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Continuación capítulo 1
En cuanto a las partes de la casa en la tradición hispanoamericana, existe una multitud de términos, a veces cambiantes de una región a otra.
Varios centenares de ellos, concretamente 1.705, se hallan en el Léxico de alarifes de los siglos de Oro, por FERNANDO GARCÍA SALINERO, Madrid, 1968, que recoge las informaciones de diccionarios anteriores (véase Bibliografía).
También en América hubo en la época prehispánica denominaciones diferentes para cada tipo de vivienda o construcción. Algunas perduran.
En las grandes Antillas se han identificado el BOHÍO (con h aspirada), de planta circular, llamado propiamente CANEY (OVIEDO y VALDÉS, 1959, II, 93), y el de planta rectangular, por lo general de dimensiones mayores, llamado ERAXA. La palabra BOHIO y variantes fue difundida por los españoles en toda América, con el sentido lato de casa indígena.
OCA, OGA,
en guaraní es cabaña, de donde MALOCA, casa colectiva o aldea indígena. Con variantes, esta raíz es la misma en chiniguano (Ho) y en guarayo (OYG) (HERMOSA VIRREIRA, 1972, 57).
TAPERA equivale en rioplatense a casa, especialmente la abandonada o derruída. La relación de Santa Cruz de la Sierra de 1586 dice que los naturales viven en asientos que llaman taperas (J. DE LA ESPADA, 1885, II, 171).
CALLI, CAL, es en náhuatl el nombre de la vivienda; CAL-PAN es colectivo, conjunto de casas. De xa-calli derivado a su vez de xamitl, adobe; calli, casa, casa de adobes, por extensión choza, casa de paja, casa humilde (ROBELO, s. f., 74, 76) provino JACAL, palabra adoptada por el arquitecto español fraile Andrés de San Miguel a mediados del siglo XVII (A. de S. MIGUEL, 1969, 194) y con frecuencia usada por el arzobispo de Guatemala Cortez, en la visita a las provincias de su jurisdicción de 1768-1769. Se identifican por lo menos tres tipos de casas aztecas: el calli, la casa ordinaria; el ticplantacalli o casa de piedra (la casa del Gobernador en Yucatán, por ejemplo), y el teocalli o templo (MORGAN (1881) 1965, 286); pero el Códice Florentino detalla cinco tipos en orden descendente, según que se destinaran a personajes de alto rango (tlatocacalli y calpixcalli) o a las clases populares (zazan ye calli, icnocalli y macehualcalli) (CASTILLO FARRERAS, 1984, 70-72).
NA, en maya, con gran número de desinencias para distintos tipos de construcciones (SOLÍS ALCALÁ, 1949, 119); pero vivienda es OTOCH, YOTOCH (ibid., 578); y aún existe la palabra TABAY para indicar cabaña de caza (SCHÁVELZON, 1982, 115, 116).
BARBACOA es voz de dudosa ascendencia taina (CUERVO,1939, 688 y nota; ALVARADO, 1945, 37-39), con gran variedad de acepciones, entre ellas casa sobre postes, sean vivos o muertos. En Panamá se le llama jorón altillo, al zarzo soberado del occidente colombiano, que se suele usar como dormitorio o para guardar productos agrícolas, especialmente maíz; a eso mismo lo denominan los cunas OBALA (ARIAS PEÑA et al, 1981, 110, 111, 232, 237).
Los caribes guayaneses tenían denominaciones para distintos tipos de viviendas: KOUBOUYA, casa baja, rancho; SURA, casa alta, erigida sobre troncos de cierta palma; TABOUI, casa comunitaria (BARRÉRE, 1743, 142-145).
CHURUATA se llama la vivienda cónica donde caben varias familias en Rió negro de Venezuela (ALVARADO, 1945, 21-22; VILA, 1971, 123).
NEGA, casa en lengua cuna (BENNET, 1967, 40).TE en catío (PABLO DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO, 1936, 82). Lo mismo, con variantes, en chokó y dialectos (ORTIZ,
S
. E., 1954, 297).
G
Ü
E en chibcha (Lugo, 1619, 96, 106v.; URICOECHEA, 1871, 207; ALVAR, 1978, 40; ORTIZ,
S
. E., 1954, 239). Según otro autor a las casas llaman thythuas y los españoles bohíos (PIEDRAHITA, 1942,
I
, 47).
GUACIN (OVIEDO y VALDÉS, 1959, V, 92; DOMINGO DE SANTO TOMÁS, 1951, 132-281); HUACI (GONZÁLEZ HOLGUÍN, 1952, 169), en quechua. HUASI se llama en la sierra ecuatoriana a la casa ligera, construida de bahareque, champas o cespedones;
CHOGLLA, a la casa cubierta con paja de los páramos (COSTALES SAMANIEGO, 1960, 324, 309-313 y Fig.). La fonética admitida actualmente es WASI (HYSLOP, 1984, 14)
BAREQUE, BAHAREQUE, BAJAREQUE y variantes: Esta palabra, que se empezó a usar desde el siglo
XVI
, ha adoptado varios significados según la región. No se halla en ninguno de los vocabularios de términos arquitectónicos usados en España. En 1561 fraile Gaspar de Porto Alegre dice de las casas de los indios del Nuevo Reino que son de paja el techo, las paredes de caña, palos y lodo, que se llama bahareque (RGNG 110). En excavaciones arqueológicas en el sitio G 31 de Valdivia, costa ecuatoriana, correspondiente a horizontes con antigüedad de 3550-1500 a. C., se han hallado fragmentos de estuco con marcas de cañas recubiertas por barro o estuco, como se hacen las viviendas contemporáneas de la región (SCHÁVELZON, 1981, 24 y FIG. 25). Según esto, se equivocaba Alcedo al pensar que la quincha y el bahareque fueron introducidos del Perú (ALCEDO Y HERRERA, 1946, 11-14).
En la relación de Quijos y Canelos del conde de Lemos (1608) se dice de los bahareques que son tabiques de paja y barro de que estaban construidas las casas allá (J. DE LA ESPADA, 1881,
I
, XCIX,
CIV
).
La descripción que hace el otro Alcedo, Antonio, del bajereque, es típicamente un producto de mestizaje cultural, pues el techo era de teja (ALCEDO, A., 1967, IV, 270-271).
El gobernador Diguja de Cumaná en 1761 describe el castillo de Santa María de la Cabeza, donde se encontraba su casa: esta es de madera y barro, que en el país dicen bajareque a este género de fábrica (ARELLANO MORENO, 1970, 244).
Lo que en América se designa como bahareque, parece ser un tipo que se halla en una etapa primitiva de las construcciones permanentes dondequiera. En España también se conocen del Neolítico viviendas con cercos defensivos, planta circular, estructura endeble de trenzados de juncos y cañizos, cubiertas de ramaje e impermeabilizadas con barro (BALIL, 1972,
I
, 6).
En todo caso, esta modalidad constructiva parece haber sufrido el proceso de fusión cultural característico de América, como se verá en el capítulo XIX. Así lo indica la forma actual de revoque o empañetada con una mezcla de tierra amarilla y boñiga de vaca o cagajón de caballo, puesto que estos animales no existían en América antes de la llegada de los españoles.
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Para cerrar lo de los nombres indígenas, se pondrán IGLU, casa de los esquimales hecha de bloques de hielo y que según un arquitecto, es la síntesis de la vivienda (SACRISTE, 1968, 83-86), y TABU o RUCA araucana del extremo sur (MEDINA, 1952, 165-168; BENAVIDES, 1961, 213-214).
Otros nombres indígenas americanos para casa principal o construcciones accesorias, se darán en el acápite sobre este último tema, capítulo XI, y en el párrafo reparos o abrigos, del capítulo V.
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Con el aporte de negros esclavos, ingresaron a América locuciones originarias de África. MUCAMBO y QUILOMBO, equivalentes a rancherío fortificado, se usaron en el Brasil para los reductos de los negros rebelados y fugitivos (NÚÑEZ, 1980, 318; 396-397); pero en América hispánica se utilizó para distinguirlos, la tradicional expresión de PALENQUE.
KRAAL, caserío alrededor de un corral para ganado, de los zulúes, masais y otras tribus pastoras (BAUMANN y WESTERMANN, 1948, 132, 135, 137, 262), no se generalizó en América.
Otras expresiones relacionadas con la vivienda se pueden ver en el curso de la exposición.
Concepto
La vivienda, tal como se considera en esta obra, es la estructura que sirve de cobijo a una familia biológica, constituida primordialmente por el padre, la madre (o viceversa según que el esquema sea patriarcal
o matriarcal), y los hijos. No importa que sea monógama o polígama, así como tampoco la línea de parentesco o filiación.
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