo ya que no hay obstáculo para aumentar su
número. Estoy seguro de que la posesión de Fute no vendía nunca
trigo, otros lo venden pero en pequeña cantidad. ¿Qué indica esto
sino, que la cosecha también es reducida? Así es, pero por otra
parte es muy cierto que no hay mucho, porque se siembra poco. Las
tierras aunque aradas tan débilmente como hemos dicho, son óptimas
para producir trigo y son muchas.
Y vamos a satisfacer a una pregunta, y es precisamente la otra cosa
acerca de la cual me he propuesto entretener un poco más
detenidamente a los lectores. No se puede leer sin sorpresa lo que
algunos cuentan del rendimiento del trigo en América. Léase a
Frezier (2), que
dice que en Chile rinde 60, 80 y hasta 100 por uno que se siembre.
Raynal (3) agrega
que la cosecha de ciento por uno allá se juzga mala. Pero nadie
exagera más que Abeville (4) quien llega a decir que algunos valles de
Chile rinden muchas veces hasta el doscientos por uno. He citado
sin comentario las afirmaciones de estos autores y si quisiera
podría hacer otras cien citas de este género que originarían un
verdadero asombro. Semejante maravilla o estupor creo que he
despertado en mis lectores, y me parece verlos en actitud de
preguntarme la verdad. ¿Qué puedo decir? la autoridad de los que
escribieron así, pide de mi parte respeto. Pero si una región de
América puede compararse con otra, y si las cualidades de una
pueden asemejarse a las de otra, he aquí lo que yo sé acerca del
rendimiento del trigo en Tierra Firme.
I-En Fute, que es uno de los mejores lugares en los alrededores de
Santafé, persona muy respetable me dice que el trigo rinde como
aquí entre nosotros. Sé muy bien que se guarda en montoneras
compactas, y se trilla sólo cuando hay necesidad y en pequeña
cantidad, de manera que no se puede saber nunca el rendimiento del
trigo, sino con mucho trabajo. Con todo esto, cuando una persona
informada al respecto afirma que la cosecha de Fute es semejante a
la de nuestros campos, ¿quién me prohibe decir que si no en todo,
al menos en gran parte le es muy semejante? En este caso, el trigo
de Santafé por regla general no excedería a un ocho, diez o doce
por uno de rendimiento.
II-El sujeto ya citado excluye algunas parcelas de tierra más
feraces, que rinden a sus cultivadores más de lo común. Y esta
excepción que muchos no tienen en cuenta porque consideran todo
confusamente, merece tenerse siempre muy presente para no
equivocarse en este particular. Decir que del trigo sembrado se
saca cierta cantidad, sin distinguir entre una tierra y otra, sin
diferenciar la tierra buena de la mala, indica en seguida que no se
sabe nada de agricultura. Y digo aún más. Una afirmación definitiva
acerca de este punto, verbigracia el trigo rinde tanto en esta
parte, tanto en la otra, la puede hacer solamente quien gusta
hablar sin fundamento. Dése igualmente por buena toda tierra,
igualmente buena la semilla que se siembre, y qué? se ha hecho tal
vez un convenio con las estaciones para que todas sean propicias,
todas favorables?
Y para no decir nada de las regiones de la zona templada austral
que está sometida como Italia a los diferentes cambios del tiempo,
tendrán por consiguiente el mismo ciclo de buenas y malas
estaciones. La Tierra Firme que es de tiempo más constante, y en la
cual por ejemplo un clima que sea semejante a la primavera es igual
en todo el año, la Tierra Firme digo, es muy feliz a este respecto,
pero no está libre de todos los factores adversos al trigo. Hemos
dicho ya qué daño le producen los vientos del norte en los climas
muy templados de Caracas. Se ha hablado del polvillo devastador de
otros campos americanos, y si se conocieran todas las calamidades
de Tierra Firme, quizás se podría decir más. No cuento entre los
enemigos del trigo a escarcha, que en Italia o al menos en nuestras
tierras, al caer en los tiempos secos y encontrando el trigo bien
arraigado, no le hace quizás mucho daño. Pero según lo que dicen
los expertos de Tierra Firme, ella en un abrir y cerrar de ojos, al
caer sobre las sementeras, seca el trigo, las papas, y los pastos
de los potreros, más o menos como pasa aquí en nuestro
invierno.
III-Después de haber considerado bien todas estas cosas, estamos
obligados a decir que los cálculos acerca del rendimiento del trigo
son siempre dudosos, y lo serán siempre hasta que un juicioso
escritor radicado en Santafé o Tunja trate el tema sin pasión y con
documentos fehacientes en la mano. Debería considerar un decenio y
sacar el cómputo no de una o dos tierras sino de todas juntas,
verbigracia las de Tunja y Santafé, y ver cuántos almudes se
sembraron cada año y cuántos se cosecharon. Debería hacer una lista
de la siembra y de la cosecha y publicarla en beneficio de la
historia natural. Mientras se siga diciendo lo bueno y callando lo
malo, y deduciendo de la condición de una tierra la de otra, se
investiga en la oscuridad y no se descubre nunca la verdad.
Si se escribiera de esta manera acerca de Italia, cuántos campos
levantando sus voces nos dirían: yo rindo a mis dueños un quince,
yo un veinte, yo hasta un treinta por uno. Pero estas voces se
oirían muy raras veces, y sólo de campos muy feraces, de campos
nunca antes sembrados o que han descansado mucho tiempo, de campos
en fin a los cuales el cielo les fue más que propicio. La voz común
de nuestros campos, aunque tan célebres por su fertilidad, sería
ciertamente más débil; unos dirían seis, otros ocho, otros diez y
doce y ésto ya parecería mucho. Nuestros agricultores hacen sus
cálculos y comparan un campo con otro, basándose en esa variedad de
rendimiento del trigo según las cualidades de la tierra, y así por
ejemplo se dice que una finca rindió este año diez por uno.
IV-Pero fuera de lo que hemos dicho en la primera observación
general, yo tengo otras particulares noticias con respecto al trigo
de Tierra Firme, las que por ser más circunstanciadas que las
anteriores, parecen más ciertas. Primero yo pregunté a un sujeto
que vivió dos años en Firavitoba, cuántos son los tallos en cada
caña de trigo y por consiguiente cuántas espigas dan. El me
contestó que hay cañas que tienen diez, otras veinte, otras treinta
y más, lo que en la campiña romana no es causa de admiración Por
ser común en muchos lugares. De mayor admiración es lo que él
agregó con respecto al rendimiento neto del trigo en dicha
posesión, no ya en gavilla como antes, sino trillado y medido,
cuando dice que rinde dieciocho por uno. Esta cosecha es no sólo
buena sino verosímil. Pero él mismo da a entender que no es cosa
muy común, a veces rinde menos.
Hay cosecha más abundante en el valle que algunos llaman de Los
Locos, y otros con nombre que es común, de las Angustias, lugar que
está a una jornada de Pamplona, en donde según el mismo autor,
rinde hasta el treinta por uno. Pero este valle tan feraz, a causa
del polvillo que es allí muy común, generalmente no se siembra. Ya
estoy al final de este capítulo y me siento complacido de que
cuanto más difícil me ha sido desenterrar la verdad, será tanto más
agradable a los lectores. ¿Qué diremos del pan que se fabrica allá?
En Firavitoba hay dos clases de trigo, y las dos son muy buenas
para confeccionar el pan. Pero muy estimado por su blancura es el
que se llama trigo pequeño, y de ese se sirve la gente culta de los
alrededores. Cuando pasé para el Orinoco yo también lo probé, y
confieso que con gusto extraordinario, y lo llevé también conmigo
para alivio del camino solitario y frío del monte Toquilla, del
cual hablé en otro lugar. El pan de Santafé no es tan bueno, como
tampoco el de otras partes de Tierra Firme, que están todas en esta
materia muy por debajo de Firavitoba.
(1) |
Tomo I, lib. IV. |
(2) |
Voyag. Tom. I, pág. 203. |
(3) |
Hist. Philos. lib. VIII, pág. 316. |
(4) |
Geogr. v. Chile |
