Historia dela Cultura Material en la América Equinoccial
(Tomo 2)
Vivienda y Menaje
Víctor Manuel Patiño
© Derechos Reservadosde Autor

Continuación del capítulo 21 

3- NORMAS SOBRE POBLAMIENTO PLANEADO:

LAS ORDENANZAS DE 1573.  

Década 1571-1580:  

En este período se fundaron Villa de Leiva (1572), Toro (1573), Maracaibo (1569-1571) (NECTARIO MARÍA, 1959, 310- 311; BESSON, 1943, I, 54), Cáceres (1576), La Grita (1576), Altamira de Cáceres o Barinas (1577) (SIMÓN, 1981-82 IV, 489), y se construyó la aduana de Cartagena (1572-1575) (MARCO DORTA, 1960, II, 22).

Fueron destruidas por los yalcones Páez en 1572 y San Sebastián de La Plata en 1577 (RODRÍGUEZ FREILE, 1984, 240).

El 28 de octubre de 1573, expedidas por Felipe II, se produjeron unas ordenanzas sobre urbanismo en América, que en gran parte recogían disposiciones anteriores, pero que también contenían algunas nuevas (OTS CAPDEQUÍ, 1946, 48-49; Recop. Leyes de Indias, tít. 7).

Estaba entonces recién lanzada la ofensiva para que las autoridades americanas contestaran los cuestionarios geográficos, que dieron origen a las relaciones conocidas. Cabe suponer que tanto los cuestionarios como las ordenanzas de poblamiento, fueron inicialmente redactadas por los mismos funcionarios del Consejo de Indias, bajo la orientación de Juan de Ovando, en parte como resultado de la visita que ese egregio personaje realizara al Consejo (1567-1568) y de los abundantes elementos de juicio que se acopiaron con dicho motivo, declaraciones, informes y conceptos de personas que habían estado en Indias y conocido los problemas allá existentes. El mismo Ovando, en su informe sobre la visita, expresa que ni el Consejo sabía lo que realmente pasaba en América, ni cuáles disposiciones estaban vigentes, ni tampoco en las Indias conocíanlas, por lo cual vivían allá “sin ley ni orden” (J. DE LA ESPADA, 1891., 12-13). Este informe se produjo antes de mediados de 1571 (Ibíd., 11), o sea dos años antes de dictarse las ordenanzas. Otro autor opina que el espíritu que informó las ordenanzas fue la tendencia reduccionista de concentrar a los indígenas y facilitar el cobro del tributo y la evangelización, y que para dictarlas se tuvieron en cuenta los criterios de Polo de Ondegardo, de Juan de Matienzo y del virrey Toledo del Perú con sus reducciones de 1571-1572 (GUTIÉRREZ, 1983, 80).

Asimismo se ha hablado de la presunta influencia del arquitecto Juan de Herrera, oráculo de Felipe II en cosas de construcción (ARBELAÉZ y SEBASTIÁN, 1967, 88), y aun de la de Vitruvio (ARBELÁEZ y SEBASTIÁN, op. cit., 87).

De todos modos, las ordenanzas mencionadas se publicaron tardíamente, en 1588 (ORTIZ, 1966, III, XXX, 227-228), lo que permite suponer que poco impacto tuvieron en la población de la parte de América a que se concreta esta investigación (MARTINÉZ, 1967, 76). Por consiguiente, algunos tratadistas han exagerado la importancia que ellas tuvieron en el urbanismo del Nuevo Mundo (ERWIN WALTER PALM, RICHAR M., MORSE, CORNIELIUS GOSLINGA, ARBELAÉZ y SEBASTIÁN etc.). Por de contado, estas leyes en materia de orientación no pudieron aplicarse en el hemisferio sur, porque si se hubieran cumplido, nunca daría el sol en las casas (BENAVIDES, op. cit., 217).

La verdad, como acaba de verse en el registro decenal que se ha presentado, es que en 1573 la mayoría de las ciudades importantes del hemisferio occidental estaban ya pobladas. Algunas, como Méjico y Lima, sobrepujaban en esa época a cualquier ciudad española, incluyendo a Madrid, tanto en área, como en número dc habitantes y en servicios públicos. Varias de ellas eran tan importantes como ciudades centenarias y aun milenarias de la península. Venero de Leiva halló en sola la Nueva Granada en 1564 unas 400 concentraciones de población, incluyendo desde luego parroquias, misiones y pueblos indígenas (MARTÍNEZ, 1967, 60).

En 1580 culmina, según expertos españoles, el proceso de las fundaciones, pues después de muchos tanteos y cambios, estaban prácticamente fundados todos los centros regionales y metropolitanos (AGUILERA ROJAS y otros, 1979, 23), Un autor retrotrae esto a 1573 (DURÁN MONTERO, 1978, 34) y otros a la década 1530-1540 (HARDOY y ARANOVICH: HARDOY y SCHAEDEL, 1969, 172). Pero como se verá en la revisión cronológica que sigue, esto no es cierto.

De todos modos, para que no quede trunca la secuencia del establecimiento de centros poblados en el área de nuestro interés, se continuará con este escrutinio por decenios hasta la terminación del siglo XVI  

Década 1581-1590:  

Zaragoza (1581), Salazar de Las Palmas (1583) (SIMÓN, 1981-1982, IV, 506; RODRÍGUEZ FREILE, 1984, 281), San Sebastián de los Reyes (1584), San Cristóbal de los Cumanagotos (1585), Medina de las Torres (1585-1588), Santiago de la Atalaya (SIMÓN, IV, 490, 513), Paita (1587) (DURÁN MONTERO, 1978, 118-120), La Guaira (1589), Pueblo Nuevo (Nueva Valencia, Guajira), por Antonio Flórez hacia 1589 (MIRANDA VÁZQUEZ, 1976, 12), Sevilla en la provincia del Carbón por Francisco de Marmolejo, 1589-1592 (Ibíd.., 149).  

Década 1591-1600:  

Pedraza (1591) (RODRÍGUEZ FREILE, 1984, 281), Guanare (1591), Gibraltar (1591), Santo Tomás de la Guayana (1593), trasladada a Angostura en 1654, La Victoria (1593), Mucuchíes (1596).

Portobelo fue fundado en 1597 (MARCO DORTA, 1981, 41-42).

Se fundaron los puntos de Altagracia (1600), San Antonio de Turén (1600), Taguay (1600) (ARELLANO MORENO, 1947, 126 nota) y San Jerónimo del Monte (1600).

Santa María del Puerto (Barbacoas) fue fundada por el capitán Francisco de Parada o Prado en 1600 (OLAN0, 1910, 8), probablemente en el sitio actual. Fue destruída por un incendio en 1783 (Ibíd., 138-139).  

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A partir de este momento, hubo una disminución en el ritmo de las fundaciones, principalmente por la declinación de la población indígena, el ocaso del poder español y otras causas. Por eso el examen se hará por cuartos de siglo en el XVII.  

 

Período 1601-1625:  

Las ordenanzas de buen gobierno del oidor Luis Enríquez de la Nueva Granada fueron promulgadas en 1600-1602 (MARTÍNEZ, 1967, 136-138). Poco efecto debieron tener, como todas las demás. Se fundó en 1601 por su iniciativa el pueblo indígena de Monguí (ARBELÁEZ y SEBASTIÁN, 1967, 384).

El real de minas de San Francisco de Nóvita fue establecido en 1601 por Arias de Silva (LUCENA SALMORAL, 1965, I, 292, 337).

La tercera Neiva fue fundada por Diego de Ospina entre 1612 y 1614, a raíz de la guerra contra los pijaos (SIMÓN, 1981, 1982, IV, 517-518; RODRÍGUEZ FREILE, 1984, 282; PADILLA, 1977, 6; LUCENA SALMORAL, op. cit., 363-364).

Desde 1616 se hicieron gestiones para fundar la villa de Aburrá en el sitio de Aná (LUCENA SALMORAL, op. cit., 364); pero esto sólo culminó en 1671, 1674 y 1675 (ORTIZ, 1966, III (3), 147, 182).

En 1618 y 1621 todavía languidecía el pueblo de San Sebastián de Buena Vista en el Urabá (LUCENA, Op. cit., 289, 290).

Valledupar fue reconstruida en 1619 (Ibíd., 288). El real de minas de Bucaramanga fue establecido en 1622 (LUCENA, Op. cit., 363; VALDERRAMA BENÍTEZ, 1947-1948, 33-34). En Venezuela se fundaron durante este período Turmero (1603), Palmira (1608), Sanare (1610), Humocaro Alto (1610), Barbacoas (1610), Bruzual (1615), Timotes (1619), La Puerta (Trujillo) (1620), Guacara (1624) (ARELLANO MÓRENO, 1947, 126 nota).

 

Período 1626-1650:  

Barranquilla fue establecida el 7 de enero de 1630 (LUCENA SALMORAL, 1967, II, 38), durante el gobierno interino de Lesmes de Espinosa Saravia.

La villa de San Juan de Girón se erigió en 1631 (Ibíd., II, 98).

El 10 de abril de 1641 se fundó San Martín del Puerto en el lugar de la antigua Medina de las Torres (LUCENA, 1967, II, 251).

En 1643 se le dio a Honda el título de villa (Ibíd., 252).

En 1644 se fundaron Guarinó cerca a Honda y San José de Cravo (Ibíd., 251).

En Venezuela se fundaron Nirgua (1628), San Joaquín (1630), Montalbán (1630), Cumanacoa (1630), Cariaco (?), Quibor (1633), Guarenas (1639), Capacho (1641), Capatárida (1644) (ARELLANO MORENO, 1947, 128 nota).

 

Período 1651-1675:  

En 1651 los jesuitas establecieron el primer poblado de Citará o Quibdó (LUCENA SALMORAL, 1967, II, 333). Otro historiador fija este hecho en 1654; la población fue trasladada en 1702 al lugar que hoy ocupa (ORTIZ, 1966, III, 35-36).

San Sebastián de La Plata fue reedificada en 1653 por Diego Ospina Maldonado (LUCENA, 1967, II , 333).

En el quinquenio 1662-1666 del período de Egües y Beaumont se intensificó la acción de comunidades religiosas en los llanos, Mérida, Pamplona y Popayán (paeces), con la Consiguiente organización de poblaciones misioneras (ORTIZ, III, 119), algunas de existencia precaria.

Se verificó la fundación definitiva de Medellín en 1674 (ORTIZ, III, 182).

En Venezuela fueron fundadas: Acarigua (1653), Parapara (1660), Chivacoa (1662), San Juan de Payara (1667), Clarines (1667), El Tinaco (1670), Ospino (1670), Yaritagua (1670), Barcelona (1671), Lobatera (1672), Maiquetía (1673), San Juan de los Morros (1675) (ARELLANO MORENO, 1947, 128 nota).

 

Período 1676-1700:  

En 1680 el obispo Baños y Sotomayor de Santa Marta atendió durante su visita pastoral, el pedido de los vecinos de Tamalameque, y trasladó el pueblo abajo del sitio que hasta entonces ocupaba en la ribera del Magdalena (ORTIZ, III, 215).

El 17 de marzo de 1689 se accedió a la fundación en la provincia de Guane de la villa de Santa Cruz y San Gil de la Nueva Baeza o simplemente San Gil, en honor del presidente Gil de Cabrera y Dávalos (ORTIZ, III, 228).

Desde 1683 se hicieron solicitudes por los vecinos del valle de Chanchón en jurisdicción de Vélez para fundar un asiento (ORTIZ, III, 205-206); pero sólo en 1711 se trató de darle el título de villa de El Socorro, sin lograrlo.

Cartago fue trasladada de su primitivo asiento al nuevo del río de La Vieja en 1691 (ORTIZ, III, 231-232).

En Venezuela se hicieron las siguientes fundaciones: San Mateo (1676), Villa de Cura (1678), San Carlos (1678), Tabay (1678), Guama (1678), Bergantín (1680), Caigua (1681), Charallave (1681), Ortiz (1687), Cúa (1690), Urachiche (1690), San Diego de Cabrutica (1691), Duaca (1691), Pedraza (1691), El Baúl (1692), Araure (1692), Camatagua (1693), Ocumare del Tuy (1693), El Pao (1694), Barinitas (1695), San Francisco de Cara (1696), Maracay (1697), Bocas del Pao (1698) (ARELLANO MORENO, 1947, 128 nota).  

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Durante el siglo XVIII es más irregular el proceso de fundaciones. Por ese motivo el escrutinio se realizará por períodos de 50 años.

 

Período 1701-1750:  

En tiempos del virrey José Alfonso Pizarro (1749-1753), como medida complementaria a las acciones militares para debelar la insurrección de los indios chimilas que asaltaban a los viajeros por el Magdalena entre Tamalameque y cercanías de Santa Marta, determinó ese funcionario la fundación de 4 pueblos ribereños y uno en la Sierra Nevada. Los primeros fueron San Fernando, San Zenón, San José y San Antonio; el último, San Sebastián de la Sierra o de Rábago (ORTIZ, S.E., 1970, IV, 1: 288-289).

 

Per í odo 1751-1800:  

La Comisión de Límites fundó en Orinoco varios pueblos. El pueblo de La Cruz (o Santa Cruz) de San José fue fundado en la orilla izquierda del Magdalena por el virrey Pizarro; sus habitantes fueron expulsados por cartageneros que creían tener derecho a los terrenos ocupados; pero en 1758 los primitivos ocupantes fueron restituidos a sus lares (ORTIZ, S. E., 1970, IV, 2: 98-99).

En tiempos del gobernador Pimienta de Cartagena hacia 1779 se fundaron 15 parroquias, aunque otras fuentes hablan de 45 (ORTIZ, S. E., 1970, IV, 2: 273). El ayudante de las milicias de pardos de Cartagena Antonio de la Torre Miranda lo hizo para recoger en pueblos los habitantes de las sabanas de Cartagena, donde vivían dispersos muchos elementos de distintas procedencias. De la Torre logró empadronar 41.133 almas, desertores de tropa y marinería, polizones, esclavos y esclavas cimarronas, delincuentes fugitivos, indios e indias de varias mezclas (sinúes, chocoes etc.), y con ellos fundó una treintena de pueblos. Entre estos figuran Ternera, cerca a Cartagena; Arjona, Pasacaballos, a la entrada de la bahía; Barú; San José de Jolojolo y Santa Rosa de Flamenco en el caño del Dique; paso de Gambote o Sincerín; en la montaña de María a San Cayetano, San Juan Nepomuceno, San Jacinto, Nuestra Señora del Carmen, San Francisco de Asís, San Agustín de Playa Blanca, todos estos con gente dispersa de San Benito Abad; San José de Pilesta o Corozal; Tacaba en la confluencia Cauca-Magdalena; Magangué; San Onofre; Sincelejo, Chinú, Sahagún, San Pedro Apóstol de Pinchorroy; San Antonio Abad a 4 leguas de la boca del Sinú; Lorica, San Pelayo, Purísima, Momil, San Emigdio, Ciénaga de Oro, San Carlos, San Jerónimo de Buenavista (TORRE MIRANDA, 1794).

Antonio Arévalo funda pueblos (no se dice cuáles) al pacificar la Guajira en tiempos del virrey Guirior (1772-1776).

El oidor Mon y Velarde enviado por el virrey Caballero (1785-1789) a Antioquia fundó Carolina, antes La Herradura (1785); Yarumal (1788); Donmatías (1789); San Carlos de Priego (Robledo, 1954, I , 92-93); Nueva Cáceres (1787) (Ibíd., 106); Amagá (1788) (Ibíd., 119-120).

En su tiempo existían Antioquia (Ibíd., 297), con Sopetrán, Sabanalarga, Buriticá, Caúasgordas, todas de indios, y Anzá, San Jerónimo, Sacaojal, San Andrés de la Petrel, San Pedro, Santa Rosa de Osos (Ibíd.., 302-306). Medellín, con La Estrella, Envigado, San Cristóbal, Hatoviejo, Copacabana (Tasajera), hato de Barbosa (Ibíd.., 306-308); Rionegro con Peñol, Pereira, Sabaletas, Santa Bárbara y Arma viejo, Concepción y San Vicente; Marinilla; Remedios, con Yolombó, Cancán, San Bartolomé; Zaragoza con Cáceres.

Gil y Lemos para ahorrar fondos suprimió en Darién las colonias de Carolina, Concepción y Mandinga, quedando sólo la de Caimán (ORTIZ, 1970, IV, 2: 335).  

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No se crea, sin embargo, que cuando se habla de centenares de lugares poblados en América durante el período colonial, se trataba de verdaderos burgos a la manera europea, con una concentración de casas en forma compacta. No. Lo predominante en América consistió en la vivienda rural donde se pasaba la mayor parte del tiempo, pues el pueblo propiamente dicho casi se mantenía solitario, excepto en las festividades religiosas, mercados o ferias y en ocasiones excepcionales (AZARA, op. cit., 281; RIVERA Y GARRIDO, 1968, 134); al contrario de las ciudades dormitorios españolas, donde todas las tardes se regresaba con el ganado para dormir, y por eso muchas casas eran de soberado para que en la parte de abajo pudiera recogerse el rebaño (GUTIÉRREZ, 1983, 352).

 

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