Simón Bolívar:
"Ensayo sobre las diferencias sociales en América"
Simón Bolívar (Caracas, Venezuela, 1783- Santa Marta, 1830) no es un personaje literario que se pueda abordar fácilmente, por la sencilla razón de que nunca se propuso hacer literatura. Es un hecho que nunca dispuso de tiempo para ella, y si llegó a disponerlo lo invirtió escribiendo sólo documentos relacionados con su propia misión histórica. Estos documentos llenan un grueso volumen (o varios medianos) y yo invito al lector a que vuelva a repasarlos, ya no solamente dentro de su coyuntura histórica o por su significación política o militar, sino como textos, esto es, como resultado de una escritura —o al menos de una redacción—, como imagen de un pensamiento rotundo, como constatación de un carácter y como producto de una formación ilustrada.
Bolívar escribe y envía cartas personales, cartas privadas a periódicos, cartas políticas y cartas públicas. Empieza redactándolas en la soledad de su estudio, en la soledad de los barcos en que viaja, en la soledad del exilio; pero termina por dictarlas o escribirlas en plena trashumancia o rodeado de gente, de personas que nunca resultan sus iguales sino que están allí para recibir sus órdenes o para prestarle un servicio. El medio agreste suele enmarcar esta labor de escritura; y también el medio seudofastuoso de los palacios y las cómodas casas oficiales, donde también fabrica discursos, manifiestos, proclamas. Es decir: quién no sabe de quién estamos hablando cuando hablamos de Simón Bolívar; y, sin embargo, cuán poco se piensa en el escritor, en el infatigable escritor, cuando se evoca la vida y obra del Libertador. Un chiste contemporáneo habla del requisito para ser un político (y Bolívar lo era, totalmente): no saber hacer nada. Pues bien, lo que hizo Bolívar a lo largo de toda su vida (casi desde su adolescencia, y dando por hecho que también sabía montar a caballo, usar la espada y galantear) fue producir ideas y escribirlas. Ideas con un destino público, o sobre el destino de grandes colectividades. ¿Cómo no pensar en el ensayista, en especial cuando fue el primero en pensar ciertas cosas, tan concretas como las realidades de los países americanos? Bolívar también leía; sobre todo leyó mucho, y la formación que dejó en él su tocayo Rodríguez tal vez sea más definitiva de lo que ya los historiadores han hecho notar.
Y es que si algo caracteriza la literatura de Bolívar, es su cable a tierra. Es cierto que produce ideas para el futuro, imagina sistemas políticos. Pero los imagina sobre su observación de las realidades sociales y anímicas inmediatas, no sobre modelos teóricos (que es lo que habrá de caracterizar buena parte del pensamiento liberal del siglo XIX). Eso es, sin duda, lo que mayor valor le da a la muy concisa carta que con destino a la Gaceta Real de Jamaica escribió en Kingston a fines de septiembre de 1815, y que hemos seleccionado como muestra de la capacidad ensayística del futuro presidente de Colombia, titulándola de la misma manera como la identifica Manuel Pérez Vila en la edición de Ayacucho de la Doctrina del Libertador (1976): "Ensayo sobre las diferencias sociales en América". En su refugio de Jamaica, Bolívar ya había tentado la situación política y social granadina (y obviamente la venezolana); es por eso que es innegable que el texto de esta carta (así como el de la más conocida y extensa "Carta de Jamaica"), que Bolívar firma prudentemente con el seudónimo de "El Americano", implica también, y de manera esencial, la realidad colombiana, que bien pronto sería el escenario definitivo ––hasta su muerte–– de su acción política.
• Bibliografía bolivariana (recomendada):
––Doctrina del Libertador. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1976. Prólogo de Augusto Mijares; compilación, notas y cronología de Manuel Pérez Vila.
––Obras completas. Bogotá, Ediciones Tiempo Presente, 1979. 5 Vols. Edición de Vicente Lecuna.
––Discursos, proclamas y epistolario político. 3a. Ed. Madrid, Editora Nacional, 1981. Edición de M. Hernández Sánchez-Barba.
