Historia dela Cultura Material en la América Equinoccial
(Tomo 2)
Vivienda y Menaje
Víctor Manuel Patiño
© Derechos Reservadosde Autor

CAPÍTULO XXVII 

VIVIENDA Y URBANISMO EN EL SIGLO XX.

 

A)  NUEVOS MATERIALES: CEMENTO, HIERRO, ZINC. ADIESTRAMIENTO DE PERSONAL.

 Durante el primer cuarto del siglo XX, los países americanos a los cuales se concreta la presente investigación, continuaron mas o menos en el mismo estado del siglo anterior, caracterizado por las guerras civiles y la destrucción que ella trae consigo. En varios empezaron a ejecutarse tímidamente reformas tanto administrativas como económicas.

Algunos acontecimientos, independientemente de su contexto neocolonialista, merecen destacarse: la terminación y puesta en servicio del canal de Panamá (15 de agosto de 1914); la construcción de los 464.2 kilómetros de ferrocarril Guayaquil-Quito por Eloy Alfaro (1908), y la explotación intensiva del petróleo en Venezuela (1909-1920). Dichos fenómenos actuaron como estimulantes de la economía y del sistema de vida de las naciones involucradas o de las vecinas.

Con la apertura del canal, el valle del Cauca y todo el occidente colombiano, cambiaron su economía pastoril por una agricultura mecanizada; se dio gran impulso a los transportes, con la terminación del ferrocarril del Pacífico, iniciado desde mediados del siglo XIX y que llegó a Cali en 1915. Al mismo tiempo, con el producto de las indemnizaciones pagadas a Colombia por los Estados Unidos para compensar la usurpación de Panamá, se iniciaron por lo menos algunas obras, ya con carácter nacional y no puramente regional o local. No menos importante para las economías de los demás países costeros del Pacífico, resultó la puesta en servicio del canal panameño.

En Venezuela, si no desde el punto de vista político por la larga dictadura de Juan Vicente Gómez, sí por el del progreso material, el país se benefició con algunas obras públicas.

 

Cemento. 

En ambos países, y desde luego en Panamá por su mayor accesibilidad, se empezó a usar el cemento, material relativamente nuevo entonces, que había sido una curiosidad en la segunda mitad del siglo XIX. Ya se mencionó el dato de que como cosa novedosa, el piso de la casa de los hermanos Pereira Gamba en Ibagué, estaba hecho de cemento en 1854 (HOLTON, 1857, 340). Pero con el gobierno de Rafael Reyes se intensificó el uso de ese material y se pudieron construir edificios de tres pisos (MELO: JARAMILLO AGUDELO, 1976, 637). La primera fábrica se estableció en 1909 (OSPINA VÁSQUEZ, 1955, 344; CASTILLO, 1977, 21). El muelle de Buenaventura se hizo con cemento Portland importado.

La primera fábrica de cemento de Bogotá de los señores Samper Brush en 1909 utilizó cal de La Calera (PARDO P., 1972, 487-488). En 1937 se estableció la fábrica de cementos de Nare y ocho años después la de Montebello, en Antioquia (POVEDA RAMOS, 1984, 158). 

En Venezuela se empezó a usar el cemento armado en 1912 para la construcción del Archivo General de la Nación (ACILA FARÍAS, 1961, I, 75-76), y en 1911-1912 en las obras civiles de la carretera La Guayra-Caracas (Ibíd., II, 51), aunque desde 1880 se hubiera utilizado en la reparación de andenes en la capital (Ibíd., 459, 302).

En cuanto al Ecuador, la fábrica de cemento de San Eduardo se inauguró el 12 de julio de 1923 (ROLANDO, 1930, 159). El 15 de agosto de 1929 se empezaron a producir tubos de cemento en la fábrica de White en Guayaquil (Ibíd., 176).

 

Vidrio. 

Para mediados del siglo XIX sólo se usaba el vidrio en casa de los ricos bogotanos, siendo desconocido en el resto de la Nueva Granada (HOLTON, 1857, 140). Como cosa digna de destacarse por un viajero europeo en 1825 se menciona que en Rionegro las ventanas tenían vidrios y se dormía en verdaderas camas (BOUSSINGAULT, 1985, IV, 52).

Aunque desde 1837 funcionaba una fábrica de vidrio en Bogotá, pronto suspendió operaciones, por dificultades dimanantes de la falta de algunas materias primas, como potasa y mimo (ARBOLEDA, 1918, I, 224-225). A fines del XIX empezó una modesta industria del vidrio en Antioquia (OSPINA VÁSQUEZ, 1955, 312, 314).

 

Loza sanitaria. 

Esta loza que reemplazó al azulejo colonial, se empezó a producir en Colombia en el presente siglo. La razón es que sólo a principios de él se produjeron modelos de instalaciones sanitarias eficientes (bañeras, inodoros, etc.) que reemplazaron las piezas metálicas esmaltadas que se empezaron a usar desde fines del XIX.

 

Alfarería y cerámica arquitectónicas. 

Otras mejoras, modestas desde luego, se han registrado. Hamburguer y Batis trajeron en 1858 a Barranquilla una fábrica de ladrillos que aprovechaba la fuerza del aserrío que esa firma operaba (ARBOLEDA, 1935, V, 360). La diócesis de Pasto había montado desde la última década del siglo XIX, un equipo importado para hacer ladrillos (HERRERA L., 1893, 42). Carlos Coriolano Amador hacia 1890 montó la primera gran ladrillera de Medellín (POVEDA RAMOS, op. cit., 116).

Durante toda la época colonial y gran parte de la republicana, los hornos para ladrillo y teja eran deficitarios, por usar leña o chamizas como combustible, lo que no permitía obtener temperaturas de más de 600ºC. En 1906 el súbdito inglés Plantagenet Moore establecido en Bogotá, construyó hornos de llama invertida con carbón mineral en polvo, obteniendo ladrillos bien cocidos. En ese año se hizo en Bogotá el primer pavimento de ladrillo vitrificado (calle 12 entre carreras 7a y 8a) (PARDO P., 1972, 487, 483-490).

 

Tejas metálicas. 

La importación de láminas de zinc para techos parece haber empezado en los países del Caribe, por influencia del estilo arquitectónico, también nuevo, de las compañías bananeras, así como el uso del anjeo para corredores, puertas y ventanas como defensa contra los mosquitos (TERMER, 1935, 408). Un tipo similar fue impuesto por las tropas estadounidenses estacionadas en la zona del canal de Panamá (Ibíd., 401). Otro autor atribuye la casa de madera con techo de zinc, de uno o dos pisos, a antillanos franceses venidos en el siglo XIX a la construcción del canal (RUBIO, 1950, 127). De todos modos, fue durante la construcción del ferrocarril transístmico primero y después al iniciarse los trabajos del canal, cuando estos materiales, tejas metálicas corrugadas y malla de alambre contra mosquitos, se empezaron a generalizar (ARIAS PEÑA et al, 1981, 302; 317, 333; GUTIÉRREZ, 1984, 203-204; 124, etc).

En otras partes, como en Argentina, el uso del zinc duró medio siglo. Venía como lastre en los barcos que regresaban al Plata de llevar carne y trigo a Europa (SACRISTE, 1968, 82).

 

Hierro. 

Desde principios del período republicano se dieron concesiones para la explotación del hierro. Jacobo Wiesner había descubierto desde 1823 mineral de hierro en Pacho, Cundinamarca y en 1837 el Congreso autorizó establecer allí un alto horno (ARBOLEDA, 1918, I, 226-227). Los hornos de Pacho fueron completados en 1836 (Ibíd., 286). La factoría empezó a producir en 1838 (Ibíd., 336). En 1854 funcionaban allí unas ferrerías manejadas por extranjeros (ARBOLEDA, 1933, IV, 134).

En 1856 la Constituyente antioqueña aprobó una concesión de veinte años para establecer la Ferrería de Amagá (Ibíd., 477). La de Samaná empezó a ser realidad en ese mismo año bajo los extranjeros Perry y Brus (sic) (Ibíd., 509).

El hierro se siguió importando, porque las tentativas de la ferrería de Pacho (OSPINA VÁSQUEZ, 1955, 124, 163, 229-230, 270-275; 316-317; 395) no tuvieron sino una influencia local y poca duración. Ni siquiera la fundación de las acerias Paz del Río y las otras siderúrgicas posteriores han abaratado este material, que cada vez se vuelve más imprescindible.

Durante la segunda mitad del siglo XIX se produjo la marea antioqueña en el occidente colombiano, que culminó a principios del XX con las fundaciones de Sevilla, Caicedonia, Darién, Trujillo, Versalles, El Cairo, etc. El tipo de construcción del colono cafetero es altamente mestizado. Usó de preferencia y a veces exclusivamente la guadua como material, tradicional desde la época prehispánica como se ha visto; pero echó mano de elementos de influencia foránea, como los tejamaniles de madera, y aun la lámina de hierro corrugado o de zinc, debido en parte por la facilidad de transportarla en recuas por los empinados y barrosos caminos característicos de la zona cafetera (MOSQUERA TORRES Y APRILE, 1978; GARCÍA MORENO, 1982). La teja de zinc quizá fue adoptada por influencia de los campamentos mineros de compañías extranjeras en Antioquia.

El fibrocemento es material que sólo empezó a producirse en cantidades comerciales que permitieron su uso económico, desde mediados del siglo, con asbesto hallado en el municipio antioqueño de Campamento, cerca a Yarumal (POVEDA RAMOS, op. cit., 164-165).

Se ha mejorado el panorama de la baldosería y la azulejería, en relación con períodos anteriores.

El ladrillo hueco inventado por el francés M. Borie, parece se empezó a fabricar en Francia poco antes de 1880 (CHABAT, 1881, 116-117). Los ladrillos o tubos circulares para usar como conductos, llamados de Gourlier por su inventor, son también de origen francés (Ibíd., 118).

Para fines del siglo XIX había en Bogotá una trituradora de piedras movida al vapor, y una aplanadora (SAMPER, 1925, I , 155). 

*  

En cuanto al aspecto técnico, la falta de una tradición cultural propia, lo suficientemente sólida y anclada en el alma popular, ha hecho que se adopten desvaríos, recogiendo cuanta tendencia nueva aparecía en Europa o en los Estados Unidos.

Sólo desde 1936 hay una Escuela o Facultad de Arquitectura (ARANGO y MARTÍNEZ, 1972, 30-32), de manera que las construcciones eran diseñadas y dirigidas por ingenieros, lo que desde luego no es un demérito.

Hacia 1900 Otto Wagner inició en Alemania el movimiento de la arquitectura moderna, reacción contra el predominio francés que se había mantenido hasta fines del siglo XIX; esta reacción es aceptada en la misma Francia, consagrándose en la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925 (DE LORENZI, 1940, 112-114).

En el siglo actual han surgido movimientos arquitectónicos que en cierto modo constituyen un esfuerzo por independizarse de la influencia foránea, sin lograrlo del todo. A partir de 1915 en la Argentina el nórdico Alejandro Christophersen fue el primero; Lucio Costa en el Brasil poco después hizo otro tanto, aunque aceptando la recomendación de Le Corbusier de utilizar los quiebrasoles para dosificar la entrada de la luz tropical y el retorno al uso del azulejo de origen portugués que se había desechado; en Méjico a partir de 1950 se inició el retorno a lo precolombino (BULLRICH, 1969, 15). Hacia 1920 apareció, importado, el modernismo racionalista, que no fue acogido ni por el pueblo ni por las clases dirigentes (Ibíd., 16-17).

Conviene consignar que los avances tecnológicos e industriales en lo que respecta a nuevos materiales en Bogotá, no necesariamente deben generalizarse a toda Colombia. Es conocida la influencia centrípeta de Bogotá, que fue una de las causas de la disolución de la Gran Colombia, por la queja de los venezolanos sobre el monopolio que la “ciudad sagrada” ejercía sobre los negocios públicos de una región tan vasta. El mismo rezago de Bogotá respecto de las influencias europeas y norteamericanas, tenían las provincias en relación con la capital. Ni las costas se salvan de esta constante.

Así parece haber ocurrido también con Caracas, en Venezuela, a lo cual debió contribuir — pese a su limitada influencia — el hecho de que la más importante colonización, la alemana y Suiza de la Colonia Tovar, estaba situada cerca de la capital. Esto solo cambió con los desarrollos de la zona metalífera del Orinoco ya en este siglo.

En cambio, en Ecuador la situación en este particular estuvo compartida entre Guayaquil y Quito; pero el resto del país no derivó ventajas del avance tecnológico en esas dos ciudades.

En síntesis, el progreso de las construcciones arquitectónicas en el área de este estudio, no fue parejo sino restringido a las capitales, y sólo con mucha lentitud ha llegado a sectores alejados.

 

Adiestramiento. 

Varias tentativas fallidas de adiestrar personal en oficios manuales se han realizado. La más importante quizá de principios del siglo fue la Escuela de Bellas Artes que dirigió Andrés Santamaría en Bogotá de 1904 a 1911 y que incluía cerámica, talla de madera y piedra, geometría, etc. Parece que no dejó huella (BARNEY CABRERA, 1980, 96).

Más perdurable y de proyecciones nacionales ha sido la actividad del Servicio Nacional de Aprendizaje Sena, después de 1957.

Algunas entidades educativas (Cuerpos de Paz, órdenes religiosas varias, programas extranjeros de ayuda a países subdesarrollados, etc.) adelantan labor en este sentido, aunque sea con carácter coyuntural.

 

B)     AGLOMERACIONES URBANAS. COEXISTENCIA DE ESTILOS COLONIALES Y ESTILOS FUTURISTAS. 

Fenómeno socio-económico de relevancia en lo que va corrido del siglo XX, es el cambio radical y al parecer irreversible de la distribución de la población, de eminentemente rural hasta mediados de este siglo, a predominantemente urbana en las últimas décadas. Calculan los demógrafos que en la actualidad (8a década del siglo) la proporción de la población rural respecto de la urbana en Colombia es de 38.18 contra el 61.8 %, según proyecciones del censo de 1973. La tendencia es que ese movimiento de la población rural hacia las ciudades se incremente, pese a los progresos en la electrificación rural, caminos vecinales y otras facilidades.

La mayor parte de esa población desplazada, se localiza en las áreas periféricas de las grandes ciudades, protagonizando con frecuencia invasiones y ocupaciones de hecho de tierras no aptas para la urbanización (caso Aguablanca de Cali), lo que encarece la solución de servicios de infraestructura (acueductos, alcantarillados, etc.). Son las famosas aglomeraciones o cinturones de miseria.

Gran parte de los componentes de tales migraciones masivas carecen de preparación para artes u oficios, por lo cual engrosan el número de desocupados, o se limitan a competir en labores no calificadas en la construcción.

Se continúa manteniendo la división entre casas de la gente adinerada, que puede pagar planos de arquitectos o ingenieros acreditados y construye viviendas presuntuosas, de estilos copiados de fuera; y la de la gente pobre, más conservadora en el uso de materiales y en la adopción de estilos. Las áreas urbanas se van convirtiendo en mosaicos o colchas de retazos estilísticos, en ocasiones totalmente divorciados del ambiente.

Sin embargo, la historia de la vivienda en el siglo XX sólo puede hacerse a grandes rasgos, porque falta la perspectiva necesaria para hacer un enjuiciamiento objetivo e imparcial.

Un excelente resumen se debe a los arquitectos Fonseca y Saldarriaga (CASTILLO, 1977, 11-45).

En la actualidad parecen haberse estabilizado en Colombia cinco tipos regionales de vivienda popular: el de las llanuras caribeñas; el de la costa del Pacífico incluyendo el Chocó; el de la región andina; el de los llanos del Orinoco; el de la selva amazónica, inducidos por las condiciones climáticas predominantes (FONSECA y SALDARRIA G A, 1980, 15).

En Venezuela se han estudiado los orígenes y la evolución de la vivienda en forma comprensiva (VILA et a lii , 1965, II, 532-547).

En Panamá asimismo se han delineado siete tipos regionales de vivienda (ARIAS PEÑA et al, op. cit., 42; 47-64; 65-79; 80-94; 95-120; 121-145; 147-182; 183-220; 221-244; 245-318).

Un buen tratamiento sobre la vivienda en el litoral ecuatoriano se puede consultar en NURNBERG et al, 1982.

  Regresar al índice                           
Siguiente capítulo


Comentarios (0) | Comente | Comparta